En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Noche de Gala 3
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24: Noche de Gala 3 24: Noche de Gala 3 Las miradas de los presentes se llenaron de horror.
Hombres y mujeres de alta posición social, adaptados a la vida del papeleo, los negocios y el dinero, ahora se encontraban ante una abominación andante, como un monstruo sacado de esas películas baratas que a la gente común le encanta ver.
Pesadas extremidades metálicas agrietaban la madera con cada paso.
Una cola sinuosa era balanceada perezosamente, púas metálicas incrustadas a lo largo de su longitud.
Brazos abultados y palpitantes con venas oscuras se tensaban, como en preparación para desatar una masacre.
Un rostro escamoso y con ojos de reptil se giraba de un lado a otro, como si estuviera buscando a alguien.
-¿E…
Es eso …
Un lagarto?
– murmuró un hombre de piernas temblorosas.
Rápidamente se arrepintió de tener una lengua tan traicionera.
El lagarto mecanizado se volvió hacia él, sus manos monstruosas ahora apretadas en puños.
Las personas cercanas al objetivo se alejaron rápidamente, corriendo por sus vidas.
Todos excepto el hombre mismo.
El miedo lo había paralizado.
Justo cuando el monstruo se cernió sobre él y elevó su enorme brazo, un proyectil cortó el aire.
Un kunai pinchó la dura carne del lagarto, apenas clavando un centímetro de su punta metálica antes de rebotar y caer al suelo.
Pero la distracción fue suficiente.
En un borrón de movimiento, Hiruko apareció detrás del lagarto.
Ejecutó un salto con giro en el aire, clavando una patada reforzada con Liberación Acero en el cuello de la bestia.
Para su sorpresa, lo que debió haber sido un poderoso, sino letal, ataque que derribaría a su oponente, rebotó sin pena ni gloria.
-“¡Q-Qué carajo!” – pensó.
Al momento siguiente, el lagarto hizo un barrido con el brazo extendido, su puño viajando como una maza al torso de Hiruko.
El shinobi salió despedido, dispersándose en una bocanada de humo momentos antes de impactar a una dama bien vestida que intentaba escabullirse.
Por suerte, el kage bunshin ganó suficiente tiempo para que el aterrorizado hombre volviera en sí y escapara.
Al otro lado del salón, el verdadero Liam frunció el ceño al recibir los recuerdos del clon.
Lo había enviado a distraer al aspirante a servidor del mechanicum con escamas, pero no esperaba que sólo durase un par de segundos.
No tuvo mucho tiempo para pensar demasiado en el asunto.
Una ráfaga de plasma estaba en curso de colisión con su rostro.
Liam se giró y sostuvo firmemente a la chica que seguía pegada a él, saltando a un lado y haciendo un gesto manual.
Suiton: Mizurappa.
Sus mejillas se hincharon y el vendaje alrededor de su boca hizo una apertura.
Un chorro de agua comprimida salió disparada, impactando el pecho del atacante, vestido de forma familiar para Liam.
Con un gemido, el hombre cuyos rasgos estaban totalmente cubiertos por un traje y casco gris cayó de espaldas, derribando las delicias puestas sobre una mesa.
Pero estaban llegando más.
Liam apartó a la chica, no sin esfuerzo, y tejió sellos manuales.
Su chakra se encendió, creando agua de la que brotaron seis Mizu Bunshin.
Ese era el máximo de clones de agua que podía crear al mismo tiempo.
-Clara, vete de aquí, ahora – ordenó a la rubia.
La chica hizo un puchero y estaba a punto de replicar cuando una figura se deslizó desde un lado, oculto por las personas que abandonaban apresuradamente el comedor.
Vestido de gris y portando una espada corta, balanceó su arma con agilidad, el objetivo puesto en el cuello del albino.
Clara intentó advertir al shinobi, pero su reacción fue demasiado lenta.
Miró, con horror al principio pero sorpresa después, cómo la hoja se partía al entrar en contacto con el vendaje que cubría el cuello de Hiruko.
El asaltante recibió un puñetazo en el mentón por parte de Hiruko, mientras otro Hiruko pateaba su pierna desde atrás de la rodilla, obligándolo a hincarse, y un tercer Hiruko clavaba una patada en la sien.
Clara y los espectadores que alcanzaron a ver el suceso se quedaron boquiabiertos, no sólo por el hecho de ver siete Hirukos, sino por la brutalidad con que éstos sometían a los atacantes.
-Salgan – dijo fríamente uno de los shinobi.
Esta vez, Clara no intentó replicar y se alejó junto a las demás personas.
Al mismo tiempo, los clones de Liam se dispersaron en grupos de tres, yendo un trío al salón de arriba mientras el otro se movía al patio, de donde parecían venir más mercenarios.
El cuerpo principal, entrando en su modo Hiruko, analizó atentamente a cada oponente frente a él, quienes empezaban a moverse en su dirección.
Vio algunas personas importantes cuyos nombres no recordaba siendo atados y sacados a un lado.
Tampoco se le escapó el familiar traje gris que portaban los mercenarios, ni el logo de un ojo carmesí rodeado por colmillos a los lados en el traje del tipo que acababa de aplacar.
-Los putos grises…
Nos volvemos a encontrar – dijo a los mercenarios, mientras tejía sellos manuales a gran velocidad.
Suiton: Suishōha Agua empezó a girar a gran velocidad alrededor de Hiruko.
– Christopher White fue sorprendido tanto como los invitados en su mansión.
En un momento, estaba compartiendo unas copas con su amada hija, y al siguiente fue abordado por un montón de locos en trajes grises que destruyeron sus ventanales y aterrorizaron a sus invitados.
Por suerte, un hombre de su calibre nunca estaba desprotegido.
Cuando el primer individuo de gris se abalanzó contra él y su hija, un fornido hombre de 2 metros de altura puso su enorme mano en la cara del atacante, deteniendo su carga en seco.
Con una movida digna de la lucha libre, el asaltante fue levantado del suelo y sacudido contra una mesa cercana.
Otro sujeto de gris sacó un bastón, similar al que usa la policía, del cual chisporroteaba electricidad.
Rodeó la imponente figura del guardaespaldas y balanceó su porra telescópica hacia su pierna.
Antes de impactar, un proyectil en forma de estrella surcó el aire, clavándose en el antebrazo del mercenario.
-¡Hnggg!- gimió el de gris.
El guardaespaldas aprovechó la oportunidad y propinó un puñetazo al estómago del herido oponente.
Por desgracia, estos no eran meros matones, y sus trajes no eran para lucirse.
Sin que el golpe pareciera afectar al mercenario, este retrocedió mientras retiraba el arma arrojadiza incrustada en su brazo.
El guardaespaldas no tuvo tiempo de perseguir al hombre, ya que las otras figuras trajeadas de gris, que estaban sometiendo a los invitados con golpes indiscriminados y atándolos con cables, se le echaron encima.
Al mismo tiempo, una salva de shuriken volaron en dirección de los mercenarios, deteniendo su carga.
En un instante, tres borrones negros se deslizaron entre los malvados grises, logrando abatir a dos de ellos con certeros golpes al cuello y los pulmones.
El tercero tuvo la mala suerte de escoger a un buen luchador, el cual pudo reaccionar al ataque y evadir por los pelos.
La pelea era desigual sin embargo.
Tres Mizu Bunshin y un guardaespaldas algo capaz contra cinco mercenarios, aunque uno de ellos seguía herido en el brazo por el shuriken de uno de los clones.
Los bunshin retrocedieron, formando un muro junto al guardaespaldas e impidiendo que el padre y la hija White fueran alcanzados por los grises.
El hombre herido por el shuriken dio un paso al frente, sus palmas enguantadas chocando entre sí.
Estaba aplaudiendo.
-Vaya vaya ¿A quién tenemos aquí?
– empezó con teatralidad villanezca.
Los tres Hiruko suspiraron con resignación al mismo tiempo.
-Hiruko…
La señora va a estar encantada cuando sepa de tu ubicación.
El guardaespaldas miró con desconfianza a los tres shinobi.
Si el presunto héroe de la ciudad, que él sabía que estaba aquí como penalización por cometer homicidio, conocía a este grupo de mercenarios, entonces no podría estar seguro de dejar a su jefe y su hija en sus manos.
-Está bien, Nico.
Podemos confiar en el joven Hiruko – tranquilizó Christopher a su guardaespaldas.
Siendo quien era en la ciudad, estaba al tanto de las circunstancias del shinobi, por lo que pudo adivinar los pensamientos del hombre bajo su mando.
También sabía que el chico, que ahora eran tres Hirukos, no iba a tirar por la borda todo su esfuerzo durante los últimos meses.
-Hmph.
Mira lo que ocurre cuando juegas al héroe.
No importa cuanto servicio les brindes, al final del día, sólo eres un producto – se burló el mercenario.
Antes de continuar con su monólogo sobre la hipócrita e injusta sociedad, los Mizu Bunshin de Hiruko saltaron al ataque.
Dada la incapacidad de lanzar jutsus avanzados más allá del Mizurappa, y de no poder emplear ninguno de los Kekkei Genkai que vinieron en la plantilla, los Mizu Bunshin decidieron emplear el taijutsu básico en toda su gloria, con pequeños impulsos de chakra aquí y allá.
El objetivo era ganar tiempo, pues un solo golpe fuerte los dispersaría.
Y sus oponentes no sólo tenían la capacidad de golpearlos, sino que también conocían su estilo de lucha.
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