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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 223

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223: Búsqueda 223: Búsqueda  —¡Espera espera!

¿¡Me estás diciendo que Batman es real!?— cuestionó Hal Jordan, incrédulo ante el torrente de información que una rata, dos perros y un puerco le transmitían.

—Creo que te estás perdiendo lo importante— Flash negó con la cabeza, el único individuo más o menos normal en la sala aparte del Linterna.

—No puedo confirmar nada, pero creo que esa mujer podría ser tan fuerte como Super Man, sino más— recordó con voz severa.

—Contrólense, animales— llamó Nezu, sus mecandritas retorciéndose a su alrededor con chasquidos metálicos en señal de frustración y, probablemente, nerviosismo.

Esperaba muchas cosas a raíz de aquel problema, y este no era el peor de los desenlaces, pero tampoco era ideal.

Hal Jordan había sido llamado por uno de los Bunshin de Liam durante la batalla, pero el hombre estaba fuera del planeta en ese momento y no recibió el mensaje.

Nezu se valió de lo que robó del Batimóvil y su propio equipo personal para activar una baliza colocada en Metrópolis de manera remota.

Un elemento de último recurso que Liam le pidió construir días después de instalarse en la Mansión Wayne para contactar con el más duro entre los duros.

El receptor emitiría un ruido a una frecuencia determinada que captaría la atención de Super Man en cualquier punto de la ciudad.

De haber llegado al dispositivo, Nezu podría haberle pedido ayuda.

Pero Super Man nunca llegó.

Probablemente no estaba en Metrópolis en ese momento.

Y seguía sin responder a la señal.

Nezu se resignó a no contar con la ayuda del hombre más poderoso del mundo, en palabras de Liam.

La rata sospechaba que el shinobi conocía la identidad del Héroe, tal y como lo demostró con el Murciélago, pero no se molestó en informar a Nezu.

Nada de eso era relevante ahora.

Liam estaba desaparecido, había una Super Woman desatada por ahí que parecía ir tras la cabeza del shinobi y Nezu tenía la obligación de encontrarlo primero que ella.

Y hacerlo respaldado por un grupo de combatientes de alto nivel, de preferencia.

—¡Ejem!

¿Sí bueno, dónde encuentro a mi amigo el Halcón marino?— preguntó Hal Jordan con los brazos cruzados, mirando en todas direcciones a la sala tenuemente iluminada por una docena de monitores que vomitaban chorros de datos que el Linterna no entendía.

Había muchas cosas que no entendía de la situación actual, pero no se permitiría ser arrastrado por el humor pesado de quienes lo rodeaban.

—Takagami se encuentra fuera de nuestro alcance.

El único que puede contactarlo es el Maestro, y eso será cuando lo invoque— aclaró Tsunako distraídamente.

—¿Hmm, esa invocación es cuando los hace aparecer de la nada, verdad?

Como cuando los llamó a la capital aquella vez— inquirió el Linterna.

La Ninken asintió, todavía sin prestarle demasiada atención al hombre.

Los engranajes rodaron en la mente de Hal durante un par de segundos mientras algunas miradas ligeramente expectantes se posaban en él.

Flash tenía su dispositivo capaz de detectar las huellas que dejaba el ladrón en el espacio, pero eso tenía poco alcance.

Necesitaba amplificar su detector con otras instalaciones, pero no disponía de ninguna.

Nezu construyó lo mejor que pudo un detector de chakra, empleando su conocimiento de la energía mística aprendida a lo largo de los años al trabajar con el shinobi y sus Quimeras.

Sufría el mismo problema que Flash con el alcance, pero a diferencia del Velocista, la rata sería más contundente a la hora de encontrar un sitio con la tecnología para amplificar su herramienta.

Sólo esperaba que el análisis de la muestra que les quitó a las Quimeras terminase.

Por su parte, el tercer miembro humano del extraño grupo y que permanecía oculto a la vista de los otros dos, Alfred, también intentaba rastrear la ubicación de su Señor.

Fue él quien los trajo a estas instalaciones ocultas pertenecientes a Batman.

No disponía de todo el equipo de la Bati-Cueva, pero podía conectarse con el Satélite de Bruce y le permitiría encontrar la señal que el Murciélago debería emitir en cuanto tuviera la oportunidad.

—¿Y bien?

Cuéntanos tu idea— instó Flash con el ceño fruncido.

Hal Jordan asintió con una mirada determinada.

—Abracemos a las Quimeras y esperemos.

Cuando el niño los invoque, nosotros iremos con ellos hasta su posición— dijo con tono igualmente serio.

******************************************  Las alarmas chillaron en las Instalaciones pertenecientes a la NASA en la Isla Wallops, Virginia.

Hace dos minutos, se notificó del acercamiento de un objeto volador no identificado, así como el despliegue de escuadrones Caza.

Hace un minuto, se reportaron detonaciones en el espacio aéreo cercano de la isla.

Hace diez segundos, las alarmas comenzaron a sonar y se ordenó al personal abandonar sus puestos ante la lluvia de fragmentos ardientes que caía del cielo.

En el aire, los aviones de combate eran destrozados por una figura femenina mucho más rápida que ellos, mucho más ágil, fuerte y resistente.

Las balas de alto calibre cruzaban las nubes, destellos de luz que perdían a su objetivo por mucho.

Los motores rugieron, llevando las aeronaves a sus límites absolutos en un desesperado intento por evadir las cargas violentas de la mujer.

Sus curvas se trazaron en amplios arcos, demasiado lentos y predecibles para alguien capaz de maniobrar en el aire como si no respetara ninguna ley física.

Anissa se estrelló contra las máquinas, atravesándolas en llamaradas que calcinaron a sus pilotos incluso antes de eyectarse.

Se lanzó contra otro y lo desarmó con un simple puñetazo.

Ella maldijo para sus adentros.

No había tenido en cuenta una respuesta tan rápida.

Sospechó que el hombre eligió este lugar precisamente para que fueran descubiertos.

No era importante en cualquier caso.

Si Batman pensaba que un pequeño escándalo como este la retendría, estaba muy equivocado.

De todas formas no tenía opción.

Si huía, Anissa empezaría a destrozar ciudades.

Si por alguna razón se tardaba más de treinta minutos en encontrar a Liam, Anissa empezaría a destrozar ciudades.

Mientras tanto, en el suelo, Bruce se adentraba en las instalaciones de la NASA con sigilo y rapidez.

Cada minuto contaba y sabía que la mujer no estaba bromeando.

El personal corría despavorido, sin entender qué estaba sucediendo o por qué caían aviones militares del cielo envueltos en llamas.

Más vidas inocentes perdidas por el capricho de una lunática.

Bruce apretó los dientes y aceleró su paso, sin importarle ser visto sin su máscara por los empleados.

—¡Oye espera, tienen que salir de aquí ahora!— llamó un guardia de seguridad, interponiéndose en el camino de Bruce.

Tras observarlo durante un par de segundos, el guardia puso expresión confusa por el aspecto del Murciélago.

Sin camiseta, sin zapatos, y con un artefacto de apariencia extraña en su mano.

Una idea errónea cruzó en su mente y buscó desenfundar su arma.

Batman lo inutilizó en rápidos movimientos y arrebató su pistola, continuando su camino.

Tenía que darse prisa o su captora provocaría una masacre incluso más grande.

*****************************************  Un rugido bestial provocó pánico en el Laboratorio Nacional BrookHaven, Long Island.

Un monstruo gigante de apariencia extraña irrumpió en las instalaciones, sus pezuñas destrozando el suelo con cada paso y su caparazón con púas inmune a las balas que llovían sobre él.

Zugan destrozó las paredes y provocó caos y pánico en los civiles del lugar, obligándolos a retroceder y salir fuera del camino.

La estricta y bien armada seguridad del lugar se movilizó, carros de combate encendiéndose y torretas cargadas, listas para detener la monstruosidad que asolaba las instalaciones.

Los protocolos de seguridad se activaron y pesadas compuertas se cerraron, aislando las zonas delicadas y tratando de contener a la Invocación Quimera.

Zugan no cedería ante meras puertas.

El Cerdo se aseguró de provocar un verdadero alboroto para llamar la atención sobre sí mismo, mientras los Ninken y la rata se escabullían en un segundo plano.

Nezu eligió este lugar por culpa de la propia naturaleza del chakra: Una energía que se pasaba las leyes de la termodinámica por el culo.

Requería someter al chakra en la Estación de Muestra para obligarlo a revelar su frecuencia de resonancia y convertirlo en algo visible para los sensores humanos de un mundo que no conocía dicha energía.

¿Difícil?

No para él.

Ya tenía la muestra, ya sabía cuál era la frecuencia.

Las máquinas del Laboratorio que necesitaba usar para cubrir una mayor distancia no lo hacían y por eso no tuvo más remedio que asaltar el lugar.

—Hay mucho personal más adelante— informó Tsunako, su nariz olfateando el aire como un perro común.

—¿Qué hacemos con ellos?

—Mátenlos a todos— ordenó Nezu fríamente.

Tsunako le dio una palmada en la cara con su cola mientras dirigía un gruñido amenazador a su gemelo, quien se había tomado en serio las tonterías de Nezu.

—Agárrate— le ordenó a la rata.

Nezu obedeció con fastidio y se enganchó a los cañones de la Ninken.

Ambos se adhirieron a las paredes y cruzaron los bulliciosos pasillos por el techo.

El tiempo también corría en su contra, pues había puestos militares cerca del Laboratorio y no tardarían mucho en responder a la amenaza de Zugan.

Peor aún, los altos mandos de este País ya conocían a la Invocación y la ya pésima reputación de Liam se iría mucho más a la mierda.

Por supuesto, esto era algo que a Nezu le importaba poco o nada.

Su prioridad, ya sea que lo admitiera o no, era encontrar a su amigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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