En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 224
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- Capítulo 224 - 224 Escándalo
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224: Escándalo 224: Escándalo Clark ciertamente no había estado en Metrópolis durante algunos días.
El hijo de Krypton tenía muchas cosas en las que pensar, mucho para asimilar.
La bulliciosa ciudad, los interminables problemas, el trabajo pesado, nada de eso le permitía un sólo segundo de paz, un instante en el que el dolor no apretase su pecho.
Super Man, el hombre inquebrantable, no había tenido buen ánimo desde que encontró a otro Kryptoniano como él y su prima.
Ni siquiera le había dicho nada a ella aún.
Después de ayudar en las reparaciones de la ciudad que Zod destruyó, Clark buscó a Linterna Verde para pedirle más información sobre su pueblo.
Hal, por supuesto, compartió todo a lo que su anillo le permitía acceder.
Guerras espaciales, un enemigo misterioso y poderoso capaz de destruir planetas, su gente extinta, probablemente a manos de ese mismo ser.
Nada parecía tener sentido.
Clark no sabía por qué, pero semejante historia le parecía incorrecta.
Necesitaba respuestas, necesitaba algo más que los registros de una supuesta policía del Espacio.
Incluso consideró abandonar la tierra.
Lanzarse a un viaje hacia a las estrellas en la búsqueda de la verdad.
Sus padres fueron lo único que detuvo su mano.
E inesperadamente, Liam también lo hizo.
Fue en medio de ese mar conflictivo de emociones que el shinobi llegó a Metrópolis y provocó un escándalo en sus calles.
Clark no sabía qué pensar del muchacho.
No era tan ingenuo como para no ver la sangre que manchaba sus manos, las cosas que estaba dispuesto a hacer y que se reflejaba en su mirada, en su actitud aparentemente dócil.
Prefería no pensar en el tipo de persona en la que se convertía cuando nadie miraba.
Pero verlo tocar fondo emocional y físicamente hizo pensar al Kryptoniano.
Le hizo recordar el porqué hacía lo que hacía.
Clark no era humano, pero vivía entre ellos, fue criado por ellos.
Tenían sus luchas, sus propios problemas, eran amenazados por grandes males que la mayoría simplemente no podía enfrentar.
Él sí podía.
¿Hubiera sido justo para todos los demás que él se fuera?
¿Para Martha y Jonathan?
Liam necesitó su ayuda en ese momento.
Otra gente necesitaba, necesita y necesitará su ayuda también.
¿Podía él simplemente darles la espalda tan egoístamente?
El conflicto lo llevó a abandonar Metrópolis unos días y refugiarse en el cálido abrazo de sus padres, respirar el aire fresco del campo y reflexionar en genuina paz.
—Noticia de última hora: La Base Conjunta McGuire-Dix-Lakehurst despliega un grueso ejército de Blindados mientras la Guardia Nacional y la policía bloquean el paso a Long Island.
Según declaraciones del Departamento de Policía de Nueva York, una Amenaza de Meta Humanos Terroristas ha asaltado el Laboratorio Nacional BrookHaven.— —…— Clark suspiró, su súper oído captando las noticias que transmitían desde la vieja radio de la casa.
Sólo se había ido una semana y ya había otro gran incidente nacional.
Por suerte, Nueva York estaba a un par de minutos de distancia para él.
El Kryptoniano se movió a su habitación y se puso el traje rápidamente, avisándole a su madre que regresaría en un rato y despegando en dirección a Long Island.
*********************************** En la tranquila Fawcett City, Kara Zor-El impresionaba a algunos niños en una heladería, divirtiéndose con las miradas expectantes en sus pequeños rostros.
La Kryptoniana pasaba por encima de la ciudad cuando escuchó un auto desenfrenado derrapando por las calles.
Temerosa de que ocurriese algún accidente, la rubia descendió y encontró al vehículo, así como a sus pasajeros desquiciados.
Hombres armados que acababan de asaltar un banco, si la fastidiosa alarma que taladraba sus oídos era una indicación.
Típicos ladrones de poca monta.
Acabó con los malhechores rápidamente, sin problemas.
No hubo nada destacado, salvo la presencia de un muchacho que, en lugar de cubrirse ante el auto peligroso, intentó cruzar al otro lado de la calle para desaparecer en un callejón.
Por qué en el mundo alguien haría eso, Kara no lo sabía.
Sacó al niño de la calle y después se encargó de los maleantes.
Pero lejos de asustarse o reflexionar sobre sus acciones, el niño se acercó a Kara mientras ella derribaba a los ladrones y pidió un autógrafo.
Rápidamente aparecieron un montón de otros niños de Dios sabe dónde y la Kryptoniana fue rodeada.
Así fue como terminó invitando helado a los pequeños y regañando al chico imprudente de antes.
Igualmente firmó el autógrafo que quería.
Fue entonces cuando sus sentidos le permitieron escuchar el anuncio de un televisor que relataba el despliegue de la Fuerza Aérea en la Instalación de Vuelo Wallops del a NASA.
La rubia puso toda su atención al noticiero, descubriendo que había problemas serios en tal lugar.
Por un momento consideró que su primo podría encargarse, pero finalmente se decidió por ir y echar una mano.
—¡Lo siento amiguitos, pero me necesitan en otro lugar!— se despidió de los niños y salió del local, despegando con un estampido sónico.
Muchos se sintieron decepcionados y hundieron los hombros, pero sólo uno de ellos se volvió en dirección al televisor y prestó atención a las noticias.
Era el mismo niño imprudente.
Una idea loca cruzó por la mente de Billy Batson y también salió corriendo de la heladería, dirigiéndose primero al mismo callejón solitario en el que planeaba transformarse y detener a los tipos malos antes de que la rubia apareciera.
Encontrarse casualmente con Super Girl fue algo inesperado para el niño y sintió que su corazón se aceleraba.
Quizás, tal vez, a lo mejor, sería buena idea ayudar a la linda Heroína.
—¡Shazam!— convocó Billy el poder de los Dioses y un relámpago amarillo lo golpeó.
****************************************** —¡Bloqueen las comunicaciones en ambas zonas de combate, sellen el acceso a los servidores, desplieguen más malditos Cazas y alguien denme un informe de situación más actualizado!— ladró el General Wade Eiling a través de su comunicador.
El búnker desde el cual operaba y en el que se resguardaba al Presidente era un hervidero de actividad, controladores de radio-comunicaciones y vista satelital tecleando furiosamente con los ojos pegados a las pantallas y la vomitiva cantidad de datos que se deslizaban por ellas.
—¡Contacten a Star Labs, este es un asunto de Seguridad Nacional ahora y quiero sus armas a mi disposición!— continuó dando orientación a la sacudida cadena de mando.
Sin Amanda Waller, con algunos de sus activos más valiosos asesinados o desaparecidos, la mano de obra Meta Humana escaseaba en el peor momento posible.
—¿¡Dónde está ese análisis de la DEO!?— espetó el General Eiling, su humor empeorando con cada piloto caído en Virginia y cada carro de combate volcado en Long Island.
Los ataques ocurrieron casi simultáneamente, por lo que la Agencia de Seguridad Nacional no los consideró incidentes aislados.
Nadie con dos dedos de frente lo haría.
Sin embargo, había elementos discordantes en todo el asunto: Para empezar, se confirmó la identidad del monstruo en BrookHaven como una de las criaturas del mocoso esclavo de Waller, mismo individuo que se consideraba por sí sólo una amenaza a la seguridad del País y el Presidente.
Por otro lado, la asaltante de Wallops no pudo ser identificada todavía.
La hembra se movía demasiado rápido para ser captada por los Cazas y los drones.
Sólo intuyeron su sexo debido al contorno borroso de su figura.
En BrookHaven no se reportaron bajas, ni civiles ni militares por el momento.
En Wallops ya llevaban tres escuadrones eliminados y uno en proceso de desaparición.
—¡Señor, el Director Bones ha enviado el análisis preliminar de Wallops!— informó uno de los operadores al General, entregándole una tableta con toda la información de la que disponían.
Eiling estudió los datos y su humor sólo empeoró.
Velocidad de vuelo super sónica, Resistencia a Impactos estimada en 1500 Mega Pascales como mínimo, y se estima que su fuerza bruta bien podría igualar a Super Girl.
No eran buenas noticias.
—¡Señor, el Secretario de Defensa exige— —¡Que espere el maldito Secretario!— bramó Eiling con venas palpitando en su sien.
Dio otra serie de órdenes mientras se alejaba de las pantallas en espera y buscaba al Presidente mismo para recibir orientación.
Ya sabía que el Secretario ordenaría un bombardeo o alguna mierda de ese estilo para impedir que los datos y Dios sabe que otras cosas turbias caigan en manos enemigas.
Quien quiera que fuera ese enemigo.
Pero Eiling sabía que sus opciones no se habían agotado.
Tenían tres ases bajo la manga y dependía de la situación el desplegar uno de esos o todos a la vez.
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