En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 55
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55: ¡Invocación Quimera!
55: ¡Invocación Quimera!
El hombre quimera se sentía confiado.
Había estudiado bien al meta humano que se hacía llamar Hiruko durante su estancia en Jump City.
Lo había visto realizar todo tipo de hazañas sobre humanas.
Y se preparó para ello.
Cinco, su más grande y poderosa creación, fue modificada para poder enfrentarse al shinobi.
Una verdadera quimera, forjada por sus propias manos.
Cinco era su boleto de entrada al estrellado y al mercado internacional.
Con él, la gente lo respetaría, los gobiernos le temerían y los interesados le pagarían.
Con él, no tendría que esconderse en las sombras nunca más, no tendría que llevar la amargura que se encoñaba en su corazón por la injusticia sufrida a manos de los poderosos.
Él se convertiría en el más poderoso.
Tomaría justicia por su propia mano, tomaría a Jump City y la limpiaría de su putrefacción.
Sería su base, su santuario.
Y el joven arrogante frente a él afirmó que lo mataría aquí, en su propio hogar.
¡Qué audacia!
-Entonces, espero que esa meta tuya valga la pena – dijo el hombre quimera, activando la señal para que Cinco se mostrase.
El ruido una compuerta gigante en proceso de abrirse llegó a sus oídos.
Sintió la pesada marcha de Cinco.
Tomaba algo de tiempo completar la unión de sus partes, por eso había salido a hablar un rato con el chico.
Eso y por curiosidad de cómo se deshizo de su ejército tan rápido.
La vista de charcos de sangre, cuerpos destrozados, humeantes y el metal sobrecalentado le dio un indicio.
Pero no importaba.
Sus rayos no podrían derribar a Cinco.
Incluso si la mujer estuviese con él, no serviría de nada.
También incorporó contramedidas para su…
peculiaridad.
Y Cinco hizo acto de presencia, en todo su esplendor.
Un cuerpo masivo y abultado, reforzado por quitina, placas óseas y metálicas en todo su cuerpo.
Su cabeza era la de un insecto, bastante gruesa y de aspecto duradero, con un cuerno saliendo de su frente, tan afilado como una cuchilla.
Lentes rojizos fijaron su mirada en el shinobi.
La base de la criatura se asemejaba a la de su creador.
Seis patas enormes se abrían a los lados, elevando el marco monstruoso a más de 8 metros de altura.
A diferencia del hombre quimera, la criatura no tenía un aguijón de avispa.
En su lugar, se extendieron barras metálicas y crepitantes con energía que Hiruko desconocía.
El hombre quimera esperaba que el shinobi diera una buena batalla.
Necesitaba probar las capacidades de su creación.
Pero su actitud confiada se sacudió con las palabras del mocoso.
-Oh…
No sabes cuánto me alegra que dijeras eso.
Y vio cómo el albino hacía sus gestos extraños, una especie de comando para desatar sus poderes.
Ya lo había registrado.
Para su horror, no surgieron rayos, ni agua, ni duplicados, ni se endureció ni desapareció en un estallido de velocidad, como lo había visto hacer en múltiples ocasiones.
Lo que ocurrió cuando Hiruko golpeó el suelo con su palma fue una onda de energía saliendo de su cuerpo, el aire siendo desplazado de detrás de él, como si algo fuera a ocupar el espacio a la fuerza.
Y algo lo hizo.
Una explosión de humo se desató a espaldas del albino.
De repente, el crujido del suelo al agrietarse resonó, y una sombra se cernió sobre Hiruko.
Con un batir de alas, se mostró una bestia gigante, más grande que Cinco y de apariencia incluso más extraña.
Hiruko habló entonces, ante el atónito hombre quimera y su supuesta creación perfecta.
-¿Por qué no resolvemos esto como caballeros?
– sugirió el albino y el hombre quimera no supo cómo responder durante unos segundos.
Finalmente, y con mucha cautela, preguntó.
-¿A qué te refieres?
Pudo ver una sonrisa maníaca formarse debajo de sus vendas.
Sus ojos destellaban diversión mientras se cruzaba de brazos en su posición elevada.
-Déjalos pelear – dijo en un tono serio, pero con un toque orgullo.
Como si disfrutara el momento y la oportunidad de decir esas palabras.
Y el monstruo extraño que apareció de la nada se abalanzó con un salto y un batir de alas contra Cinco.
– -“Kukuku, jaja, muajajaja ¡MUAJAJAJAA!
Mierda, mierda.
Lo dije, hombre.
Serizawa estaría orgulloso de mi” – pensó Liam con el corazón lleno de orgullo.
Decidió calmarse y mirar la batalla de monstruos que se orquestó.
El hombre araña insecto se movió apresuradamente del lugar, corriendo con esas patas de araña a toda velocidad para dar espacio a los monstruos.
Como esperaba, la creación del jefe final activó una barrera de energía con esas barras que sobresalían de su espalda, logrando bloquear el asalto inicial de la quimera invocada, aunque no sin consecuencias.
La fuerza del golpe empujó al robot insectoide, sus patas aferrándose al suelo destrozado y dejando surcos.
Cuando se detuvo, eliminó los escudos y cargó contra la quimera, sus brazos monstruosos hinchándose, alimentados por químicos y dios sabe que otras locuras para potenciar sus puñetazos.
La quimera reaccionó al golpe, pero en lugar de esquivar, se lanzó de cabeza, atrapando el puño con sus placas óseas.
La tierra tembló por el impacto, una onda de choque levantó polvo y escombros.
La fuerza de estas criaturas no era una broma.
La quimera dio un zarpazo, que fue bloqueado por una versión pequeña y localizada del escudo de energía.
Sorprendentemente, resistió el golpe.
El robot sostuvo la cabeza de la quimera por los lados, girando en su lugar y arrastrando a la quimera a un lado, lanzándolo contra la pared.
Antes de chocar, la quimera extendió sus alas y pateó el suelo, elevándose en el aire y trazando un arco alrededor del insecto mecanizado.
Abrió sus fauces y desató un chorro de llamas.
Como si el mismísimo Madara convocara el infierno, la abominación fue bañada en un mar de fuego de pies a cabeza.
La temperatura aumentó de tal modo que Hiruko convocó una prisión de agua a su alrededor.
No era inmune al fuego ya que su afinidad con ese elemento era terrible.
-¡ROOOOOOAAAAAAR!
– bramó la creación.
Hiruko frunció el ceño.
Ese rugido no fue de dolor.
Fue de desafío.
Un crepitar se superpuso a la conflagración y un brillo azul pareció surgir de las llamas.
Hiruko vio una bola de energía concentrada sorbe la cabeza del monstruo mecanizado, alimentada por las barras que salían de su espalda.
-Así que no sólo son para defensa- murmuró.
La bola de energía fue disparada a gran velocidad, impactando el pecho de la quimera en una explosión de plasma.
La invocación salió disparada hacia la pared, incrustándose en ella y agrietando el metal y la roca por igual.
Hiruko sintió peligro y se movió de su posición, una salva de plasma acribillando la zona un momento después.
Se volvió al hombre araña insecto, de cuyas manos salían cañones crepitantes.
-¿No acordamos que lucharan los monstruos?
– interrogó al hombre.
Este se encogió de hombros y disparó más fuego láser.
-No soy un hombre dado a los juegos, niño – comentó mientras enviaba una ráfaga de disparos contra el shinobi.
Liam se quejó para sus adentros.
Quería ver la pelea de los monstruos gigantes porque ¿Quién no querría?
Con un suspiro, activó la Liberación Veloz y la Liberación Acero.
Acabaría con el tipo antes de que terminase la pelea de monstruos, mucho más interesante que el doctor araña.
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