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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 49

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49: Abominaciones 3 49: Abominaciones 3  Ileana se estaba cansando de las criaturas.

En cuanto Hiruko fue en la búsqueda de la perra, ella inundó el pasillo por donde pasó con su fuego, derritiendo al instante a cada maldito simio que intentó cruzar.

Lo que siguió fue una demostración reveladora del progreso que había hecho en los últimos meses de su entrenamiento constante.

Luchar contra los clones de Hiruko era una experiencia única.

Su compañero de equipo se caracterizaba por un factor crucial: la velocidad.

Era endemoniadamente veloz durante el combate.

Y ella había sufrido mucho tanto en el combate físico como en los que se le permitía usar su magia.

Y ahora se enfrentaba a una horda de bichos ágiles y rápidos.

Agradeció internamente al shinobi por torturarla de esa manera, golpeándola y haciéndola sudar como una dama no debería hacer jamás.

Porque justo ahora podía seguir el ritmo de los simios gracias a ese entrenamiento.

Toda la sala de recepción se inundó en una bruma verde apenas visible.

La mente de la bruja se concentró al máximo, sintiendo todo lo que su energía podía tocar.

Allí.

¡Bam!

Se oyó el ruido sordo de un cuerpo impactando una pared sólida, así como el crujir de un cráneo, o quizás un cuello, rompiéndose por el golpe abrupto.

Ileana había solidificado su energía en una barrera.

Disparó bolas de fuego vil, como le gustaba llamar ahora a sus llamas, influencia de Hiruko.

La bruja intentó minimizar el daño a la propiedad con su magia, pues ahora era consciente de tales asuntos.

Eso hasta que la pelea se alargó demasiado para su gusto y las docenas de simios no paraban de abalanzarse sobre ella, intentando destriparla con esas garras metálicas.

Ella pudo sentir las vibraciones que venían desde arriba.

Una explosión fue el preludio de un pequeño derrumbe, lo que degeneró en secciones del techo cayendo sobre sus cabezas.

Muchos simios quedaron aplastados y la propia Ileana tuvo que arrojar un chorro de llamas concentradas, a modo de soplete, para deshacer un enrome trozo de concreto y metal.

Y aun con el caos a su alrededor, los simios no cesaron en su asalto.

Con una vena de irritación palpitando en su frente, las líneas alrededor de sus cuencas se iluminaron, dando la impresión de que sus ojos brillaban en verde debajo de su tela negra.

Su cabello se agitó salvajemente, deshaciendo el fino peinado que Hiruko le tejió amablemente y con esfuerzo.

La bruma verde a su alrededor se volvió más espesa, más notoria.

Un remolino se formó a partir de ella, la energía agitándose cada vez más rápido.

Y en un instante, todo se convirtió en llamas.

Con una explosión de aniquilación digna de la Reina de las Sombras, Del Azote de los Hijos de Dios, sus enemigos se derritieron, sus alrededores se derritieron, e incluso las columnas que ayudaban a mantener todo en forma se derritieron.

-¿Eh?…

¡¡Aaahhh, Mierda!!

– exclamó momentos antes de que todo se le derrumbara encima.

Usando su función telequinética, se empujó a sí misma entre las llamas que no emitían calor alguno.

Para ella, tocarlas no era peligroso.

Salió disparada a gran velocidad hacia la calle, donde la esperaba su caballero de vendaje blanco.

Hiruko la atrapó entre sus brazos, retrocediendo para aligerar el impulso y no lastimarla.

-Esto…

Eh, ah, yo-yo-yo lo siento- balbuceó avergonzada.

Se frustró tanto que ignoró las advertencias del shinobi y ahora provocó un desastre.

Para su sorpresa y alivio, Hiruko sólo la bajó con delicadeza y palmeó su cabeza.

-No te preocupes.

Te lo he dicho antes, si tu seguridad está en juego, bien podrías quemar toda la maldita ciudad.

Ileana sonrió ante sus palabras.

Quien no lo hizo fue la comisionada que oyó todo.

Decidió guardarse sus comentarios por el momento.

El trío observó cómo secciones del edificio caían en la recepción.

Afortunadamente, no se vino abajo por completo, aunque permanecería cerrado durante algún tiempo.

Eso hasta que la comisionada pareció recordar algo.

-¡Mierda!

¡Hay prisioneros allí dentro!

– exclamó.

En efecto, había personas detenidas en una estación de policía.

Siempre había gente allí.

-Apaga tu fuego vil y cuida de la comisionada- le dijo Hiruko a su compañera antes de salir disparado hacia el edificio.

Ya había acabado con los perros cyborg de la calle, pero temía que el gorila y los conejos salieran del edificio y atacaran a la bruja.

Por eso, envió un Kage Bunshin y un Mizu Bunshin discretamente, usando Henge no Jutsu para transformarse en escombros comunes.

Ambos tenían la misión de proteger a Ileana y la comisionada.

Obviamente, el clon que podía usar shunshin estaba destinado a la moldava.

Adentrándose en el edificio una vez más, Hiruko buscó las secciones donde estaban las celdas.

Las llamas de Ileana se habían disipado según su petición, por lo que sólo tuvo que lidiar con los escombros que caían periódicamente y un posible asalto de los servidores.

No hubo nada de lo último.

Tampoco parecía haber conmoción en la calle.

-Me cago en todo, maldita sea- gruñó el shinobi en cuanto llegó a las celdas, encontrándolas vacías y con agujeros enormes en las paredes.

Los mismos seguían en la siguiente pared, y la siguiente, y la siguiente hasta llegar a la calle.

Con todo el ruido provocado por el gorila, Ileana y los perros en la calle, nadie se percató de esta fuga.

¿Habría sido todo parte de un plan para liberar a alguien?

Liam no lo sabía, ni le importaba.

Atrapar prisioneros en fuga sería trabajo de la policía.

Él e Ileana tendrían que sumergirse en las alcantarillas y visitar esa base secreta.

Era hora de ajustar cuentas con el tecno-sacerdote.

–  El alcalde despertó en un lugar más que extraño.

Extraño, desconocido y asqueroso.

Su cuerpo rechoncho y grasoso estaba completamente desnudo.

Sus extremidades atadas al igual que su cuello.

Frente a él, mesas cubiertas por telones de plástico semi transparentes se esparcían sin un orden aparente.

Logró vislumbrar formas pequeñas y peludas debajo de los telones, con sangre y artefactos tecnológicos.

Eso casi le hizo vomitar.

El olor tampoco ayudó en eso.

El siseo de una puerta al deslizarse captó su atención hacia una esquina de la sala donde despertó.

Una figura más que perturbadora hizo acto de presencia.

Un repiqueteo lento, constante y pesado abrumó su audición, al igual que el indistinguible sonido de un respirador, como una más cara de gas.

Volutas de vapor eran expulsadas de rendijas horizontales, éstas pertenecientes a una placa de metal en la parte inferior de la cara de un hombre, a modo de bozal.

Un torso cubierto en una camisa blanca y una bata de laboratorio del mismo color.

Un par de ojos, uno natural y otro cristalino, con un brillo azulado lo miraron sin emoción alguna.

Hasta ahí todo estaba normal, dentro de lo que cabría esperar dada la situación.

Fue la parte inferior lo que le provocó náuseas al alcalde.

La cintura del hombre estaba recubierta por una faja metálica y lo que siguió no fueron piernas comunes.

Un bulto gigante se extendió hacia atrás, con una especie de cola hinchada hasta el extremo.

No, no hinchada.

Era un aguijón.

De ese bulto similar al de una avispa, emergían tres pares de patas a cada lado, con siete articulaciones todas ellas, y un recubrimiento de vellos largos y gruesos, similares a cables metálicos.

Parecía una mezcla repulsiva entre hombre, metal, araña y avispa.

Y esa abominación habló.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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