En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Noche De Gala
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22: Noche De Gala 22: Noche De Gala —Las vendas se quedan— dijo Hiruko lacónicamente, con los brazos cruzados sobre el pecho.
Los asistentes del alcalde con los que estaba suspiraron en resignación.
El dueño del local donde se alquilaban trajes sonrió con diversión.
—Jovencito, asistirás a una fiesta con personas de alto perfil.
Debes dar una buena impresión— aconsejó uno de los hombres que habían acompañado al albino.
Hoy se celebraría una fiesta/gala con las personas más poderosas de la ciudad.
Liam no sabía ni le importaba el motivo de la fiesta.
Hasta que recibió un mensaje del alcalde insistiendo, si no ordenando, que debía conseguir un traje adecuado y asistir.
Al parecer, algunas personas influyentes movieron los hilos para que el único héroe de Jump City hiciera acto de presencia, como si de una mascota se tratara.
Dadas las condiciones que mantenían a Liam en esta ciudad, no pudo negarse.
—Incluso así, no puedo ir por allí revelando mi identidad.
No le pedirías a Batman que se quite el traje ¿Verdad?— contraargumentó Liam.
Una mujer con peinado extravagante suspiró irritadamente.
El aire de impaciencia que desprendía era casi tangible para Liam.
No le gustaba perder el tiempo aquí, con un mocoso quejumbroso.
—Déjalo, Jason.
Si el chico quiere ir así, que lo haga.
Al menos hará justicia a su apodo.
Sus palabras hicieron que Liam desviara su atención de las opciones que el dueño del local le mostraba hacia ella.
Con el ceño fruncido, preguntó.
—¿Apodo?
La mujer sonrió con suficiencia.
Sacó un recorte de periódico, que sólo Dios sabe por qué llevaba consigo, y se lo mostró a Liam.
Los ojos carmesí del chico temblaron un momento fugaz, imperceptible para casi todos.
Se trataba de una foto de Hiruko, una toma decente de él salvando a un hombre de ser aplastado por una estatua que se estaba derrumbando.
El evento ocurrió hacía una semana.
Unos dementes con explosivos protestaban por razones que, de nuevo, no le importaban a Liam y decidieron volar una estatua.
Pero eso no era lo relevante.
El problema yacía en las palabras que describían sus acciones.
—¿¡La heroína de Jump City…
MOMIA BLANCA!?— gritó Liam en su interior.
Externamente no mostró cambios en su expresión facial.
Como temía en el pasado, cuando obtuvo su plantilla de personaje, la gente confundió su apariencia delgada, cabello largo y baja estatura con una chica.
No era del todo inesperado.
Para quienes no conocieran el anime en su vida pasada, personajes como Hiruko, Deidara y Haku e incluso el camino humano de Pain bien podrían ser waifus.
Peor aún, el apodo de héroe que le dieron es…
Es…
Ni siquiera tenía palabras para expresar la situación.
—Qué tonto— dijo sin emoción alguna, evitando traicionar sus verdaderos pensamientos al respecto.
Devolvió el recorte a la mujer, que lucía insatisfecha ante la aparente falta de reacción.
Liam pensó que la perra lo hizo a propósito, buscando desquitarse un poco con él.
—Ejem ¿Entonces, dama, caballeros, cuál escogerán?— interrumpió el dueño de la tienda.
Tras varios minutos de probar modelos, Liam escogió algo sencillo y se despidió de los trabajadores de la alcaldía, prometiendo encontrarse con el alcalde antes de partir a donde sea que se realizara la fiesta.
Llegó a su casa tras unos cuantos shunshin, y un par de vendedores de drogas sometidos en el camino.
Tiró la bolsa con las prendas a un lado y se preparó un baño.
Una tina sencilla de porcelana a la que, milagrosamente, llegaba agua caliente.
¿Cómo y cuándo conectaron una tubería a este promontorio rocoso para tener agua corriente?
Liam no tenía idea.
—Ese bastardo ni siquiera me compró un traje.
Tch, qué tacaño— se quejó mentalmente.
Tomó parte de su blanco cabello en su palma, considerando si debía hacerse algún peinado diferente.
Descartó la idea tras un momento de consideración.
Liam no había cambiado en absoluto su apariencia tras recibir la plantilla.
No le importaba mucho y cuando obtuvo el Henge no Jutsu, probó varios estilos de corte de cabello.
Ni uno sólo le convenció.
Tampoco se molestó en alterar demasiado las prendas que vinieron con la plantilla.
La única diferencia entre él y el Hiruko original, eran las sandalias y los pantaloncillos negros que usaba.
Por lo demás, todo era idéntico.
Cuando golpear matones te da dinero imaginario con el que comprar ropa real, dejas de molestarte en visitar tiendas comunes y corrientes.
Suspiró con molestia.
La noche iba a ser un fastidio.
Mientras Liam se enfurruñaba en su tina, debajo de Jump City bullía la actividad.
Entre agua estancada y túneles sinuosos, ratas, insectos y porquería eran testigos de una reunión extraña.
Formas de vida que no deberían existir de manera natural se miraban unos a otros.
Un zumbido bajo reverberaba en el cavernoso espacio.
La carne y el metal se entremezclaban, retorciéndose entre fluidos animales y mecánicos.
Ojos brillantes, algunos verticales, otros horizontales, y el resto cristalinos, exudaban inteligencia y propósito.
Una serie de comandos en forma de pulsos eléctricos recorría la espina de un lagarto bípedo con brazos mecánicos.
Un aparato titilante en su tráquea expulsaba chirridos que poco a poco fueron haciéndose inteligibles.
—La.
Oportunidad.
De.
Actuar.
Se.
Presenta.
Hoy— resonó una voz distorsionada.
A ambos lados del lagarto mecanizado se paraban firmemente otras criaturas de naturaleza similar.
Un oso enorme con la mitad del rostro recubierto de placas metálicas y un ojo rojo de cristal, con tubos llenos de líquidos burbujeantes incrustados en su vientre.
Una pequeña liebre, bípeda al igual que su compañero escamoso, con una placa metálica cubriendo su boca y cuchillas retráctiles brillando en sus antebrazos.
Frente a este trío de abominaciones, un par de figuras envueltas en trajes de combate de alta tecnología sin coloración alguna escuchaban impasibles.
Uno de ellos dio un paso al frente, su postura reflejando tranquilidad.
—Como se había especificado en el contrato, dos escuadrones acompañarán a tus…
Creaciones, mientras otros dos se hacen cargo de asegurar los bienes— dijo, intentando no ofender a su contratista.
Ser un mercenario implica diplomacia, tanto como la fuerza y eficacia a la hora de cumplir con las tareas aceptadas.
Un mantra en la organización de la que provenían estas personas.
—Bien.
Cuento.
Con.
El.
Profesionalismo.
De.
Sus.
Hombres— respondió la voz emitida desde el lagarto.
********************************** La noche había llegado y Liam se paraba con el aire de un condenado a punto de ir a la horca en la entrada de la mansión donde vivía el alcalde.
—Ser un funcionario público sí que genera ingresos, eh— pensó sardónicamente, mirando el lujoso palacio que el regordete hombre llamaba hogar.
Al cabo de unos minutos, un hombre con una papada que se movía más que sus piernas emergió de las opulentas puertas.
A su lado, una mujer rubia con curvas alucinantes caminaba con gracia, como si perteneciera a la realeza de un país.
Un fascinante vestido rojo sin escote se amoldaba como un salvavidas a las enormes bolas de grasa que se balanceaban incluso más que la papada del hombre a su lado.
—Santa puta mierda…— Liam tragó saliva.
Verdaderamente, ser un funcionario público es un sacrificio que cualquier hombre estaría dispuesto a hacer por su nación.
Acompañando a la pareja dispareja, había una jovencita encantadora, de cabellera rubia similar a la mujer con los imponentes parachoques.
Apenas más alta que Liam, lucía un modesto vestido de tirantes y color beige, con un listón negro adornando su cintura.
—¡Hiroku, nuestro Héroe número uno de Jump City!
Me alegra que hayas decidido acompañarnos en esta velada— saludó el hombre.
Liam asintió, intentando no expresar una mueca en el proceso.
Sin el cuello alto de su traje de Hiruko, tanto la versión original como la nocturna, no podía ocultar correctamente sus expresiones.
Las vendas sólo podían salvarlo hasta cierto punto.
—Hiruko, cariño.
Es Hiruko.
Debes ser más cortés al hablar con personas extranjeras, no sea que pases un momento bochornoso— amonestó la rubia despampanante con voz melódica.
Sólo por eso, Liam se prometió defenderla incluso del mismísimo DarkSeid.
Por su parte, la niña que los acompañaba tembló de emoción.
Se adelantó a sus padres, tomando a Liam por el brazo mientras sonreía.
—Jejeje, soy Clara ¡Un placer conocerte Hiruko-Kun!— empezó la chica, invadiendo el espacio personal de Liam.
—Ejem, Clara, mi cielo, no deberías comportarte de esa forma tan infantil.
Por favor, joven Hiruko, disculpe a mi hija.
Es una admiradora suya— dijo la esposa del alcalde y madre de la entusiasta chica, Clara.
—Eh, ah, sí, no pasa nada— dijo Liam, un poco desconcertado por la familiaridad con que estaba siendo tratado.
Mientras esta escena se desarrollaba, una limusina elegante rodeó la fuente que dividía el centro del enorme patio delantero.
Se estacionó frente al grupo y todos subieron.
Una vez en el auto, las presentaciones continuaron.
Elizabeth, la esposa del alcalde, mantuvo una charla ligera con Liam.
El alcalde leía constantemente algunos documentos, desconectándose de la conversación por completo, para disgusto de su esposa.
La chica, Clara, se aferraba al costado de Liam como una garrapata, haciendo constantes preguntas sobre sus aventuras de héroes, los villanos a los que ha enfrentado, los héroes que ha conocido y, por supuesto, sobre su relación con Súper Man.
Liam dio todo lo que tenía, incluso llegando a entrar en su modo Hiruko para aprovechar la fortaleza mental y el aire de tranquilidad fría que proporcionaba a su psique.
La mocosa simplemente no se callaba.
El corazón de Liam dio un vuelco cuando la niña afirmó, en un tono que no dejaba lugar a réplicas, que él sería su acompañante durante la noche.
El alcalde cavó su tumba con un asentimiento distraído.
Liam entonces buscó ayuda en la única persona que parecía tener sentido común en el auto.
La desesperación absoluta cayó sobre sus hombros cuando Elizabeth se llevó una mano a la boca y se rio en un tono de diversión y disculpa.
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