En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 45
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- Capítulo 45 - 45 Un Mal Día
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45: Un Mal Día 45: Un Mal Día La alarma resonó en toda la habitación, anunciando la hora en la que Liam se levanta para comenzar su día.
Su rutina consta en un lavado de dientes, un baño y unos treinta minutos en cepillar su blanco cabello.
Era muy cuidadoso con ese cabello, más de lo que jamás admitiría al mundo.
Con la mente y el cuerpo fresco, se dirigió a la habitación de su compañera, encontrando un desastre nada más abrir la puerta.
La habitación lucía como si un huracán hubiera arrasado el lugar, con libros, revistas, ropa casual que le había comprado, y demás productos que una dama necesita tener a la mano esparcidos por todos lados.
Eso le llamó la atención, pues había vivido con Ileana durante meses y la moldava nunca se había mostrado tan desordenada.
La encontró acurrucada en sus mantas, el colchón también hecho un desastre.
Agitó el cabello de la bruja, con la intención de despertarla suavemente.
Unas sacudidas durante un minuto entero bastaron para hacer que se levantase.
No parecía de buen humor.
-¡Hmph, ya estoy despierta!
– se quejó con un gruñido.
Ileana se levantó con desgana, dirigiéndose al tocador en su habitación.
Liam parpadeó un par de veces, disfrutando en secreto de la agradable vista de una mujer en un camisón blanco sencillo, aparentemente sin nada más debajo.
El shinobi se había prometido no cagarla nunca con la bruja, tratándola como una compañera de equipo y quizás una amiga de confianza, pero por ahora lo dejaría allí.
No tenía sentido echar a perder todo sólo por las hormonas alborotadas en su cuerpo adolescente.
Pero Ileana era hermosa.
Una mujer en toda regla, activos decentes pero no voluminosos, caderas anchas y piernas fuertes.
Su melena oscura y su rostro bien parecido sólo sumaron a la mezcla.
Con 1.75 metros de altura, la moldava se elevaba un poco sobre Liam, quien parecía que no iba a crecer más de este punto.
Sacudió esos pensamientos ociosos y salió para darle privacidad a Ileana.
La madrugada transcurrió con normalidad, exceptuando el humor agrio de la mujer.
Durante el entrenamiento de resistencia, combate y dominio de la magia, Ileana estuvo con una mueca en todo momento, distraída, frustrada.
Liam se preguntó si estaba en ese día.
Tras el desayuno, ambos se separaron, casi sin hablar entre ellos.
– -“¿¡Qué tan tonta puedes ser, maldita sea!?” – se reprendió Ileana a sí misma mientras caminaba por la sección suroeste de Jump City.
La ciudad era enorme e incluso Liam tardaría varios minutos en recorrerla de punta a punta usando shunshin en todo momento.
La moldava se enfurruñaba, ignorando las miradas que recibía por parte de la gente.
La característica vestimenta que Liam le proporcionó para sus actividades de héroe ya se habían hecho reconocibles entre el público de Jump City, para bien y para mal.
-¡Oye!
¿No eras tú la compañera de ese criminal?
– interrogó un hombre que pasaba a su lado.
Eso hizo que más gente se reuniera alrededor.
-¿Disculpa?
– Ileana se volvió, su rostro inexpresivo.
-Sí, te he visto por allí con el homicida.
¿También tienes antecedentes?
– preguntó una mujer joven, anotando algo en una libreta mientras un dispositivo de memoria colgaba de su cuello (cámara).
Ileana decidió alejarse, pues sabía por palabras de Hiruko que era mejor evitar a los llamados periodistas.
-No respondo preguntas, damas y caballeros.
Si me disculpan, tengo cosas que hacer – dijo educadamente, pues irritada o no, seguía siendo una dama.
Pero la pequeña multitud no estaba de acuerdo.
Un hombre llegó tan lejos como para tomarla del brazo e impedirle moverse, su expresión llena de desprecio.
Apretó los dientes y le gruñó a la bruja.
-No tan rápido, maldita mujer.
Tú y tu amiguito asesino son los responsables de la muerte de mi esposa.
La gente se confundió un momento por la declaración.
La periodista fue la primera en captar la esencia del asunto.
-¿Señor?
Lamento su pérdida.
¿Su esposa falleció en el atentado del monstruo en el centro de Jump City?
– interrogó al hombre, sin importarle que parecía estar a punto de golpear a Ileana justo frente a ella.
-Basta.
Ustedes, pueblerinos, no tienen nada que reclamarme – dijo Ileana en un tono bajo y frío.
-Suéltame, ahora.
-¿Nada?
¿¡Nada!?
¿¡Tú vas por ahí jugando a salvar vidas, pero cuando alguien muere, te lavas las manos y te libras de la responsabilidad!?
– rugió el hombre, su puño ya alzado se disparó directamente a la cara de Ileana.
La moldava consideró sus opciones y eligió no causarle más problemas a Hiruko.
La multitud jadeó cuando el puño del hombre impactó de lleno en la nariz de la mujer, haciéndole sacudir la cabeza hacia atrás.
Un chorro de sangre salió de sus fosas nasales, empapando los nudillos del hombre, quien soltó el brazo de Ileana por la sorpresa.
Él no esperaba que la bruja no se defendiera.
-H-hey, es una chica, hombre – amonestó alguien en la multitud.
Otras personas dieron miradas de desaprobación.
Algunos parecieron indiferentes y otros pocos incluso sonrieron con sorna.
Uno de estos últimos decidió defender las acciones del hombre.
-¿Cuál es el problema?
Esa perra es una meta humana.
Por lo que sabes, es un monstruo que come personas.
Esta vez hubo más asentimientos de aprobación.
Ileana no era ajena al desdén de este mundo por los meta humanos.
En el pasado, era lo mismo con la caza de brujas.
Ya tenía experiencia en estos temas, a su pesar.
La mujer se envolvió en un manto de energía verde, flotando sobre los atónitos ciudadanos y abandonando el lugar en silencio.
No valía la pena discutir con esta gente.
Lo que Ileana no sabía es que este acto fue registrado por la periodista con su cámara.
Desde el momento de la discusión hasta el puñetazo en la cara.
Ileana se haría un lugar en un artículo al día siguiente.
El resto del día la bruja descargó sus frustraciones en los pocos criminales que se encontró, golpeando un poco más fuerte de lo debido y quemando un par de ladrones.
Por suerte, la policía no se quejó demasiado.
No después de ver el humor con que andaba la mujer.
Al anochecer, Liam e Ileana estaban en la sala de estar.
La bruja se quejaba con dolor mientras el shinobi limpiaba la sangre seca en su nariz, ahora hinchada levemente.
-No debiste dejar que te golpearan.
Ileana, no eres el saco de boxeo de nadie.
Si alguien intenta agredirte, lo quemas.
-Hngh, No importa.
Estoy bien- dijo con un gruñido.
Liam suspiró y pasó una mano por su cabello, consolando a la moldava.
-Mira ¿Por qué no me cuentas qué te tiene de tan mal humor?
– sugirió Liam en un tono suave, poco característico en él.
-No importa.
-A mi me importa.
…
Ambos se quedaron en silencio.
Ileana se mordió los labios y desvió la mirada.
Liam empezó a creer en la teoría de que hoy era ese día del mes para la bruja.
Estaba a punto de dejar el asunto de lado cuando ella habló.
-Yo…
Yo perdí algo que quería mostrarte – suspiró encogiendo los hombros.
-¿Qué cosa?
– preguntó él, todavía acariciando su cabello sobre su cabeza.
-Me encontré con un músico hace unas semanas.
Un caballero bastante amable y me dio dos invitaciones para ir a verlo.
Quería que fuéramos juntos, pero perdí los boletos que me dio.
-Ya veo.
Por eso tu habitación era un desastre – asintió el shinobi.
Ileana no dijo nada más.
-Sabes, creo que hay un canal de televisión donde hay presentaciones de música clásica – comentó Liam, tomando el control remoto y encendiendo el gran televisor.
Un Mizu Bunshin apareció a su lado, dirigiéndose a la cocina y trayendo bocadillos.
Ambos se quedaron hasta tarde disfrutando de las orquestas que tocaban en la tv.
Ileana pensó que, al final, no fue un día tan malo.
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