En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 38
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- Capítulo 38 - 38 Necesidad De Poder
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38: Necesidad De Poder 38: Necesidad De Poder Una patada en el estómago sacó el aire de los pulmones de Ileana.
La mujer retrocedió unos pasos, doblándose por el dolor.
Pero no podía permitirse un segundo de inacción.
Una rodilla envuelta en vendas apareció en su campo de visión, a pesar de no tener globos oculares.
Ileana se echó a un lado, esquivando por poco un fuerte golpe en la cara que seguramente habría destruido su nariz, o eso pensaba ella.
No es que el atacante hiciera algo así por descuido.
-Mantén tu guardia en alto.
Cuando estés en la calle, tus enemigos no esperarán a que recuperes el aliento – dijo el albino frente a ella, su tono inexpresivo al igual que su oculto rostro.
Ileana frunció el ceño pero no objetó.
Quejarse sólo la haría gastar energía y gastar energía la llevaría a soportar más palizas.
Hiruko avanzó hacia ella de nuevo, enviando una lluvia de puñetazos y patadas que la bruja trató de evadir o detener.
Sus antebrazos dolían un poco, y cada impacto le envió punzadas de dolor por el cuerpo.
Gotas de sudor se acumulaban en su frente y sus dientes se apretaban con fuerza.
Su oponente saltó en el aire, una patada de hacha lista para dejarla inconsciente.
La bruja rodó por el suelo una vez más.
Fue demasiado lenta.
El shinobi se sentó sobre su estómago, sus puños ya descendiendo en otra lluvia de golpes.
La bruja se defendió como pudo en semejante posición, intentando proteger su hermoso rostro.
Sus temblorosos brazos finalmente cedieron, bajando a sus costados, perdiendo toda su energía.
Un puño vendado se detuvo frente a ella, a escasos centímetros de su rostro.
-Ah, yo, ah, sólo necesito, ja, un segundo – balbuceó entre jadeos.
El Mizu Bunshin de Liam se quitó de encima y sostuvo a la mareada mujer, ayudándola a recostarse un momento en el suelo.
La sesión de entrenamiento cuerpo a cuerpo había terminado.
-Hm, lo hiciste bien.
La resistencia no se forja de la noche a la mañana.
Pero al menos puedes hacer más que el primer día – alentó el clon de agua con una sonrisa, según lo que Ileana notó en su mirada.
Siempre le pareció curioso que los duplicados del shinobi fueran más expresivos que el original, como si al crearlos éstos surgieran sin ese palo metido en el culo que siempre parece tener el peliblanco.
-Ugh, sigue siendo agotador – se quejó ella -Una dama no debería sudar tanto antes de que aparezca el sol.
-Las más fuertes sí.
Descansa un poco mientras el jefe prepara tu desayuno.
-¡Hmph!
Ese jefe tuyo ha estado actuando muy extraño.
Más serio, como si antes no lo estuviese intentando – Ileana se cruzó de brazos con un puchero.
El Mizu Bunshin sonrió tranquilizadoramente para calmar a la moldava.
-Las cosas se han complicado, Ileana.
El jefe va a resolverlo, y tú tendrás que seguir entrenando.
Después de todo, el jefe necesita a una compañera capaz.
La bruja resopló y murmuró cosas sobre dominación mundial y la más grande heroína, haciendo que el clon de agua negara con la cabeza y la instara a los estiramientos finales.
Pero en su interior, Ileana estaba preocupada.
No era tan estúpida como su compañero pensaba.
Algo molestaba a Hiruko, y no quería contárselo.
Supuso que tenía que ver con su condena, pues Ileana se había enterado gracias a los noticieros que el shinobi era un criminal.
Ella esperaría a que él decidiera compartir algo al respecto.
No es como si fuera el único ocultando cosas.
-“Sólo espero que confíe en mi”- pensó.
– -Esta sí es una sorpresa- comentó Christopher, fumando en un balcón que daba vista al patio donde se desarrolló una vez una batalla entre monstruos, mercenarios y clones de agua.
A su lado se paró una figura más baja que el hombre, sus ojos carmesí mirando todo y nada al mismo tiempo.
-Necesito un favor, Señor White – dijo Hiruko, sin entrar en charlas innecesarias.
El hombre alzó una ceja y miraba por un momento al shinobi.
-Te acabo de dar una Mansión ayer ¿Qué más quieres?
¿Mi Patrimonio?
-Uh, que conste que esa Mansión me la debías.
Ensuciaste mi casa anterior con mucho polvo.
-¿¡Ah!?
– casi se atragantó con el tabaco que estaba fumando.
Hiruko le dio unas palmaditas en la espalda, como a un niño con tos.
-Como bien sabes, fui tendencia en los noticieros hace un par de noches y ahora hasta se me quiere entrevistar y esas tonterías.
Soy un chisme casi a nivel nacional- empezó Hiruko, su mirada fija en Christopher.
-Y eso fue algo deliberado.
El hombre no dijo nada, esperando que el albino continuase.
-No estoy seguro si intentaron sabotearme desde aquí y alguien más lo aprovechó para intensificarlo a nivel nacional, o todo fue planeado desde el principio.
Lo que quiero es que averigües quién demonios alertó a la prensa del desastre incluso antes que a la policía.
Christopher dio otra calada a su tabaco, expulsando el humo nocivo un momento después.
Volvió a mirar al patio, y más allá a la ciudad.
Su expresión se volvió solemne, y Liam puso los ojos en blanco ante el dramatismo innecesario.
-Y asistiré al cumpleaños de tu nieta.
-¡Tienes un trato, muchacho!
– sonrió el magante, estrechando la mano del shinobi con una sonrisa de oreja a oreja.
Tras una charla y un poco de café, Liam abandonó la Mansión White, caminando por las calles con un henge para que la gente no lo fastidiara.
Se dirigía a la alcaldía.
Su encuentro con el maldito mago, su pelea con el demonio parecido a Uranus y las noticias de otros héroes que él reconoció como parte de la Liga de la Justicia le hicieron pensar nuevamente en su situación actual.
{Progreso de la Plantilla de Personaje: Shinobi Renegado de Konohagakure – Hiruko: 60%} Liam seguía siendo demasiado débil.
Claro, sólo tenía once años como shinobi y sin una guía más allá de sus recuerdos del anime era más competente que un chunin.
En el mundo Ninja sería un prodigio, pero aquí no es suficiente.
Y la razón, como se ha dicho antes, es el estilo de vida y los oponentes a los que ha enfrentado.
Si quiere más poder, necesita enemigos más fuertes.
Necesita matar.
Es como un genin que pasa toda su carrera cazando bandidos.
Su paga es mínima y el progreso es mediocre.
Del mismo modo, los puntos que gana son insignificantes y sólo puede hacer uso de dos de sus cuatro Kekkei Genkai.
La Liberación Oscura se explica por sí misma, pero la Liberación Tormenta es demasiado letal.
Por eso, Liam tomó una decisión.
Si salía bien, entonces no habría muchas consecuencias.
Si salía mal, que era más probable, alcanzaría un nivel de fuerza similar o superior al Hiruko de la película.
Con eso, esperaba poder romperle los dientes a quien, seguramente, lo pondría en una situación complicada.
Finalmente, llegó a la alcaldía y disipó el Henge.
Entró, ignorando las miradas curiosas de la gente, así como los murmullos, ninguno de admiración o respeto.
Todo lo contrario.
Llegó a la oficina del alcalde, quien de alguna forma sigue estando en el puesto.
Quizás Christopher tuvo algo que ver.
Ese hombre parece del tipo que Quemaría a todo el país por su hija y nieta.
-¡Joven Hiroku!
Adelante, adelante.
Dime ¿En qué te puedo ayudar?
– se entusiasmó el hombre, con una sonrisa forzada y todavía sin poder pronunciar el nombre ficticio de Liam.
-Necesito hablar con quien sea que esté a cargo de vigilarme.
Es importante.
El alcalde lo miró con esperanza.
Una sonrisa genuina apareció en su rostro.
-Ya veo…
Pudiste encontrar al responsable de este desastre?
– preguntó, evadiendo por completo el hecho de que el desastre fue su culpa al ceder ante la presión y soltar la sopa.
-Más o menos, estoy en eso.
Por favor, llame al encargado de mi vigilancia.
-Eso no será necesario – interrumpió una tercera voz desde la puerta.
Liam y el alcalde alzaron una ceja al ver a una asistente que traía café.
Una mujer joven, un poco más alta que el shinobi, cabello castaño atado en una cola de caballo, falda apretada y corta, camisa abotonada hasta el cuello y anteojos.
Una secretaria clásica en todo el sentido de la palabra.
-El contacto, supongo – comentó Hiruko.
El alcalde se sorprendió.
-Correcto.
Señor alcalde, déjenos solos – respondió ella, dirigiendo una mirada suave pero autoritaria al hombre gordo.
La papada ambulante salió, tomando la taza de café y reflexionando sobre qué secretos sucios sabría el gobierno de él.
-¿Qué necesita, joven Hiruko?
– preguntó ella, recostándose sobre el escritorio con los brazos cruzados.
-Quiero hablar con Amanda Waller.
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