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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 48

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48: Abominaciones 2 48: Abominaciones 2  -Quémalo- ordenó Hiruko a su compañera.

La bruja extendió su poder mágico/espiritual y envió una onda de llamas viles contra el animal modificado.

El fuego, capaz de derretir el asfalto y aun así no exudar calor alguno, convirtió en pasta la carne del animal, mezclándose en una sopa repugnante de carne calcinada y metal derretido.

Un estruendo sacudió el edificio, alertando a la pareja de que ese gato sólo sería el comienzo.

Hiruko activó su comunicador para contactar con la comisionada, pero no recibió respuesta.

-Busca a la perra, yo me encargaré de esas cosas- dijo Ileana, su mirada fija en una miríada de figuras bajitas que se les acercaba en silencio, ocultos por la oscuridad que invadía el edificio sin electricidad.

Sólo la iluminación proporcionada por las llamas viles le permitió a Hiruko identificar a estas criaturas.

-¿Ahora chimpancés?

Este tipo debe padecer zoofilia o algo así- se quejó el shinobi.

Una llamarada verde inundó el pasillo, pero no logró quemar a todas las criaturas.

Los chimpancés modificados se movieron rápidamente, sus manos reforzadas por garras de acero perforaron el concreto y la madera, escalando a gran velocidad por el alto techo y las columnas.

-No te confíes, podrías salir lastimada- advirtió a la bruja antes de atravesar el pasillo en llamas a gran velocidad.

Ileana hizo un túnel que Hiruko usó para no ser quemado por el fuego vil.

Avanzó a gran velocidad por los pasillos, activando constantemente su comunicador.

Al no captar nada a primera vista, subió al siguiente piso.

Nada aún, siguiente piso.

Mientras exploraba superficialmente, encontró rastros de destrucción por todas partes.

Escritorios volcados, puertas desencajadas, agujeros en las paredes y escalones agrietados.

Sea lo que sea, parece grande y fuerte.

Hiruko se hizo una idea de qué podría ser, considerando los simios que luchaban con Ileana.

No le gustó la perspectiva.

Dos Mizu Bunshin aparecieron a su lado, pulsando chakra en sus pies para subir primero e investigar.

Las vibraciones y sacudidas se hicieron más fuertes en el tercer piso.

Allí encontraría al enemigo.

-¡Puta Mad- estaba exclamando el Mizu Bunshin antes de ser disipado por medio escritorio que lo impactó y se estrelló contra la pared.

El otro clon tuvo tiempo de vislumbrar al responsable y saltó, kunai en mano, mientras advertía al original.

-¡Servo-Gorila!

Hiruko chasqueó la lengua, alcanzando la puerta que daba a la gran sala y escabulléndose mientras su clon distraía al monstruo.

Tal y como temía, no se trataba de un gorila normal.

Muy grande, igualando al demonio que plagiaba a Uranus en altura, pero superando su masa por su voluminoso marco.

Músculos abultados, casi sin pelaje, recubierto por una coraza de metal.

Incluso sus colmillos fueron reemplazados por piezas afiladas de ingeniería grotesca.

Un par de cañones giratorios enviaron una lluvia de balas alrededor de la sala, apuntando al Mizu Bunshin que dio todo de sí para no ser disipado tan rápido.

Al igual que el lagarto, ambas armas sobresalían de sus hombros.

Hiruko no se quedó a ver el espectáculo.

Primero debía encontrar a la comisionada y sacar su odioso trasero del peligro.

Quizás entonces la perra se ablandaría un poquito con él.

Sus instintos shinobi le alertaron del peligro inminente y activó su recubrimiento de Liberación Acero.

Un instante después, una cuchilla afilada se partió al entrar en contacto con su antebrazo, seguido de algunos láseres que quemaron su abdomen, dejando agujeros en su chaqueta blanca.

-¡Oye, no son baratas!

– se quejó con el infame conejo veloz.

No, ahora eran tres conejos mecanizados.

No recibió respuesta, más que el asalto a gran velocidad de las pequeñas cosas.

Las chispas volaron cuando los kunai y las hojas retráctiles en los brazos de los conejos (liebres, Liam sigue siendo retrasado y no los diferencia) chocaron en docenas de encuentros a alta velocidad.

El clon de agua finalmente fue alcanzado por las balas, siendo disipado poco después de enviar una etiqueta explosiva adherida a un kunai.

Hiruko sintió la etiqueta sin detonar y la activó.

Fuera del edificio, las personas que se habían alejado de las inmediaciones gracias al primer Mizu Bunshin, vieron una ola de llamas estallar en el tercer piso de la estación de policía central.

Cristales y fragmentos de madera llovieron sobre la calle, alcanzando a algunas personas.

El Mizu Bunshin estaba a punto de saltar hacia la acción y apoyar al cuerpo principal, cuando la multitud detrás de él empezó a gritar y correr en pánico.

El clon se giró, sólo para toparse con una jauría de perros modificados que se apresuraban a invadir el edificio.

Las llamas viles de Ileana ya se había disipado y el clon sabía que la bruja seguía en la planta baja luchando contra algo.

Si esos perros interrumpían, ella estaría en peligro.

Sacó bombas de humo y un tantō e interceptó a las criaturas.

En el tercer piso, Hiruko logró quitarse de encima a los conejos y corrió por las escaleras, enviando un pequeño choque de olas que inundó el pasillo y alejó momentáneamente a las retorcidas creaciones de carne y metal.

Envió otros tres clones de agua para explorar rápidamente el lugar.

No quería dejar sola a Ileana por mucho tiempo.

Si tuviera que elegir entre la comisionada e Ileana, sin duda abandonaría a la jefa de policía.

-¡Aaaak!- rugió una mujer en cuanto uno de los clones abrió una habitación donde se guardaban escobas.

El miedo hizo que disparase casi todo el cargador contra el bunshin, casi atinando.

Otro Mizu Bunshin se acercó rápidamente y sujetó el arma, quitándosela a la mujer y calmando la situación.

-Soy yo.

No hace falta agujerearme la cara- comentó sin emoción en su tono.

La comisionada resopló, entre el alivio y la exasperación por la actitud del…

de los mocosos ante ella.

-Deja las bromas, necesitamos salir de aquí ahora- ordenó, su voz todavía temblorosa.

Para su horror, el piso detrás de los bunshin se agrietó, abultó un poco y explotó en una lluvia de fragmentos, sacudiendo el pasillo.

Un brazo gigante se abrió camino, derrumbando el piso.

Un clon sujetó a la comisionada y la arrojó hacia el cuerpo principal, quien se volvió hacia la ventana tras atrapar la mujer y saltó sin dudarlo un segundo.

El grito agudo de la comisionada le hizo temblar los oídos.

Hiruko extendió sus vendajes, perforando secciones del edificio y reduciendo su velocidad de caída.

Aterrizar de esa forma en solitario es una cosa, ya que el chakra ayuda a amortiguar la energía cinética, pero hacerlo mientras se lleva a otra persona suele terminar en un charco de sangre.

Pero la tranquilidad no duró mucho.

Al tocar el suelo, para alivio de la comisionada, cinco perros tan grandes como un mastín tibetano se les abalanzaron.

Dientes mejorados y reforzados amenazaban con pulverizar los huesos de la comisionada y el shinobi.

Hiruko vio a su Mizu Bunshin rodeado por las bestias, un par de ellas con la cabeza cercenada a unos metros.

Liberación Veloz.

Su movilidad aumentó y su percepción se agudizó para igualar la velocidad de su cuerpo.

Lanzó a la mujer por los aires y reforzó sus extremidades.

Liberación Acero.

Al primer animal cibernético lo recibió con un puñetazo en la mandíbula, rompiéndola y mandando a volar al a criatura.

Saltó y giró en el aire, esquivando una mordida letal a la vez que rompía la columna del cánido con una patada.

Utilizando el cuerpo debajo de él, Hiruko saltó tras la mujer, quien estaba a punto de ser alcanzada por un tercer perro.

Extendiendo sus vendas, perforó al animal y detuvo su impulso, enviándolo a estrellarse con un cuarto oponente.

El quinto decidió esperar a la comisionada en el punto donde aterrizaría.

Hiruko no se perdió ese destello de brillantez por parte del cyborg.

Un kunai bien colocado alcanzó el ojo de la criatura, hundiéndose hasta el mango y acabando con ella.

El Mizu Bunshin se sacrificó para ayudar al a mujer, pues en pleno aire, el cuerpo principal no tendría manera de desplazarse hacia ella a tiempo.

Tras su acción, el clon fue disipado por los cánidos que lo rodeaban.

Por su parte, la comisionada recibió el envoltorio de vendas tan famoso, deteniendo su abrupta caída hacia el concreto.

Si Ileana viera esta escena, haría un puchero y se lo reclamaría a Liam.

Como para probar la veracidad de esa afirmación, la planta baja del edificio estalló en un mar de fuego vil que se movía como un mini tornado mortal y derretía cristales, concreto y metal por igual en cuanto lo tocaba.

Hiruko se estremeció levemente, desenvolviendo lo más rápido que pudo a la comisionada con la esperanza de que fuera una coincidencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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