En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 221
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221: Alejado 221: Alejado Batman no presenció la repentina desaparición de Liam.
Para cuando el Murciélago llegó a la zona de combate en su Batimóvil, la guerrera esmeralda ya se encontraba sola, mirando perdidamente un punto en el que no había nada más que polvo.
El motor del vehículo rugía, sus gruesos neumáticos aplastando guijarros y su duro exterior destrozando roca y concreto por igual.
Consideró seriamente intentar arrollarla.
Sabía que no le causaría mucho daño, pero sintió un genuino deseo por dejar claro su disconformidad con la mujer que había provocado tanto caos en su ciudad.
No tuvo que decidirlo por su cuenta.
Ella se volvió en su dirección, una mirada medio enloquecida taladrándolo a través del vidrio tintado.
De repente, su figura se difuminó y el sentido de peligro del Murciélago chilló en su cabeza, haciéndolo activar el asiento eyector por instinto.
Batman se elevó en el aire justo a tiempo.
Bajo sus pies, Anissa estampó un puñetazo demoledor que detuvo el pesado Batimóvil en seco, lo dobló por la brusca fuerza contraria y lo mandó a volar como una bala de cañón que casi rompió la barrera del sonido, saliendo de Gotham para estrellarse a cientos de kilómetros de distancia.
Antes de que le hombre apuntara su pistola gancho para tomar distancia, la guerrera alzó el vuelo e interceptó su muñeca con una mano, mientras la otra se cerraba sobre su cuello con una fuerza descomunal.
Batman fue suspendido en el aire, su protector de antebrazo doblándose sin oposición ante la tremenda presión que ejercía la mujer, su respiración entrecortada por el apretón en su cuello.
—¿Dónde está?— preguntó ella, su tono tranquilo pero su mirada penetrante indicándole al Murciélago que ese no era el caso.
—¡N-no sé de qué hablas!— gruñó Batman, aferrándose al brazo que le arrebataba el aire en un inútil esfuerzo por resistirse.
—Entonces más te vale averiguarlo— declaró con tono amenazante, elevándose más hasta desaparecer en las nubes con el Murciélago a cuestas.
Desde el suelo, Nezu vio lo sucedido mientras se escondía detrás de una pila de escombros.
Sus sensores buscaron en los alrededores firmas de calor o presencia de chakra.
No encontró nada que le indicase la presencia del shinobi.
—¡Me cago en todo!— maldijo para sus adentros, moviéndose en la dirección en que Tsunako y Dojin verificaban el estado de Zugan.
Los Ninken no detectaron la presencia de Liam al acercarse, por lo que se separaron del Murciélago para interrogar al Cerdo Quimera.
Zugan tampoco sabía nada.
Nezu se reunió con las Quimeras, obteniendo los datos relevantes de todo lo ocurrido en la batalla por parte del Cerdo.
Ciertamente, otra maldita crisis igual o peor a la del kryptoniano en la que por alguna razón sin sentido se vieron involucrados.
Flash se les unió al cabo de un rato, pero el Velocista tenía más y menos información para compartir.
Él pudo describir mejor las capacidades absurdas del enemigo, pero tampoco supo lo que le pasó a Liam.
—¿Está muerto entonces?— preguntó Nezu tras analizar la situación.
Era la única conclusión lógica para explicar la ausencia del shinobi.
Podría haber explotado por la vasta concentración de chakra, o convertido en pasta y dispersado en el aire por un puñetazo de la mujer capaz de reaccionar al movimiento de Flash.
—¡Claro que no!— gruñó Dojin con fastidio.
—Si el Maestro muere, nosotros también— añadió Tsunako con más calma que su gemelo.
—Entonces debemos encontrarlo— dijo Zugan, levantando su enorme cuerpo con visible dificultad.
—Y a Batman también— recordó Flash con cansancio, tragando una pizza que Dios sabe de dónde sacó.
—¿No pueden rastrearlo ustedes, perros?— inquirió Nezu.
A su pesar, los Ninken negaron con la cabeza.
La lluvia de ideas fue interrumpida por la llegada de los cuerpos de policía de Gotham, así como las ambulancias y los bomberos.
Flash tuvo que encargarse de explicar lo sucedido mientras las Quimeras y la rata huían de la escena, indicándole al Velocista un lugar para reunirse en cuanto terminara.
Con tamaños encogidos, los Ninken se dispusieron a buscar al Mayordomo Alfred y al niño Robin, dejando a Nezu bajo el cuidado de Zugan.
La rata necesitaba un nuevo lugar para recargar sus convertidores de energía internos, así como un laboratorio improvisado para diseñar una herramienta que le permitiera rastrear señales de chakra.
Ya había trabajo en una antes, pero estaba almacenada en alguno de los pergaminos del shinobi, pergaminos que él guardaba, a ojos de Nezu, en su culo porque no tenía idea de a dónde iban.
De vuelta en la escena, la atención de Flash se redirigió al dispositivo en su cintura, el cual comenzó a detectar distorsiones espaciales residuales a lo largo del campo de batalla.
Tuvo una ligera sospecha sobre lo que pudo haberle pasado al shinobi.
********************************************* Liam sintió claramente cómo su cuerpo era envuelto en una energía ajena a su chakra.
Sus ojos no pudieron captar lo que ocurrió en la transición espacial, pero su piel se erizó en instante y su instinto le impidió hacer cualquier movimiento precipitado.
Fue como tener una hoja presionada en el cuello, o estar parado sobre un cristal agrietado a gran altitud.
Un acto imprudente y las consecuencias serían graves.
De repente, la imagen ante Liam cambió y el entorno también.
Olor a agua salada no tan podrida como la de Gotham invadió sus fosas nasales, chillidos de vida silvestre asaltaron sus oídos y un paisaje virgen de palmeras y arena blanca fue presenciada por sus ojos carmesí.
El chakra se agitó en su interior y los músculos se tensaron, pero antes de ejecutar alguna acción, la sensación de peligro asoló de nuevo su psique y durante una fracción de segundo, estuvo en medio de aquel espacio de transición entre un punto y otro.
De nuevo, emergieron en una zona diferente, una densa vegetación rodeándolos e impidiéndoles ver nada más allá de cinco metros que no fuera verde y marrón.
Liam no se permitió ser arrastrado una tercera vez.
El shinobi transformó la energía mística en arcos crepitantes que saltaron de su cuerpo al de su salvador y enemigo, interrumpiendo la tele-transportación que definitivamente iba a hacer.
—¡Aaack!— gimió el joven, soltando al shinobi con una expresión de dolor retorciendo sus facciones europeas.
Liam no se compadeció y avanzó rápidamente, propinando una patada al mentón que dejó inconsciente al sujeto.
El cuerpo inerte cayó de rodillas en el húmedo suelo, hundiéndose poco a poco hasta que le shinobi lo levantó y lo montó sobre su hombro.
Este loco lo había traído aquí, y tendría que devolverlo por las buenas o por las malas.
Con muy poco chakra, Liam invocó a cuatro Kage Bunshin consecutivamente, enviándolos a echar un vistazo en los alrededores.
Él mismo usó cables y algunos juguetes de Nezu que guardaba en su inventario para atar al comunista y asegurarse de que no huyera al despertar.
Después, se echó en el suelo y descansó con los brazos y las piernas extendidas, su mirada posada en los árboles que se mecían al son del viento y su oído absorbiendo el canto de las aves.
Se sentía surrealista.
Estar en medio de una batalla que no podía ganar un momento, y al siguiente encontrar paz y tranquilidad en medio de la nada.
Sin previo aviso, su mente fue asaltada por los recuerdos de un Bunshin en los que sólo había vegetación y vegetación.
A intervalos de cinco minutos, los demás se disiparon y entregaron la información en oleadas.
Liam descubrió que, primero, estaba en una especie de manglar.
Segundo, no había rastro de civilización en un radio de cinco kilómetros con él en el centro.
Tercero, acabó en algún lugar de Sudamérica.
¿Cómo supo esto último?
Simple: Uno de sus Bunshin vio una Guacamaya Roja, y otro encontró un Jaguar intimidando a un cocodrilo.
—¿Y cómo sabe ese imbécil si es un Jaguar o un Leopardo?— cuestionó Liam los conocimientos de su clon, puesto que él mismo no podía diferenciar a esos felinos.
Aún así, la presencia del ave fue suficiente para convencerlo.
El comunista lo sacó de Norteamérica y pretendía llevarlo Dios sabe a dónde.
********************************************* Disculpen la ausencia, pasaron cositas.
Ya me retiraron el Yeso de la pata, y no necesito muletas para caminar, aunque sí que es incómodo por ahora.
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