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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 43

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43: Primera Misión 43: Primera Misión  -¿Qué debería esperar?

– oyó Amanda Waller desde el comunicador que tenía en su oído.

-Profesionales altamente armados.

Tecnología poco convencional y quizás un par de meta humanos.

De ellos, sólo sabemos de una criatura enorme con una fuerza igualmente monstruosa.

Logró evadirnos en la frontera de Canadá, destruyendo vehículos blindados con sus propias manos.

No tenemos información del otro.

-¿Esperas sobrevivientes?

-Sí.

Quiero a ambos meta humanos y al líder de la operación.

El resto puede morir.

Y cuida el cargamento, lo quiero todo si es posible.

-Tch, bien.

-No te traje para provocar una carnicería indiscriminada, mocoso.

-Como digas, mamá – se burló la voz y Amanda terminó la llamada.

El comentario le hizo hervir la sangre, pero se negó a perder el control de esta manera.

Al otro lado de la línea, un albino adolescente de baja estatura, cuerpo delgado, vendado y metido en una chaqueta blanca que llegaba hasta los pies se encogió de hombros ante la actitud de Amanda.

No era consciente de las circunstancias de la mujer y, aunque lo supiera, no le importaría.

Ojos carmesí miraban la lluvia torrencial que azotaba la pequeña ventana a su lado.

El ruido de aspas golpeando viento y agua, junto al rugido del motor, le obligaron a usar audífonos para no dañar sus tímpanos.

Liam, ya entrado en su modo Hiruko para agudizar su mente, revisó nuevamente el inventario del sistema para asegurar el equipo básico.

Kunai, shuriken, alambres, pergaminos de almacenamiento, una docena de etiquetas explosivas y bombas de humo.

Hoy comienza su carrera como matón de Amanda Waller.

Se sentía emocionado, porque con esto podría aumentar su fuerza general.

Alcanzar el 100% en la plantilla era sólo el comienzo.

Quería más, más de lo que el Hiruko original alcanzó.

No sólo lo quería, lo necesitaba si quería ser medianamente libre en este universo con niveles de poder sin sentido.

-Nos acercamos a los muelles – informó el copiloto por medio de los audífonos.

Hiruko se levantó y se acercó a la compuerta.

Los hombres que lo rodeaban lo miraron con desconcierto.

No es que él pudiese ver sus rostros a través de las viseras de sus cascos.

-No necesito esperar el aterrizaje.

Saltaré- dijo antes de quitarse los audífonos y abrir la compuerta, permitiendo el paso de los fuertes vientos y el agua agitada.

Abrir un helicóptero de esa manera en un lugar tormentoso nunca es buena idea, pero a Hiruko no le importó.

Con su fuerza sobre humana, saltó del helicóptero, que en ese momento se elevaba a casi 400 metros en el aire.

La gravedad hizo lo suyo e Hiruko tuvo una visión única de la ciudad durante algunos segundos.

No sabía a dónde lo habían traído, pues no se le informó al respecto e incluso le cubrieron el rostro durante gran parte del viaje.

Con la habilidad y agilidad dignas de un shinobi, aterrizó suavemente sobre un tejado, sin siquiera agrietar el concreto.

Rápidamente parpadeó en dirección al objetivo, que se encontraba en un muelle con cientos de contenedores gigantes y un barco de carga esperando.

La noche y la tormenta serían los únicos testigos del acto que estaba por cometer.

Llegó a los muelles y, de manera bastante cliché, había personas de apariencia cuestionable moviendo cargamento de un lado a otro.

El cliché vino en las armas pesadas que portaban, así como los mercenarios con armas de plasma y trajes de combate digno de los npc que vigilaban la operación.

Se deslizó entre los contenedores, su velocidad superior y sigilo shinobi ayudando a no ser atrapado.

Buscó un rato hasta toparse con una oficina, donde debería estar el capataz o como sea que se llamase el gerente de un muelle.

Allí vio al hombre a cargo discutiendo cosas con un mercenario.

No perdió más tiempo y saltó al interior, rompiendo el cristal de la ventana.

Dio un giro en el aire y propinó una patada al mentón del tipo con el arma de plasma que estaba al lado del mercenario.

Un guardaespaldas del jefe, supuso.

La fuerza no se contuvo en ese movimiento, pues sólo tres individuos saldrían vivos de aquí.

Como resultado, la mandíbula inferior del hombre se torció de forma horrible, desencajándose de su sitio y desmayando al hombre.

Fue sólo el comienzo.

Hiruko sacó un tantō del inventario en su mano derecha.

Si iba a matar, bien podría hacerlo mientras practica el combate armado también.

La hoja de un solo filo encontró el cuello de un mercenario, cercenando la carne en un destello de velocidad.

Un chorro de sangre cubrió el rostro del jefe de la operación, quien seguía atónito por los acontecimientos que ocurrían frente a él.

La mano izquierda del albino se movió imperceptiblemente y tres shuriken se clavaron en los ojos y la frente de un tercer hombre armado, quien estaba a punto de apretar el gatillo.

Todo el intercambio duró apenas cinco segundos.

Hiruko apareció a un lado del jefe, su mano aterrizando pesadamente en su hombro.

Un rodillazo en el abdomen y el hombre cayó inconsciente.

Una masa de agua se formó al lado de Hiruko y creció hasta tomar la forma del propio shinobi.

El Mizu Bunshin cargó al jefe de operaciones y salió disparado por la ventana.

Uno fuera, quedan dos.

Los siguientes minutos fueron un caos en los muelles.

Hiruko creó otros Mizu Bunshin que se dispersaron por el lugar.

Mientras eso ocurría, el cuerpo principal salió de la oficina y fue matando todo lo que encontró en su camino.

Matones y mercenarios cayeron por igual.

Al principio de manera sigilosa.

Un kunai clavado aquí, una garganta cortada allí, un cráneo destruido por allá.

Por suerte, la lluvia torrencial encubría los sonidos de los cuerpos cayendo.

Por desgracia, esta pacífica matanza terminó cuando un hombre particularmente tenso apretó el gatillo en cuanto su cuello fue rodeado y cortado por alambre de acero.

-Tch, y ahí va el asesinato sigiloso – se quejó Hiruko.

Había una diferencia enorme entre él y un ANBU promedio del mundo ninja.

Hiruko decidió ir con todo.

Apareció en el centro de la operación de transporte de la mercancía, sea lo que sea, y desató una lluvia de shuriken a todos los trabajadores que pudo alcanzar.

Sus lanzamientos perfectos alcanzaron a muchos objetivos, pero había mucha gente aquí.

El shinobi desató sus vendas reforzadas, atravesando hombres y mercenarios por igual, creando un par de hileras con los empalados.

La lluvia y la sangre se mezclaron en una danza mortal.

Las balas no podían alcanzar al shinobi, no porque fuera más rápido que ellas, sino porque él era más rápido que los tiradores, quienes tenían dificultades para apuntarle con las serpientes blancas que perforaban los cuerpos de sus camaradas agitándose por todos lados.

Cuando el plasma empezó a llegar, Hiruko arrojó un kunai con una etiqueta adherida a él.

El arma se clavó en el pecho de un mercenario que estaba en medio de un grupo de cinco hombres disparando plasma contra él.

La explosión no sólo sirvió para despedazar al tipo y matar o dañar gravemente a sus compañeros, sino también para dar la señal a sus Mizu Bunshin.

Ni siquiera Amanda Waller se dignó en proporcionarle más comunicadores para estos casos.

Los clones salieron de sus escondites, arrojando antes los pergaminos de almacenamiento y unas cuantas bombas de humo.

El agua impregnada con chakra salió en un torrente desde cuatro direcciones, todas convergiendo hacia Hiruko.

Tejió sellos manuales y un vórtice masivo de agua lo rodeó.

Por su parte, los Mizu Bunshin se dedicaron a perseguir a los hombres más alejados y acabar con los cabos sueltos.

-¿¡Q-Q-Qué es eso!?

– murmuró un mercenario al ver el remolino de agua de más de diez metros de altura.

El vórtice de agua se dividió en tres olas masivas que aplastaron cuerpos indiscriminadamente.

Para sorpresa de los mercenarios que habían subido a los contenedores con el fin de tener mejor visibilidad para disparar, las olas cambiaron de dirección abruptamente, alcanzando a todo ser vivo en las inmediaciones.

-Creo que deberíamos retirarnos…

– intentó sugerir un mercenario antes de que la incredulidad lo abrumara.

Serpientes formadas a partir del agua se elevaron, una de ellas mirando en su dirección.

Con las fauces abiertas de par en par y convirtiendo sus cuerpos en pasta contra el metal del contenedor, hundiendo el mismo por el impacto.

Un rugido bestial vino desde la única dirección en la que las olas no apuntaron.

Donde estaba el barco de carga.

Las aguas se calmaron y se esparcieron por el suelo.

Las serpientes de agua giraron hacia el origen del rugido y cargaron en su dirección.

Hiruko, que se paraba a unos metros del suelo, sus pies sobre el agua arremolinada como si nada, observó impasible como su jutsu impactaba a la criatura, sin siquiera moverla un centímetro de su posición.

-¿Y este qué?

¿BeastMan o algo así?

– se preguntó al ver al hombre gigante, con mucho pelaje, garras en lugar de uñas y colmillos de sable salir a su encuentro con pesados pasos.

Un gruñido bajo reverberó en el lugar, a pesar del ruido provocado por la incesante lluvia.

-¿¡BeastMaaan!?

– gruñó la criatura, en un inglés apenas reconocible.

Debajo de las vendas, Hiruko sonrio.

Amanda Waller dijo que quería a este tipo con vida, pero no dijo que lo quería sano.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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