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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 243

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  4. Capítulo 243 - 243 Preocupaciones Del Mal
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243: Preocupaciones Del Mal 243: Preocupaciones Del Mal  Indiferente a los asuntos personales de Liam, el mundo continuó girando y los acontecimientos que daban vida a su superficie reverberaron a lo largo y ancho del globo.

El último gran incidente que sacudió los medios, provocado directamente por él y resuelto sin su presencia, también agitó las turbulentas aguas del submundo criminal.

Una existencia como la de Anissa y un suceso tan llamativo como el que ella protagonizó jamás podrían ocultarse del todo, por muchos recursos y esfuerzo que el gobierno destinase para tal fin.

Ciertamente no lo haría para las figuras más importantes entre las sombras.

Las noticias volaron de un lado a otro y una agresiva búsqueda de información inició tan sólo unas horas después de la batalla.

En menos de un día, estos individuos obtuvieron más información que el propio Presidente de los Estados Unidos.

Pero hubo un único detalle que realmente preocupó a la mayoría.

Una consecuencia directa de la aparición de Anissa: La unión de tantos Héroes.

Aunque no se había anunciado nada semejante, corría el rumor de que el Gobierno pretendía llegar a una especie de acuerdo con los involucrados en esa batalla.

Que individuos de la talla de Super Man, Flash y Batman trabajasen juntos representaba un gigantesco problema.

Así que en las semanas siguientes una idea extraña surgió en el bajo mundo, diseminándose sigilosamente.

Murmullos y movimientos sospechosos casi imperceptibles se extendieron por todas partes.

Hasta que un día un grupo selecto de individuos recibió una invitación.

Lex Luthor examinó la sencilla carta que llegó a su escritorio sin explicación alguna.

Su personal aseguró que la superficie estaba libre de venenos y un sin fin de escaneos determinó que el interior era exactamente lo que parecía: Una sencilla carta.

Siendo quien era, encargó la noble labor de abrirla a una máquina antes de tomarla él mismo con sus propias manos.

Finalmente leyó su contenido y no pudo sino alzar una ceja.

—¿Esta gente piensa que no tengo negocios que atender?— resopló para sus adentros, tirando la carta a un lado con desdén.

Desechó el asunto y centró su mente en cosas más importantes.

Sin embargo, horas más tarde, el pensamiento echó raíces en su cabeza y decidió que no había nada que perder.

Tomó un comunicador y contactó a su fiel representante para atender este asunto en su nombre.

En otra ubicación, dentro de una base oculta bajo el mar, siete hombres con túnicas se reunieron alrededor de una mesa de madera.

Encabezando el encuentro, HIVE Master inició la sesión arrojando una carta al centro de la mesa.

—Tal y como predijimos— dijo con solemnidad.

Una barra de luz bañó la carta y la convirtió en cenizas, sólo para que un panel holográfico la reemplazara con el contenido escrito.

El Consejo de los Siete estudió detenidamente cada palabra, digiriendo la información con cuidado.

Las reacciones fueron mixtas.

—¡HIVE no se asocia con cualquier rata callejera!— siseó un miembro del consejo con disgusto.

—¿Cómo podemos asegurar que esto no es una trampa?

Todavía no localizamos a quienes financiaron a esa vampira repugnante.

—Pasa página de una vez.

Esa mercenaria de segunda ya es historia, pero este problema es real— objetó otro, señalando con un gesto el contenido de la carta.

Las brillantes mentes de la organización debatieron largo y tendido.

HIVE Master escuchó pacientemente, tomando en cuenta las opiniones de su Consejo antes de decidir su postura ante lo que se les venía encima.

Aunque internamente ya sabía lo que iba a hacer.

Para Deathstroke las cosas funcionaron de manera diferente.

El mercenario y asesino había mantenido un perfil bajo después de salirse de las garras de Amanda Waller.

Se escabulló de la persecución que el reemplazo de la mujer inició en su contra y se dedicó a reestablecer su red de contactos.

Él se encontraba en una cena casual con la primera de esos contactos cuando un círculo luminoso con inscripciones arcanas hizo acto de presencia cerca de su posición.

Deathstroke se puso en guardia al instante, al igual que su acompañante, pero del círculo mágico sólo emergió una maleta de cuero.

—…¿Qué está pasando, Slade?— preguntó la niña con una mirada aguda y destellos de energía amarilla iluminando sus palmas.

Deathstroke se acercó con cuidado a la maleta y la abrió con un rápido movimiento de espada, revelando una pila ordenada de dinero con una carta en la cima.

En diferentes ubicaciones, diferentes individuos se encontraron con la misma situación.

************************************ Anissa escuchó el leve siseo de la puerta reforzada al deslizarse.

Sus contemplaciones se vieron interrumpidas y la voz mecánica en su cabeza fue silenciada con una orden mental.

Tiempo tenía de sobra para atender tales asuntos, y era más entretenido llenar de incógnitas y miedos a sus captores temporales.

—Bienvenido, hombre misterioso cuya identidad conozco pero no revelaré hasta que tu Gobierno ofrezca un trato decente.

¿Qué te trae a mi humilde morada?— saludó con una sonrisa.

Batman emergió de las sombras con expresión neutra, manteniéndose fuera del campo de contención magnética con el que pretendían inmovilizarla.

—Las operaciones de búsqueda y limpieza concluyeron— empezó el vigilante, aburriendo a Anissa inmediatamente.

—La cifra de desaparecidos ascendió a más de veinte mil, con sólo un cuarto de esa cantidad identificados.

Apenas unos cientos de víctimas recibieron un entierro digno.

No se recuperó casi nada sólido del resto— informó de manera plana.

Anissa asintió lentamente.

—Sí bueno, eso ocurre cuando pasas cerca de personas a Mach 20 y superior.

¿Te has preguntado alguna vez cómo es que tus amigos no destruyen todo a su paso?

¿Lo que ocurriría si un día se cansaran de contenerse?— insinuó la Viltrumita.

Batman no se sorprendió por la falta de consciencia.

En cada interrogatorio Anissa demostró una actitud indiferente a sus acciones y las consecuencias de las mismas.

Y siempre evadía las preguntas.

A día de hoy, nadie sabía quién era ella, qué era exactamente, de dónde vino y por qué.

Bruce sí era consciente de eso último, más o menos.

Sabía que la mujer vino tras Liam, pero no las razones.

Dado que ella no abría la boca, Batman se negó a hacerlo también y dirigir la mirada ya malintencionada del Gobierno hacia el shinobi.

—Miles de familias desaparecieron por completo debido a tus acciones.

Otras tantas lloran ramas enteras.

Destruiste tantas vidas como las que arrebataste…

¿Y para qué?

¿Qué esperabas ganar de todo esto?

¿Qué puede valer semejante tragedia?

—¿Tch, después de los interminables interrogatorios viene un ataque de culpa?

Deberías preguntarte qué ganarás tú con este sin sentido— se burló Anissa, perdiendo por completo el interés.

Batman suspiró internamente.

No fue el único en hacerlo.

Los miembros no oficiales de la no oficial Liga de la Justicia observaban el intercambio desde fuera de la prisión.

Hoy era el último día en que Super Girl, Super Man, Green Lantern y Capitán Marvel vigilarían a esta prisionera, según instrucciones de la Casa Blanca.

El Gobierno afirmó finalmente haber construido un lugar para contenerla, por lo que los servicios de estos Héroes ya no se necesitarían.

O eso dijeron.

Nadie tenía la suficiente confianza en la idea, pero tampoco podían dedicar el resto de sus vidas a esta tarea.

La Viltrumita era un asunto de Seguridad Nacional ahora.

Sería enjuiciada y estaba más que garantizada la pena de muerte.

En cuanto encontraran la forma de hacerlo.

Pedirle a los Héroes llevar a cabo la ejecución estaba fuera de la mesa por obvias razones.

Además, ninguno aceptaría.

Tampoco se les informó el lugar al que la iban a trasladar, cosa que preocupaba a todos.

Nuevamente, las barreras políticas jugaron contra ellos.

Técnicamente, todos y cada uno de los presentes era un sujeto al margen de la Ley que deberían ser arrestados, sólo salvados por la opinión pública y su poder individual.

Incluirlos en la toma de decisiones judiciales sentaría un precedente que el Gobierno aborrecía.

—¿Va a escapar, no es cierto?— preguntó Billy inocentemente en su forma de Shazam.

Ni siquiera él necesitó de la Sabiduría que venía con su poder para prever el resultado final.

—…Si No lo señalas, no me doy cuenta— Hal hizo una mueca.

Había interactuado con este sujeto últimamente y cada día le parecía más estúpido.

—Debe haber alguna forma de evitarlo.

¿Kal?— Super Girl se volvió a su primo.

Super Man estaba entre los más inquietos ante la posibilidad de que esta mujer se les saliera de control de nuevo.

Sí, él estaba seguro de detenerla siempre y cuando ella no portase su armadura de kryptonita, pero lo preocupante era toda la destrucción que habría de por medio.

Anissa representaba un tipo de mal al que no podía subestimar: Uno capaz de plantarle cara momentáneamente, sin moral, sin consciencia ni aprecio por la vida, caótico.

Y como ella, había otros sueltos en el mundo y, según Zod, entre las estrellas.

Fuerzas a las que la humanidad no podía enfrentarse por sí sola.

Sin embargo…

Clark miró al grupo de individuos que le rodeaba.

Ellos tenían lo necesario para combatir ese mal.

Y como ellos, había muchos otros Héroes dispuestos a dar la cara ante las dificultades.

—Si ella escapa…

Entonces nosotros la detendremos.

Juntos— declaró Super Man.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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