Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 228

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. En el Universo DC con plantilla Shinobi
  4. Capítulo 228 - 228 Desencadenante 4
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

228: Desencadenante 4 228: Desencadenante 4  Clark resistió el deseo de palmearse la cara por culpa de la difícil posición en la que lo pusieron.

Quizás las circunstancias, quizás el Gobierno otra vez, quizás los individuos a los que consideraba aliados.

Cañones de todos los tamaños apuntaban en su dirección, dedos temblorosos sobre los gatillos, seguros olvidados en la tensión del momento.

Su súper oído le permitió captar las innumerables comunicaciones entre los efectivos que tenía en frente y los individuos que ladraban órdenes desde posiciones seguras, lejos de su alcance inmediato.

Llamados a la espera, a la contención, a evitar la confrontación y la negociación.

Clark les dejó rodearlo, tomar sus puestos y reconsiderar sus opciones.

Le convenía ganar tiempo en cualquier caso.

Un contingente de blindados se separaba del grueso de las fuerzas reunidas, dirigiéndose hacia la maltratada Quimera que él mismo hirió.

Quiso ir en su ayuda, pero la criatura y el Linterna le sugirieron evitar malos entendidos innecesarios.

Zugan le había contado muy resumidamente el problema que tenían y el motivo tras este altercado.

Linterna Verde le explicó las intenciones de Nezu, la participación del defensor de Central City y lo que se esperaba de él en este instante.

—¡Super Man!— llamó un hombre con un traje de combate de última tecnología y un casco de cristal oscuro que ocultaba sus facciones.

Al menos para quienes no poseían la visión del kryptoniano.

Clark permaneció con expresión calmada, de pie a las puertas del Laboratorio y bloqueándoles el paso a las fuerzas especiales.

—¿Cuál es su nombre?— preguntó tranquilamente.

El hombre se estremeció levemente, gotas de sudor perlando su frente debajo de la visera.

Tomó una profunda respiración y se armó de valor, caminando hacia el Héroe hasta pararse frente a él.

La visera fue retirada y el arma dejada a un lado.

El hombre de rostro severo encaró a Super Man con el corazón acelerado, pero la disciplina militar suficiente como para no temblar ante él.

—Rick Flag— se presentó con una leve inclinación de cabeza.

—En este momento, la Casa Blanca, el Ministro de Defensa y el Presidente mismo escuchan nuestra conversación.

Super Man, explica la razón de tu interferencia en esta operación militar.

Los párpados de Clark temblaron.

Aunque de actitud dócil, las palabras de Rick Flag destilaban una nota de reproche en su tono.

—La situación es complicada, Rick Flag, Ministro, Presidente.

Sé que esto parece un ataque, pero hay buenas razones para ello y les aseguro que los responsables no tienen malas intenciones— explicó el Kryptoniano lo mejor que pudo.

Incluso para él sonaba rebuscado y estúpido, pero no tenía mejores opciones.

Prefería gastar tiempo en una inútil discusión que en un enfrentamiento contra hombres y mujeres que sólo hacían su trabajo.

La expresión severa de Flag no cambió.

Su mirada taladró al Héroe y las instalaciones que claramente protegía.

—¿Eres consciente de la naturaleza de aquel monstruo, su afiliación y la de los que instigan esta afrenta contra Estados Unidos?— inquirió el hombre, dirigiendo su atención a la dirección de Zugan por un momento.

—¿Tú no?— devolvió Clark con tono plano.

—Seguro que el Señor Presidente sí los conoce.

—…Explica la razón de tu interferencia, ahora— exigió Flag tras unos segundos.

—Un ser querido fue secuestrado, y sus amigos intentan encontrarlo.

Hay una amenaza real ahí fuera que lo busca y yo pretendo encontrarlo antes que ella— soltó el Kryptoniano, exponiendo la situación de manera vaga.

El silencio se volvió más pesado mientras sus palabras eran digeridas por los superiores de Rick Flag.

Antes de que formularan siquiera una conexión con la información de la que disponían, un zumbido bajo resonó a lo largo de la zona y las radiocomunicaciones crepitaron con interferencia.

Los radares de los Helicópteros perdieron coherencia y los poderosos sensores satelitales con los que la Casa Blanca monitoreaba la acción escupieron datos sin aparente sentido.

En el búnker del Presidente, las alarmas resonaron y los operadores en las consolas se sobresaltaron, informando nerviosamente de la inusual actividad dentro de BrookHaven.

El Sincrotrón fue activado y se preparaba para expulsar una vasta cantidad de energía.

Eiling exigió respuestas a gritos y el Presidente empezó a entrar en pánico.

Los operadores no tenían ni idea del propósito de tal acción, pues Nezu aisló el sistema del Laboratorio y desactivó todo lo demás.

Desde la perspectiva del Gobierno, BrookHaven almacenaba energía furiosamente como si fuera a explotar en cualquier momento y causar una gran devastación.

—No…

No podemos permitirlo— pensó el Presidente de los Estados Unidos con un sudor frío descendiendo por su espalda.

Mientras tanto, dentro de BrookHaven, Nezu y Flash observaban los frutos de su ilegal trabajo.

La rata había tomado parte del equipo avanzado que formaba la computadora central del Laboratorio y lo modificó en un tosco y feo dispositivo de rastreo.

Enlazado a través de gruesos cables de alimentación al Sincrotrón y su servidor exclusivo, el rastreador de chakra ayudaría a interpretar mejor la señal de escucha que BrookHaven emitiría y recogería en cuanto alcanzara la suficiente potencia.

Al mismo tiempo, en una ubicación oculta de Gotham, Alfred soportaba los quejidos interminables de Robin con paciencia y fuerza de voluntad, su atención clavada a las pantallas en espera de la más mínima señal de Bruce Wayne.

Sospechaba fuertemente de las noticias sobre el conveniente ataque a la NASA, pero sin suficiente información a la mano se negó a enviar al chico maravilla o alertar a Nezu y Flash.

Su movimiento tenía que ser rápido y preciso, decisivo y eficaz.

Ese momento llegaría en la forma de la señal de Bruce Wayne, no antes.

—¿¡Quiero decir, en serio!?

¡Soy yo por amor a Dios!

¿No merezco ser reconocido, ser tratado con más respeto?

¡Si había semejante lío en nuestras calles, debí ser informado!— el chico seguía y seguía, aumentando el estrés de Alfred con cada oración.

Por suerte para Robin, una alerta peculiar saltó en una de las pantallas y Alfred centró toda su atención allí, verificando lo ocurrido.

Códigos interminables eran escupidos rápidamente, mientras protocolos automáticos se activaban al reconocer y catalogar la amenaza.

—Lo tengo, señor Wayne— murmuró Alfred con una nota aliviada en su tono, tecleando furiosamente para determinar la ubicación de origen de los ataques sistemáticos y extremadamente específicos a la red satelital de Empresas Wayne.

Densos paquetes de datos encriptados, arrojados como piedras a un tanque.

Una acción inútil, pero cuyo propósito no era dañar el objetivo, sino informar de su posición.

—¡Oye!

¿Ahora me ignoras tú también?— se quejó Robin, pero Alfred torció el cuello en un movimiento poco saludable que asustó al chico maravilla.

—Toma un Jet y dirígete a Wallops, Virginia— ordenó el Mayordomo.

*******************************************  El corazón de Billy Batson se encogió.

Sensaciones incómodas que podrían haberlo abrumado en su forma verdadera fueron suprimidas y contenidas por la Voluntad de Aquiles, mientras su monstruosa resistencia era llevada a nuevas alturas.

Los oídos le zumbaban y sus huesos traqueteaban, la curación acelerada trabajando horas extras para reponer el daño que su cuerpo recibía a cada segundo.

El pecho le dolía, la espalda lo estaba matando.

La presión aplastante y el empuje sin igual no se detenían, sino todo lo contrario.

No sabía dónde estaba, ni a dónde terminaría.

Todo lo que veía era polvo, rocas y una poderosa pero sexy mujer que continuaba su embestida sin aparente fin.

Un surco de una longitud descomunal partió la tierra a lo largo de kilómetros.

Una cresta de decenas de metros de escombros se elevó en el aire.

Una montaña fue atravesada y las figuras de Capitán Marvel y Anissa emergieron al otro lado mucho más rápidos que el sonido mismo.

El aire gritó y el estampido sónico omnipresente tronó en la zona.

De repente, la mujer cambió de dirección su trayectoria y la de su compañero de duelo al estamparle a éste último una poderosa patada en el costado.

Capitán Marvel se defendió como pudo, pero la viltrumita era implacable.

Su poder de empuje era superior al del Mago y no le permitía retomar control sobre su propio cuerpo.

Él no se percató de la localidad en la que se estrellaron violentamente.

Arrasando como una calamidad natural, ambos atravesaron Wattsville en pocos segundos y continuaron su danza mortal, dejando tras de sí una tragedia de cuya víctimas ni siquiera sabrían qué pasó.

Por suerte para Capitán Marvel, la batalla se movió a una zona boscosa y sus pies encontraron una base sólida durante un instante fugaz.

Sin dudarlo, pateó la roca debajo de él y logró salir del agarre de Anissa con un enorme salto.

Destellos crepitantes difuminaron sus manos y torció su cuerpo en el aire.

Anissa despegó en su dirección, pero Capitán Marvel la recibió con un potente haz de luz dorada.

—¡¡Hnnhg!!— gruñó la mujer, resistiendo como pudo el poderoso ataque.

Su oponente aprovechó el cese de su movimiento para descender con el puño cerrado.

Un trueno reverberó en el área y la mandíbula de Anissa se sacudió.

Ella salió despedida hacia el suelo, partiendo varios árboles en un camino de destrucción que concluyó abruptamente al impactar el suelo.

Grietas enormes partieron la tierra y Anissa se hundió a varios metros en un gran cráter.

La viltrumita reunió saliva y escupió, encontrando un tinte carmesí al hacerlo.

—¡Oye ya basta!— llamó Billy de repente, jadeando más por la sorpresa del intenso encuentro que por verdadero cansancio.

—¿No preferirías hablar las cosas?

Puedo invitarte un helado si quieres.

En el suelo, Anissa resopló y salió disparada hacia el Mago una vez más.

Él intentó evadirla, pero la viltrumita fue más rápida.

Su mano se cerró fuertemente alrededor de su tobillo y usó el impulso para girar como un remolino sobre sí misma, arrastrando a Capitán Marvel en el proceso.

Tras unas cuantas vueltas, Anissa rugió y lanzó al hombre por los aires.

Billy salió despedido como un cometa, pero Anissa no lo siguió para otro asalto.

Era una batalla de desgaste que no iba a ganar.

Mientras la corpulenta figura de Capitán Marvel se perdía en la distancia, la viltrumita se dio la vuelta y despegó con sucesivos estampidos sónicos hacia la dirección en la que vino.

Ya le había dado suficiente tiempo al Murciélago.

Si continuaba retrasando su labor, podría despedirse de algunos cientos de miles de vidas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo