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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 26

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26: Noche de Gala 5 26: Noche de Gala 5  Los Malvados Grises eran un grupo mercenario cuyo fin era alcanzar la supremacía en el mundo criminal.

Tomaban toda clase de trabajos, nunca juzgando a sus clientes, forjando alianzas y llegando a todos los rincones del continente, dejando su huella.

Al menos, así les gustaría presentarse en el futuro.

La verdad del asunto es que sólo eran una pequeña banda que apenas estaba siendo conocida en el noroeste de Estados Unidos.

Su líder, una dama astuta y fuerte, más fuerte que cualquiera en la organización, estaba afianzando su dominio poco a poco.

La tarea no era fácil en un mundo lleno de súper humanos y monstruosidades por doquier.

Pero ellos perseveraron.

Una de las razones por las que no son tan famosos es que su banda tiene una tremenda falta de meta humanos en sus filas.

Sólo la líder tenía semejante rasgo, y algunos élites.

Es por ello que insistían tanto en reclutar a cierto albino con habilidades excepcionales.

Hiruko encajaba en sus exigentes requerimientos para reclutar.

Una moral flexible, una fuerza abrumadora, y lo más importante, un albinismo más que aceptable.

Pero había rechazado la oferta, muchas veces.

Peor aun, fue responsable de una de las mayores pérdidas para la banda.

Y sin embargo, los líderes todavía insistían en no matarlo, sino reclutarlo.

El líder de escuadrón que dirigía a los mercenarios en el patio de la Mansión White se sentía frustrado por esta situación.

-Señor, las células de energía se nos agotan – informó uno de sus subordinados.

El punto muerto con la copia del pálido shinobi había durado tan sólo un par de minutos y ya estaban al límite de sus reservas.

Eso se debe a que se vieron obligados a mantener un fuego constante para evitar que Hiruko se les acercara.

El enano era demasiado rápido, apenas dando tiempo para que un luchador de primera clase pudiese reaccionar.

Los hombres que acompañaban a este líder de escuadrón no pertenecían a la primera clase.

Ni siquiera él mismo.

-No tenemos opción.

La mitad de nuestro escuadrón está ayudando a capturar a los objetivos, como lo solicitó el cliente.

No le gustaba la situación.

Si hubieran sabido que el susodicho héroe de esta ciudad era el propio Hiruko, bien podrían haber traído otros dos escuadrones sólo para contenerlo.

Sus consideraciones se detuvieron cuando su pistola, que había estado disparando ráfaga tras ráfaga de plasma, quedó sin energía.

Ya no tenía más células para recargar.

Justo cuando pensaba en sacar su bastón de combate y encarar al shinobi, éste último sacó algo de su saco y los arrojó a su posición.

No, no a su posición, a sus alrededores.

-¡Alerta, está preparan-  Fue interrumpido por una explosión de humo, y luego otra, y luego otra, y otra más.

El Mizu Bunshin estaba pulsando chakra a sus piernas, ganando breves estallidos de velocidad y arrojando bombas de humo alrededor de los mercenarios.

Cuando se sintió satisfecho, sacó un kusarigama del inventario.

First saltó a la nube de humo, su kusarigama ya balanceándose.

Una ventaja clave de los Mizu Bunshin es que no poseían calor corporal.

Eran una técnica, una construcción de chakra y agua.

Claro, el chakra es energía, pero definitivamente no es caliente.

Ahora los mercenarios grises estaban ciegos, y sus visores de detección por calor no los ayudarían.

First se movió rápidamente, no dispuesto a perder el tiempo con tácticas sigilosas.

Sus compañeros bunshin podrían disiparse en cualquier momento.

Saltó en el aire, evitando hacer ruidos con sus pasos, y dio un giro a la vez que extendía la cadena del kusarigama en toda su logitud.

Usando el lado opuesto de la hoz, pues matar no era una opción ahora mismo, golpeó la cabeza de un mercenario.

El impacto fue lo suficientemente fuerte como para romper el casco, enviando la energía del golpe a través del material sintético y dejando inconsciente al desafortunado gris.

Sólo fue el comienzo.

Otro gris apuntó su arma a First, pero no se atrevió a disparar.

El Mizu Bunshin corría hacia él, usando al dormido mercenario como escudo de carne.

First atropelló al hombre, quitándole el arma con una patada.

Al instante siguiente, pisoteó el pecho del mercenario, sacando el aire de sus pulmones.

Saltó de nuevo, usando al mercenario debajo de él como plataforma, y esquivó una salva de plasma.

En el aire, ejecutó otro giro, enviando la hoz hacia el tirador, logrando clavar la punta en la boquilla del arma.

Con todo el humo, ya no tienen la capacidad de evitar tal movimiento.

En cuanto el gris apretó el gatillo de nuevo, la descarga de plasma se encontró con una obstrucción.

Una pequeña explosión quemó la mano del mercenario, haciéndole gritar de dolor.

El Mizu Bunshin se deslizó a su lado, clavando un golpe certero a la tráquea del gris.

First tejió un sello manual, disparando una bola de agua comprimida a la ingle del último mercenario en pie.

Toda la pelea duró apenas 10 segundos.

Rápidamente sacó unas cadenas y ató a los mercenarios, su mirada ahora fija en Third, quien parecía estar en las últimas.

–  Third no sólo estaba en las últimas.

Sabía que le quedaban unos segundos, pues había gastado demasiado chakra para mejorar su velocidad y evitar al conejo endemoniadamente rápido.

Logró evadir cada asalto, al costo de tener que disiparse en 40 segundos.

Echó un vistazo a la pelea de First con los mercenarios justo para verlo correr a su alrededor y arrojar bombas de humo.

Frunció el ceño ante el suceso.

-Ese bastardo estaba bien equipado…

– murmuró, sin conocer el descubrimiento de su compañero bunshin.

Un borrón de movimiento se le abalanzó encima, obligándolo a inclinarse hacia atrás, al puro estilo Matrix, para evadir una cuchilla.

Saltó y arrojó una lluvia de shuriken al conejo.

Quedaban 30 segundos.

Sin una mejor estrategia, saltó hacia la nube de humo que empezaba a dispersarse.

El conejo lo siguió, sus pequeños servomotores traqueteando audiblemente para impulsarlo más rápido.

Third abandonó la idea de permanecer activo hasta el final, gastando más chakra para alcanzar el humo a tiempo.

-¡FIRST!

– gritó al Mizu Bunshin que permanecía oculto por el humo.

Acto seguido, se detuvo abruptamente, girando en su lugar y corriendo en dirección al conejo.

La acción desconcertó a la máquina/animal, quien sólo pudo extender una mano de la cual surgió una cuchilla.

Clavó la hoja en el pecho del Mizu Bunshin, el cual se dispersó en agua, cegándolo momentáneamente.

Ese instante fue suficiente para First.

El kusarigama salió disparado de la nube de humo, esta vez con la hoz apuntando al objetivo.

Matar personas es una cosa, pero este engendro mecanizado no entra en esa categoría, en opinión del bunshin.

Logró clavar el arma al costado del monstruo.

First tensó la cadena, atrayendo al conejo hacia él.

El conejo fue recibido por una patada impulsada por una ráfaga de chakra.

Salió despedido a un lado, pero First no tenía tiempo de verificar si estaba destruido o no.

Los objetivos de la misión habían cambiado levemente.

Corrió en dirección a Second, más bombas de humo preparadas en sus manos.

El bunshin que enfrentaba al oso se percató de su acercamiento, separándose de la pelea y alcanzando a First.

-¿Cuánto te queda?

– preguntó el clon con el kusarigama, a la vez que arrojaba bombas de humo por el lugar.

-Apenas la mitad de mi reserva.

No podremos evadir por mucho tiempo a este servo-oso – respondió Second.

First le entregó el arma y lo miró con severidad.

-Los grises están atrapados e inconscientes.

No podrán activar los explosivos.

Ve adentro y cuéntales a los demás que tenemos acceso al inventario – le dijo rápidamente a Second.

El Mizu Bunshin se sorprendió.

-¡Vete!

– ordenó First, sin querer perder más tiempo.

Se volvió hacia donde podía escuchar los gruñidos del oso.

Second asintió y se retiró.

Para Liam, así como sus clones, cada pequeño fragmento de información referente al sistema era más que valioso.

Dada la incapacidad de los Mizu Bunshin para devolver recuerdos, el descubrimiento de First era algo que debía ser informado de inmediato.

Incluso si eso significaba poner en peligro una misión.

-Tu logro no será olvidado, hermano – murmuró Second.

First resopló con diversión, habiendo captado las palabras de Second.

Abrió el inventario una vez más, sacando un par de etiquetas explosivas.

Nada le gustaría más que bombardear todo el lugar y detener al oso, pero esos trozos de papel son algo costosos, y no podía dejar al original sin reservas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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