En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 219
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- Capítulo 219 - 219 Cuestión De Amor
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219: Cuestión De Amor 219: Cuestión De Amor Las acciones hablan más que las palabras.
Una frase típica de la tierra que Anissa una vez llamó hogar.
Nunca se había detenido a pensar realmente en el significado más profundo.
No lo hizo en su otra vida, al menos.
Ahora sí lo hacía, y eso detenía su mano.
La irritaba muchísimo.
Las explosiones en cadena sacudían su oído y las ondas la empujaban de un lado a otro.
El efecto no sería tan potente de no ser por los extraños ataques cinéticos con forma humanoide que chocaban violentamente contra ella.
Entre el mar de fuego y humo, podía vislumbrar las pequeñas figuras deslizándose en sincronía entre las edificaciones y la calle, desatando ataques implacablemente.
La mayoría inútiles.
Chorros comprimidos y contundentes de agua, lanzas y esferas de Acero disparadas como cañones y arpones, vendavales furiosos que cortarían la roca con facilidad.
Todo chocó contra su piel y se desintegró en nada.
Todo la alcanzó y apenas le envió punzadas de dolor, como la picadura de mosquitos.
Aunque Anissa tomó un nombre que no le pertenecía y lo hizo suyo, su naturaleza era fundamentalmente distinta a lo que se podría imaginar.
Su regalo, su potencial y sus límites estaban mucho más arriba de lo que ella misma pensó en un inicio.
Su poder era simple, básico incluso, pero abrumador.
Sólo con sus puños logró salir adelante en un mundo nuevo, un mundo peligroso que la quería controlar, y cuando no pudo, la quiso eliminar.
Su cuerpo resistía las temperaturas más extremas, su piel toleraba las hojas más afiladas y los láseres más letales, sus huesos soportaban los impactos más devastadores.
Podría levantar un pequeño continente si este no se resquebrajara sobre su cabeza.
Podría incendiar un planeta con sólo volar sin restricciones.
Anissa se abrió paso entre la lluvia de ataques elementales y cinéticos, ignorando los arcos crepitantes que se retorcían y enroscaban a lo largo de su armadura.
En un borrón de movimiento apareció junto un Bunshin y su mano se cerró alrededor de su cuello, deteniendo lo que ella conocía como Shunshin no Jutsu en seco.
El constructo de chakra no soportó el repentino frenazo y su movimiento le hizo romperse el cuello con un chasquido metálico.
Anissa apretó los dientes.
Su corazón daba un vuelco con cada clon que destrozaba, temerosa de que ese fuera el cuerpo principal.
Ella no podía identificarlos correctamente cuando había tantas perturbaciones sonoras y olfativas.
Incluso si no eran el verdadero Liam, la idea de que él muriese a manos suyas le provocaba repulsión.
—Por favor, no me hagas esto— suplicó internamente mientras estampaba una patada brutal a otro Bunshin, partiéndolo a la mitad en una explosión de agua.
Vendajes y cadenas encendidas en llamas azotaron desde todas direcciones, abrasando su piel mucho más que los impactos contundentes.
Del agua electrificada que fue escupida al inicio emergían constantes balas y shuriken crepitantes, la mayoría sin lograr acertarle.
Anissa frunció el ceño.
Si bien era resistente, la picadura de miles de mosquitos a la vez terminará generando algún efecto, y no quería poner a prueba su tolerancia al Ninjutsu.
—Deja de luchar, deja de luchar— sus dientes crujieron.
Aplaudió con fuerza, desatando una onda expansiva que alejó las etiquetas humeantes y haciéndolas estallar lejos de sí misma.
Niebla espesa empezaba a invadir el lugar desde un lado, mientras otra nube de cenizas bloqueaba la vista desde otro.
Los Bunshin entraban y se ocultaban, atacando furtivamente y complicándole más la tarea a la mujer.
Desde el cielo, nubes de tormenta antinaturales tejían una cerca de relámpagos que pretendía cortar su ruta de escape.
Un esfuerzo inútil, pues ella no huiría y si quisiera hacerlo, tal bloqueo sería insuficiente.
Pero a Anissa le convenía que Liam gastara sus fuerzas.
Este, después de todo, no era su Liam, ni poseía su poder.
Eso no hizo más fácil la tarea de lastimarlo.
¿Cómo podía, en consciencia, causarle daño a la persona más importante de su vida?
Podría ser más débil y verse ligeramente distinto, pero seguía siendo él.
Una perturbación en el aire captó la atención de la guerrera, un zumbido particular entrando en sus oídos.
De la niebla a su derecha surgió un disco de viento que giraba a velocidades ridículas.
Desde su espalda, docenas de vendajes salieron disparados de la capa de ceniza y ataron sus extremidades una vez más, tirando con fuerza en direcciones diferentes para evitar que se moviera.
Anissa forcejeó un segundo antes de aplicar más fuerza y cruzar sus brazos, arrastrando hacia sí misma a los clones que estúpidamente intentaron competir con ella.
Sin embargo, dos de esos clones formaron una esfera de chakra en sus palmas, gastando sus últimas energías y empezando a perder su cohesión en pleno vuelo.
Anissa extendió la mano izquierda y detuvo el disco de viento, encontrando dolor real en la acción.
La técnica desconocida por ella logró penetrar su densa piel y escupió un choro de sangre mientras abría un surco a lo largo de su palma.
Con la otra mano, dirigió un jab a la mandíbula del Bunshin en decaimiento, pero el clon logró estampar el Rasengan en su antebrazo.
La fuerza le hizo retroceder la extremidad, e impidió que la redirigiera a tiempo al otro clon.
El Bunshin de la izquierda estiró su brazo lo más que pudo y conectó la esfera giratoria en el rostro de Anissa.
Más potente que los golpes del Velocista, este Ninjutsu le torció la piel y le hizo castañetear los dientes, mordiéndose la lengua en el proceso.
Ella salió volando y se estrelló contra el pavimento en una nube de escombros y polvo.
Ligeramente aturdida, Anissa no reaccionó a tiempo a la gran masa que partió las nubes de tormenta sobre su cabeza.
Zugan, el Cerdo Quimera, había llegado al campo de batalla y usó su habilidad de adherirse a superficies verticales con chakra para escalar a la cima de uno de los edificios y saltar sobre la guerrera después.
Sin que Anissa fuera consciente, la invocación activó una de las mejoras que Liam había impreso en su cuerpo.
Sellos esparcidos a lo largo de la capa interna del caparazón liberaron metal líquido empapado en chakra.
Cuando Zugan atravesó las nubes de Elemento Tormenta que ya desataban una ola de relámpagos, éstos se adhirieron a la invocación.
La Quimera se hizo un ovillo y su duro caparazón, ahora imbuido en energía eléctrica concentrada, apuntó a Anissa.
El impacto fue violento.
La calle se sacudió y el material cedió, abriéndose un agujero masivo en el lugar en un festival de luces y chisporroteos, grietas extendiéndose a lo largo de la calle y subiendo por los edificios de los alrededores.
Anissa gruñó, su cuerpo enterrado a varios metros de material y con la Quimera retorciéndose sobre ella.
Una línea de sangre descendió por su frente, terminando su camino en la nariz.
Una de las púas electrificadas del Cerdo le dio en perfecto vertical, justo en el centro de su cabeza.
Un milagro, podría decirse.
—¡Deja de luchar!— escupió la guerrera, empujando hacia arriba y mandando a volar a la invocación.
Zugan se estrelló contra uno de los edificios, pero el asalto no concluyó ahí.
Los cuatro Bunshin de Acero restantes se unieron para desatar una combinación mortal en cualquier otra circunstancia, para cualquier otro enemigo.
Emparejados en direcciones opuestas, dos de ellos desataron una poderosa técnica de fuego, cada uno asistido por su compañero con una técnica de viento.
Anissa sí reconoció esta técnica.
Era una de las favoritas de su Liam.
Katōn: Zukokku.
Fūton: Atsugai.
Dos grandes explosiones de llamas sobrealimentadas envolvieron a la guerrera mientras los Bunshin responsables se disipaban, habiendo agotado ya sus últimas reservas.
En medio de la conflagración, Anissa cerró los ojos con fuerza para protegerlos del intenso calor, sintiendo cómo su piel comenzaba a ceder ante el bombardeo implacable de chakra.
A diferencia de los kryptonianos, Anissa no era particularmente susceptible a ataques de naturaleza mística, pero tampoco era inmune.
Un fuego potenciado por energías sobrenaturales le causaría más daño que una combustión normal.
Ella despegó con un estampido sónico, saliendo de la nube de fuego en un instante.
Respiró profundamente, calmando el dolor que el shinobi, poco a poco, había llegado a causarle debido a su negativa a ser demasiado ruda con él.
Anissa creyó tener la resolución, las agallas para cumplir con el encargo de su amado.
Incluso empezó esta pelea de manera contundente y sin emociones.
Pero el tacto de Liam…
De este Liam, le provocó sentimientos encontrados.
Era débil, sí, pero en esa debilidad Anissa encontró calor.
Su Liam era fuerte, dominante y en este punto apenas necesitaba de su protección.
Pero el Liam con el que luchaba no era así.
Estaba indefenso, estaba solo.
No la tenía a ella a su lado y la idea le tocaba una fibra sensible.
Abrió los ojos y miró hacia abajo.
La nube de polvo, niebla y cenizas aún cubría gran parte de la calle.
Grietas subían por los edificios, fragmentos derrumbándose por doquier.
Centros de luz anaranjada indicaban las zonas en las que vehículos yacían incendiados, así como el gran pozo de llamas en el que Anissa fue emboscada por los últimos Bunshin.
Ahora, sin el ruido de las detonaciones ni el silbido de los clones en movimiento, la mujer podía detectar al único Liam presente.
Este era el cuerpo principal.
Tras unos segundos, su figura solitaria emergió de entre la nube de humo, mirándola con esos ojos carmesí tan cautivadores.
Anissa no encontró miedo en ellos, ni odio ni reconocimiento.
Este Liam no le temía, no la odiaba y tampoco la conocía.
Este Liam no huyó ante su poder y su hostilidad.
Este Liam incluso instó al Velocista a irse y dedicó parte de sus patéticas fuerzas para salvar a otros.
Las acciones hablan más que las palabras, y este Liam le contó mucho a Anissa a través de este enfrentamiento.
—Basta…
No te apegues demasiado, este no es Liam— se reprendió a sí misma con un gruñido interno, sacudiendo su cabeza para despejar las dudas.
Ya había desperdiciado mucho tiempo y ni si quiera ella podría enfrentarse a todos los pesos pesados de este mundo a la vez.
No si no quería atraer atención no deseada, al menos.
Anissa dedicó una mirada de disculpa al shinobi antes de arrojarse contra él.
Del mismo modo que al inicio de la pelea, la mujer rompió la barrera del sonido y desató ondas de choque con su vuelo que sacudieron las inmediaciones.
En un suspiro, apareció ante Liam con el puño firme, lista para darle un golpe que lo dejara fuera de combate.
Sin embargo, del espeso humo a espaldas del shinobi emergió un monstruo serpentino con las mejillas hinchadas.
La criatura abrió las fauces y una esfera oscura explotó en la cara de Anissa.
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