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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 50

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  4. Capítulo 50 - 50 ¡A Las Alcantarillas!
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50: ¡A Las Alcantarillas!

50: ¡A Las Alcantarillas!

-Al fin despiertas.

El alcalde no dijo nada.

No se atrevió a hablar en frente de este monstruo.

La criatura no se inmutó y siguió acercándose, sus manos examinando un panel al lado del hombre.

-Fue complicado medir tu peso, así que tuve que preparar un somnífero capaz de derribar a una vaca.

Nada personal, ya sabes- comentó, asintiendo en dirección a la enorme y flácida panza del hombre.

El alcalde continuó guardando silencio.

-Durante algún tiempo, realmente pensé podrías hacerle bien a esta ciudad.

Te di mi voto y todo.

Pero cuando te casaste con los White, y te convertiste en cómplice de todo su repugnante negocio…

– No culminó su frase, aunque la ira que destilaba en su extraña voz era espesa y casi palpable.

-Luego se sumaron más, y más, y más.

Para cuando me di cuenta, toda la cima de Jump City estaba podrida, corrupta, una putrefacción que se derramaba hacia los estratos inferiores de la ciudad, empapando a la gente de a pie y convirtiendo la vida de personas inocentes en un infierno- escupió, de alguna manera, esas palabras con su tono mecánico.

Finalmente se alejó unos pasos del alcalde, para gran alivio del hombre, y continuó su monólogo.

-¿Y sabes que pensé?

Nada.

Sólo pude sonreír ante la ridiculez de todo el asunto.

Sin embargo, donde otros vieron desesperación, yo vi oportunidad.

Mi oportunidad.

Y tú, mi grasoso alcalde, serás otro pequeño paso en mi gran plan.

Mientras salía de la sala, un chirrido similar al de un canto de pájaro resonó en el lugar.

El hombre revisó su muñeca, de la que se desprendió una sección de carne y mostraba una especie de pantalla.

El alcalde notó que la figura monstruosa del hombre se tensaba unos segundos y suspiraba después.

Se volvió hacia el alcalde y su tono de voz artificial obtuvo otro matiz, esta vez de ira.

-Pero supongo que primero tendré que deshacerme del mocoso.

Y con esas palabras, salió de la habitación, dejando al alcalde con el corazón a punto de estallarle en el pecho.

– Mientras los equipos de bomberos, paramédicos y oficiales de otras estaciones inundaban el lugar, Liam, Ileana y la comisionada se apartaron un poco, esta última siendo atendida por si acaso.

Al albino no se le escapó la ironía en todo este asunto.

-Bueno ¿Podrías explicar que mierda pasó?- interrogó a la comisionada en tono burlón.

La mujer le dirigió una mirada de muerte por ese golpe, pero negó con la cabeza en derrota.

-De acuerdo, es justo.

Lo dejaré pasar- dijo, alzando los brazos en señal de derrota.

Un oficial se acercó corriendo, llamando la atención de la comisionada.

Al mismo tiempo, el teléfono personal de Liam sonó.

-¿Qué pasa, señora White?- preguntó Liam mientras se alejaba un poco para oír mejor.

-Hiruko, creo que algo le sucedió a mi esposo.

No ha llegado del trabajo y no contesta su teléfono- dijo Elizabeth White en un tono desconsolado.

Con su oído mejorado, Liam escuchó el informe del oficial, captando inmediatamente dos palabras clave: alcaldía y destrucción.

-No se preocupe, señora White.

Tengo una idea de dónde podría encontrar a su esposo.

La llamaré luego – terminó la llamada y se volvió hacia la bruja, quien masticaba una barra de chocolate que sacó quien sabe de dónde.

-Ileana, mi querida y hermosa dama, tenemos una nueva misión – aunció el shinobi.

A un lado, la comisionada se acercó con paso firme, su expresión solemne.

-Hiruko, tenemos un problema muy serio.

-Lo se, el alcalde podría haber sido secuestrado.

Y apuesto a que tú también ibas a ser tomada, si no hubiéramos llegado.

La mujer parpadeó.

No había considerado esa posibilidad.

Por su parte, Ileana subió a los brazos de Liam mientras aún masticaba su chocolate.

-¿A donde vas?

– preguntó la comisionada.

-A buscarlo.

Tus oficiales estarán ocupados con los prófugos.

Concéntrate en eso, la gente podría salir lastimada con esos locos sueltos.

Nosotros nos encargaremos de los servidores.

-Ujum, ujum, con-ía, erra (confía, perra)- dijo la moldava con la boca llena de chocolate.

Una vista indecorosa para una dama, pero el objetivo era ser irrespetuosa con la jefa de policía.

Ambos desaparecieron en un borrón de movimiento y la comisionada no pudo hacer más que fruncir el ceño y ponerse manos a la obra.

Hiruko e Ileana alcanzaron una sección abandonada de la ciudad en unos 10 minutos, específicamente una serie de almacenes viejos y polvorientos.

Se adentraron en uno de éstos, descendiendo hasta el sótano.

-Así que ¿Sabes a dónde vamos?

– preguntó la bruja con una mueca al sentir la suciedad pegándose a sus prendas.

-Sí.

Ya había mapeado un poco este pasaje.

Al menos, podremos encontrar la entrada de la base enemiga.

Lo que haya dentro, no puedo decirlo.

-¿Y esa base estará muy sucia?

-Mucho.

Caminaremos por las alcantarillas de la suciedad.

-¿Alcantarillas?

¿Qué es eso?

-Hm, un lugar debajo de la ciudad donde la gente tira sus porquerías.

Excremento, ratas, insectos y un olor nauseabundo.

Lo habitual.

Ileana se detuvo en seco, su expresión de horror hizo que casi estallara en carcajadas.

No se había dado cuenta, pero poco a poco se abría más a la bruja.

-¡¡No, no no no no no, NO hay forma en de que esta Dama vaya a un lugar así!!

-Vamos, Mi Joven Dama.

Necesito su ayuda, no puedo hacer esto yo solo.

-Uuk, Bueno, si lo pones así…

Y así, la bruja y el shinobi se adentraron en el intrincado laberinto de alcantarillas de Jump City.

Pero su viaje no sólo estaría lleno de toda la porquería mencionada por Liam.

Un diminuto e imperceptible dispositivo de vigilancia captó sus movimientos en uno de los túneles.

Las alertas sonaron en la base donde el alcalde yacía prisionero.

Una quimera repulsiva de hombre, insecto y máquina se movió rápidamente, presionando una serie de botones en una enorme máquina de procesamiento.

Las bobinas se iluminaron, los engranajes se movieron, las compuertas sisearon, y el zumbido de los servomotores llenó el lugar.

Docenas de figuras monstruosas, mosaicos de carne y metal se levantaron de su letargo.

El objetivo estaba definido.

Aniquilación.

Mientras caminaban sobre una sección inundada de aguas negras, Ileana se aferraba fuertemente al cuello del shinobi, quien la sostenía en sus brazos, como si cargara a una princesa.

Sin embargo el ambiente era todo lo contrario a romántico.

-¡Puaj!

¡Qué asco!

– se quejó la bruja.

Lo había estado haciendo durante todo el viaje.

Liam puso los ojos en blanco.

-Sabes que puedes levitar por tu cuenta ¿No?

-Hm, de hecho.

Pero eso me agotaría.

-Caminar sobre el agua mientras te sostengo también me agota.

-¿¡Me estás llamando gorda!?

-No, no.

Sólo digo que-  Los sentidos de Liam se agudizaron, el brillo en sus ojos carmesí aumentó.

Sus instintos shinobi advertían de una amenaza.

-Enemigos.

Rodéanos con tu magia y quema todo lo que te encuentres, pero prepárate para soportar el hedor – ordenó a su compañera, ya entrando en el modo Hiruko.

Una bruma verde se extendió a sus alrededores, en un radio de varios metros, cubriendo todos sus puntos.

Casi todos, al menos.

-¿No nos protegerás abajo?

– preguntó Hiruko.

-¡No!

¿Estás loco?

Puedo sentir todo cuando extiendo mi magia.

No voy a recibir la información de lo que sea que haya en esta agua.

Hiruko suspiró.

Un punto ciego seguía siendo un punto ciego.

Decidió complacer a la bruja y liberó su chakra debajo de ellos.

A diferencia de ella, él no recibiría esa información.

También convocó un par de Mizu Bunshin, quienes le dirigieron una mirada de fastidio por la orden que les dio.

Maldiciendo todo el linaje familiar del cuerpo principal, los clones se sumergieron en las aguas negras, para interceptar cualquier emboscada acuática.

Para su alivio, sí que hubo una emboscada.

En un segundo fueron rodeados por cosas humanoides con piel babosa, verde, y aletas al final de sus extremidades.

Dispararon un par de Mizurappa, pero la velocidad de nado de los monstruos fue superior.

Los Mizu Bunshin activaron un par de etiquetas explosivas antes de ser disipados.

A varios metros de altura, en la superficie del agua, Hiruko sintió la activación de las etiquetas y saltó hasta el techo, sorprendiendo a la moldava en sus brazos y parándose verticalmente, con los pies pegados al concreto con el chakra y sus cabezas y cabello colgando.

-¡Kyaaaaaa!

– gritó Ileana cuando una explosión de agua putrefacta se elevó desde abajo, casi alcanzando su melena ahora colgante.

-Enciende todo – acalló el shinobi a la bruja.

Ileana dejó de jugar y la bruma que rodeaba el lugar se encendió en una conflagración de llamas viles.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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