En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Siguiendo el Rastro
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5: Siguiendo el Rastro 5: Siguiendo el Rastro —Señora, aquí está el registro que solicitó— enunció una voz serena.
Los pasos de sus tacones altos resonaban en la oficina.
Colocó una carpeta de documentos sobre un escritorio de madera.
—¿Qué sabemos de este meta humano?— preguntó una mujer sentada detrás del escritorio.
Portaba un traje oscuro, típico de los trabajadores del gobierno.
Una placa de identificación colgaba de su chaqueta.
—No mucho, de hecho— comenzó a resumir la información la asistente que trajo los documentos, su postura firme.
—No tenemos registro de nacimiento, ni identificación de ningún tipo.
Su rostro nunca apareció en hospitales, orfanatos o escuelas.
No posee permisos de conducir, aunque dada su aparente edad, es comprensible.
—¿Entonces creció en las calles?— entrecerró los ojos ante la falta de documentación.
Muy pocas personas viven sin dejar un rastro de su paso.
Más aún un niño.
—El avistamiento más antiguo que podemos corroborar es de hace unos 8 años.
Aquí— dijo la asistente mientras colocaba un dispositivo en el escritorio.
Tras un parpadeo de luz intermitente, emitió un haz de luz, reconstruyendo una escena algo pixelada.
—Esta es una grabación de una cámara de seguridad en un aparcamiento, en Central City.
La proyección mostró una escena nocturna.
Un grupo de asaltantes acorralaron a un hombre en una esquina del aparcamiento.
Parecían meros pandilleros intentando obtener monedas para una noche de bebidas o drogas.
En un segundo, una figura bajita se deslizó silenciosamente entre los autos a espaldas de los asaltantes.
La cámara, ya de por sí antigua, no pudo captar correctamente el movimiento de la figura.
Se vio un borrón saltando hacia los matones, inmovilizando a uno con un golpe en la cabeza.
No parecía portar armas, pero dada la calidad de la proyección, se asumió que empleaba una roca.
Tras unos veinte segundos de pelea, la figura derribó a los matones y pareció darle unas palabras al hombre que estaba siendo asaltado.
Examinó a los hombres caídos y les robó la billetera.
Acto seguido, saltó sobre un auto y desapareció de la escena.
—Increíble.
Abatió a 4 hombres adultos por su cuenta.
¿Qué edad podría haber tenido en ese momento?— interrogó a su asistente.
La mujer se acomodó las gafas y respondió.
—Por las imágenes, se ha determinado que tenía entre 5 y 7 años.
—Definitivamente meta humano— asintió la mujer en el escritorio.
—¿A dónde se ha ido ahora?”.
—Hace unas semanas se reportó cierto incidente en Portland.
Super Girl se encontraba de paso cuando detectó una conmoción en algunos edificios.
Allí se encontró con algunos hombres y mujeres armados ligeramente.
También se topó con nuestro objetivo.
—Me enteré de eso.
Aparentemente, la chica fue engañada por los mercenarios y le hicieron creer que el chico era su líder o algo así.
Realmente patético— se burló la agente.
Su asistente estuvo de acuerdo.
Cosas como esta suelen ocurrir cuando esos super humanos sin entrenamiento hacen lo que les da la gana.
—Hiruko.
Gracias a ese incidente pudimos rastrear un poco el pasado de este individuo.
En cualquier caso, tras haber sido sometido y logrado escapar de Super Girl, se desplazó hacia el este.
La asistente abrió la carpeta y ojeó algunas páginas.
Sacó una hoja en particular y se la entregó a su jefa.
—Según el relato de Super Girl, este Hiruko es un sujeto bastante veloz, capaz incluso de sorprenderla momentáneamente.
Destacó una capacidad de movimiento fuera de la norma, incluso entre otros meta humanos.
Pudo recorrer casi medio kilómetro en tan sólo unos segundos.
—Eso explica cómo llegó a Maine en tan poco tiempo— murmuró la jefa, ojeando los reportes que involucraron a Hiruko en su viaje hacia el este.
Capturó a algunos ladrones, detuvo unos robos de banco, incluso dejó a un potencial pirómano a las afueras de una estación de policía, junto a la evidencia material de las actividades planeadas por ese psicópata.
—Hemos logrado deducir que este Hiruko no parece ser un personaje dado a grandes hazañas.
No busca gloria o reconocimiento, ni le importa ser el centro de atención.
No busca enfrentarse a amenazas grandes con la esperanza de captar la atención de los héroes consagrados— continuó la asistente con la evaluación.
—Elige ayudar de la forma más mundana.
Ladrones, asesinos, violadores, secuestradores son sus principales objetivos.
Y parece tener…
algo de agresividad contra este tipo de criminales.
La jefa alzó una ceja.
La asistente buscó otra hoja con información detallada.
—No es de los que atrapa a los criminales sin más.
Todos los sometidos por su mano presentaron daños físicos, algunos más leves que otros— dijo mientras su rostro se retorcía levemente.
Entregó el documento a la mujer sentada.
-“Ladrones, heridas leves.
Secuestradores, igual.
Violadores…
Fracturas, desgarros y …
mutilación— leyó en voz alta la agente.
—Hmm, tiene una vena vengativa.
Quizás fue un asesino/violador el responsable de que quedase huérfano tan joven” – analizó la mujer.
—Podría ser.
De todas formas, sabemos que se ubica en algún pueblo de Maine, aunque, dada su velocidad de desplazamiento, bien podría saltar de una ciudad a otra diariamente.
—Lo dudo— expresó la agente.
—Es rápido, eso seguro.
Pero no parece ser un velocista.
—¿Debería enviar un equipo para vigilar entonces?— preguntó la asistente.
Para su sorpresa, la mujer se levantó del escritorio y tomó la carpeta llena de documentos.
Empezó a salir de la oficina mientras decía, con una sonrisa en su rostro.
—Nada de eso, Clare.
Haz tus maletas, nos vamos a Maine.
***************************** —Este mundo tiene serios problemas, hombre— se quejó Liam mientras corría por los tejados de las casas.
Tras él, un grupo de patrullas policiales rodeaban un auto volcado.
Acababa de interceptar a unos pandilleros que hicieron un desastre en un restaurante, a unas cuadras detrás.
Por razones que a Liam no le importaban, entraron al local y golpearon a un mesero.
—Rufián tras rufián y siguen sin tener fin ¿Cómo se sostiene eso?
Hay bati-locos con tecnología avanzada, alienígenas ultra-poderosos y dios sabe que otros raritos en malla.
Y a pesar de todo, todavía hay una marea de criminalidad alucinante.
Desde su encuentro no muy fortuito con la rubia, Liam decidió que era hora de cambiar su ubicación general.
Una cosa útil de este universo paralelo es que, a donde sea que vayas, hay villanos.
Cualquier cosa ayuda con tal de ganar más Ryo y aumentar el poder.
Así lo veía Liam.
El progreso era lento, no obstante.
Tras diez años de actividad, Liam estaba lejos de alcanzar un nivel de fuerza con el que se sintiera satisfecho.
Parte de eso fue culpa del Sistema.
Los puntos que obtenía para comprar más técnicas y afinidades elementales fueron muy escasos, y ni hablar del progreso de su plantilla.
Eso tuvo una razón.
Liam no estaba dispuesto a matar gente.
La plantilla shinobi orientó el sistema a recompensar las actividades shinobi.
Y la más premiada no era luchar o mejorarse a sí mismo.
No, las mejores recompensas vinieron con el acto para el que los shinobis fueron creados: asesinar.
El sonido de las sirenas alcanzó a Liam, desviando su atención para localizar el origen.
Un espeso humo brotaba de un centro comercial.
Un incendio.
Saltó nuevamente a la acción, tejiendo sellos manuales para sofocar las llamas con un par de olas.
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