En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 233
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- Capítulo 233 - 233 El Objetivo
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233: El Objetivo 233: El Objetivo Henry Caine despertó sobresaltado, encontrando la movilidad entorpecida por finos y dolorosos cables que lo envolvían como en un capullo.
El agua fría empapaba sus piernas y las duras raíces de los árboles bloqueaban su camino.
Justo frente a sus ojos había una nota colgando de uno de los cables que llamó su atención.
“Explosivo en tu culo, no te muevas”, decía el trozo de papel.
Henry parpadeó, confundido.
Se dispuso a salir de aquel lugar con su salto, pero su instinto le gritó que no hiciera nada precipitado.
Dudoso y ligeramente temeroso, se retorció con cuidado en el lugar y prestó atención a las sensaciones de su cuerpo.
Los cables tensados mordían su carne, sus muñecas estaban a un mal movimiento de sangrar y los tobillos le dolían como el carajo.
Un sudor frío recorrió su espalda cuando sintió irritación en el trasero.
Algo fue encajado allí, y si el cable solitario que salía del agua y rodeaba una raíz antes de perderse fuera de su vista era una pista…
—H-hijo de perra…— pensó con la respiración entrecortada.
Resistiendo el pánico que amenazaba con hacerlo estallar desde el interior, Henry se obligó a mantenerse totalmente quieto.
Respiró hondo, observó lo que lo rodeaba y oyó el ir del río, el balancear de las hojas, el crepitar de las llamas…
!!
—¿¡Hola!?— llamó el joven.
—¡Sé que estás ahí, por favor ayúdame!
No hubo respuesta durante varios segundos.
Cuando Henry iba a llamar de nuevo, el agua frente a él se onduló y se elevó en el aire de manera antinatural, cortándole las palabras de golpe.
El espectáculo dejó mudo al hombre hasta que la masa de agua tomó forma humanoide y después adquirió color, convirtiéndose en el Hiruko que conocía.
—Antes que nada, esa nota no fue un chiste en lo absoluto.
Tienes un explosivo en tu ano, y a menos que tu habilidad para teletransportarte te permita dejar atrás algo metido en tu interior, te sugiero que ceses cualquier intento de escape— habló el Bunshin con tono plano.
Los labios de Henry temblaron, la incredulidad torciendo su expresión.
—¿H-hablas en serio?— preguntó con miedo.
—Puedes averiguarlo tú mismo— el Bunshin se encogió de hombros.
—Ahora me vas a explicar quién mierda eres, qué mierda quieres, y qué mierda querían esas chinas.
Puedes resistirte y morir de hambre o ahogado cuando el agua suba, o transportarte a otra ubicación y explotar desde el culo.
¿Entiendes?— expuso las circunstancias con frialdad.
Henry se estremeció.
Tragó saliva profundamente y asintió en señal de entendimiento.
Dudó durante un momento antes de hacer una exigencia razonable, en su opinión.
—¿Podemos salir del agua, por favor?
************************************************** —Por eso el pescado asado es una porquería.
No se come en guiso, ni en sopa tampoco.
Sólo existe un único y verdadero método para cocinarlo: Frito— concluyó Liam con aire erudito, arrancando un trozo del pez asado que tenía en la mano con visible desdén.
Henry Caine asintió lentamente, obviamente reflexionando sobre la gran verdad que le fue revelada.
Liam le permitió digerir la realidad un momento.
El joven hombre seguía atado con cables, recostado en un montículo de tierra que no debería existir naturalmente en el manglar donde estaban.
Su estómago rugía de vez en cuando, pero Liam lo ignoró deliberadamente.
No lo alimentaría hasta que obtuviera sus respuestas y no le sacaría esas respuestas hasta que él mismo llenase su estómago.
Por desgracia, no era conocedor sobre qué aves podían o no comerse, ni tenía idea de en qué dirección ir para encontrar civilización.
Tampoco se atrevió a moverse demasiado, pues cargar al teletransportador humano que podría haber despertado en cualquier momento no era buena idea, y hacerlo con la etiqueta explosiva en su culo era aún peor.
No estuvo dispuesto a comerse un Jaguar tampoco, y desconocía por completo si los lagartos que habitaban la zona eran los mismos caimanes de anteojos que tanto degustaba en su otra vida.
Tampoco tenía especias a la mano para darle sabor.
No tuvo más remedio que cazar peces y asarlos, cosa que detestaba, mientras esperaba pacientemente a que el ladrón comunista despertase.
—Bueno…
Sí, podemos comenzar ahora— suspiró el shinobi, echando a un lado los restos de comida que no le ofreció a su cautivo.
—¿Quién eres tú?— preguntó seriamente.
Escudriñó al silencioso comunista, emitiendo ráfagas concentradas de chakra para aumentar la presión.
El joven se encogió levemente.
Su mirada se desviaba de un lado a otro, evitando el contacto con Liam.
Los engranajes giraban en su mente y Liam adivinó que ya había concluido cuál era su única salida: Hablar.
—…
Mi nombre es Henry Caine.
Soy, bueno, creo que soy lo que la gente llama un Meta Humano en estas tierras.
Uuh…
E-eso es todo, supongo, creo.
¿Es todo?— soltó el tipo, claramente nervioso por la intimidante presencia de Liam.
O quizás por la bomba.
—No, no es todo Henry.
¿Por qué me atacaron tú y tus amiguitos?
—¡No son mis amigos!— Henry se apresuró a aclarar el malentendido.
—No no no somos amigos, bajo ninguna circunstancia.
Yo simplemente fui contactado por los miembros de una secta en China.
Me querían para un trabajo muy específico, eso es todo.
Liam alzó una ceja, instando al joven a continuar.
—Uh, verás, estaba esta señorita asiática reuniendo un equipo.
Ella contactó y entrevistó a muchos sujetos de dudosa procedencia, así como individuos más…
Normales, como yo.
Al final, los que te atacamos fuimos los seleccionados, junto a nuestros contratistas.
—Las chinas, supongo— señaló Liam.
Henry asintió en confirmación, pero eso era algo que Liam ya sabía.
—¿Y por qué querían matarme?— cuestionó, ya que realmente no tenía idea.
—¡N-no estoy seguro!— Henry se encogió más, aparentemente avergonzado.
—Creo que estaba relacionado con un hombre que asesinaste.
Algo sobre una misión que salió mal.
¡Lo juro, es todo lo que sé!
—Hmm, yo creo que mientes— Liam acusó lacónicamente.
—¡Mira, yo sólo estuve ahí por el dinero amigo, nada personal!
Hay gente que me necesita, que necesita esos fondos.
¡Por favor!…
Por favor…
Sólo quería dinero.
—¿Y te apuntaste a un trabajo peligroso del que no sabías nada con gente peligrosa que no conocías?
¿Esperas que me crea eso, Henry?— Liam se acercó al joven, aumentando la presión en el lugar con más chakra.
—Empieza de nuevo.
Y esta vez dame la verdad.
—…
Esa es la verdad— insistió Henry.
Liam respiró hondo y consideró sus opciones.
Torturarlo para sacarle información estaba sobre la mesa, pero eso le haría caer en malos hábitos de nuevo y se supone que estaba iniciando su travesía a la redención.
Al mismo tiempo, este sujeto robó dinero pero nunca lastimó a nadie, que Flash, Batman y él supieran.
Era muy probable que genuinamente fuera un tipo en busca de dinero…
¿Dinero?
—Oye Henry— llamó Liam, captando la atención del supuestamente arrepentido sujeto.
—¿Por qué tuviste la necesidad de involucrarte en un trabajo como este por dinero?
Ya lo hacías muy bien con tus habilidades.
—…Eeh, uh, B-bueno…— tartamudeó el comunista.
Un kunai salió disparado en su dirección y estuvo a milímetros de cortarle la oreja.
Henry chilló y se estremeció.
La sacudida involuntaria le hizo moverse y tensar el incómodo cable que se le metía entre los pantalones, lo que lo hizo asustarse más y agitarse más.
Liam sacó otro kunai y lo balanceó tentativamente, presionando con la mirada al joven.
—¡Incluso si te dijera no me creerías!
—Deja el drama y dame lo que quiero— exigió Liam.
Henry asintió lentamente, buscando la forma menos absurda de decirlo.
No era la primera vez que confesaba esta verdad, pero en ninguna de las anteriores terminó bien.
—Yo realmente no tengo ningún rencor personal contra ti.
Ni siquiera te conocía hasta ahora.
Pero tengo una misión que Dios mismo me encomendó— comenzó lentamente, estudiando la reacción de Liam.
El shinobi permaneció imperturbable, esperando el resto de la información.
—Él me habla.
A veces me da indicaciones, encargos si quieres decirle así.
Me dice qué hacer en el momento adecuado, y yo obedezco.
Para bien o para mal, yo obedezco.
Hace un par de años, me señaló el camino a seguir una vez más: Encontrarte, llevarte a un lugar específico, y después asesinarte.
—Son muchas peticiones— señaló Liam.
—Es algo así como una misión en dos partes— aclaró Henry.
El silencio descendió en el pacífico manglar, ambos individuos perdidos en sus pensamientos.
Henry probablemente esperaba librarse de una muerte horrible, pero Liam se mantuvo en un estado de absoluta contemplación.
No tachó a Henry de loco.
Quiso hacerlo, pero algo en sus palabras chirrió en la mente del shinobi.
Los engranajes rodaron y los cabos se ataron.
El panorama se hacía más visible segundo a segundo.
Un Dios que hablaba a la mente del individuo y otorgaba poder, una misión dirigida a matarlo a él, dividiéndola en dos partes y un montón de chinos comunistas odiándolo por matar a un tipo perteneciente a una secta con nombre genérico.
Un hombre saltó a su mente.
Un nombre permaneció en la punta de su lengua.
Un acontecimiento al que le restó importancia dada la gran cantidad de mierda que le vino encima después del incidente.
Hao Tian.
Aquel patético cultivador frío y solemne que no podía diferenciar la reencarnación de la transmigración.
Uno como él mismo.
—No…— pensó con los ojos ligeramente abiertos.
Una idea no muy agradable cruzó su mente, una que podría dar sentido a todo esto.
Se volvió hacia Henry con expresión severa, acercándose hasta pararse sobre él con un aire peligroso desprendiéndose de su cuerpo.
El joven atado y sometido se estremeció, notando el cambio de actitud y lenguaje corporal de Liam.
—¿Esta es tu primera vida?— preguntó el shinobi.
Henry intentó hacerse el desentendido, pero falló miserablemente.
Liam se abalanzó sobre él y presionó el kunai en su garganta, aterrorizandolo aún más.
—¿¡Es tu primera vida!?— exigió de nuevo, con mayor intensidad.
—¡Gkh, E-espera por favor!— suplicó Henry Caine, pero Liam presionó más la hoja hasta dejarle una fina línea sangrante en la piel.
Henry abrió los ojos de par en par y sintió que el momento de evasivas había terminado.
—¡No, no es mi primera vida!— soltó finalmente.
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