En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 56
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- Capítulo 56 - 56 Monstruo VS Monstruo
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56: Monstruo VS Monstruo 56: Monstruo VS Monstruo -Grrrr- retumbó un gruñido gutural, haciendo temblar las paredes agrietadas que rodeaban la imponente figura de la invocación quimera.
La criatura salió del agujero, sacudiéndose los escombros y el polvo que manchaban su magnánimo cuerpo.
Vio el horror de carne mutada y metal corriendo en su dirección, arcos de energía crepitante danzando sobre su espalda.
Las barras parecieron doblarse y una abertura empezó a brillar en la punta de los cilindros.
Un instante después vino el fuego láser.
La quimera resopló.
Tales ataques eran más como piquetes de mosquito.
Molestos, pero nada que no pudiera manejar.
Lanzó un rugido de desafío y cargó hacia la cosa con patas de araña.
Podría simplemente volar y quitarle la cabeza, pero los escudos que levantaba eran formidables.
Eso, y que su invocador quería verlo luchar.
No se dijeron palabras, no hubo comunicación de ningún tipo.
Pero la quimera sabía las intenciones de su invocador.
Y como su subordinado, según la configuración del sistema, él iba a obedecer.
Sus pasos agrietaban el suelo ya en ruinas, el peso era inmenso y la velocidad aumentó.
La abominación mecanizada corría con arcos de energía y, a su pesar, se vía bastante genial.
La quimera no estaba dispuesto a ser menos increíble a ojos de su invocador.
Un mar de llamas se encendió alrededor de su cuerpo, aumentando la temperatura y dándole un aspecto más infernal.
Ahora sí era una batalla de Monstruos.
Las criaturas gigantes chocaron de frente, la ciencia y la ingeniería contra la carne y el kinjutsu.
Otra onda expansiva levantó polvo y escombros, pero ambos lo ignoraron.
La quimera abrió sus fauces, enviando un chorro de llamas a la cara del monstruo mecanizado.
Una de las patas de araña se clavó en su hombro, aferrándose como un anzuelo y desviando el fuego.
En su lugar, una lluvia de láseres y plasma acribilló el rostro de la quimera, haciéndole gruñir de dolor.
La intensidad de los rayos había aumentado.
Sus colas con boca de serpiente se incrustaron en la quitina de Cinco, clavando sus colmillos e inyectando una secreción altamente venenosa.
Cinco rugió de ira y clavó un puñetazo en represalia, agrietando el cuerno de la invocación quimera.
Ambos combatientes se separaron, Cinco con una de sus patas rotas y la quimera con un dolor sordo en su frente.
La quimera rodeó a la construcción, como un depredador.
Caminó en círculos, ignorando el fuego láser, el cual era atajado por una de sus alas.
No quería admitirlo, pero estaba en un punto muerto.
A pesar de tener más masa y tamaño, los artilugios tecnológicos de Cinco le daban una mayor versatilidad y le permitía igualar a la quimera.
Con el rabillo del ojo, vio a su maestro moverse a altas velocidades, golpeando una y otra y otra vez al feo hombre araña, quien se escondía detrás de un escudo de energía similar al de Cinco, aunque en miniatura.
Dejó que el maestro se encargara del pequeño.
Lo habían invocado para tener una batalla épica y mostrar sus capacidades.
No fallaría.
Se lanzó por otro asalto, esta vez apuntando a luchar inteligentemente.
– ¡Bam!
– un golpe sordo sacudió los huesos del hombre quimera.
Sus sistema de seguimiento no pudieron registrar la figura del shinobi para dispararle.
Menos de un segundo después, otro golpe desde su espalda.
Luego otro por un lado.
¡BAM!
¡BAM!
¡BAM!
-¡Es suficiente!
– rugió el hombre, activando la función manual de sus cañones y disparando una salva de láseres en todas direcciones.
Hiruko, con la piel ennegrecida y las vendas reforzadas, ignoró los láseres, permitiéndose recibir quemaduras horribles sólo para probar un punto.
No había salida de esto.
Reunió una gran cantidad de chakra en su puño derecho, mientras tejía sellos con la mano izquierda.
Una bola de electricidad crepitó en su palma, agrandándose hasta eclipsarla y la conectó con el escudo de energía.
Un chirrido desgarró sus oídos, pero no se detuvo.
El calor abrazó su mano, pero no se detuvo.
Finalmente, con un siseo apagado, el escudo del hombre cayó e Hiruko conectó su puño en el pecho del hombre, rompiendo algunos huesos de su caja torácica y mandándolo a volar.
¡Arghh!
– gimió el hombre araña insecto, una neblina roja siendo escupida desde las rendijas en su placa bucal.
Su ojo natural se entrecerró peligrosamente, a la vez que un comando mental desplegaba dispositivos triangulares de su cintura mecanizada.
Hiruko vio los discos similares a puntas de flecha volando en su dirección, una luz parpadeante en el centro.
No le costó adivinar lo que eran.
Deslizándose con la Liberación Veloz, el shinobi evadió cada artefacto, los cuales explotaron en cuanto sintieron la cercanía de su objetivo.
Basta decir que su reconocimiento era demasiado lento para Hiruko.
Serpenteó entre los discos, una miríada de explosiones comparables a la de sus etiquetas explosivas levantaban polvo y escombros detrás de él.
-No importa cuántos juguetes uses.
Sólo eres proyecto patético de monstruo – se burló el shinobi con voz fría, a unos pasos del hombre quimera.
Su momentánea arrogancia le costaría.
El hombre quimera se deshizo de dos de sus seis extremidades mecánicas, las cuales se fusionaron y crearon un enorme cañón que se sobrecargó de energía.
Todo sucedió tan rápido que el shinobi, en pleno vuelo, no tuvo tiempo de cambiar su dirección.
Kõton: Kōtetsu no kabe Hiruko extendió una mano, transformándola en un grueso e impenetrable escudo de acero.
No era partidario de usar jutsus de este elemento, pues el efecto no era tan increíble y el costo de chakra era bastante elevado.
Pero no tuvo más opciones.
El arma improvisada del hombre quimera pareció encender retrocohetes en su base, impulsándose hacia adelante, en dirección al shinobi a la vez que la bola de energía super cargada se empezaba a desestabilizar.
Todo esto ocurrió en un segundo.
Al instante siguiente, el arma hizo contacto con el escudo de Hiruko, y se desató una explosión de energía que arrojó plasma ardiente en todas direcciones.
El shinobi soltó un grito de agonía y salió despedido hacia el lado contrario, rodando por el suelo mientras sujetaba su brazo a su pecho.
Todo su cuerpo estaba humeante, sus vendajes reforzados por la Liberación Acero se empezaron a derretir, quemando su piel en el proceso.
Rápidamente se deshizo de ellos, quedando desnudo de la cintura para arriba.
El hombre quimera no perdió la oportunidad, saliendo disparado de la nube de humo con una lanza de metal que chisporroteaba con arcos eléctricos.
Hiruko reaccionó rápidamente, sacando un kunai, eliminando su Liberación Acero de su mano sana y enviando su propia corriente eléctrica al kunai, nulificando el efecto de la lanza con una carga similar.
El choque de metal contra metal resonó en el lugar, e Hiruko fue arrastrado hacia atrás.
Las patas mecánicas del tipo podían ejercer más potencia que él.
-¿Y yo soy el monstruo?
– se burló el hombre quimera, mirando las facciones de Hiruko.
Particularmente, su boca anormalmente grande y los colmillos inhumanos que podía ver.
A diferencia del Hiruko original, el cuerpo de Liam era bastante normal, a excepción de ese único detalle.
-Me tienes.
Pero todos somos un poco hipócritas ¿No?
– se rio Hiruko, acunando su brazo herido y quemado, pero aun dispuesto a luchar un poco más.
Él se encontraba en la misma situación que su invocación.
Podría terminar esta pelea si quisiera.
Sólo tenía que inundar el campo de batalla con la Liberación Tormenta.
Pero no podía permitírselo.
Encontrar buenos oponentes para perfeccionar sus habilidades no era fácil.
Hacerlo públicamente, mostrar más de lo que le gustaría y potencialmente dañar a más gente sólo le traería problemas.
¿Pero aquí abajo?
Este bien podría ser un campo de entrenamiento.
-Tu arrogancia, muchacho, sellará tu destino – dijo el hombre e Hiruko puso los ojos en blanco.
-Deja de ser tan dramático- se quejó mientras rompía el punto muerto y empezaba una danza de taijutsu alrededor del hombre, su kunai desviando la lanza y tus pies azotando las partes mecánicas del hombre.
Entre idas y venidas, Hiruko logró plantar un puñetazo a la mandíbula protegida del hombre, rompiendo la máscara de metal y haciéndole retroceder.
Para su decepción, no había mandíbulas de araña o una herida mortal.
El sujeto simplemente era feo.
-¡Ya basta!
– gritó, una vena palpitante en su frente.
-¡Me cansé de jugar, mocoso.
He trabajado demasiado pa- Sus palabras se interrumpieron cuando Hiruko apareció a su lado, una hoja pequeña trazando un arco horizontal y perforando su cuello.
Completamente en shock, el hombre giró su ojo natural hacia el albino.
El chico lo miró con indiferencia mientras la hoja seguía su camino, cortando músculo y hueso por igual.
Un instante después, la cabeza del hombre quimera rodó por el suelo.
La enorme boca del shinobi se torció en una mueca.
Frunció el ceño a la cabeza que aun lo miraba, sin lograr entender lo sucedido.
-Y tenías que arruinarlo con un monólogo malvado.
Odio esa mierda- escupió Hiruko.
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