En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 230
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- Capítulo 230 - 230 Desencadenante 6
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230: Desencadenante 6 230: Desencadenante 6 El estruendo fue como el de una poderosa bomba.
El cielo y la tierra gritaron y se partieron, el aire se resquebrajó y las nubes se despejaron de golpe, embestidas por la onda de choque resultante.
Hal tragó saliva profundamente, dedicando todo su esfuerzo a repeler las réplicas cinéticas que asaltaron su domo de energía en oleadas.
Clark frunció el ceño, encontrando una detestable y familiar sensación debilitante al momento del contacto.
Anissa hizo una mueca de dolor, sintiendo la energía del golpe viajar a lo largo de sus huesos.
Ella perdió la batalla de fuerza bruta y fue lanzada hacia atrás, la abrupta desaceleración provocándole un sangrado nasal y ocular leve.
Su figura se perdió entre el mar de polvo que arrastraba tras de sí en su propio vuelo, estrellándose contra la roca desnuda violentamente.
En el aire, Clark sacudió la cabeza para despejar el mareo y agitó la mano para liberar la sensación dolorosa que la recorría.
El efecto de la Kryptonita ya había comenzado.
—¡Linterna Verde, sácalos de aquí!— ordenó Clark, sus ojos enrojeciéndose hasta brillar de manera amenazadora.
La nube de polvo andante lo alcanzó y lo ocultó de la vista de Hal Jordan, pero Clark no se perdió ni uno sólo de los movimientos de la Viltrumita.
Anissa hizo explotar el polvo y las rocas con su embestida, cerrando la distancia con el Kryptoniano rápidamente.
Rayos carmesí de altísima temperatura quemaron el aire y se encontraron con la mujer, abrasando su carne y haciéndola retroceder de nuevo.
—¡Te maté una vez, te derroté una segunda y aquí sigues!— gruñó Anissa, lanzándose de cabeza contra la visión de calor y propinando un puñetazo demoledor al rostro de Clark.
Los haces carmesí recorrieron una vasta distancia al son del giro brusco del Kryptoniano, penetrando todo lo que alcanzase, incluida la cúpula del Linterna.
En tierra, Hal se sobresaltó y extendió zarcillos de energía esmeralda que movieron vehículos y soldados por igual, apartándolos de los letales láseres que se abrieron paso en su domo.
Plataformas se formaron en el suelo y Hal ordenó a todos subirse.
Tenía que sacarlos antes de ir en ayuda de Super Man.
—¿¡Esperan una invitación!?
¡Vamos vamos vamos!— instó el Linterna.
Los pocos operativos que tenían dudas se encogieron de temor y obedecieron dócilmente.
Las órdenes viajaron a través de las radios y se ordenó la evacuación inmediata.
Consecutivas detonaciones reventaron el aire sobre sus cabezas, peligrosas ondas de choque impactaban y agrietaban la cúpula del Linterna, temblores inoportunos sacudieron las edificaciones y comenzaron el proceso de colapso.
Entre éstas, el Centro de Control que Bruce Wayne invadió estaba a punto de derrumbarse sobre su cabeza.
El Murciélago había estado enfrentándose a las fuerzas de asalto, impidiéndoles el avance con trampas improvisadas y emboscadas veloces, observando, esperando.
No se atrevió a abandonar el lugar hasta tener la certeza de que esa mujer sería retenida.
Pero en medio de la refriega de proyectiles y granadas, la batalla en el cielo dio inicio y ahora Bruce no tenía que evadir hombres armados, sino todo el maldito edificio.
Los escombros cayeron y todo el lugar tembló, desestabilizando tanto al vigilante como a los soldados.
Aquellos ya inconscientes por las maniobras de Bruce eran la prioridad.
Una sección del techo se vino abajo y pareció aplastar a dos operativos.
Bruce hizo una mueca y se movió del lugar, buscando a otros para ayudarlos a salir de aquel lío en el que él, indirectamente, los metió.
De lo que no se percató fue del destello rojo que navegaba entre la construcción en decaimiento, tomando a los hombres y mujeres con los que peleaba uno a uno.
Flash actuó sin demasiados problemas, sacando primero a los inconscientes y los que estaban en peligro inmediato, sacándolos y dejándolos sobre las plataformas de Hal.
De vuelta en el cielo de Wallops, Clark golpeaba con mayor fuerza cada vez, compensando la pérdida de la misma debido a cada segundo que pasaba en contacto con Anissa.
No era que la considerase lo suficientemente fuerte como para no contenerse con ella.
De hecho, esta mujer estaba a un nivel bastante alto y merecía ser tratada con seriedad.
Los puños de ambos se desdibujaron, impactándose el uno al otro con la fuerza suficiente para sacudir montañas.
Anissa ya no perdía en términos de empuje y empezaba a ganar terreno.
Clark empezó a preocuparse.
Sus golpes se hacían más lentos, más débiles.
Los que recibía le provocaban más dolor, lo hacían retroceder incluso.
En segundos, había perdido la ventaja y en minutos, podría perder la pelea.
Tan enfrascados como estaban en su intercambio, ninguno se percató del acercamiento veloz de un tercer contrincante.
Anissa fue tomada con la guardia baja, recibiendo un rodillazo en la cabeza que la desbalanceó y le dio a Clark la oportunidad de asestarle un puñetazo en el pecho, mandándola a volar otra vez.
Clark respiró hondo, intentando deshacerse del debilitamiento que lo azotaba.
Miró con ojos preocupados a su prima, cuyo aspecto definitivamente había visto días mejores.
Heridas superficiales, moretones casi desaparecidos y la ropa rasgada.
Sin embargo, Super Girl no apartó la mirada feroz de la Viltrumita en ningún momento.
—Sube, Kal-El.
Yo la distraigo mientras te recuperas— sugirió ella, lanzándose contra Anissa de nuevo.
—¡Kara, espera!— llamó Clark, persiguiendo a su prima.
No quería que saliera lastimada y este oponente claramente era peligroso.
Demasiado.
La Viltrumita resopló, escupiendo sangre a un lado y permitiéndose ser embestida por Super Girl, sabiendo que el contacto directo la beneficiaba más a ella que a los Kryptonianos.
Ambas mujeres se estrellaron en la tierra, destruyendo el terreno y formando un gigantesco cráter.
Kara apretó los dientes por la pérdida de fuerza y el dolor, propinando una lluvia de puñetazos sin contención contra Anissa.
La viltrumita rugió, quitándose a la rubia de encima y preparándose para matarla de verdad en esta ocasión.
Clark no se lo permitió, cayéndole encima a varias veces la velocidad del sonido.
Se hundieron en la tierra a decenas de metros de profundidad, aumentando los temblores en la zona y provocando fisuras en un radio de medio kilómetro.
Kara gruñó, molesta por la falta de consciencia de su primo.
Estaba a punto de adentrarse en el agujero, pero fue recibida por un aturdido Clark que salió disparado hacia arriba como una bala de cañón.
Anissa emergió un momento después con la mirada ligeramente desenfocada, sujetándose la cabeza con visible dolor.
Kara y Clark se estabilizaron en el aire, jadeando pesadamente mientras observaban con cuidado los movimientos de la viltrumita.
—¿¡Qué estás haciendo!?
¡Te dije que subieras maldición!— siseó Kara por lo bajo, fulminando con la mirada a su primo.
Clark negó obstinadamente con la cabeza.
—Es peligroso— soltó el Héroe.
—¡Hnngh…
Puedo oírlos, estúpidos hijos de perra!— se quejó Anissa, retirando las manos y alzando la vista, revelando una herida sangrante en su frente, justo donde el puño de Clark se estrelló hace un momento.
La ira, un toque de locura y mucho desprecio se reflejaron en los ojos de la viltrumita al centrarse en los rostros de sus oponentes.
También había preocupación.
Anissa era consciente de que estaba en una muy mala situación justo ahora.
Este era uno de los peores escenarios posibles para ella.
Sola, rodeada de enemigos capaces de plantarle cara y sin la posibilidad de regresar al lugar del que vino.
Su resistencia era finita, necesitaba comer y dormir como todos los demás.
Ella se maldijo internamente.
Liam…
Su Liam le había advertido que no se confiase, que se moviera con cuidado.
Anissa asintió obedientemente, como solía hacer, pero al llegar a este mundo y estar completamente sola, fuera de la influencia de aquél shinobi, dejó escapar su lado menos atractivo.
Arrogancia, superioridad.
Como alguien que luchó contra todo un mundo y lo arrasó, lo doblegó y gobernó, Anissa se hinchó de orgullo y actuó como le dictaban sus sentimientos.
Fue agresiva, decisiva, pero también ignorante e ingenua.
Sobreestimó sus capacidades y subestimó la de los demás.
Jugó primero y dudó después en su enfrentamiento con el Liam débil y patético de esta tierra, sólo para que se le escapara de las manos.
Hizo alborotos innecesarios porque simplemente podía, y terminó llamando la atención de los poderosos.
—Pero todavía tengo oportunidad— pensó con los puños apretados, preparándose para reanudar la pelea con los Kryptonianos.
Con la Kryptonita de su lado, no le temía a un Super Man o dos.
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