En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 54
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- Capítulo 54 - 54 Verdadero Poder
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54: Verdadero Poder 54: Verdadero Poder Los monitores que habían estado registrando la pelea en la fábrica de repente fallaron.
Imágenes intermitentes del mocoso completamente vendado destellaban en las retinas del hombre quimera, tanto la orgánica como la artificial.
Pudo observar que mientras esto ocurría, otro de sus ordenadores registró un aumento repentino de carga eléctrica.
Ya lo había visto disparar rayos de la nada, pero esto era otra cosa.
Más peligroso.
-“Malditos Meta Humanos.
Simplemente no tienen sentido”- se quejó internamente.
El hombre no podía dilucidar cómo un mocoso podía moverse tan rápido y levantar casi trescientos kilogramos de masa animal y metálica con un solo golpe.
Tecleó rápidamente en la consola frente a él, logrando reajustar la imagen sólo para que su ojo natural casi se saliera de la incredulidad.
Sólo había oscuridad ante él.
Una negrura espesa, como boca de lobo.
Verificó el estado de sus cámaras, pero todas seguían en funcionamiento.
A su lado, una advertencia de sobrecarga eléctrica parpadeaba.
No comprendía qué era lo que estaba ocurriendo.
-Tendré que levantar a los Cinco- murmuró, mientras abandonaba la idea de seguir siendo un espectador.
Quería investigar él mismo y, de ser necesario, abordar el problema de Hiruko de una vez por todas.
Los monitores sólo mostraban oscuridad.
Oscuridad, y destellos azulados que aparecían intermitentemente.
Mientras tanto, las abominaciones de carne y metal que habían estado rodeando al shinobi desde todas las direcciones se vieron cegadas por nubes negras, las cuales abarcaron casi toda la extensión de la fábrica.
Un vórtice de estas nubes se formó desde el lugar donde Hiruko había estado de pie, reuniéndose y ampliándose en el techo de la fábrica.
En cuestión de segundos, todo el lugar estaba en la oscuridad.
Y con la oscuridad, vino el retumbar de un trueno.
Luego otro, y otro, y otro más.
El pelaje de las criaturas se erizó.
Su carne, escamas y quitinas vibraban por la energía ionizante que estaba inundando el campo de batalla.
Algunos sistemas empezaron a fallar.
Lo siguiente que captaron fue el ruido de explosiones a lo lejos.
Los más cercanos a las paredes sintieron una sacudida constante y poco después, trozos de metal ardiente cayeron sobre sus cabezas.
De haber tenido más inteligencia o estar controladas por el hombre quimera, se habrían dado cuenta de que las ametralladoras fueron destruidas.
Todas ellas.
Y entonces vino la luz.
Una luz cegadora que dilató las pupilas naturales y cegó los sistemas que se encargaban de la vista.
Con la luz vino el golpe eléctrico.
Y después del golpe eléctrico vino el retumbar de una tormenta.
¡BOOOOOOOM!
Tembló el metal y la roca por igual.
Las bestias recibieron una sacudida que frieron todos los sistemas aún funcionales, tanto biológicos como digitales.
Arcos eléctricos destellaban en todas direcciones, tan rápidos, tan destructivos, que ninguna bestia mecanizada tuvo tiempo de reaccionar antes de ser alcanzada.
Pero no se detuvo allí.
Relámpagos descendieron de la tormenta que giraba sobre sus cabezas, encontrando el metálico piso de la fábrica como su pareja ideal.
Todo lo que no pudiese volar recibió implacables descargas eléctricas desde arriba, desde los lados, y ahora desde el suelo también.
Todo estaba en un perpetuo movimiento.
Las nubes se movían, los relámpagos zigzagueaban de un lado a otro y el chakra salía a borbotones del cuerpo delgado y bajito del shinobi.
Hiruko pudo desatar una parte considerable de su poder, contenido en el pequeño cuerpo que recibió al llegar a este mundo.
Y fue liberador para él.
Su mirada fría y serena contemplaba el espectáculo de luces que había provocado, su nariz captaba el repugnante hedor de la carne quemada y sus oídos se deleitaban con el crepitar del rayo y el retumbar del trueno.
Parecía un Dios de la Destrucción, de pie impasiblemente mientras la aniquilación caía sobre sus enemigos.
Al menos externamente.
-“¡Santa Puta Madre de Zeus!
¿¡Eso pasa cuando no me contengo!?” – pensó.
El shock ante la calamidad que había desatado hizo que perdiera la estabilidad mental que ganaba cuando entraba en su modo Hiruko.
La razón de que su expresión facial no cambiase fue que estaba tan atónito que simplemente se congeló.
-“¿Si este cabrón era tan bueno, cómo demonios lo mataron en la película?
Y ni siquiera tengo el 100% de su poder original”.
La sorpresa inicial se calmó cuando el Jutsu empezaba a demandar más chakra para continuar su masacre.
Liam decidió deshacer la técnica para verificar los resultados.
Había puesto el 20% de sus reservas en esa técnica y necesitaba asegurarse de que no fuera puro teatro.
Poco a poco, la estática en el lugar desapareció y las nubes se difuminaron, como si nunca hubiesen existido en primer lugar.
La vista de la fábrica en la que había entrado cambió por completo.
Esto ya no era una planta de ensamblaje.
Eran ruinas.
La maquinaria quedó ennegrecida, agujereada, quemada y algunas hasta destartaladas por el azote de los relámpagos.
Las paredes y el suelo presentaban surcos, algunos provocados por las vendas del shinobi y otras por la intensidad de los rayos.
Charcos de sangre y restos dispersos de carne y metal yacían por todos lados.
Algunos cadáveres sólo estaban cocidos, mientras otros explotaron por la cantidad de electricidad que recorrió sus cuerpos.
No hubo sobrevivientes visibles.
Lo único de lo que Liam tenía que quejarse era el hedor.
Al final del día, estaba bajo tierra y no es que hubiera ventilación trabajando aquí.
Todo se mezcló en sus fosas nasales y fue muy asqueroso.
Pero aun con todo, no se olvidó de revisar lo más importante.
-Oye sistema ¿Ya está listo?- preguntó a nadie en particular.
Durante varios segundos, el shinobi no se movió de su lugar.
Ni siquiera sus ojos parpadearon.
-Mira el desastre que has provocado – dijo una voz lacónicamente, sin emociones, con un toque robótico.
Liam salió de su aturdimiento y se volvió al origen.
A varias decenas de metros se abrió una compuerta, que hace un segundo no era visible en la lisa pared de metal.
De ella emergió una figura bastante perturbadora, para los estándares normales de un mundo normal.
No tanto para este universo.
Liam, abandonando su mentalidad propia ante la visita del aparente jefe final, agudizó su mirada y encendió su chakra silenciosamente, listo para responder a cualquier ataque sorpresa.
Hiruko habló entonces con el hombre.
-Mira quién decidió hablar con normalidad.
Espero que no me traigas tu monólogo malvado para justificar esta mierda – dijo mientras señalaba la miríada de cadáveres en la destartalada fábrica.
-Hm, no haré eso, aunque es bastante estrecho de miras el no querer escuchar el punto de vista de otra persona.
Para alguien como tú, eso es peligroso.
Terrorífico incluso.
-¿Persona?
¿Tú, de entre todos los raritos del mundo?
– se burló el shinobi.
El hombre quimera lo ignoró.
-No comprendo, héroe Hiruko.
Estuve vigilándote, viendo tus actividades diarias en la ciudad.
Recopilé mucha información sobre tus habilidades, sobre tus capacidades.
Pero esto…
¿Por qué ocultar tu poder de ese modo?
-Porque no soy estúpido – respondió Hiruko.
El hombre quimera se impresionó internamente.
No esperaba que el chico fuera tan inteligente.
Liam, de hecho, empezó a ocultar sus capacidades cuando alcanzó cierto punto hace muchos años.
A pesar de no saber mucho sobre el Universo de DC, no era tan inmaduro como para no prever lo que ocurriría si un niño se moviera por las calles con poderes más allá de lo humano, sin identificación, sin recursos, sin apoyo.
Su mayor temor era la gente como Amanda Waller.
Gente que buscaría ponerle una correa al cuello para utilizarlo.
Claro que él no sabía lo peligrosa que era ella, ya que sólo recordaba vagamente al personaje en una película live action de su mundo.
Pero no se equivocó sobre los riesgos de mostrar libremente su verdadero poder.
Aunque este mundo se encontraba en la década de los 90, había sujetos con tecnología muy avanzada, que fácilmente le seguirían el rastro si anduviera desatando tormentas por doquier.
Lex Luthor o el maldito gobierno eran sus principales preocupaciones, pero estaba seguro de que habría un montón más de los que no sabía nada.
Por eso nunca mostró sus verdaderas capacidades en público.
Incluso cuando estaba seguro de que nadie lo perseguía, incluso antes de ser abordado por Amanda en Maine, Liam/Hiruko nunca demostró estar a la altura de un ninja de rango S.
Aunque ni en el anime ni en el manga se reflejó correctamente este hecho, los shinobis de rango S en Naruto eran calamidades andantes.
-Tanto tú como yo sabemos que, si hubiese mostrado de lo que era capaz, nunca habría tenido una vida tranquila.
O bien tendría que convertirme en un héroe de verdad, o el gobierno me hubiera perseguido con la intención de domesticarme.
-Muy cierto – estuvo de acuerdo el hombre quimera.
Luego preguntó.
-¿Y qué cambió ahora?
¿Por qué de repente decides exponerte?
– preguntó el hombre.
Hiruko alzó la mano y levantó tres dedos.
-Primero, no estamos en la calle.
Nadie verá ni sabrá nada de lo que pasó aquí.
Segundo, necesitaba alcanzar una meta, cosa que hice hace un momento.
Gracias por ofrecer la XP, por cierto.
Y tercero, tú no vas a decir nada – concluyó el shinobi.
El hombre quimera se confundió con lo de la XP.
Tampoco se perdió la insinuación del tercer motivo.
-¿Planeas matarme?
Y yo aquí pensando que intentabas redimirte.
Después de todo, estás en libertad condicional ¿Verdad?
-¿Qué me impide destruir tu cerebro y afirmar que eras una máquina loca que se salió de control?
– replicó Hiruko.
-Entonces espero que esa meta tuya valga la pena- sentenció el hombre, mientras más compuertas se abrían detrás de él.
-Oh, no sabes cuánto me alegra que dijeras eso – se burló Hiruko a la vez que tejía sellos manuales metódicamente.
La razón por la que se quedó atrás y se arriesgó a exponer su poder fue el progreso de la plantilla de personaje.
Más específicamente, la recompensa que vino al obtener el 80%.
Kuchiyose no Jutsu Su palma tocó el suelo, extendiendo símbolos oscuros por el mismo.
Detrás del shinobi se desató una nube de humo gigante.
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