Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 232

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. En el Universo DC con plantilla Shinobi
  4. Capítulo 232 - 232 Desencadenante 8
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

232: Desencadenante 8 232: Desencadenante 8  —¿Qué clase de policía espacial soy?— se maldijo Hal Jordan a sí mismo tras examinar la condición de Super Girl.

La Kryptoniana salió de la atmósfera terrestre para bañarse en la luz del sol, reponiendo sus fuerzas y recuperándose del obvio envenenamiento por kryptonita que, aunque parezca imposible, Hal no notó a pesar de la paliza que aquella loca les estaba propinando a dos malditos Kryptonianos que viven bajo un sol amarillo.

Como portador de un Anillo y miembro del Corps de Linternas, Hal tenía acceso a una buena cantidad de información.

A petición de Super Man y por interés propio, el hombre se dispuso a investigar más sobre los Kryptonianos, sus fortalezas y debilidades conocidas.

Por supuesto que la Kryptonita apareció en dichos registros.

Hal lo sabía y aún así no se percató de lo que estaba sucediendo.

—¿Podrás tú sola desde aquí?— le preguntó a la rubia.

Super Girl hizo un gesto con la mano, indicándole que regresara a la pelea.

El Linterna entró en la atmósfera de nuevo y se encontró con una escena peculiar.

Por debajo de él, las nubes rugían y relámpagos dorados trazaban arcos amplios y zigzagueantes, mientras dos figuras chocaban en medio de la tormenta.

Al principio, Hal pensó que se trataba de Super Man, pero al acercarse más se topó con un tipo igualmente musculoso, vistiendo un traje rojo y una elegante capa blanca con capucha.

Y sorprendentemente, le plantó cara a la mujer loca en combate cerrado.

Mejor aún, no parecía ser afectado por los relámpagos que los golpeaban a los dos, ni por la ahora obvia armadura de kryptonita que llevaba ella.

Serpientes gigantescas de rayo se enroscaron alrededor de los brazos del hombre, descargándose en potentes explosiones de luz crepitante con cada puñetazo que éste propinaba a la guerrera.

La mismísima hija de perra retrocedía cada vez, viéndose igualada y ligeramente superada por primera vez en combate singular desde que Hal entró a este lío.

El Linterna sacudió su cabeza y se centró en lo importante.

Voló y rodeó a la pareja hasta posicionarse a espaldas de la mujer.

Creó un constructo de luz enorme, transformándolo en un martillo del tamaño de un camión, alzándolo sobre su cabeza.

Presenciando la acción de Hal, Capitán Marvel sonrió desdeñosamente y pateó a la desgastada viltrumita en el estómago, mandándola a volar en dirección al Linterna.

El martillo gigante se movió y su dura superficie se agrietó al impactar la cabeza de la oponente.

Ella salió despedida como un cometa y se estrelló en el suelo.

—¡Jaja, eso estuvo increíble!— vitoreó el hombre con un pulgar arriba.

—¡Aún no termina!— lo cortó Hal tajantemente, lanzándose tras la mujer.

—¡Sígueme, debemos contenerla ahora!

La luz del anillo destelló y un puño de energía pura se manifestó alrededor del Linterna.

Mientras el polvo se despejaba y Anissa emergía de entre enormes trozos de roca, Hal ya había cubierto la distancia que los separaba y se estrelló violentamente contra ella.

Acto seguido, saltó a un lado y se cubrió a sí mismo con un escudo.

Un instante después, Capitán Marvel imitó su embestida y remató a la mujer.

—¡Sujétala!— indicó el Linterna y concentró su mente, emitiendo una intensa luz esmeralda que alcanzó a la guerrera.

Capitán Marvel se aferró a ella como una camisa de fuerza, enroscando sus extremidades alrededor de Anissa.

Ambos fueron golpeados por el poder del Anillo, pero sólo uno de ellos sufrió las consecuencias.

—¡Hnngh!— gruñó Anissa mientras se retorcía furiosamente, intentando zafarse del apretó del Mago.

Habría maldecido al pervertido, de no ser por el dolor que le provocaría hacerlo.

—¿¡Oye tú, no se supone que esto la detendría!?— se quejó Billy, luchando por evitar que la mujer se soltara, o saliera volando con él a cuestas.

—No se trata de eso— respondió Hal.

—¿¡Y qué es entonces!?— escupió el Mago.

Flash apareció junto al Linterna en ese momento, jadeando y examinando detenidamente a la pareja enzarzada en un duelo extraño en el suelo.

Alzó una ceja en dirección a Hal, preguntándose internamente sobre la legalidad de esto.

—Tenemos que quitarle la ropa— sentenció el Linterna solemnemente.

*****************************************  —¿…Qué están haciendo?— preguntó Robin con genuina curiosidad mientras controlaba el Jet alrededor del campo de batalla.

Había llegado durante la feroz batalla y condujo expertamente entre escombros, ondas de choque y viento a presión hasta localizar a Batman a través de sistemas de reconocimiento térmico.

Las únicas presencias vivas en medio de este desolado lugar serían los combatientes, por lo que el chico maravilla dedujo que el Murciélago se mantendría a cierta distancia, pero aún relativamente cerca.

—Nada— respondió Bruce con una imperceptible mueca.

Por motivos de seguridad, apagó la función de cámara del Jet.

No podía permitir que el chico mirase semejante acto.

—Desacelera aquí.

Yo iré a arreglar algunos asuntos— ordenó mientras terminaba de equiparse con su traje.

—¿Por qué no aterrizar?

¡Yo también quiero ir!— replicó Robin con visible emoción.

Le hacía ilusión coincidir por primera vez con Super Man y Flash.

—No— cortó Batman.

De vuelta en el campo, Hal, Barry y Billy forcejeaban torpemente con Anissa.

El Linterna usaba su anillo para infiltrarse en la tecnología desconocida que aseguraba el aparentemente primitivo Bikini de Batalla.

El Velocista luchaba contra la inmoralidad del acto y usaba su técnica de vibración para penetrar en las placas del faldón, desprendiéndolas con dificultad.

El Mago apretaba los dientes, colgado como un mono a espaldas de la Viltrumita, impidiéndole moverse lo mejor que podía.

Anissa se resistía, gruñía e incluso intentó morder al Mago bastardo.

El dolor y la hinchazón en su cara la hicieron derramar lágrimas involuntariamente.

Debido a ello, cuando Kara Zor-El descendió a la tierra, presenció a tres hombres sometiendo a una mujer, desnudándola a la fuerza mientras ésta lloraba.

—¿Qué creen que están haciendo?— preguntó con voz gélida, olvidándose por un instante que esta misma mujer le dio una paliza.

—¡Ngh, deja de parlotear y ayúdanos!— replicó Capitán Marvel.

Hal se vio obligado a explicar la situación rápidamente cuando los ojos de la kryptoniana se tornaron de un rojo peligroso.

A regañadientes, la rubia ayudó a someter a Anissa, cuya armadura ya no le afectaba gracias a la intervención del Linterna.

Rodeada por una capa de energía que imitaba las propiedades del Plomo, el Bikini de Batalla esmeralda se volvió inservible para la Viltrumita y su ventaja abrumadora desapareció.

Para cuando Hal logró desactivar el escudo de energía que protegía la prenda, Batman ya se les había acercado y observaba desde un lado en absoluto silencio.

Super Man también levitaba lentamente en su dirección, magullado y en pleno proceso de recuperación tras su último encuentro.

Los Héroes rodearon a Anissa.

Capitán Marvel se quitó la capa y la envolvió alrededor de la mujer, protegiendo algo de su dignidad.

Con tres potencias vigilando cada uno de sus movimientos, la Viltrumita decidió permanecer dócil y no intentó escapar.

Tan fuerte como era, bendecida como lo fue con su regalo, ella no era una guerrera milenaria como los seres ficticios cuyas habilidades copió.

Su voluntad no se comparaba con la de aquellos individuos nacidos y criados en un entorno mortal, una sociedad brutal.

Anissa no era de las que lucharían hasta su último aliento por honor u orgullo.

No cuando sabía que su vida no corría peligro.

—…¿Y ahora qué?— Billy Batson rompió el silencio, ligeramente incómodo al estar rodeado de figuras míticas como Super Man, Super Girl y Flash.

—Hmm, buena pregunta…

No podemos dejarla en la cárcel así como así.

La destrozaría y a todos los que la rodean— habló Hal, exponiendo el hecho: Anissa era una gran amenaza.

Batman dio un paso al frente, aún manteniendo la distancia del cerco improvisado que el Mago y los Kryptonianos hacían alrededor de la mujer.

—¿Quién eres y por qué estás aquí?— cuestionó el Murciélago con voz acerada.

Anissa permaneció en silencio, mirándolo fijamente.

—¡Oye, chica ruda!— Hal chasqueó los dedos, llamando su atención.

—Responde la pregunta ahora.

Ya no estás en posición de superioridad.

En respuesta, la Viltrumita amasó algo en su boca antes de escupir sangre espesa y dientes sueltos, todo sin quitarle los ojos encima al Murciélago.

Todos menos Bruce hicieron una mueca.

—Estoy de acuerdo con…

Uh— comenzó Flash, mirando torpemente al hombre de rojo cuyo nombre desconocía.

Billy se presentó como Capitán Marvel con una sonrisa deslumbrante y estrechó la mano del Velocista.

—Ejem, como iba diciendo, estoy de acuerdo con Capitán Marvel.

¿Qué vamos a hacer con esta tipa?

Es demasiado fuerte y peligrosa, y claramente no le importa herir a otros— argumentó Flash con visible preocupación.

—Podemos escoltarla hasta que el Gobierno encuentre una solución.

Seguro que están ansiosos por charlar con ella, y no dudo que tengan algunos trucos bajo la manga para contener amenazas de este calibre— sugirió Hal Jordan, dedicando una breve mirada a Super Man.

—Estás invitando al desastre.

Ellos no pueden contenerla— Kara negó con la cabeza.

—Concuerdo con Super Girl— asintió Clark con ojos cansados.

—Podría contactar a Wonder Woman.

Ella podría ofrecer una solución— añadió en voz baja, recordando las menciones de Diana sobre su pueblo.

—O podríamos enviarla de regreso al lugar de donde vino— propuso Batman de repente, analizando la situación con cuidado.

Sus palabras confundieron a los presentes, y en menor medida tensaron a Clark y a Hal.

—¿A qué te refieres?— inquirió Flash.

Batman explicó brevemente lo que sabía de la mujer a raíz de su indeseado tiempo juntos.

Les contó sobre su persecución hacia Liam, aunque ocultó su verdadero nombre.

También habló del incómodo encuentro que tuvo con las criaturas aterradoras.

—¿Estás diciendo que vendiste al chico?— Hal se cruzó de brazos con el ceño fruncido.

Todos le lanzaron miradas desaprobadoras a Bruce, especialmente Clark.

No conocía personalmente a Batman hasta ahora, pero estando tan cerca de Gotham, estaba familiarizado con los rumores sobre el Murciélago.

Simplemente se abstuvo de hacer cualquier movimiento porque el hombre no asesinaba gente y sólo atentaba contra criminales.

A Liam sí lo conocía, y aunque definitivamente no era un santo, no tomó a bien la admisión del Murciélago.

Pensar en ello le hizo recordar que dejó a la rata y las Quimeras a merced de los militares en Long Island.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo