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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 225

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225: Desencadenante 225: Desencadenante  Bruce tenía las cosas un poco más fáciles que Nezu, según por dónde se mirase.

El Vigilante de Gotham fue metódico y despiadado, más de lo habitual.

Dejó a su paso un rastro de cuerpos inconscientes, magullados, con dientes salidos de sus encías o narices destrozadas, brazos torcidos y rodillas orientadas en la dirección incorrecta.

Él no quería provocar semejante daño a buenas personas que simplemente hacían su trabajo, pero no tenía muchas opciones.

Negarse estaba fuera de la mesa, retrasarse significaba sentenciar a miles de personas.

Tantas vidas que dependían de sus acciones.

En ese sentido, la tenía mucho peor que la rata mecanizada.

La diferencia radicaba en que Bruce no necesitaba preocuparse por registrar energía inexistente en su mundo.

Ni siquiera tuvo que maniobrar con el Sistema Eléctrico de las instalaciones.

En una de sus manos sostenía un artefacto cuya naturaleza no pudo comprender.

Uno que le fue entregado por la guerrera esmeralda y que se suponía que haría todo el trabajo.

La única función de Bruce era acceder al lugar correcto, tomar el control del área y conectar el dispositivo alienígena.

Nada más, nada menos.

Un chasquido captó su atención a la derecha y el hombre rodó por el suelo sin pensarlo dos veces, evadiendo la salva de disparos que una torreta automática desataba en su dirección.

Rieles que él no podía ver traquetearon, moviendo el arma a través del techo en su persecución.

Sin Batarangs, sin bombas de humo, sin su pistola gancho y cualquier otra herramienta aparte de la endeble pistola robada, Bruce decidió que la retirada era lo más estratégico.

Sobre la cabeza del Vigilante de Gotham, Anissa partía las nubes con estampidos sónicos y una onda de aire desplazado violentamente.

Superando por mucho a los pocos e inútiles trastos voladores, su cuerpo fue sometido a fuerzas que habrían convertido a los mejores soldados en pulpa.

Un giro brusco y cerrado le hizo salir disparada en la dirección del mar, donde una furtiva línea de lanchas intentaba invadir la isla e interferir con su proceso de búsqueda.

—¡Descenso agresivo al sector naval, activos aliados comprometidos!— informó uno de los pilotos con voz tensa, casi entrando en pánico por la ridícula situación de combate en la que participaba, si es que se le podía llamar combate a esto.

—¡Rompan formación, maniobras evasivas de inmediato!— rugieron las órdenes a través de las radiocomunicaciones de las lanchas.

Fueron demasiado lentos.

La energía en el E-106 no fue cortada o interferida.

Eso se debió a que allí es donde estaba el Centro de Control de Rango, lugar donde se gestionan los enlaces de datos con los satélites en órbita.

Fue allí donde Bruce hizo su incursión, de modo que el Gobierno ya sabía de su presencia.

Se determinó que el hombre asaltante no poseía capacidades Metahumanas, por lo que se aprobó el envío de un equipo de interceptación para capturarlo y sonsacarle información sobre la calamidad que navegaba en el cielo.

Anissa, por supuesto, no se perdió tal posibilidad y siempre se mantuvo vigilante a los ataques por tierra y agua.

La mujer se estrelló contra una de las lanchas que transportaban un equipo de fuerzas especiales, destrozándolos a todos con el fuerte impacto y desatando una explosión de agua que volcó las demás.

La ola masiva se los tragó y la guerrera esmeralda los aniquiló en el agua sin problemas.

A kilómetros de distancia, los Buques de la Marina recibieron órdenes de cesar cualquier otra operación y comenzaron a retirarse.

Las órdenes vinieron directamente de la Casa Blanca.

Cuando Anissa emergió del enorme charco de sangre en el mar, los Cazas sobre su cabeza también empezaban a retirarse, sus motores rugiendo y llevándolos a perderse entre las nubes como si sus vidas dependiesen de ello.

Efectivamente lo hacían.

—…Qué pérdida de tiempo— murmuró la guerrera esmeralda con fastidio.

Ella flotó imperturbable, con sangre y agua escurriéndose de su piel.

El sol trazaba su arco sobre el cielo, posicionándose poco a poco en el centro del mismo.

Ya habían transcurrido poco más de treinta minutos y no había información de Bruce Wayne.

El ceño de Anissa se frunció y estaba a punto de irrumpir en las instalaciones para ver qué pasaba con el desobediente hombre, pero un sonido familiar captó toda su atención.

Alzó la mirada noroeste y sus ojos encontraron un punto bicolor acercándose más rápido que el sonido mismo hacia su posición.

El individuo se detuvo a un par de cientos de metros, el repentino cese de su movimiento arrojando una onda de viento en dirección a Anissa que agitó su cabello y perturbó las aguas ya perturbadas a sus pies.

Ella casi dejó escapar una sonrisa por la vista.

Colores familiares, un símbolo familiar.

El sexo sin embargo, era el incorrecto.

—¿Eres una mujer en este mundo?

Eso sí que es inesperado…— comentó Anissa con burla, mirando condescendientemente a Super Girl.

De repente, su expresión se volvió fría y sus ojos destellaron con un toque de locura.

—Espero que no seas tan cercana a Liam como en el mío.

A pesar de la distancia que las separaba, Super Girl pudo oírla perfectamente.

Pero la kryptoniana no pudo siquiera confundirse por las palabras de la mujer, pues su mirada recorría el gran charco de sangre y partes de cuerpos humanos flotantes que había debajo de la desconocida.

Vio fuego y nubes de humo saliendo de las instalaciones de la NASA, partes de aviones militares hechos un desastre y esparcidos por todo el lugar.

La rubia comprendió inmediatamente que este oponente era peligroso.

También asumió que no necesitaba contenerse demasiado.

Super Girl explotó en velocidad, una onda expandiéndose desde su punto de partida.

La chica cubrió la distancia en un segundo y su puño se alzó, listo para clavarse en la cara de Anissa.

Pero en ese momento, una sensación de malestar se apoderó de ella.

Se sintió incómoda primero, enferma después, débil en cuanto estuvo a distancia de golpe.

Anissa aprovechó ese repentino lapsus por parte de la kryptoniana y se agachó debajo del golpe, elevándose bruscamente después y estampando una rodilla en el abdomen de la muchacha.

El aire abandonó los pulmones de Super Girl, la sensación de debilidad aumentando a cada segundo y empeorando por el contacto directo con la mujer.

—No importa el mundo o lo que tengas entre las piernas, el resultado siempre será el mismo— dijo Anissa al oído de la Heroína, clavándole un puñetazo demoledor al costado de la cabeza.

La fuerza del impacto reverberó por el cráneo de Super Girl y su sentido de equilibrio se perturbó momentáneamente.

Anissa la castigó con una lluvia de puñetazos en rápida sucesión, culminando con una patada al pecho que hizo escupir sangre a su oponente y la mandó a volar contra la isla como una bala de cañón.

Super Girl estaba desorientada y no pudo alterar su trayectoria.

Su cuerpo, debilitado pero aún más duro que el diamante, se estrelló y atravesó uno de los edificios de las instalaciones Wallops, dejando una línea de destrucción a lo largo de la pared en forma diagonal.

Paredes y pisos enteros fueron desintegrados por su paso, sacudiendo toda la edificación.

Por suerte, ya no había personal de la NASA en la zona y no hubo ningún daño colateral.

Al fondo del mismo, Kara empujó un enorme trozo de hormigón a un lado y se puso de pie, su cabeza palpitando con dolor y su nariz sangrando.

Ella estaba genuinamente sorprendida, desconcertada.

Aparte de su primo, nunca había conocido a nadie capaz de someterla tan abrumadoramente con pura fuerza bruta.

Y Clark ni siquiera podría haberlo hecho.

—¡Mierda!— escupió la Kryptoniana desató su visión de calor hacia arriba.

Un instante después, Anissa descendió como un cometa trayendo consigo una onda de choque que derribó el edificio sobre sus cabezas.

Los rayos carmesí se encontraron con el antebrazo de la guerrera esmeralda sin poder atravesarlos.

Kara fue embestida y enterrada a varios metros de profundidad.

Los alrededores se sacudieron y los cimientos del edificio salieron volando a los lados, grietas extendiéndose hacia afuera poco antes de que todo se hundiera como si de un sumidero gigante se tratara.

Una cresta de polvo y escombros se elevó en el aire mientras la tierra se partía a la mitad.

En el centro de la misma, Kara era empujada violentamente a través de toneladas de materia con el cuello envuelto por dos manos firmes.

Anissa apretó con fuerza, alejando a la kryptoniana de las instalaciones para evitar entorpecer la misión del Murciélago.

Pero Kara Zor-El no se rendiría tan fácilmente.

La Heroína apretó los puños y bombardeó como pudo el abdomen expuesto de Anissa mientras sus ojos se enrojecían de nuevo, brillantes y peligrosos.

Los impactos repetitivos afectaron a la Viltrumita, a pesar de la decreciente fuerza de la Kryptoniana.

Anissa retiró una de sus manos del cuello de Kara y se cubrió el rostro justo a tiempo.

Densos rayos de energía se dispararon de los ojos de Super Girl y empujaron a Anissa hacia atrás, haciéndola salir a la superficie.

—¡Tch, malditos rayos láser!— siseó la guerrera, sacudiendo la mano humeante con que detuvo la visión de calor.

La piel le escocía y el dolor era muy real.

Hacía tiempo que no recibía daños reales en batalla.

En tierra, Super Girl emergió con la capa hecha girones y el rostro magullado, sangrante.

Sintió que algunos dientes se le habían aflojado y las lágrimas eran casi incontenibles ante las oleadas dolorosas que venían de su nariz.

Pero la Kryptoniana no se echó atrás ni se encogió de miedo.

Alzó la mirada, desafiante.

Su ceño se frunció y el sol de medio día batallaba contra la sensación de debilidad que le provocaba estar tan cerca de la guerrera esmeralda.

La sensación vigorizante de la estrella y la debilitante de la mujer se encontraban en una danza constante, un va y ven, un tira y afloja que hacía sentir mareada a Kara.

—¿¡Quién eres tú!?— preguntó la rubia con un gruñido, dejando que la ira reemplazara el dolor y la incomodidad.

—¿Por qué preguntan eso siempre?

¿Saber mi identidad te dará más fuerza o algo así?— se burló la Viltrumita.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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