En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 32
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- Capítulo 32 - 32 Fuerzas Sobrenaturales
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32: Fuerzas Sobrenaturales 32: Fuerzas Sobrenaturales Las cintas de policía rodeaban todo el lugar.
Los oficiales tomaban fotografías de la escena, catalogando cada pequeño detalle.
Una pila de cuerpos mutilados yacía al fondo de un comedor destrozado.
Hiruko e Ileana observaron los cadáveres con ojos indiferentes.
El primero ya había visto cosas horribles y la segunda participó en guerras medievales.
No eran ajenos a la sangre.
Un hombre con saco y corbata, con anteojos y cabello al ras del cuero cabelludo se les acercó.
Echó un vistazo a la masacre antes de hablar con tono acerado.
-Se estima que murieron hace unas doce horas, probablemente durante la cena familiar.
Ambos héroes asintieron.
A pesar del escándalo que debió provocar la pelea en este lugar, nadie se enteró hasta que una empleada de limpieza vino esta mañana y encontró un agujero enorme donde deberían haber estado las puertas de la Mansión.
-¿Todos los ocupantes de la Mansión fueron asesinados?
– preguntó Hiruko.
El detective asintió con pesar.
-Ni las mascotas sobrevivieron – comentó y Liam no pudo evitar alzar una ceja, pues no estaba seguro si el hombre bromeaba o no.
Decidió no preguntar.
-Normalmente, usted no sería llamado para este tipo de asuntos, señor Hiruko.
Pero me temo que la policía de Jump City no podrá manejar…
lo que sea que los haya matado – dijo, mientras el trío se volvía hacia la pared a su izquierda, o lo que quedó de ella.
La Mansión, una vez opulenta y con clase, ahora era un desastre de paredes derrumbadas, autos lujosos volcados, y una miríada de charcos de sangre y restos humanos esparcidos desde el piso de arriba hasta la parte más alejada del patio.
Ni uno solo de los cadáveres estaba intacto.
-¿Es posible que los monstruos que atacaron la Mansión White durante la Gala fueran responsables de esto?
– preguntó el detective al shinobi.
Tras lo ocurrido esa noche, Liam había informado a la policía sobre las palabras que dijo el lagarto mecanizado.
Obviamente quien construyera esos bichos sería el principal sospechoso de esta masacre, ya que esta era la Mansión de los Ambrose, una familia conectada con los White con respecto a los negocios en Jump City.
-Es posible.
Sin embargo, no tendría sentido querer secuestrar a todas esas personas frente a toda una Gala y ahora simplemente masacrarlas en silencio – respondió Hiruko pensativamente.
Ileana tocó su hombro con el dedo para llamar su atención.
Liam se volvió hacia la bruja, quien destacaba en el lugar con sandalias shinobi como las suyas, pantalones azul grisáceo y una capa negra con nubes rojas.
El cuello alto estaba abierto, mostrando un poco de sus generosos activos.
-Umm, puedo usar mi magia para vislumbrar un posible rastro, si está bien que lo use aquí – informó la moldava.
Liam y el detective abrieron un poco los ojos.
El albino se volvió al hombre mayor, quien sólo asintió torpemente, dando el permiso que buscaba la mujer.
Murmurando palabras que ambos hombres no entendieron, las cuencas detrás de su vendaje negro empezaron a brillar levemente con un tono verdoso.
Posó su mirada en la pila de cadáveres incompletos y pareció seguir una especie de rastro que sólo ella podía ver.
-Dígales a los oficiales que le cedan el paso – susurró Liam al detective.
El hombre se apresuró para dar las órdenes, mientras el shinobi y la bruja caminaban en silencio, esta última mirando algo que probablemente estuvo allí anoche.
-Hiruko…
Esto es…
– murmuró a Liam, quien se quedó en silencio, dejando trabajar a su compañera.
Debajo de sus vendas, una sonrisa de satisfacción apareció.
Aunque estaba lejos de completar la capacitación de esta mujer, ya mostraba su utilidad.
-Esto no fue hecho por hombres ni bestias – dijo, su tono tornándose más serio de lo que Liam jamás hubiera escuchado de ella.
Habían caminado hasta las afueras de la Mansión, una pequeña multitud de oficiales y otros detectives detrás de ellos, en silencio.
-Esta carnicería fue orquestada por un demonio.
…
Liam alzó una ceja.
No era tan ignorante como para no saber que este universo tenía sus cosas esotéricas.
Toma al tipejo de la serie Lucifer, de la que Liam oyó hablar en su vida anterior a pesar de no haberla visto.
También sabía de la existencia de un tal Constantine.
Oyó algunos suspiros de decepción y algún resoplido detrás de ellos.
Claramente, los oficiales no se tomaron enserio las palabras de Ileana.
Liam se volvió hacia ellos, su ceño levemente fruncido.
-¿De verdad?
¿Vives en un mundo con gente que vuela, levanta edificios o es más rápida que una bala, pero no crees en lo sobrenatural?
Algunas personas desviaron la mirada.
Otros se rascaron la nuca.
-Tch, perdí el rastro.
Aquí es donde la energía malévola termina- informó Ileana, sin percatarse de las burlas que le estaban dirigiendo.
-¿Puedes decir por qué despareció el rastro?
– interrogó Liam.
Su conocimiento en Demonología era peor que inútil, por lo que prefirió dejarle la tarea a una bruja.
Si alguien tendría una respuesta, sería ella.
-Difícil de decir.
Podrían ser tantas cosas, como que fue convocado y al terminar la tarea regresó a su reino infernal, o que esté ligado a algún objeto, como me ocurrió a mi con esa prisión.
-Hmm ¿Podría estar ligado a una persona?
– preguntó un oficial joven.
Sus compañeros le dirigieron miradas inexpresivas por participar en la tontería de los fantasmas.
Ileana asintió en reconocimiento.
-Sí, es una posibilidad.
-¿Qué te hace decir eso?
– Liam miró al joven, apenas unos años mayor que él, al menos según su cuerpo.
-Ah, eh, es que encontramos huellas de zapatillas que no coinciden con el calzado de nadie en esta mansión.
– En un callejón solitario de Jump City, una figura temblorosa se movía nerviosamente de un lado a otro, sujetando su cabeza con ambas manos.
Su ropa, desaliñada y con manchas oscuras de naturaleza incierta, apenas cubría la femenina figura de la mujer.
Sus dedos ensangrentados dejaban rastros que se superponían al seco y pegajoso cabello.
Labios temblorosos murmuraban disculpas y arrepentimientos sin aparente sentido.
El agotamiento mental y físico la obligaron a detener su marcha, cayendo de rodillas en el duro asfalto, raspando sus articulaciones inferiores.
No le importó el dolor.
La incomodidad en su carne no podía superar la ola de emociones que la invadían.
Su corazón sangraba con alegría, alivio, realización, miedo y dolor.
Había cumplido su meta, su sueño.
Pero el costo era algo que no esperaba.
Apretó los dientes con frustración.
Se suponía que este momento sería de regocijo.
Planeaba visitar a su persona más amada y contarle las buenas noticias.
Que había recibido justicia.
Que podría descansar en paz.
-Esto…
Esto no era lo que yo…
-¿Lo que querías?
– Preguntó una voz algo distorsionada y melodiosa.
La temperatura en los alrededores descendió perceptiblemente y un escalofrío recorrió a la mujer sollozante.
Como si siempre hubiera estado allí, la silueta de un hombre con gabardina de color beige, cuello alto, sombrero del mismo color y botas negras, se posó justo al lado de la temblorosa mujer.
Su mano enguantada acarició la parte superior de su cabeza, donde el cabello y el cuero cabelludo estaban manchados con sangre.
-Ese fue tu deseo, mi niña.
Era lo que buscabas – continuó, haciendo que la mujer se estremeciera.
Negó con la cabeza antes de hablar.
-Yo quería justicia.
Quería que esa familia pagara.
Yo- -Tú los hiciste pagar ¿No es así?
– interrumpió el hombre.
-Cristin Boucher, tú vengaste a tu hijo.
No es momento de llorar, sino de celebrar.
-¡Lo que deseaba era justicia!
– exclamó Cristin, apartando la mano que la acariciaba y poniéndose de pie.
La mención de su hijo hizo que el temor por este hombre desapareciera.
-Tú…
Tú los mataste – dijo, acusando con el dedo a la silueta cuyos rasgos eran indistinguibles.
-Sí, eso es eso es eso es, fuiste tú …
ja, jajaja, jajajaja, yo n-nunca asesinaría a inocentes, no lo haría ¿Verdad?
No, no lo haría, jaja , jajaja yo no…
El hombre no se movió de su posición.
No pareció reaccionar ante el ataque pánico que estaba sufriendo Cristin.
Se encogió de hombros cuando la mujer cayó de rodillas una vez más, riendo y llorando al mismo tiempo.
Se dio la vuelta, como si caminase hacia la pared envuelta en sombras antinaturales.
Una negrura absoluta en un callejón bien iluminado en pleno medio día.
Sólo Cristin Boucher fue testigo de este acontecimiento, pero su mente en proceso de ruptura no pudo registrarlo.
-Mi parte del trato está hecho, Cristin Boucher.
Ahora es tu turno – resonó la voz del hombre mientras su forma desaparecía en las sombras.
Tras unos segundos, el telón de oscuridad de desvaneció con él y el callejón volvió a la normalidad.
Pero no Cristin Boucher.
Su cabello empezó a caer rápidamente, su risa maniática se mezcló con un rugido bajo, gutural.
La piel a su alrededor empezó a cambiar de color y a hincharse.
Burbujas de carne a altas temperaturas crecían y estallaban por todo su cuerpo, cubriendo el suelo con rastros de piel y sangre.
Una masa de materia desconocida brotaba de las bolas de carne en expansión, cubriendo el cuerpo de la mujer como una manta.
Lo último que vieron los ojos de Cristin antes de explotar fueron sus manos cambiando de tono y alargándose más allá de lo humanamente posible.
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