En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 240
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240: Reunión, Movimiento, Conspiración 240: Reunión, Movimiento, Conspiración Las aves cantaron con la salida del sol, mientras la sinfonía de bichos nocturnos desaparecía lentamente.
Las estrellas se ocultaron de la vista, opacadas por la luminosidad del Astro Rey.
El campo verde salpicado de charcos por doquier fue testigo y escenario de una emotiva reunión entre seres queridos, cuyo destino fue atado para siempre, en la vida y en la muerte.
O así lo veía Dojin en lo profundo de su pecho mientras saltaba sobre Liam y lamía toda su cara, empapándolo en saliva.
—¡Maestro!— ladró la Quimera, aplastando a Lim en la tierra con su masivo peso.
—¡T-también me alegro de verte, pero quítate de encima!— gruñó el shinobi, escupiendo un par de chorros de agua de su boca sobre la cara de Dojin para apartarlo.
Nada más levantarse y sacudirse la tierra de la ropa, fue embestido por una igualmente emocionada Tsunako, quien si bien no lo bañó en saliva, sí lo hizo con las lágrimas que derramaba de felicidad.
La Ninken se estrujó contra su Maestro y volvió a tirarlo a la tierra, clamando por un perdón cuyo origen Liam desconocía.
Sólo para consolarla, le permitió sollozar un rato mientras acariciaba su hocico, arrullándola con ternura.
—¿¡Maestro, por qué a ella le das caricias y a mi agua!?— se quejó Dojin.
Al cabo de un rato, Tsunako se recuperó y se disculpó de nuevo, apartándose con vergüenza por su arrebato, pero dirigiendo una mirada de suficiencia a su enfurruñado gemelo.
Liam se volvió al Cerdo y a la rata, quienes esperaban pacientemente a un lado.
—¿Tú también, Zugan?— inquirió sarcásticamente.
El cerdo no entendió el sarcasmo y lo vio como una invitación, abalanzándose sobre Liam también para darle una calurosa bienvenida.
El shinobi se rindió y aceptó el aprecio de sus invocaciones, llamándolos para un abrazo grupal porque por qué demonios no.
Momentos así le hacían agradecer no haberlos borrado de la existencia sólo para volverse más fuerte.
—¿Qué hay de ti?— llamó a Nezu, quien fingía observar el entorno incómodamente.
Los ojos de cristal de la rata se volvieron hacia Liam con un destello de algo que el shinobi interpretó como anhelo.
—Qué asco, aquí estoy bien— rechazó contundentemente.
—¡Abrazo de grupo!— escupió Liam con fastidio, atrapando a Nezu con las vendas y atrayéndolo contra su voluntad.
***************************** La emotiva reunión rápidamente se movió a un pueblo cercano, donde Liam se abasteció de pizza y llevó una docena de cajas para compartir con sus compañeros.
Ellos contaron cómo fue que localizaron al shinobi, así como contextualizarlo un poco más sobre lo ocurrido con los numerosos Héroes que se ocuparon de la mujer de bikini que atacó a Liam en Gotham City.
La Liga de la Justicia prácticamente se creó en opinión del shinobi, aunque por motivos diferentes a los esperados.
Él no sabía si la unión de la Liga en las películas del DCU era fiel a los cómics, o si esa mujer loca resultó ser otra transmigrante/reencarnada con la misión de matarlo.
Por su parte, Liam explicó que el humilde ladrón de bancos por el que toda esta basura comenzó resultó ser parte de una conspiración para asesinarlo, una cuyo alcance desconocía y que estaba conformada por meta humanos con poderes igualmente desconocidos.
En cierto modo no era una mentira.
Hasta Nezu se convenció, dados los enemigos en la Mansión Wayne y el historial de Liam de hacer enojar a la gente equivocada.
—¿Y entonces qué, mocoso?
Nos persiguen Dios sabe cuántos lunáticos, todos quieren tu cabeza, y definitivamente se acabó tu zona gris para con el Gobierno de este país— resumió Nezu la situación.
—No nos iremos, si eso sugieres.
De hecho, esta mierda con el Gobierno también vamos a resolverla de una vez— respondió Liam con el ceño fruncido.
Nezu lo miró detenidamente, preguntándose en qué estaba pensando.
Normalmente aquí es donde un hombre sabio correría y se escondería, desaparecería del mapa un tiempo en alguna nación pequeña y rural.
—Maestro, no creo que sea prudente seguir metiéndonos en más escándalos— dijo Tsunako con preocupación.
—Soy consciente— asintió Liam con un suspiro.
—Pero así nunca podremos establecernos en algún lugar.
Nunca estaremos tranquilos si siempre huimos a la primera señal de problemas.
Créeme, lo intenté durante casi toda mi vida y nunca tuvo fin, nunca corrí lo suficientemente rápido ni lo suficientemente lejos.
Huir de los problemas no los resuelve, Tsunako.
Yo no quiero seguir huyendo— dijo Liam, mirando a todos y cada uno de sus aliados, sus amigos.
Su familia.
—No somos los más fuertes.
No somos los más queridos en ninguna parte, y eso podría no cambiar jamás.
No somos Héroes, y nunca lo seremos.
Pero me niego a ser un objetivo, una presa.
Buscaremos a Ileana.
Nos reuniremos con Takagami y volveremos a Jump City.
Que todo el maldito mundo se entere, no me importa.
Si el Gobierno quiere problemas, les daremos un gran problema.
Si estos meta humanos buscan mi cabeza, sabrán donde encontrarnos.
Los esperaremos, los recibiremos y los haremos mierda a todos y cada uno.
Pero esto no funcionará a menos que estemos juntos— concluyó Liam su intento de discurso inspirador, mirando fijamente a Nezu al final.
La rata resopló con fastidio, arruinándole el ambiente al shinobi.
—Los perros y el puerco son esclavos, y yo no puedo mudarme de Estado por mi cuenta sin sufrir un paro cardíaco por la pérdida de energía.
No hables como si tuviéramos elección— reprendió Nezu.
—…Me alegra que nos sigamos entendiendo.
Ahora movámonos— instó Liam y el grupo terminó su comida rápidamente.
Venía la parte más incómoda: Reunirse otra vez con Ileana.
En el camino previo a reunirse con Nezu y las Quimeras, Liam meditó largo y tendido sobre la mejor forma de acercarse, sobre las mejores respuestas según las múltiples y posibles recepciones negativas por parte de la moldava.
Lo último que vio de ella fue desdén, dolor y traición.
En su mente, Ileana seguía enfadada y decepcionada de él.
En sus rincones más oscuros y negativos, Ileana vivía feliz con su nueva pareja, quien quiera que fuera.
Él se preparó mentalmente para el peor de los escenarios.
Se preparó para encontrar a una Ileana en cuya vida él no podría estar presente.
—¿Uh, Maestro, tenemos que correr tan pronto?
No he hecho la digestión, ya sabe…— Dojin murmuró con incomodidad, poco entusiasmado con emprender otro largo viaje de nuevo.
—Concuerdo, danos un respiro.
Siento que algunas piezas rebotan en mi interior— añadió Nezu, frotándose la panza.
Liam tejió sellos manuales y puso su palma en el suelo, arrastrando a un Takagami que acababa de culminar otro duro día de trabajo y se disponía a volar hacia el mar para una comida rápida al otro lado del continente en una nube de humo.
—¡Maestro, iba a almorzar!— se quejó la invocación.
Un momento después cayó en cuenta que había sido convocado por El Maestro y se disculpó profusamente.
Liam sintió (demasiado tarde) que sus Quimeras empezaban a perderle respeto.
Sólo esperaba que esto no implicara una rebelión futura o algo así.
El grupo subió a la espalda del Halcón Quimera y emprendieron el vuelo hacia el norte, donde Liam detectaba el sello implantado en la bruja por motivos de seguridad.
******************************* —…¿Puede alguien explicarme lo que está sucediendo aquí?— preguntó el Presidente de los Estados Unidos con expresión confusa y tensa a partes iguales.
En sus manos sostenía una carpeta con archivos confidenciales de muy alto nivel, redactados en persona por su predecesor.
Él estaba íntimamente relacionado con lo expuesto entre las hojas, por supuesto, pero el problema no radicaba allí exactamente.
—Ese es el asunto, Señor Presidente.
Nosotros tampoco tenemos idea— admitió el General Eiling a su lado.
—Nuestros análisis sugieren un parentesco genético del 99.9%, huellas exactamente iguales y hasta el maldito tono de voz es el mismo.
—¿Gemelas?— inquirió el Presidente, sin siquiera creer él mismo tal hipótesis.
Los gemelos no guardan tantas similitudes.
—Algunos de nuestros analistas sugieren clonación— informó el General, viendo esa como la única explicación lógica.
—Pero eso nos hace cuestionar si el clon es el que está en nuestro poder, dada la abismal diferencia de fuerza entre los sujetos.
—Y también está el asunto de quién demonios la habría clonado y cómo escapó a nuestros ojos durante todos estos años— concluyó el Presidente, dejando los documentos a un lado mientras se frotaba las sienes.
—Si me permite…
Yo creo que esto es una prueba del potencial latente en nuestro Proyecto.
Nuestra Nación se ha visto sacudida demasiado tiempo por las acciones imprudentes de estos individuos disfrazados, siempre al margen de la Ley.
Propongo que reiniciemos las pruebas.
Un intento más.
Y que esta vez lo hagamos con este nuevo espécimen— sugirió Wade Eiling con una mirada intensa.
El Presidente hizo una mueca.
El Proyecto había sido cerrado y clasificado como un fracaso rotundo en la producción de súper humanos con linaje alienígena.
Incluso ahora contaban con dos de aquellos individuos, constantemente estudiados y bien vigilados tras el incidente que terminó con uno de ellos en fuga hacía varios años.
Pero las palabras del General despertaron un profundo sentimiento de esperanza.
Un sueño, una visión de un mundo en el que los Súper estuviesen regulados y bajo control.
Ese sueño requería de actos horribles no obstante.
Actos inmorales, inhumanos, pero necesarios para la Seguridad y Prosperidad de la Nación.
—…Una última vez, entonces.
General Wade Eiling, tiene mi permiso para proseguir— habló el Presidente, fijando su mirada en una pantalla.
Esa pantalla mostraba en todo momento la celda de energía donde cadenas de metal prometio adheridas a un bloque denso y masivo del mismo material constituían la única restricción de movimiento para la mujer que arrasó con Gotham, las instalaciones de la NASA y unas cuantas miles de vidas.
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