En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 3
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3: Oferta 3: Oferta —¿Por qué tan triste?— preguntó Green Arrow a la figura vestida de blanco.
Sin girarse, ojos de color rojo lo miraron a través del reflejo del cristal.
—Estoy seguro que un payaso dijo una frase similar— respondió el joven de piel pálida.
Green Arrow no comprendió del todo las palabras, pero no le dio importancia.
—Te hemos estado observando— guio la conversación.
—Creemos que tienes talento para ser un héroe.
—¿De verdad?— preguntó el chico, girándose para encararlo.
Green Arrow asintió, sonriendo cálidamente.
—De hecho.
Ven conmigo, chico.
Podemos darte orientación y recursos para que alcances tu verdadero potencial.
—Eso suena interesante, señor Green Arrow— dijo pensativamente el peliblanco.
—Hiruko.
Así te solías presentar ¿Verdad?
¿Eres asiático?— preguntó el hombre, dando un paso adelante, su postura relajada.
Antes de dar el siguiente paso, la mano derecha del ahora nombrado Hiruko se movió rápidamente, un kunai apareciendo de su ancha manga y siendo arrojado a la cara de Green Arrow.
El hombre se inclinó a un lado, esquivando el proyectil.
Una sonrisa depredadora apareció en sus labios.
—Eso fue grosero, mocoso.
—La grosería aquí es tratar de engañarme con algo tan estúpido— replicó secamente Hiruko.
—Hmph ¿Y qué me delató?— resopló el hombre.
Un brillo recorrió su cuerpo, cambiando su apariencia.
Ondas eléctricas emanaron del cuerpo y la forma verdadera se vio a la luz.
Un traje de combate de alta tecnología color gris, un cinturón lleno de artilugios, claramente de naturaleza ofensiva.
Un casco completo cubría el rostro del oponente, cristal oscuro reflejando el rostro impasible de Hiruko.
—En primer lugar, no estamos en Seattle ni Star City.
En segundo lugar, nadie me habría estado observando porque es casi imposible hacerlo.
Y por último, esa tecnología que manipula tu apariencia desprende electricidad, detectable incluso para los imanes que cuelgas en un refrigerador.
—¡Ja, jaja, jajaja!
No está mal, Hiruko.
Pero, mi oferta era sincera.
Únete a los Malvados Grises.
Juntos podremos lograr muchas cosas— dijo el hombre de gris, extendiendo una mano hacia Hiruko.
Una vena palpitante apareció en la frente de este último y sus ojos se entrecerraron.
No era la primera vez que chocaba con este grupo de raritos.
Para desgracia de Liam, debido a sus actividades más o menos heroicas en el noroeste, se hizo de algunos enemigos.
Sus más grandes archienemigos resultaron ser unos inadaptados sociales autoproclamados como Los Malvados Grises.
Mercenarios, ladrones, secuestradores, asesinos.
Tus villanos de comic genéricos, aunque con un par de peculiaridades: Estaban bien financiados porque, aunque no lo parezca, son muy eficientes en su trabajo.
Eso y su grupo lo componen sólo albinos.
Dado que Liam, o Hiruko como se hizo llamar en sus primeros años para su identidad de héroe, era de piel pálida y cabello blanco, llamó la atención de estos bichos raros.
Tener habilidades sobre humanas sólo les hizo babear en excitación y lo han estado acosando para que se les una.
Incluso le propusieron ser el líder de la agrupación.
—No pongas esa cara.
La señora Gris desea que te nos unas y vamos a convencerte, de una forma u otra.
En el momento en que salieron esas palabras, una docena de figuras descendieron de los edificios a los lados del tejado donde se encontraban Liam y el mercenario gris.
Liam chasqueó la lengua por este descuido.
No había podido detectarlos ya que no ha comprado la habilidad de sensor en el sistema, por lo que tiene la percepción de un shinobi común y corriente.
Bastante buena, pero susceptible a estas emboscadas.
Varios shuriken aparecieron entre sus dedos.
Movió sus brazos y arrojó seis proyectiles, con el objetivo de cortar los cables que usaban los mercenarios para descender.
El hombre frente a él sacó una pistola con dardos en lugar de balas.
Tal y como había dicho, no querían matarlo, aun.
Su objetivo parecía ser llevarlo por la fuerza ante su líder.
Varias armas similares lo pusieron en la mira y abrieron fuego.
Liam saltó hacia un lado.
Incluso sin la liberación veloz, su velocidad de movimiento superaba por cierto margen al de estos tipos.
Los shuriken dieron en el blanco, pero los cables resistieron.
Liam frunció el ceño ante esto.
Más dardos volaron en su dirección, obligándolo a moverse de nuevo.
—¿Creíste que ese truco funcionaría de nuevo?— se burló el hombre, sacando un bastón de metro y medio.
Se abalanzó sobre Liam, que ahora tenía limitada su movilidad debido a la amenaza de los dardos.
Con un kunai en su mano, Liam interceptó el bastón.
Chispas volaron por el impacto del metal contra metal.
A pesar de la leve mejora otorgada por el traje de combate, la fuerza del hombre no fue suficiente para siquiera mover la muñeca de Liam, reforzada por el chakra.
—Ustedes nunca aprenden ¿Verdad?
¿Tengo que entregar otro lote de tarados grises a la policía hoy?.
Antes de ejecutar un movimiento, Liam captó un dardo acercándose por su flanco izquierdo.
Sacó otro kunai, interceptando el proyectil y listo para patear al idiota frente a él.
Para su sorpresa, el sujeto saltó hacia atrás y sacó un palo más corto.
Parecía una especie de mango…
En un destello de luz, se formó una especie de látigo crepitante de energía.
El mercenario lo agitó contra Liam.
Al mismo tiempo, los otros grises descendieron finalmente al tejado, rodeando al shinobi.
Liam esquivó hábilmente el látigo de energía mientras analizaba la situación.
No era que no tuviera la fuerza para enfrentarlos, el problema estaba en que tenía demasiada fuerza para esta tarea.
Aunque tenía la mitad del poder del Hiruko de la película, ese poder lo ponía por encima de un Jōnin.
Y un Jōnin tenía la fuerza para destrozar los órganos de un humano normal con un puñetazo.
Los jutsus de los Kekkei Genkai que vinieron con la plantilla estaban fuera de lugar.
Con la Liberación veloz podría terminar esto rápido, pero al ser tantos enemigos, podría cometer un error y matar a alguno de ellos.
La Liberación Tormenta estaba fuera de discusión.
La Liberación Acero también es un rotundo NO contra personas comunes.
Eso deja el Taijutsu con gran contención en sus golpes como única opción.
Eso y…
Liam ejecutó sellos manuales a gran velocidad y concentró chakra en su estómago.
Sus mejillas se inflaron y una abertura surgió entre las vendas que cubrían su boca.
-Suiton: Mizurappa.
Una decena de chorros de agua a presión fueron disparadas hacia los mercenarios grises, obligándolos a evadir apresuradamente.
Liam aprovechó el caos momentáneo y puso chakra en sus piernas.
Desapareció en un borrón de movimiento.
Durante un segundo, nadie pudo seguirle la pista.
Un sonido ahogado llamó la atención de los mercenarios.
Detrás de ellos, un desafortunado tipo se había alejado demasiado de la formación y cayó víctima de un golpe al mentón.
—¡Tsk, dispárenle!— ordenó el mercenario del látigo.
Liam se movió de nuevo, esta vez no usando la Liberación Veloz.
Acelerar demasiado constantemente puede hacer que pierda el control y no mida correctamente sus golpes.
Una mercenaria se echó a un lado, justo a tiempo para evadir una patada al estómago por parte de Liam.
La mujer abandonó la pistola de dardos y sacó un disco con una luz roja parpadeante.
Liam entrecerró los ojos, imaginando qué artilugio sería ese.
Volvió a trazar sellos manuales mientras corría hacia la mujer.
Su chakra se moldeó según sus órdenes y formó agua que brotó de debajo de sus mangas.
Sus manos se extendieron hacia el dispositivo, el cual había sido arrojado por la chica mercenaria.
Una prisión de agua envolvió el disco justo antes de que explotara.
Como resultado, la conmoción fue mínima y Liam ni se sacudió.
Mientras se giraba para encarar a su siguiente objetivo, vio otro disco deslizándose entre sus pies.
Sus pupilas se dilataron y se maldijo internamente por ser descuidado una vez más.
Usó un sello manual y activó su Jutsu: Parpadeo corporal.
La explosión, no contenida esta vez, envió una onda que derribó momentáneamente a los mercenarios y levantó una nube de humo.
Liam se salvó de recibir la explosión en la cara, pero su parpadeo ejecutado a toda prisa lo llevó a atravesar el cristal donde había estado mirándose antes de que comenzara este lío.
Se estrelló con escritorios y computadoras de oficina.
En el exterior, los mercenarios se recuperaron sin problemas de la explosión.
Sus trajes los protegieron de parte del impacto y sus oídos también estaba cubiertos.
—Bien hecho.
Aunque es muy fuerte, su experiencia deja mucho que desear— felicitó el hombre con el látigo.
—Preparen los tranquilizantes.
Esta vez nos lo llevamos.
Mientras se preparaban para ingresar al edificio, un estampido sónico a la distancia les hizo girarse hacia el horizonte.
En cuestión de segundos, una mancha azulada y roja descendió ante ellos, su fuerte frenado en pleno vuelo provocó que más polvo se levantase.
Cuando se asentó, vieron una capa roja ondeando al viento junto a un dorado cabello.
Los mercenarios se paralizaron un momento.
—¿S-S-SuperGirl?— tartamudeó uno de ellos.
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