En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 229
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- Capítulo 229 - 229 Desencadenante 5
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229: Desencadenante 5 229: Desencadenante 5 —¡Fuego!— ordenó un oficial de policía con voz tensa, apretando el gatillo de su pistola y disparando sucesivas rondas contra el objetivo hostil.
Los hombres que lo acompañaban hicieron lo mismo, esperanzados por detener a la abominación con muy poca piel humana que tenían delante.
Los proyectiles cruzaron la corta distancia en un segundo, encontrándose con un denso caparazón quitinoso al que ni siquiera pudieron arañar.
—¿¡Oh-ho, es lo mejor que tienen!?— se burló el ensangrentado meta humano con partes de insectos en su cuerpo.
Cuatro brazos extra emergían de su torso hinchado y quitinoso, mandíbulas enormes abriéndose paso a través de sus propias mejillas chasquearon con diversión.
—¡Retrocedan, retrocedan!— llamó otro oficial, recargando apresuradamente su pistola mientras se alejaba del inmutable monstruo humanoide.
—¡Necesitarán mucho más que esto para matarme, idiotas!— proclamó aquel ser de origen dudoso, extendiendo sus brazos segmentados como si invitara a los policías a darle más castigo.
Ojos compuestos y fríos reemplazaban sus globos oculares gelatinosos, cada lente concentrada en uno de los oficiales de la Ley.
A su espalda, un pequeño local yacía medio destruido, con cadáveres salpicando el lugar.
Decidió que ya había jugado lo suficiente en este pequeño pueblo y era hora de largarse al bosque una vez más, en caso de que algún Héroe recordase que el mundo era más que las grandes ciudades.
Pero en el momento en que asintió internamente ante la brillante idea, algunos de sus lentes fijaron su atención en la distancia.
Prestó mayor atención poco a poco, enfocándose en aquel punto.
La sonrisa maníaca se desvaneció, la arrogancia se esfumó, la sangre se le heló en las venas.
Antes de que alguien más lo notase, un objeto desconocido pasó sobre sus cabezas tan rápido que el aire desplazado formó un cilindro momentáneamente, sólo para explotar después en todas direcciones.
La presión arrugó el metal de los autos, agrietó los pequeños edificios y la calle, pulverizó a las aves y los pequeños roedores.
Un poderoso estruendo hizo temblar los tímpanos de animales y humanos por igual.
Pero la presión y el estampido sónico no preocupaban demasiado al Meta Humano.
Podía resistir ambas cosas, y lo hizo.
De lo que no estaba seguro era del tsunami de destrucción que venía tras lo que sea que volase tan rápido.
*********************************** Nezu acababa de recibir un comunicado de Alfred, indicándole la ubicación de Batman por alguna razón que la rata no alcanzaba a comprender.
El Sincrotrón recolectaba energía, los militares se fastidiaban afuera, los muy probables misiles recorrían su muy probable camino hacia su posición y Flash jugaba con el equipo que Nezu no utilizó, haciendo Dios sabe qué.
Lo último en lo que pensaría Nezu sería en el justiciero de Gotham.
¿Qué demonios esperaba Alfred que hiciera?
¿Celebrar?
—Oye, Velocista— llamó la rata con tono plano.
—Lárgate y ve a Wallops.
Batman está aterrorizando la NASA— ordenó secamente.
—¿¡Lo encontraste!?
¿Cómo lo hiciste?— cuestionó el Héroe, apareciendo frente a Nezu.
—Guía a Linterna y Super Man.
Si el Murciélago está allá, esa mujer también.
Los perros y yo podemos encargarnos de las cosas aquí y les informaremos en cuanto encontremos al mocoso— dijo Nezu, ignorando las preguntas del Velocista.
Flash lo miró con escepticismo durante un par de segundos, desapareciendo y reapareciendo en un instante.
—Estás loco, los harán papilla— advirtió.
—Mocoso, ni siquiera pudieron pasar a una de las Quimeras.
No subestimes a los perros por su tamaño— resopló la rata, conectándose con Hal en el exterior e informándole el nuevo rumbo a tomar.
En un destello, Flash volvió a desaparecer y esta vez no regresó.
En el exterior, Hal y Super Man ascendieron en el aire y siguieron la muy visible mancha roja y relampagueante que nadie más pareció notar.
Los soldados en el terreno y quienes discutían con Super Man sobre la legalidad y los límites de sus interferencias se quedaron mudos durante un momento, sin entender lo que estaba pasando.
La confusión duró poco, pues el General Eiling ordenó una retirada inmediatamente después.
Tal y como sospechaba Nezu, el Gobierno le tenía un explosivo regalo que no se atrevió a lanzar mientras el Linterna y Super Man estuvieran presentes.
—Perros, su turno— llamó Nezu con voz tranquila.
Tsunako y Dojin asintieron, saliendo de la sala de control.
Francamente, la rata hubiera preferido no dejar ir a los estúp- ejem, a los valientes Héroes que velaban por su seguridad, pero sólo había una razón coherente para que Batman acabase en una instalación con acceso a satélites y antenas poderosas.
Lo que Nezu desconocía era si el otro bando tenía métodos más eficaces que los suyos.
Por eso sacrificó su comodidad y decidió quitar del camino a la amenaza más grande.
Que los Héroes y los Villanos luchasen, a él le beneficiaba.
Que la loca Súper Mujer se distrajera con los pesos pesados, eso le dejaba el camino más o menos libre.
******************************** —¿Crees que estarán bien?— preguntó Clark con expresión dudosa, mirando por encima del hombro al Laboratorio BrookHaven que acababan de dejar atrás.
Él y Hal volaban por debajo de las nubes, con el Linterna boquiabierto por el hecho de que Flash, estando en tierra y teniendo que escalar edificios y todo, iba por delante de ambos.
—¿Eh?
Ah, sí sí, confía en la rata.
Yo luché codo a garra con esas criaturas, son capaces— tranquilizó el Linterna distraídamente.
—…
Pero están en inferioridad numérica.
Incluso si salen ilesos, esto traerá graves consecuencias para todos los involucrados— recordó Clark con el ceño fruncido.
No le sentaba bien el hecho de que, una vez más, Liam y su grupo serían condenados públicamente.
—Oye, lo que hacen no está bien y eso lo tenemos claro, pero no hirieron a nadie y técnicamente es una emergencia.
Además, ninguno de nosotros le cae bien al Gobierno— Hal se encogió de hombros.
Clark no estaba seguro sobre eso, pero decidió dejar el asunto por ahora.
En menos de un minuto de viaje, el trío de Héroes ya había ingresado al Estado de Virginia.
Exactamente veinte segundos después, llegaron a las instalaciones de la NASA y se encontraron con otro asalto militar.
Flash se detuvo en la distancia, evaluando la situación.
Linterna Verde y Super Man descendieron a su lado.
—Hmm, no se ve bien— comentó Hal.
—Yo entraré primero.
Nadie me vio en Long Island, así que es la opción lógica— propuso Flash, sacando una ración nutritiva para recuperar fuerzas.
—…Y supongo que yo me encargaré de eso— insinuó Super Man, su mirada clavada en el Oeste.
Hal volvió su atención al lugar que miraba el Kryptoniano y dejó escapar un silbido.
—Buena suerte.
No la subestimes— advirtió el Velocista, desapareciendo del lugar y adentrándose en el lugar que era atacado por las fuerzas especiales.
—¿Me harías un favor?— preguntó Clark, elevándose en el aire con los puños apretados.
—Seguro— asintió el Linterna.
—Protege a los militares por mí.
El aire explotó de repente y Super Man salió disparado, superando varias veces la velocidad del sonido.
Su trayectoria lo llevó a encontrarse cara a cara con la misteriosa y peligrosa mujer de la que le habían hablado.
Quedándose atrás por el momento, Hal Jordan concentró su mente y erigió una cúpula de energía alrededor de las instalaciones, previendo un desastre similar, sino mayor, al de Washington.
Por su parte, la mirada penetrante de Anissa destelló en confusión y ligera sorpresa al presenciar a Clark.
A diferencia de la rubia, este sí se veía como el Super Man de su mundo.
Dos fuerzas incomprensibles se encontraron.
Uno voló con gracia y suavidad, apenas interfiriendo con el entorno.
La otra precedió un desastre de estallidos y ondas de choque monumentales, dejando a su espalda una estela ardiente.
Antes siquiera de que las órdenes llegasen a los soldados en Wallops, la Viltrumita y el Kryptoniano chocaron a un par de cientos de metros en el aire.
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