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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 29

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29: Héroe 29: Héroe  -¡Tch!

¿¡Quién diablos se cree que es ese mocoso!?

– se quejó una mujer regordeta con los dientes apretados.

A su alrededor, otras damas de clase alta asentían, ninguna dispuesta a llevarle la contraria.

Se encontraban en un balcón alto, sentadas en sillas de exquisita construcción.

Una mesa ovalada en el centro sostenía los platillos donde posaban tazas de te.

El espacio daba una hermosa vista a un patio cubierto de flores y un camino de adoquines serpenteando en medio.

-Por lo que he oído, ese rufián va por las calles, saltando entre edificios como si un simio hubiera escapado del zoológico- comentó otra mujer.

Una tercera dama, con sombrero ancho adornando su cabeza, dejó su taza sobre la mesa y habló con delicadeza.

-Mi señora Eleonor, creo que debería tomar acciones.

Semejante falta de respeto no puede quedar impune.

Eleonor Davenport, la mujer que había insultado a Liam la noche del ataque a la Mansión White, consideró seriamente las palabras de su amiga.

Era una mujer nacida y criada en las altas esferas de la sociedad, siempre tratada con respeto y amabilidad.

Cuando alguien cometía un error, no tenía miramientos a la hora de echarlo en cara.

No es como si fueran a responderle.

Nunca, en toda su vida, alguien le había replicado de forma tan agresiva y mucho menos lo que ella consideraba una mera lacra de la calle.

Héroe o no, las raíces eran algo que Eleonor tenía en alta estima.

Liam no tenía nada que ella valorase.

-Tienes razón…

Ese vagabundo debe disculparse- murmuró, más para sí misma que para las mujeres frente a ella.

Sus ojos brillaban con un fuego que sólo aparecía cuando alguien iba a salir jodido.

Sus amigas se miraron con nerviosismo y emoción.

Era un entretenimiento en sus opulentas y algo aburridas vidas ver a la dama Eleonor explotar contra algún pobre diablo.

-“Jejeje, esto será entretenido” – pensó la mujer que había encendido la mecha.

No tenía nada personal contra el susodicho héroe de la ciudad.

Simplemente estaba aburrida, y Eleonor era el bufón más divertido del que podía disponer.

–  La señora de las sombras se encontraba en el campo de batalla una vez más.

Su cabello ondeaba con el viento y su piel pálida absorbía los rayos del sol, obteniendo un brillo antinatural, pero llamativo.

Una lanza era empuñada en su mano derecha.

Con finos movimientos, perforaba a sus oponentes, todos más pequeños que ella, insignificantes, como insectos.

No tenían oportunidad.

A una considerable distancia de ella, enormes bestias acorazadas rugían de un lado a otro, estas siendo incluso más grandes que la Señora de las Sombras.

Ella no pudo evitar maravillarse por las armaduras que portaban, impresionada y curiosa por conocer algún día a los herreros cuyas manos moldearon el metal de maneras tan exquisitas.

Pero desvió su atención de las enigmáticas bestias hacia su enemigo.

Se contaban por miles, abarcando grandes extensiones de terreno.

A su alrededor, otros combatientes se esforzaban junto a ella.

Guerreros sin nombre, súbditos tan ignorantes que desconocían el hecho de que luchaban junto a su reina.

La Señora de las Sombras se apiadó de ellos.

Dejaría pasar esta ignominia, ya que no era el momento de afligirse por tales asuntos.

Sus ojos se posaron entonces en otro objetivo.

Su lanza se movió velozmente, penetrando la cosa incolora con un sonido extraño a oídos de la Señora.

La elevó frente a su rostro, su sonrisa de suficiencia ante la tarea que completaba sin esfuerzo.

Su mente vagó a-  -¡Deja de jugar, Maldita sea!

– gritó una oficial al oído de Ileana, sobresaltando a la mujer de larga cabellera negra.

-L-lo siento, esta dama volverá al trabajo- se disculpó la moldava, metiendo la botella plástica que sostenía con sus pinzas en una bolsa de basura.

Habían pasado unos tres meses desde que la bruja fue detenida por Liam.

Desde entonces, ha estado pagando su tiempo de cárcel, así como haciendo trabajos comunitarios como castigo por atacar una escuela.

Dada la condición de la mujer, Liam se aseguró de tratar el asunto con el alcalde, así como con el personal de la escuela y los padres de los niños que se llevaron un susto.

Consiguió que nadie la demandara, por lo que sólo fue retenida un breve tiempo para expiar los daños a la propiedad.

Esto se hizo sin el conocimiento de Ileana, pues Liam no vio necesidad en informarle sobre tales asuntos a una viajera en el tiempo de hace siglos.

Él consideró que la mujer sería abordada por el gobierno y entonces no sería su problema.

Se equivocó bastante.

Ileana, que seguía limpiando un canal junto a otros prisioneros, escuchó una conmoción proveniente de la calle frente a ella.

Dado que se encontraba por debajo del nivel de la calle, no pudo ver el automóvil que se desplazaba a altas velocidades.

Lo que sí pudo ver fue un borrón de movimiento blanco corriendo por las paredes de los edificios hasta perderse de vista.

Sus labios se ensancharon en una sonrisa, exponiendo blancos dientes.

-¿Soñando despierta otra vez, Elena?- la oficial a cargo de vigilar a la bruja le habló por encima del hombro e Ileana se estremeció.

-Ah, no no no.

Sólo estaba contemplando la belleza de esta arquitectura- balbuceó, intentando desviar la atención de la mujer.

-Y es I L E A N A- deletreó en voz baja.

-No me digas- se burló la oficial – A mi me pareció que estabas mirando al héroe de la ciudad- dijo haciendo que Ileana desviara la mirada y fingiera trabajar.

-Más te vale que no tengas intenciones hostiles una vez que salgas.

De lo contrario, estarás aquí limpiando muy pronto, otra vez.

-¡No!

No voy a hacer tal cosa- replicó la moldava.

Hoy es el último día que Ileana pasaría en prisión.

Había cumplido su condena y esta jornada terminaría sus horas de servicio comunitario también.

Para el atardecer, sería libre de irse.

Por su condición, Ileana no tenía nada, ni conocía a nadie.

Algunas personas extrañas se le habían acercado, hablando tonterías que ella no comprendió sobre seguridad nacional y servicio al país y otras cosas que ya olvidó.

Rechazó tales propuestas, pues aunque era ignorante de la tierra donde se encontraba, no era estúpida.

Prefería buscar al joven que la puso en esta situación en primer lugar.

Ese albino y vendado chico que logró derrotarla, curarla de su estado demacrado y salvarla de su prisión anterior.

Ileana había preguntado por él a los hombres y mujeres con trajes azules que custodiaban las mazmorras donde la habían arrojado, ya que el muchacho ni siquiera le dijo su nombre.

Y entonces se enteró del llamado Héroe Hiruko.

Le explicaron qué era un héroe hoy en día, pues su concepción de la palabra era ligeramente diferente.

Ella quedó fascinada por la información que obtuvo.

-“Kukuku…

Esta dama será un Héroe” – se dijo a sí misma.

Y sabía quién iba a ayudarla a alcanzar la cima de este mundo, ya no como una reina, sino como una heroína.

–  Liam se relajaba en su tina tras otro día de detener criminales.

Christopher White aseguró que en una semana vendría el equipo de remodelación y que él tendría que encontrar otro lugar mientras tanto.

Ofreció su Mansión de nuevo, y Liam lo rechazó de nuevo.

Podría dormir unos días en algún tejado.

Mientras sus ojos se entrecerraban con cansancio, sus sentidos captaron movimiento fuera de su casa.

Frunció el ceño, pensando si el hombre mayor y millonario había venido una vez más para pedirle que asistiera al cumpleaños de su nieta.

*Toc toc*  Oyó golpes en la puerta de madera.

Suspiró, envolviendo su cuerpo desnudo con vendas en el rostro y sus brazos, y sacó un kunai de su inventario, sólo por seguridad.

Tapó su entrepierna con vendas y una toalla, ya que no estaba dispuesto a ser demasiado cortés con el magnate.

Al abrir la puerta, su mirada inexpresiva se posó en una mujer de piel blanca y cabello negro, con una venda de tela oscura cubriendo sus ojos.

Vestía una camiseta sin mangas blancas y debajo, un vestido, también negro, aunque bastante desaliñado.

Su cuerpo parecía algo deshidratado, sus labios con rastro de piel desprendida y secos.

Ileana lo miró con una sonrisa temblorosa.

-Ah-ah-ah, al fin te encontré.

Tú, debes tomar, je, debes tomar la responsabilidad – dijo mientras jadeaba.

Liam cerró la puerta en su cara y se giró para volver a la tina.

Pudo escuchar cómo la mujer chillaba y se tiraba al suelo, sus manos tocando la puerta y pidiéndole que por favor, la dejara entrar.

Suspiró con resignación mientras se palmeaba la cara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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