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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 37

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37: Descanso 37: Descanso  Ileana tragó saliva cuando su magia le permitió “ver” la monstruosidad de metal que tenía en frente.

Su corazón latía de emoción al imaginarse dentro de ese artefacto en particular.

La bruja había presenciado muchas máquinas usadas para el transporte, que la gente llamaba autos.

Vio algunos más grandes que otros, como los llamados autobuses, o los camiones.

Pero este era diferente.

-¿Se encuentra todo bien, señorita Ileana?

– preguntó Christopher White, caminando por delante de ella, hablando con su vendado compañero.

El shinobi respondió por ella.

-Sí.

Es la primera vez que subirá a un helicóptero, eso es todo – comentó Hiruko con indiferencia.

-Ya veo.

No se preocupe, señorita.

El viaje será cómodo – calmó Christopher.

Un momento después, todos estaban sentados en la pequeña cabina del helicóptero.

Liam se aseguró de atar bien a la bruja, sólo por si acaso.

La sonrisa en el rostro de Ileana mientras viajaban por encima de la ciudad fue de las cosas más lindas que Christopher y Liam vieron.

Aunque pudiese volar por sí misma, la experiencia de hacerlo sin magia fue novedosa para ella.

La razón de este viaje fue que Christopher quería mostrar personalmente el nuevo hogar de ambos héroes.

La remodelación finalmente había terminado.

Mientras se acercaban, Liam pudo ver a lo lejos una instalación que ocupaba una buena parte del promontorio rocoso donde solía estar su choza.

Se preguntaba qué locura había hecho el millonario y, en el fondo, se lamentaba el hecho de que podría no disfrutar de ese lujo por mucho tiempo.

En cuanto aterrizaron, Ileana salió primero del helicóptero, sus ojos puestos en el nuevo hogar que habitaría.

-¡Woa…

es como un castillo moderno!

– exclamó la moldava.

Liam se preguntó qué quería decir con castillo moderno.

No es que hubiera visto alguno, que él supiera.

-Kukuku, por favor, síganme – dijo Christopher con una sonrisa de villano.

Desde fuera, la pequeña Mansión parecía una fortaleza, con altas paredes y un diseño de almenas en la cima, aludiendo a las murallas antiguas.

Casi cien metros de largo y cinco de alto, el diseño cuadrado de todo el lugar realmente inspiraba a un castillo clásico.

Un portón eléctrico, con aperturas a modo de puertas mucho más pequeñas, se alzaba en medio de la pared.

Bastante extraño para Liam, pero no cuestionaría mucho las cosas.

Christopher los llevó al interior, donde fueron recibidos por un arco con tallados florales en la puerta de madera.

Al entrar, fueron recibidos por una sala bastante modesta, y a la vez elegante.

Alfombras verde oscuro añadían suavidad a cada paso.

Mesas de madera con lámparas y flores a los lados.

Una escalera llevaba al siguiente piso, donde Christopher anunció que estarían las habitaciones.

Abajo, inmediatamente al lado de la entrada, estaba un enorme comedor con una mesa gigante, capaz de albergar a una veintena de personas.

-Para propósitos sociales – dijo el hombre, mostrándoles la cocina a continuación.

Espaciosa, práctica, las alacenas ocupadas con productos, algunos de alta calidad, otros más comunes.

Un regalo de Christopher.

Llegaron a otra sala, igualmente grande, donde un sofá de apariencia elegante pero cómoda, estaba posicionado en el centro, con vista a una pared donde un televisor de alta calidad estaba pegado a la pared.

A un costado, las cortinas se abrieron para mostrar un ventanal de cristal que abarcaba toda la habitación, dando vista a una piscina olímpica afuera.

-Ahora, el siguiente piso.

El patio y lo demás pueden explorarlo después – anunció Christopher, arrastrando al shinobi y la bruja por las escaleras.

Llegaron a un pasillo bastante grande, por el que podrían caminar al menos seis personas una al lado de la otra, con varias puertas a ambos lados de las paredes.

-Diez habitaciones para invitados, por si un día deciden formar un grupo o algo así – comenzó Christopher, aunque en su mente añadió -“O hijos”.

-Se construyó un gimnasio, con todo el equipo que un atleta podría necesitar – se volvió hacia el shinobi -Desconozco tus capacidades físicas, pero hay desde lo que un adolescente debería poder soportar, hasta el triple de lo que un hombre-  -¡Waaa!

¿¡Entrenamiento!?

– se quejó Ileana en voz alta.

Apenas y podía mantener el ritmo de los ejercicios de resistencia que Hiruko le obligaba a hacer.

Su corazón de apretó cuando recordó que también entrenaría en combate cuerpo a cuerpo con y sin magia.

-Y este es el baño- abrió una puerta al final del pasillo.

Ambos héroes vieron con fascinación la increíble zona de limpieza.

Un espacio similar al de una piscina natural con una fuente borboteando en el centro, que siempre mantenía un flujo de agua.

Piedras bien talladas con formas ovoides rodeaban el círculo, delimitando el espacio en que el líquido podía moverse.

Un pequeño espacio donde podrían cambiarse en un rincón.

Ventanas que podrían abrirse para dejar entrar aire fresco durante la ducha, si el día fuese muy caluroso.

Sin duda, esta era la obra magna entre los baños.

-¿No es esto demasiado?

– preguntó Hiruko.

Christopher se rio mientras salía.

-Nada es demasiado para el joven que salvó a mi hija, a mi nieta, y mi propio pellejo- aseguró el hombre.

Ambos bajaron de nuevo a la sala de estar, Christopher continuaba caminando hacia la salida, con intenciones de irse.

Liam pensó que querría discutir algunos asuntos antes de eso.

-¿Ya te vas?

-Mhmm, hay muchas cosas que debo resolver.

Soy un hombre ocupado, ya sabes- respondió el hombre.

Se volvió hacia el shinobi con expresión seria.

-Y no estás en condiciones de charlar como si nada ¿Verdad?

Liam alzó una ceja, pero el magnate no le permitió replicar.

-Detente.

No soy estúpido, hijo.

Si no lograste atrapar a esa cosa es porque te dio una paliza – señaló el abdomen del shinobi, ahora sólo cubierto por vendas y el chaleco que vino con la plantilla.

Su chaqueta blanca habitual no estaba.

-Sabes que los paramédicos que te revisaron no son precisamente discretos.

Necesitas descansar y dejar de preocuparte por las consecuencias de ese…

incidente.

-¿Te refieres a la mancha que está teniendo mi nombre en la ciudad, la pequeña protesta que exige mi encarcelamiento y la posibilidad de que eso ocurra?

-Precisamente.

Haré lo que esté a mi alcance para mantenerte aquí, Hiruko.

Eres lo que esta ciudad necesita, ya sea que le guste o no.

Pero podremos hablar de esto después.

Por ahora, sólo relájate y ve a tomar un baño con esa hermosa jovencita …

– se acercó al shinobi, susurrando en su oído -Sólo hay un baño en este lugar – guiñó un ojo y se alejó.

-Tengo casi 16 y ella 27 – murmuró el albino, poniendo los ojos en blanco.

Christopher lo ignoró y se fue.

–  -Eso es todo lo que recuerdo, señor – concluyó el joven oficial Jack, sentado en su cama de hospital.

Su rostro mostraba algunos cortes que empezaban a cicatrizar.

Su brazo izquierdo un poco vendado, pero afortunadamente no se rompió.

Frente a él, el detective Michael anotaba su testimonio sobre el día del incidente.

El hombre alto, casi sin cabello y de rostro impasible asintió al joven oficial.

-Hm, gracias por tu tiempo, oficial Thompson.

Espero tu pronta recuperación.

-Señor detective – comenzó el joven -¿Puedo preguntar qué está pasando con el Héroe Hiruko?

He oído algunas noticias…

-No se preocupe por eso, oficial.

Concéntrese en mejorar su salud y volver a las calles.

-…

Podría…

¿Podría unirme a su investigación, señor Michael?

El detective alzó una ceja.

No sería extraño que el chico, cuyo compañero de patrulla fue asesinado por el monstruo, quisiera unirse en su búsqueda.

Pero sintió que esto era algo diferente.

-¿Por qué?- preguntó al joven.

-Porque me enferman las cosas que se dicen de Hiruko.

Porque, incluso después de todo lo que ha hecho por esta ciudad, la gente comienza a vilipendiar su nombre.

He oído a los enfermeros chismorrear entre pasillos.

Sólo puedo imaginar lo que el resto de la ciudad opina de él.

Miró al detective y frunció el ceño.

-No soy estúpido, señor.

En base a lo que dijo la compañera de Hiruko, puedo suponer que están buscando a un sospechoso que tuviera una razón para masacrar a la familia Ambrose.

Y un…

– bajó la voz al final, no queriendo ser tomado como un chiste de nuevo.

Sin embargo, el detective no se burló de él.

-Está bien.

Esta noche deberían darte de alta.

Ven a buscarme en cuanto salgas – dijo, dejando una tarjeta con su número y dirección.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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