En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 42
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- Capítulo 42 - 42 Un Paso Más Allá
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42: Un Paso Más Allá 42: Un Paso Más Allá La batalla fue corta y precisa.
Ni siquiera podría calificar como una pelea real.
Durante días, tanto la policía como Hiruko hicieron guardia en los alrededores del cementerio una vez que Ileana pudo sentir la esencia del demonio.
Claramente, Cristin Boucher había visitado la tumba de su hijo después de realizar el contrato y, probablemente, antes de masacrar a la familia Ambrose.
La criatura había perdido fuerzas con la batalla inicial, en la que hirió al shinobi.
El ente que se aprovechó de la mujer no tenía tanta autoridad para permanecer en el plano mortal de manera indefinida.
Un par de clones de sombra inundaron al demonio por todos lados, activando los pergaminos de almacenamiento y liberando el agua impregnada de chakra.
Unos cuantos choques de ola en sucesión bastaron para abatir a la criatura, pero lo que siguió a su derrota alertó a Liam, aunque no lo demostró externamente.
La carne magullada y seca del demonio se desprendió del cuerpo cadavérico de Cristin Boucher.
La mujer lucía similar a Ileana cuando Liam la conoció por primera vez.
A diferencia de la bruja, no se pudo hacer nada por Cristin.
Incluso antes de que llegaran los paramédicos, la mujer murió sin pena ni gloria, sin palabras finales.
Lo que puso a Liam en un estado pensativo fue lo que ocurrió con la carne del demonio.
Al desprenderse, simplemente se evaporó en el aire.
Cuando consultó a Ileana, ella se encogió de hombros.
No es como si la moldava fuera una cazadora de demonios o algo así.
Al día siguiente, el albino visitó a un viejo conocido.
Caminando entre los pasillos del hospital, ignoró todas las miradas extrañas que le dirigían, así como los susurros de las enfermeras.
Ya se estaba acostumbrando, pero aun así juró que Amanda Waller necesitaba una patada en el culo.
Entró en una habitación donde un hombre sin cabello alguno miraba la TV distraídamente.
El paciente desvió su atención y una sonrisa se dibujó en su rostro, seguida de una mueca de incomodidad.
-Ah, ha pasado un tiempo, Hiruko – saludó mientras apagaba la televisión.
El shinobi cerró la puerta tras él y asintió en reconocimiento.
-Lo mismo digo, John.
Te ves…
-¿Bien?
– bromeó el hombre.
Hiruko se encogió de hombros.
-Iba a decir canceroso.
John se rio.
Hizo un gesto para que el albino se sentara a su lado.
Hiruko se quitó la chaqueta y se sentó en la cama de John.
-Preguntaría cómo ha ido todo, pero he visto las noticias.
Un criminal, eh – insinuó John.
Hiruko hizo un gesto de desdén con la mano.
-Cosas sin importancia.
Batman no es precisamente un ícono, después de todo.
-Muy cierto.
¿Y Qué te trae aquí?
No me has visitado desde que sobreviví a la cirugía.
-He estado ocupado, lamento eso.
Pero necesitamos repasar tu historia sobre cómo conseguiste la moto más genial de la historia.
Ambos hablaron durante un par de horas.
John volvió a contar lo que sucedió ese día en particular.
Sobre cómo estaba desesperado ante una cirugía que podría matarlo y la vida en silla de ruedas que había tenido.
Nacer inválido ya era tener mala suerte, pero contraer cáncer también fue el colmo para el desdichado hombre.
-¿Y estás seguro que no ocurrió nada fuera de lo normal?
– volvió a preguntar Hiruko -¿Algo mientras veías esas noticias de Flash o antes?
-Hm.
Nada digno de mención en la vida de un inválido – murmuró eso último, captando la atención del shinobi.
-Mira, John.
Tengo motivos para creer que tu caso no es algo aislado.
¿Recuerdas el incidente donde murieron personas y el alcalde soltó la sopa sobre mi libertad condicional?
El hombre asintió, curioso por cómo tendría relación eso con lo que le pasó a él.
-Ese monstruo con el que luché era un demonio.
Uno que hizo un contrato de alguna manera con una mujer común y corriente que poco o nada sabía de demonología u ocultismo, hasta donde se.
Una cosa extraña cuya carne se retorcía y que cuando la maté, se evaporó en el aire.
-Igual que mi compañero…
eh, quiero decir, igual que la motocicleta – se corrigió con vergüenza.
Hiruko le quitó importancia.
-Exactamente.
Creemos que el fuerte deseo de la mujer por…
matar, a algunas personas específicas le hizo entrar en contacto con esa cosa.
Al igual que tú tenías un fuerte deseo de ser tan veloz como Flash.
John pensó de verdad el asunto.
Buscó en su memoria los acontecimientos de hace unos meses, pero casi nada le vino a la mente.
Excepto…
-Bueno.
Lo único destacable fue que un nuevo doctor me visitó unos días antes de que ocurriera lo de la motocicleta.
El tipo era extraño, pero no le di mucha importancia.
Me habló sobre esperanzas y que si mi corazón lo quería, podría obtenerlo.
Lo taché como una charla motivacional bastante mierda.
-¿Cómo se llamaba?
– preguntó Hiruko.
– -Entonces ¿Es posible que tengamos a un maníaco por ahí ofreciendo tratos con entidades demoníacas a gente al azar?
– cuestionó Liam a la bruja mientras preparaba una limonada con galletas.
Ileana descansaba en el sofá que habían incluido en la propia cocina, ya que a ninguno le gustaba la idea de esperar los alimentos estando parados.
-Según lo que me has informado, sí – confirmó la moldava, pasando una toalla por su húmedo cabello.
Acababa de salir de la ducha tras un día de patrullaje y enfrentamientos esporádicos con malhechores.
Liam se acercó a ella, ofreciendo un vaso de limonada y un tazón con galletas a la vez que se sentaba en el sofá.
Una abertura en sus vendas se formó por sí misma para dejar paso al refrigerio.
Ileana arqueó una ceja y preguntó.
-¿Alguna vez te quitas esas vendas?
No te he visto sin ellas ni siquiera cuando duermes.
-¿Por qué me observas cuando duermo?
– replicó el shinobi, dándole una mirada acusadora.
La bruja se atragantó con su bebida.
-¡N-No!
¡No me refiero a eso!
– espetó.
Vivir con el albino le había enseñado a captar mejor el sarcasmo en sus palabras.
-Yo nunca te he visto sin esa venda en tus ojos – se encogió de hombros.
Ileana lo pensó por un momento y pareció llegar a una conclusión.
-Te mostraré si tú me muestras – propuso ella.
Fue el turno de Liam de escupir su bebida dramáticamente.
-Eso suena mal en muchas formas, Ileana – reprendió el shinobi.
Durante unos segundos, participaron en un concurso de miradas, hasta que Liam decidió dar un voto de confianza.
Se había apegado a la bruja y no tenía motivos para no llevar su relación un paso más allá.
La amistad debe comenzar con algo.
-Bien, empiezo yo- dijo, mientras sus vendas se retraían lentamente.
En el fondo, se sintió muy avergonzado, como si estuviera desnudándose por primera vez frente a una mujer.
En cierto modo, esta situación era similar.
Finalmente, el telón cayó e Ileana pudo ver el rostro completo de su compañero.
Pudo comprender la razón de esas vendas y de por qué nunca se las quitaba.
Puso una sonrisa tranquilizadora, queriendo demostrarle al albino que no le molestaba en lo absoluto.
-Estás jodidamente feo – dijo, en un tono bajo y que denotaría consuelo, de haber usado otras palabras.
El corazón de Liam se apretó, un dolor recorriendo su cuerpo como si lo hubiera impactado un rayo.
Gimió audiblemente y se cubrió la parte inferior del rostro con las vendas una vez más, un rubor colorando su cenicienta piel.
Consideró que el experimento fue un fracaso rotundo.
Por su parte Ileana, seguía sonriendo, como si no notara el estado de su compañero herido.
Llevó sus manos a la tela negra que cubría sus cuencas y la retiró.
Liam dejó de enfurruñarse al mirar a la moldava.
A diferencia de lo que esperaba, no había dos orbes hermosos de llameante fuego vil como los de un Cazador de Demonios en World of Warcraft.
De hecho, no había nada.
Sólo dos cuencas vacías en las que el espacio cavernoso donde irían los globos oculares estaban a la vista.
En lugar de asquearse, miró con curiosidad, provocando que la sonrisa serena de Ileana titubeara.
La bruja sabía que no era una vista agradable pero le resultaba incómodo que la mirasen tan fijamente.
Esperaba un comentario mordaz similar al que soltó hace un momento.
Por esa razón lo había dicho, para aliviar la tensión entre ellos con humor.
-Hm.
No es lo que esperaba.
¿De dónde viene ese brillo cuando usas tu magia entonces?
– preguntó el shinobi.
-¿Te refieres a esto?
– inquirió ella al mover su poder espiritual.
Liam vio cómo líneas de poder verde brillante aparecían alrededor de las cuencas.
Cuanta más energía liberase Ileana, más iluminación adquirían esas líneas.
-Como te había dicho antes, no tengo ojos.
Un precio a pagar al tener este poder.
Mi vista es gracias a mi don espiritual- se encogió de hombros y miró detenidamente, sin ojos, a Liam.
-¿Y bien?
¿No habrá venganza por mi comentario?
– preguntó con una sonrisa amistosa.
Para su sorpresa, el albino negó con la cabeza.
-Con o sin ojos, eres hermosa.
No voy a soltar una mentira al respecto – comentó con indiferencia mientras volvía a comer galletas.
La bruja cubrió sus cuencas vacías sin decir nada y se recostó un poco más cerca de Liam.
Ambos comieron galletas y bebieron limonada en un cómodo silencio.
Ambos asimilaron la idea de que ya no eran meros compañeros héroes, ni de vivienda.
Una amistad estaba naciendo.
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