En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 238
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238: Mejor Trabajo, Menor Drama 238: Mejor Trabajo, Menor Drama —¡Hermanos y hermanas, alcen sus armas con orgullo y vistan el rojo con seguridad, pues hoy nace el nuevo grupo mercenario que honrará a sus predecesores!— llamó un hombre de barba incipiente y panza prominente, abrazado por un muy ajustado traje de color rojo chillón.
Una docena de entusiastas vestidos de manera similar lo observaban a través de máscaras rojas e inexpresivas, sin ningún detalle a destacar.
Deliberadamente evitaron señalar el error en la frase previa, pues ya conocían a su líder cuando se emocionaba.
—¡Hace ocho meses, los Malvados Grises tomaron acciones contra el rufián que portaba el manto de Héroe sin habérselo ganado!
¡¡Lo vencieron!!
¡Lo hicieron correr, esconderse como una rata y nunca más volvió a mostrar su rostro vendado!
¿¡Y qué pasó con estos nobles caballeros sin color!?
¿¡Dónde están aquellos valientes mercenarios!?
Yo no lo sé…
Probablemente nunca lo sepamos.
¡Pero eso no significa que su legado haya desaparecido también!
¡¡Y nosotros lo mantendremos vivo, nosotros lo evolucionaremos y lo llevaremos a alturas incluso mayores!!— continuó el hombre, rompiéndose la garganta al alcanzar el clímax de su discurso.
El viento agitaba su enmarañado cabello y el sol del amanecer iluminaba su figura carmesí, dándole un toque casi místico al momento.
Los reunidos se estremecieron, conmovidos por el entrañable discurso de apertura a una nueva hermandad, a un nuevo propósito, a una nueva familia.
—¿¡Quiénes somos!?— preguntó el hombre con un grito, encajándose la máscara roja.
—¡¡Los Malvados Rojos!!— respondió la agrupación, alzando sus armas sobre las cabezas con vítores entusiastas y rugidos desafiantes.
—Heh…
¡Malvados Rojos, carguen la bomba y presentémonos al resto del mund— Las palabras del líder se interrumpieron cuando un objeto volador no identificado se estrelló contra él a una velocidad que rozaba la del sonido, provocándole una rápida y prácticamente indolora muerte al estallar en pedazos.
Probablemente nunca se dio cuenta de lo sucedido.
Mientras los restos salpicaban a los aspirantes a mercenarios que ni siquiera habían podido reaccionar al incidente, Takagami expulsaba una densa concentración de chakra de sus patas en forma de cañones y ascendió en un amplio arco.
Giró su cuerpo y batió sus alas una vez, expulsando sus plumas explosivas como si de dagas se tratase.
Los peligrosos objetos se iluminaron antes de aterrizar entre los mercenarios de rojo y explotaron, aniquilándolos sin piedad alguna.
Takagami observó durante un par de segundos, buscando sobrevivientes.
Nada parecía moverse así que se fue a otra ubicación, volando sobre los edificios de Jump City con la majestuosidad de un Rey alado.
Buscó problemas aquí y allí, siguió patrullas de policía y estudió zonas concurridas.
Asintió con satisfacción al no encontrar incidentes que requiriesen su intervención.
Aunque su presencia había reducido los crímenes de la calle, sabía muy bien que las amenazas verdaderas se escondían activamente de él.
No es como si se molestase en cazarlos él mismo.
Era un Halcón enorme sin patas reales.
Infiltrarse en edificios y pelear en espacios cerrados no era precisamente lo suyo, así que se limitó a mantener las calles libres de problemas.
Una vez que llegase su maestro o Ileana podrían encargarse de tales pormenores.
La Quimera recorrió la ciudad un par de veces antes de que el estómago le exigiera alimento.
Sabiendo que las reservas en casa de la Teniente eran limitadas y que por más promesas haya hecho el alcalde de la ciudad sobre mantenerlo bien surtido la cantidad de comida que necesitaba era simplemente insostenible, Takagami decidió dar una última vuelta antes de dar por terminado el día.
Consideró dirigirse al mar a cazar escualos, o a una zona rural a devorar vida silvestre.
***************************************** —”La misteriosa criatura alada de Jump City vuelve a salvar la ciudad de un ataque de Villanos”— leyó Ileana en voz alta, frunciendo el ceño en señal de confusión y no ligera frustración.
—Ya déjalo.
Apuesto a que se trata de otra cosa y sólo tu afán por encontrarlo te hace tejer esquemas enrevesados e inverosímiles— reprendió Void suavemente mientras empujaba la silla de ruedas, su aspecto cambiado para simular carne humana.
—¡No son esquemas!— replicó Ileana.
—¿Y cómo quieres que me sienta?
¡Este bastardo me ha hecho rodar de un maldito lugar a otro y sigue escapándose de mí!— refunfuñó con los brazos cruzados.
Void se abstuvo de señalar que eso sonó más loco que romántico y siguió empujando.
Hizo una oración silenciosa por la cordura de la mujer, así como el objeto de sus frustraciones una vez que lo encontrasen.
Se movieron entre la multitud bulliciosa en pleno día, usando la condición maltrecha de Ileana para abrirse paso sin levantar sospechas hasta alcanzar el límite permitido para los civiles.
Cintas de policía, equipos de reconstrucción y demolición y oficiales vigilando el lugar.
Void usó sus habilidades de sugestión y manipulación para hacer que los ignorasen y pasar como si nada.
Habían llegado a la calle donde tuvo lugar la batalla en la que se vio a Liam por última vez.
Dadas las habilidades de ambos, pudieron captar la esencia vital residual de sus técnicas, entremezcladas con algo más salvaje pero de naturaleza similar.
Era más concentrado, más puro y peligroso.
Pero seguía siendo Liam.
Ileana se tensó un poco.
Había oído suficiente sobre la amenaza sin nombre que destruyó la Mansión de un Millonario, luchó contra Liam y un tal Flash aquí, y luego obligó a un grupo de Héroes capaces, entre los que se encontraban Super Man y Linterna Verde, a trabajar en conjunto para detenerla.
Y por alguna maldita razón que no entendía, Liam también luchó contra tal monstruo.
—¿Quieres visitar los restos de la Mansión?— sugirió Void tras un momento.
No tenían nada más que hacer aquí desde su perspectiva.
—No serviría.
Mejor esperemos la noche para que busques en la ciudad con tus habilidades— rechazó la bruja con tono abatido.
Luego de un breve período de recuperación tras asesinar a Amanda Waller, ella y Void habían emprendido un infructuoso viaje sin rumbo fijo para encontrar al esquivo shinobi.
Considerando sus tendencias a involucrarse en asuntos extravagantes y llamativos, pensaron que no les tomaría mucho.
Se equivocaron bastante.
No había rumores, no había avistamientos, ni alertas del gobierno u operaciones para capturarlo que ellos pudieran seguir.
El último indicio de algo similar vino de golpe, y los obligó a elegir entre las ubicaciones: Long Island y el incidente del Laboratorio en el que las Quimeras llamaron la atención, o Gotham y el conflicto en el que sí reportó la presencia de Liam.
Se resignaron a la idea de encontrar a las Quimeras tanto tiempo después del incidente en las cercanías de Long Island o Nueva York.
Habría sido ingenuo imaginar tal escenario, así que se decidieron por Gotham para saber qué sucedió con exactitud.
Y si todo lo demás fallaba, tendrían que volver a Jump City y comprobar si ese supuesto monstruo alado era o no Takagami.
De ahí la frustración de Ileana.
************************************** Gotham City era tan repulsiva como extraña.
Void se preguntó seriamente el porqué nunca vino antes de visita.
El aire viciado, la pesadez en el ambiente, la negatividad palpable en cada esquina, en cada expresión de cada ciudadano.
Gente abusiva, retorcida y oscura por todos lados, corruptos, malvados, sin consciencia.
Era un criadero de sociópatas.
La noche había caído y la sensación de malestar aumentó incluso más que antes.
También aumentó el alcance de Void, y su mente se extendió a cada rincón oscuro que pudo tocar.
Callejones donde alguien era apuñalado, apartamentos donde una mujer sollozaba en silencio mientras un cerdo la usaba para darse placer, oficinas tenuemente iluminadas donde hombres de poder discutían el destino de los desafortunados.
Crimen organizado, mafias celebrando, maniáticos saliendo para alguna actividad divertida.
Todo eso y más entró en la visión de Void.
—Tantos sujetos…— se lamentó internamente.
Habría conseguido resultados interesantes si hubiese dado poder a algunos locos de por aquí en lugar de Jump City.
Pero entonces no habría conocido a la pandilla que intentaba reunir de nuevo.
Siguió buscando, observando.
Necesitaba localizar, ante todo, a los vigilantes de esta ciudad.
Ellos deberían haber entrado en contacto con Liam de una forma u otra.
Evaluó y descartó a miles de individuos en un parpadeo.
Mentirosos, maliciosos y tontos por igual.
Encontró leves rastros de esencia mágica por ahí, pero también los ignoró.
De repente se topó con una escena peculiar que le hizo detenerse un segundo más de lo necesario.
Una mujer se abalanzaba sobre un hombre en un almacén y cerraba sus mandíbulas en su cuello, arrancando un buen trozo de carne.
Void alzó una ceja.
No era particularmente sensible, pero jamás vio el canibalismo con buenos ojos, ya sea en razas inteligentes o animales.
Escaneó más profundamente a la mujer y encontró algo incluso más peculiar.
Un rasgo familiar.
Un algo que jamás pudo explicar, pero que siempre abrazaba a cierto shinobi y cierto hombre seductor de mujeres.
—¿Qué encontraste?— preguntó Ileana de repente, sacándolo de sus pensamientos.
Void se volvió hacia ella y sonrió.
—Quizás algo, quizás nada.
Deberíamos echar un vistazo de todas formas— sugirió mientras abría una puerta.
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