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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 47

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47: Abominaciones 47: Abominaciones  La noche había caído en Jump City.

En las calles la actividad bullía como si el día no hubiese terminado aun.

Parejas en citas románticas, trabajadores agotados, desesperados por terminar su jornada y una miríada de locales nocturnos abriendo sus puertas a aquellas personas que buscan un momento de paz y ocio.

En la alcaldía de la ciudad, un hombre voluminoso y redondo con una característica papada se encontraba sellando una pila de documentos.

Había estado trabajando día y noche y los papeles no parecían tener fin.

No desde que el gobierno le puso mucha más presión encima.

Mientras leía algunos permisos para reconstruir cierta zona de la ciudad que fue destruida en un atentado terrorista, que afortunadamente fue detenido por la nueva heroína de la ciudad, su expresión de concentración se torció en una mueca.

Un gruñido bajo hizo vibrar su papada y su cuerpo se tensó un momento.

Con las mejillas enrojecidas, suspiró de alivio y se relajó visiblemente.

Dejó los papeles a un lado mientras sonreía con agradecimiento.

De debajo del escritorio salió una joven asistente, limpiando sus labios con un pañuelo.

-Gracias, jovencita.

Puedes retirarte- dijo el alcalde en un tono dulce.

La chica había empezado su trabajo la semana pasada como la encargada de llevarle el café.

Había solicitado que su anterior asistente, la mujer que espiaba al mocoso criminal, fuera removida a otro puesto.

Ya podía ver los beneficios de esa nueva adquisición.

La chica salió sin decir palabra alguna, una sonrisa de satisfacción en sus labios.

En la oficina, el alcalde aprobó con su sello el último documento y se preparaba para irse a casa con su bella esposa, quien había salido de viaje unos días, y su querida hija que recientemente había cumplido 16.

Se lamentó no haber podido ir a su fiesta.

Por suerte, su generoso suegro se encargó de ese asunto.

Mientras se preparaba para marcharse, escuchó pesados pasos provenientes del pasillo.

Se preguntó si la impulsiva empleada venía por un poco más de acción.

No le molestaba atender sus necesidades un rato más.

Con una sonrisa lasciva, se acercó a la puerta, sus pantalones a un movimiento de caer al suelo.

En cuanto la puerta se abrió, su corazón dio un vuelco ante la criatura que hizo acto de presencia.

Los pantalones cayeron sin pena ni gloria.

El alcalde ni siquiera tuvo tiempo de hablar.

Un cilindro de metal se extendió desde la palma monstruosa de la criatura, expulsando un gas que inundó la oficina y haciendo que el hombre se desplomase en cuestión de segundos.

Su enorme cuerpo fue arrastrado y luego cargado a los hombros de la criatura.

Ambos desaparecieron sin dejar rastro alguno.

En otro lugar de la ciudad, al mismo tiempo, la jefa de policía de Jump City se encontraba en su oficina, tomando notas y registrando las actividades que sus oficiales y sus héroes no deseados habían estado realizando las últimas semanas.

Si bien la criminalidad había descendido, para su disgusto, gracias a la presencia de Hiruko, los acontecimientos relacionados con el presunto demonio la tenían bastante nerviosa.

Y cuando ella estaba nerviosa, tendía a enojarse bastante.

Por suerte, tenía un mocoso albino arrogante e indiferente de su autoridad con quien descargar su ira.

Por desgracia, eso implicaba discutir con la perra exhibicionista que lo acompañaba a casi todos lados.

-“¿Enserio, por qué va por ahí mostrando las tetas?” – pensó con molestia.

Cada vez que la perra aparecía, sus hombres desviaban la atención a la abertura de esa maldita capa negra con nubes rojas.

Esa camisa extraña de mallas no ayudaba mucho.

Para su consuelo, la perra tenía la decencia de usar sujetador, aunque uno bastante pequeño en comparación.

Suspiró derrotada.

Comisionada o no, era una mujer y sintió que sólo perdería una y otra y otra vez siempre que apareciera esa maldita bruja.

De repente, la radio en su escritorio se activó.

-¡Jefa, necesitamos ap- se cortó la comunicación desesperada de un oficial.

La comisionada tomó la radio, preparó su arma y salió de la oficina.

La estación medio vacía se sintió opresiva de repente.

-Mark, informe de situación- ordenó a través de la radio.

No hubo respuesta.

Mientras intentaba contactar con el resto del personal nocturno, la energía en todo el edificio fue cortada.

La comisionada quedó en completa oscuridad, pues no traía su teléfono consigo, ni una linterna.

Un ruido sordo llegó a sus oídos.

Un disparo.

En cuanto corrió hacia las puertas que daban a la recepción del edificio, un estruendo hizo sacudir el suelo bajo sus pies, deteniendo su carrera de inmediato.

Escuchó vidrios rotos y el chirrido del metal al doblarse y arrastrarse por el piso.

El crujido de la madera astillándose fue lo siguiente.

Algo estaba destrozando la recepción del edificio.

Algo muy fuerte.

Tiró por la borda cualquier pensamiento de autoridad y valentía estúpida.

No saldría a encontrarse con lo que sea que pudiera hacer ese alboroto por sí sola.

Se retiró a su oficina, tomó un dispositivo particular y una linterna.

Corrió hacia los pisos superiores, con la esperanza de ganar tiempo mientras encendía el artefacto y lo colocaba en su oreja.

El gobierno se lo había proporcionado en casos de emergencia, y maldita sea todo si esta no era una emergencia.

Para su alivio, el dispositivo conectó con su homólogo y ordenó en cuanto lo hizo.

-¡Hiruko, te necesito en la estación ahora mismo!

–  -¿Qué mierda quieres?

– respondió Liam en un tono seco.

A su lado, Ileana comía palomitas de maíz mientras ambos miraban una telenovela dramática.

La moldava se había interesado bastante por estas producciones y Liam no tenía motivos para negarse a acompañarla.

Extrañaba el hecho de que este mundo no tuviera el comercio del anime muy extendido como en su tierra natal.

A pesar de estar en los 90, no encontró registro alguno de la existencia de obras como Dragon Ball o One Piece, que se supone son más o menos antiguas.

Diablos, no existía la franquicia de pokemon o digimon.

Una desgracia.

-¡Estamos bajo ataque y no tengo idea de quién o qué es!

– informó la comisionada a través del comunicador.

Liam suspiró y se puso de pie, captando la atención de Ileana.

-Voy enseguida- respondió antes de colgar, para disgusto de la mujer.

-¿Qué ocurre?

– interrogó Ileana.

Liam informó de lo sucedido y ambos dejaron, con renuencia, el programa que miraban y salieron con shunshin hacia la estación.

Mientras se movían en destellos de velocidad cegadores, con la bruja en brazos del shinobi, Ileana se quejó.

-Tch ¿Por qué deberíamos ayudar a esa perra?

-Porque somos héroes y salvamos todas las vidas, sin importar quienes sean- respondió lacónicamente Liam.

Un segundo después, ambos se rieron.

Un borrón de movimiento en la noche riéndose siniestramente.

Tras unos minutos, llegaron a la entrada de la estación y encontraron una escena caótica.

Algunas patrullas de policía volcadas, oficiales heridos por todos lados y las puertas de la entrada totalmente destruidas.

Al fondo del edificio, las luces rojas y azules destellaban.

Una patrulla fue arrojada contra las puertas.

Una multitud de idiotas con mucha curiosidad se apiñaban en los alrededores, sacando sus viejos teléfonos no inteligentes para fotografiar los acontecimientos.

Liam frunció el ceño.

-Ileana, por favor- dijo.

La bruja comprendió de inmediato y envió una bruma verde para interponerse entre los espectadores, los oficiales y el edificio.

Un instante después, la bruma se convirtió en una llamarada verde que alcanzó una altura de cinco metros.

Eso llamó la atención de las personas y Liam envió un Mizu Bunshin mientras él e Ileana, quien seguía colgada entre sus brazos, saltaron al interior de la estación de policía.

Nada más entrar, fueron recibidos por un rugido gutural y una figura felina saltó hacia ellos.

Media tonelada de carne y metal fue interceptada por un mar de vendas endurecidas, que envolvieron a la criatura y detuvieron su impulso.

Aterrizando suavemente, Liam bajó a Ileana con delicadeza mientras sus vendas clavaban al gato modificado contra la pared.

Un tigre gigantesco, con músculos abultados y refuerzos mecánicos en todo su cuerpo.

El albino activó su mentalidad shinobi, fría y adaptada para el combate.

Hiruko se encontró una vez más con los aspirantes a servidores del adeptus mechanicus.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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