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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Culpables
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36: Culpables 36: Culpables  Eleonor bebía una taza de te mientras su mayordomo le traía el periódico.

La mujer sonrió de satisfacción al ver el pomposo titular “Protestas Contra La Libertad Condicional del Héroe de Jump City”.

Ella fue la responsable de pasar alguna que otra información a la prensa el día de ayer, apenas supo de los acontecimientos en los que estaba involucrado el shinobi.

Por pura suerte, o mala suerte para Liam, algunos contactos cercanos a la rechoncha mujer estaban muy cerca del lugar donde ocurrió el incidente y le informaron de la mala situación incluso antes de que terminara la pelea entre los héroes y el monstruo.

De ese modo, Eleonor pasó la información a algunos periodistas que conocía y el resto es historia.

Fue por su movimiento que tanta gente de los periódicos y los noticieros llegaron al lugar tan rápido.

También fue su intervención lo que motivó a esa reportera a hacer la pregunta del millón.

La opinión pública sobre el mocoso, sobre las autoridades que le permitieron andar por allí como si nada y sobre el inepto alcalde estaban divididas.

Eleonor se dio palmaditas en la espalda por sus grandes habilidades de manipulación mediática.

Consideró que bien podría hacerse un nombre con este nuevo don suyo que acababa de descubrir.

Lo que Eleonor no sabía es que el caso de Liam escaló tanto debido a la intervención de cierta mujer que estaba formando su propio equipo de operaciones especiales.

En cualquier caso, los periódicos no mentían.

La propia Eleonor pudo presenciar una manifestación anoche, a puertas de la alcaldía.

Mucha gente exigía que el criminal se mantuviese encerrado tras las rejas, sin importarles que su presencia en la ciudad haya vuelto sus vidas mucho más seguras.

Por su parte, Liam estaba considerando seriamente si debía mandar todo al carajo y operar como villano.

Si pudiera librarse de las ataduras legales y matar libremente, su fuerza personal aumentaría el triple de rápido.

Quizás podría comprar las habilidades correctas y siempre escapar de las manos de Súper Man y la Liga, que eran la razón por la que no escogió la ruta del villano.

En el pasado era demasiado débil y no confiaba en poder evadir a los héroes si hacía mal las cosas.

Liam no decidió hacer el bien porque tuviera un gran corazón o una moral inamovible.

No, Liam jugó al héroe porque el lado de los buenos simplemente tenía demasiados pesos pesados.

Claro, por allí había entes cósmicos y otras tonterías ¿Pero que podría ofrecer él?

Además, no le gustaba la idea de trabajar para alguien.

Liam no era ni sería el sirviente de nadie.

Tales pensamientos cruzaban por su cabeza mientras se desconectaba por completo de la conversación que se desarrollaba en la oficina del alcalde, a pesar de que él era el tema principal.

-Sus declaraciones a la prensa rompieron el acuerdo, alcalde – informaba una persona que Liam no conocía desde un dispositivo holográfico.

Algún tarado del gobierno que aparentemente estaba a cargo de su vigilancia.

-L- lo siento…

yo, no se que me pasó – intentó disculparse el alcalde, su voz apenas audible.

El hombre la había cagado en grande, pues uno de los términos que se acordaron para traer a Liam a esta ciudad fue la confidencialidad con respecto a su situación.

Aunque su imagen rodó por el país cuando Amanda Waller intentó joderlo, no es como si todo el mundo hubiera visto tales noticias.

No existía internet como Liam lo conocía.

Claro, había tecnología muy avanzada, pero apenas estaban en los 90´s.

No había instagram, ni twitter, por lo que la gente olvidó rápidamente los sucesos de aquel entonces.

-¿Lo siento?

¿Tiene idea del escándalo que se está armando por su culpa?

La gente se siente indignada al ver a un héroe criminal caminar por la calle como si nada.

Peor aún, el hecho de que es un meta humano sólo incrementa los problemas – continuó el hombre al otro lado de la proyección.

Liam no recordaba que el asco hacia los meta humanos fuera tan intenso.

No es como si hubiera tantos héroes como sabía que iba a suceder más adelante, cuando la Liga estuviera consumada.

El pensamiento de que tal vez, sólo tal vez, haya caído en algún universo alterado por el Dr.

Manhattan le provocó escalofríos.

Si bien no leyó los cómics de Doomsday Clock, sabía algunas cosas que ocurrieron en esa historia.

Sacudió la cabeza, alejando ideas tan aterradoras.

Simplemente asumió que vive en un universo parecido al de DC pero que no sigue la cronología, sea cual sea.

Volvió en sí justo a tiempo para oír al hombre de la proyección dirigirse a él.

-Con respecto a ti, muchacho, estos acontecimientos podrían significar el final de tu estadía en Jump City.

Te diré esto porque, personalmente, no tengo nada en tu contra y no te culpo por lo ocurrido.

Ni siquiera Súper Man puede salvarlos a todos – empezó el hombre, en un tono menos enojado.

Liam arqueó una ceja.

-Alguien influyó para que la situación se volviera tan caótica.

Por muy trágicos que hayan sido los acontecimientos, es anormal que la noticia llegase a todo el país en una sola noche.

-Amanda Waller – dijo Liam en un tono tranquilo.

Ni siquiera tuvo que pensarlo demasiado.

Sólo había una perra malévola con poder e influencia que él recuerde haber hecho enojar.

Le pareció un poco vengativo el hecho de querer incluirlo, a estas alturas, en el equipo suicida de su organización Aragón o como sea que se llamará en el futuro cercano.

-¿Eh?

Ah, ejem, bueno, podríamos investigar eso…

– tartamudeó la proyección.

Luego continuó -Pero no se trata sólo de eso.

Según los informes que recibimos, una ola de reporteros ya se encontraban en el lugar incluso antes de que llegara la policía.

Liam pensó unos momentos.

Amanda Waller pudo haber sido responsable de eso también, pero eso significaría que lo estaba vigilando durante un tiempo, esperando el momento de actuar.

Eso, o alguien más quiso joderlo desde el principio.

Alguien dentro de Jump City.

-Lo investigaré.

Pero ¿Qué puedo hacer con el responsable?

– preguntó Liam.

-Si logras encontrarlo, debes comunicarte con nuestro agente.

Dependiendo de quién haya creado este problema, se decidirá una acción a tomar – dijo el hombre, terminando la proyección.

Liam quería preguntar con qué agente debía comunicarse, pero asumió que, para efecto dramático, el tipo se le acercaría misteriosamente en algún momento.

Se levantó de su lugar y desapareció por la ventana en un shunshin, dejando solo al agotado alcalde.

A Liam no le importaba las consecuencias que sufriría el hombre.

Era un tacaño y siempre pronunció mal su nombre de héroe.

–  Ileana patrullaba una sección de la ciudad, utilizando su magia para elevarse por breves períodos de tiempo y caminando por la calle el resto del tiempo.

Desde la pelea de ayer, había mantenido esta rutina por su cuenta.

Afortunadamente, Liam pudo enseñarle algunas cosas sobre el mundo moderno, por lo que confió en dejarla vagar libremente y confió en que podría encargarse de la chusma habitual.

La bruja llamaba la atención allí por donde pasaba.

No era tan conocida como Hiruko y ningún periódico había captado su presencia aún.

En su lugar, la gente la miraba por la vestimenta particular que usaba.

Sandalias que dejaban los dedos de los pies expuestos.

Pantalones azulados, guantes para el combate y una camiseta de malla debajo.

Ocultando su hermosa figura, había una capa negra con nubes rojas, sólo abierta para mostrar un poco de los activos de la moldava, y se partía a la mitad al llegar a su cintura, cayendo a los lados de sus piernas para mayor comodidad.

Normalmente, preferiría utilizar vestidos, pero Hiruko la convenció de que esta sería su indumentaria habitual como heroína, ya que tenía estilo según él, y era mejor para el combate.

Un hermoso, pero costoso vestido, se rasgaría y entonces Ileana sufriría.

Ella estuvo de acuerdo.

No se le escapó el hecho de que el joven la miraba más atentamente cuando usaba esas prendas, lo que la hizo sonreír con suficiencia.

Esa fachada de seriedad que suele usar se derrumba en ocasiones, y cuando sucede, ella aprende más de él.

Una escena particular llamó su atención de inmediato, haciéndole abandonar ese hilo de pensamientos.

Un hombre sospechoso, con traje, sombrero y una capa roja estaba parado frente a un artefacto que Ileana no reconoció.

Sus manos enguantadas se agitaban con excitación mientras caían papeles verdes, escupidos por la aparente boca del artefacto.

Ileana lo reconoció como dinero.

En esta era, el papel reemplazó las monedas de oro, algo que Ileana seguía sin comprender.

Después de todo, el oro es oro ¿No?

-¡Oye, tú!

¿Qué estás haciendo?

– llamó al sospechoso, sin estar segura de si esto era una actividad normal o no.

Muchas cosas le parecían extrañas e Hiruko no podía inculcarle todo el conocimiento del mundo en tan sólo unas semanas.

-¿Eh?

Ah, buen día, joven dama – el hombre, con una cara azul y una nariz bastante larga se dio la vuelta y se inclinó respetuosamente.

Ileana sonrió ante la educación del hombre.

Algo que su compañero vendado no parecía concebir en esa misteriosa cabeza suya.

-Oh, buen día, mi señor – hizo una reverencia al estilo antiguo, levantando un poco su capa son sus dedos mientras sus piernas se doblaban ligeramente.

-Mi nombre es Ileana.

Disculpe mi tono anterior, sólo tenía curiosidad sobre lo que estaba haciendo con este artefacto – dijo, mientras señalaba el cajero.

-¡Ah!

¡No se preocupe, señorita!

Y soy yo quien debería disculparse por no presentarme primero – comentó el hombre, quitando su sombrero mientras hacía otra inclinación – Soy el Maestro de Ceremonias, y estaba sacando un poco de dinero para mis gastos.

El arte es costoso estos días, ya sabe.

-¿Hmm?

¿Maestro de Ceremonias?

¿Como los que dirigen orquestas?

– preguntó la moldava, emocionándose un poco.

Cuando asistió a un banquete de la alta nobleza en el pasado, quedó embelesada por las artes musicales.

-¡En efecto!

¿Le gustaría ver mi presentación?

¡Tenga, tenga!

– sacó lo que parecían un par de boletos, similares a los del cine.

No es que Ileana pudiera hacer tal comparación.

-Aquí, puede llevar a un invitado.

Un amigo, un familiar, o un novio – informó el hombre, guiñando un ojo a la bruja.

Ileana sostuvo los boletos torpemente, su voz tartamudeando cuando respondió.

-Ah, umm, e-esto, yo no tengo n-novio.

P-pero puedo llevar a un amigo.

¡Hohoho!

No se preocupe, señorita.

Tengo que irme.

Espero verla pronto – se despidió el Maestro de Ceremonias, desapareciendo en una explosión de humo y chispas.

Ileana se sonrojó un poco, ignorando la magia del hombre.

Decidió volar hasta su habitación de hotel a toda prisa, pues quería pensar bien las cosas antes de invitar a Hiruko a un evento así.

No sabía si el shinobi aceptaría ir con ella.

Por su parte, Liam no envió un clon de sombra con la moldava en esta ocasión, pues no quería recibir los recuerdos de horas y horas de patrullaje, por lo que no se enteraría de la absurda situación hasta un tiempo después.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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