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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 235

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235: Reunión Inesperada 235: Reunión Inesperada  Gotham era un hervidero de actividad horas después de los acontecimientos en la Mansión Wayne.

Equipos de rescate, oficiales de la policía, e incluso la intervención de la Guardia Nacional.

Las calles eran un caos, no tanto por los civiles, sino por la porquería del fondo del barril que se vio sacudida por sucesos que nada tenía que ver con ellos.

Camionetas oscuras con agentes trajeados habían llegado a las zonas destruidas, analizando, estudiando.

Marcus no tenía idea de lo que pasó, pues estuvo inconsciente unas cuantas horas tras su pelea con el Vigilante de la ciudad y los perros malditos.

El corpulento hombre vagó entre los callejones con una bolsa a su espalda.

Entró en un complejo de apartamentos abandonados sin que nadie lo notase y descendió a los niveles inferiores.

Allí encontró al desastre que eran sus contratistas y el único compañero de operación que le quedaba.

Derrotadas, golpeadas, humilladas y sin haber conseguido nada con su intento de venganza, las tres bellezas chinas parecían cascarones vacíos.

Marcus consideró seriamente someterlas, venderlas a algún traficante o amante de asiáticas sin afeitar para obtener algo más de dinero.

Pero llevarlas de regreso con su secta le traería mejores beneficios, así que apretó los dientes y toleró su trato frío y altanero.

Para ser idiotas que fracasaron estrepitosamente en su misión, las chicas seguían teniendo una actitud de superioridad moral o tal vez racial hacia los occidentales.

Era exasperante, por decirlo suavemente.

—Traigo comida, Señorita Lin— llamó el mercenario en un perfecto chino.

Lin Bingxue suspiró audiblemente y se levantó, tomando la bolsa de manos de Marcus sin dar un agradecimiento siquiera.

El hombre mantuvo un rostro pétreo y profesional, dirigiéndose a otra habitación.

Dentro, se topó con el todavía inconsciente John, cuya mandíbula estaba a medio camino de unirse otra vez.

Cuando Marcus despertó, lo primero que vio fue el horrible estado del chico rubio.

De no ser por el leve movimiento de su pecho, habría pensado que estaba muerto.

Supuso que el responsable de reunirlos aquí fue Henry.

Y supuso que, o los había abandonado tras esa cortesía, o fue asesinado cuando intentó buscar a Eto, la única otra miembro faltante del grupo.

Independientemente de eso, la principal prioridad de Marcus era encontrar una oportunidad para sacar a las niñas asiáticas de la ciudad y después del país, regresarlas con su secta y recibir la recompensa correspondiente.

Con respecto a John…

Si no despertaba antes de su partida, quedaría a la suerte.

Entre tales pensamientos indiferentes, el oído agudo de Marcus detectó el acercamiento de una persona al complejo abandonado.

Al principio no le dio mucha importancia, pero cuando el individuo abrió la puerta y penetró en el lugar, el mercenario se puso serio.

Salió y alertó a las damas de posible presencia hostil.

Lin Bingxue se equipó rápidamente con su armadura de combate, mientras Su Fenling tomaba una postura agresiva, esperando la más mínima señal para abalanzarse con su velocidad explosiva contra el enemigo.

Zhao Xinyi, la telequinética, se posicionó detrás de sus hermanas.

Ella era la más callada, tímida y letal al mismo tiempo.

Letal si aprendiese a explotar mejor sus habilidades, claro está.

Por su parte, Marcus evaluó la amenaza con sus sentidos bestiales.

Basado en el sonido de los pasos y en la intensa fragancia que recogió su nariz, se trataba de una mujer con tacones o un rarito excéntrico.

Apostó por lo primero.

La vieja puerta de madera que daba a las escaleras para descender a su nivel crujió, y los pasos resonaron en sus oídos.

A pesar de la poca luz, Marcus pudo ver perfectamente a la intrusa y bajó un poco la guardia.

Efectivamente una mujer, envuelta en un fino vestido de plata descotado, guantes sedosos y un espeso cabello dorado que descendía por su espalda.

—No des un paso más— advirtió el mercenario, sacudiéndose el embotamiento que sufrió a raíz de la exquisita belleza.

—Identifícate, mujer.

Labios carnosos de un rojo intenso se curvaron en una sonrisa.

Una cálida y suave voz habló, tranquila y confiada.

—Tranquilo Tigre.

¿O prefiere Lion, Señor Mercenario?

Marcus frunció el ceño, dando un paso al frente con un arma desenfundada, una simple pistola que arrebató a un mocoso en las calles de Gotham.

—Identifícate, ahora— exigió de nuevo.

La mujer continuó descendiendo con paso lento, medido, mientras observaba a Marcus y las mujeres detrás de él.

—Mi nombre es Elizabeth White, y soy una amiga.

Vengo en nombre de Lex Luthor para ofrecer ayuda a las damas allí atrás.

Y a ti y tu compañero inconsciente, por supuesto— explicó la rubia, bajando el último escalón y acercándose a Marcus con confianza.

Se detuvo a un par de metros de él, sin quitarle los ojos de encima.

Parecía estar evaluándolo, así como el entorno para nada glamuroso.

—¿Luthor?

¿Te refieres al Millonario?— preguntó Su Fenling, abandonando su postura de combate.

La rubia llamada Elizabeth asintió.

—¿Y por qué querría un hombre así ayudarnos?

¿Cómo nos encontró usted en primer lugar, Señorita White?— continuó Lin Bingxue, haciendo las preguntas pertinentes.

—El Señor Luthor es un hombre poderoso, Señorita Bingxue.

Sabe mucho más de lo que usted imagina, y le extiende sus más sinceras condolencias por la pérdida de su esposo— empezó Elizabeth, sus palabras cargando el aire con tensión.

Sin embargo, las arrogantes asiáticas no la reprendieron ni arremetieron contra ella.

—Dado su poder, el Señor Luthor era consciente de su hostilidad hacia el criminal conocido como Hiruko, así como sus esfuerzos por reclutar individuos capaces para dicha tarea.

Ahí es donde compartimos intereses, señorita Bingxue.

Ese despiadado monstruo disfrazado de niño ha hecho del Señor Luthor un enemigo.

Fue hasta Metrópolis y lo atacó directamente, obligando a una de sus más leales subordinadas a sacrificarse para impedir una tragedia— explicó la rubia con voz afligida.

Marcus casi puso los ojos en blanco por tan burda mentira, pero algo en el tono de la mujer le hizo creer que había algo de verdad.

Especialmente cuando lo llamó monstruo.

—No estoy interesada en ninguna propuesta tuya o de Lex Luthor— dijo Lin Bingxue fríamente.

—¿Es eso así?

¿Falla una vez y entonces se retira, a pesar de la injusticia cometida en su contra, Señorita Bingxue?— inquirió Elizabeth White, tentando su suerte.

Las expresiones de las asiáticas se endurecieron, sin tomar para bien esas palabras.

La rubia no se detuvo.

—Lo que propone el Señor Luthor nace del corazón, de la empatía.

Usted…

Ustedes están atrapadas aquí, ¿Verdad?

No vinieron con la intención de volver a casa, vivas.

Pero están vivas, e Hiruko también.

Vaga libremente, a su antojo, sin consecuencias, sin repercusiones.

¿Es así como quiere pasar el resto de sus días Señorita Bingxue, Señorita Fenling, Señorita Xinyi?

¿Tristes, en un duelo eterno, mientras el origen de su dolor continúa a sus anchas sin que le importe su sufrimiento?— presionó Elizabeth con voz quebrada y expresión abatida.

—¿¡Qué sabes tú de nuestro sufrimiento!?— siseó Zhao Xinyi con los puños apretados, dirigiendo una mirada venenosa a la rubia.

Elizabeth White le sostuvo la mirada, sus ojos azules como el cielo destellando emociones similares a las de las tres asiáticas.

—Créame, Señorita Xinyi.

Entiendo perfectamente por lo que está pasando— confesó ella.

Marcus permaneció en silencio durante la interacción.

No le correspondía entrometerse en los asuntos de sus contratistas, y técnicamente su trabajo ya había terminado.

Si ellas elegían ir con Lex Luthor, no era su problema.

El hombre se retiró a la habitación donde John seguía inconsciente, dejando que las mujeres culminasen sus asuntos.

Abrió unas cuantas latas de atún y se dispuso a devorarlas.

Un buen rato después, el suficiente como para que él comiera y se duchara, Elizabeth White llamó a la puerta y entró, clavando sus ojos en la figura del chico.

—…¿Él sigue vivo…

Cierto?— preguntó con expresión dudosa, una mueca de dolor y leve asco torciendo sus bellas facciones.

Marcus resopló.

—Si fuera un cadáver no lo tendría aquí conmigo— se burló con una sonrisa.

—¿Ahora viene la propuesta para mí?

No soy un hombre barato, cariño.

—Hmm, puedo ver eso.

Al Señor Luthor le atraen mucho los Meta Humanos.

Sus habilidades únicas, poderosas y misteriosas le resultan bastante útiles— insinuó la mujer, acercándose para estudiar mejor a John.

—Y este jovencito es particularmente interesante para él.

—¿Y para ti qué es interesante?— preguntó Marcus tentativamente.

Elizabeth se llevó una mano a los labios y rio.

—Es muy pronto para compartir algo tan personal, Señor…

—Marcus.

—Señor Marcus…

Un nombre fuerte— asintió ella, dando un paso más cerca del mercenario.

Él la sobrepasaba por varios centímetros, y su musculatura lo hacía incluso más imponente.

—Aún no me ha ofrecido algo lo suficientemente valioso para inscribirme en la nómina Luthor, mi querida Elizabeth— recordó Marcus.

—Atención médica de primer nivel para su amigo— empezó la rubia.

—El mocoso no me importa— interrumpió Marcus.

Elizabeth asintió sin romper el ritmo.

—Podemos ayudarlo a identificar, rastrear y encontrar a los maníacos que experimentaron con usted— continuó ella.

—Me da lo mismo.

No estoy interesado en una trillada y estúpida historia de venganza— se negó el hombre nuevamente, ya consciente de que sus habilidades no son el resultado de ningún experimento.

Elizabeth White no se rindió.

Instó a Marcus a sentarse y ambos continuaron hablando un rato más, buscando alguna solución.

La charla le dejó saber a Marcus que Lex Luthor parecía estar más interesado en él y John que en las chinas arrogantes.

Eso le dio cabida para aumentar su precio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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