En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Secretos Y Mentiras
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58: Secretos Y Mentiras 58: Secretos Y Mentiras -¿No está tardando demasiado?
Quiero irme, quiero ducharme y comer algo- se quejó Ileana mientras cruzaba los brazos.
A su lado, el Kage Bunshin la ignoraba, sus ojos vidriosos, como si viera algo más allá de ellos.
Ileana lo notó e hizo un puchero.
-¡Hmph!
La Hermandad del agua tiene más modales- murmuró por lo bajo.
-Puedo oírte, y ellos no son más educados, simplemente les gusta mimarte y joder al jefe, porque saben que al ser disipados no lidiarán con eso.
-Así debería ser – asintió ella, provocando que el Kage Bunshin suspirase.
Miró a su alrededor y tejió sellos manuales.
Luego golpeó el suelo con su palma, enviando una onda masiva de chakra.
La mandíbula de la moldava casi se le cae al suelo cuando la tierra empezó a temblar y un muro gigante de roca salió del suelo a unos metros de ella.
Cubrió toda la superficie que ocupaba la puerta de metal, extendiendo una nube de polvo cuando se incrustó en el techo y las paredes a los lados.
-¿¡Q-q-q-qué carajo!?
– exclamó, la incredulidad aun abrumándola.
-Está bien, está bien.
Acabo de obtener la iluminación- dijo con una mirada tranquilizadora.
La bruja le mostró una mueca de ¿Enserio?
Ante la flagrante mentira.
-Vamos, Ileana.
Sabes lo que quiero decir.
Por eso no te prestaba tanta atención hace un momento.
-¡Lo sabía!- acusó ella con un dedo.
El Kage Bunshin suspiró y levantó las manos en señal de derrota.
Esta mujer a veces parece una niña y a veces una visionaria malévola.
Mientras ambos iban y venían, el tiempo continuó su curso hasta pasar casi dos horas.
El clon se estaba quedando sin chakra, ya que mantener su mera existencia es motivo para consumir el chakra con el que fue formado.
A su lado, Ileana yacía dormida, con un cambio de ropa y todo.
Cuando comenzó todo este lío ya era tarde en la noche y actualmente eran las 03:00 AM.
La mujer ya no podía continuar despierta, por más que se negara a admitirlo.
El clon decidió ser un caballero y compró una lista de cosas en la tienda del sistema.
Un futón, una almohada, un par de jutsus de estilo tierra y agua, así como unas bolas de arroz, todo, por supuesto, pertenecientes al mundo ninja de Naruto.
Así, Ileana pudo comer, darse una ducha detrás de algunos muros levantados por el clon y con una regadera personalizada, salida de las manos del clon, y ahora dormía pacíficamente sobre una plataforma de tierra.
-Los demás nunca me dejarán olvidarlo.
Malditos Mizu Bunshin – murmuró mientras miraba un punto en el suelo que parecía deslizarse, como una compuerta.
Del lugar emergió una rata bastante fea, con una especie de bolso atado a su espalda, algunos tentáculos de cables con garras en las puntas.
Herramientas para sujetar cosas, más que para atacar.
La criatura se movió cautelosamente, dándose la vuelta para verificar el estado de su puerta, sólo para caer de espaldas ante lo que vio.
Su puerta ya no existía, ahora sólo había un gigantesco muro de piedra, cerrando el camino.
-¿¡Qué mierda!?
– chilló el animal y el clon pudo adivinar de qué se trataba todo ese extraño acontecimiento.
Se movió rápidamente, apareciendo detrás de la rata, la cual era tan grande como un gato, y pudo observar mejor sus rasgos.
Patas más largas y de un material extraño, una cola formada por cables superpuestos, placas de metal en forma de costillas cubriendo su torso y una cabeza igualmente metálica.
-Es demasiado estúpido escapar por la entrada.
Debiste tener alguna otra ruta de salida, una diferente y pequeña para que esto no sucediera – comentó el clon, paralizando una vez más a la pequeña rata mecanizada debajo de él.
La criatura se dio la vuelta lentamente y sus ojos de cristal brillaron con desconcierto.
El mocoso que lo había matado sin piedad estaba aquí.
-Yo…
No pensé en eso- admitió a regañadientes.
No es como si pensara que lo fueran a matar en su propia casa, con todas sus creaciones protegiéndolo.
-Hm, para ser un genio de la bio-ingeniería, te falta sentido común.
-Nadie puede saberlo todo, muchacho.
-Estoy de acuerdo.
…
El silencio cayó en el lugar.
El clon se limitó a mirar a la rata, captando todos sus detalles y preparado por si intentase algo gracioso.
Por su parte, el hombre quimera, ahora en el cuerpo de una rata, esperó pacientemente el golpe de gracia.
Su plan había sido regresar a alguna de las otras cuatro creaciones que tenía después de ser decapitado y de que Cinco fuera eliminado.
Los había preparado para ensamblarse con un solo comando, pero el shinobi los destruyó sin más, obligándolo a recurrir al plan de emergencia.
Esta rata fue construida para estos casos.
No era un cuerpo en el que se pudiera luchar, era sólo para escapar.
Si esto fallase, como lo acaba de hacer, no quedaría más remedio que aceptar la derrota.
Pero la muerte no llegó.
…
-¿Qué me pasa ahora?
– preguntó tentativamente.
El clon lo pensó durante algunos segundos.
Su mente artificial consideraba los pro y los contras de la decisión que estaba a punto de tomar.
Afortunadamente para él, el suelo a su lado de abultó de manera extraña, y una mota de cabello blanco empezó a elevarse.
Luego una cara familiar apareció y finalmente Hiruko emergió del suelo, como si una plataforma lo levantara y la tierra no fuera más que agua.
-Ahora es tu problema, jefe.
Aprieta los dientes – dijo el clon mientras se disipaba, enviando más de dos horas de recuerdos al cuerpo principal.
Liam hizo una mueca y gimió por la avalancha de mierda que inundó su mente.
Por suerte, el clon fue comprensivo y dejó un lindo recuerdo de la bruja duchándose.
Una vista que alivió la carga del shinobi e hizo que el dolor valiera la pena.
Entonces se volvió hacia la rata, con todas las consideraciones del clon aun frescas en su memoria.
Determinó que valía la pena y habló.
-Por ahora, vienes conmigo.
Tus habilidades me serán de utilidad- dijo, enviando unos metros de sus vendas para envolver a la rata y tomarla debajo de su brazo, como una paquete.
La criatura se retorcía pero Liam se aseguró de apretar bien las ataduras.
-Si intentas algo gracioso, enviaré una corriente tan intensa que te freiré- amenazó y las sacudidas se detuvieron.
Caminó hasta Ileana, quien dormía profundamente.
La envolvió con todo y futón en sus vendas y la elevó sobre su cabeza, iniciando su marcha de regreso a casa.
– Al amanecer, una pequeña multitud de personas se reunieron en la oficina temporal de la comisionada.
Christopher White, su hija Elizabeth quien lloraba silenciosamente, la propia comisionada, el detective Michael, algunos funcionarios y el propio Hiruko.
-Entonces ¿Todo esto fue provocado por una máquina salida de control que tenía una serie de órdenes pre-programadas?
– preguntó Amanda Waller desde un dispositivo holográfico.
Cuando Hiruko hizo un trato con la mujer, ella movió los hilos y se convirtió en la persona a quien él debía responder.
Por eso era ella quien estaba en la llamada y no el hombre con el que solía comunicarse, cuyo nombre nunca supo.
-Sí.
Tus agentes ya tomaron el cuerpo del tipo, así como la monstruosidad catalogada como Cinco- respondió el shinobi.
-¿Cinco?
¿Había otros cuatro?
– preguntó la comisionada, temerosa después de ver el tamaño de la criatura mitad insecto mitad robot.
El pensamiento de tener otros cuatro de esos monstruos debajo de la ciudad le dio escalofríos.
-No, sólo me encontré con ese.
El tipo tenía un laboratorio pequeño, donde ensambló a ese Cinco y donde mató al señor alcalde.
-¿Y qué pasa con ese laboratorio?
– interrogó el detective Michael.
-Destruido.
Después de matar a la máquina, todo el laboratorio empezó a derrumbarse y explotó- dijo el shinobi, quitándose las vendas de la mano derecha y mostrando la carne quemada.
-Así que esa fue la razón de los temblores en el este de la ciudad- murmuró la comisionada.
-Enviaré un equipo para investigar y ver si podemos sacar algo de valor de allí- habló Amanda desde la proyección.
No apartó la mirada de Hiruko en ningún momento.
Claramente dudaba de esa explicación.
-Como quieras- se encogió de hombros y se dirigió a Elizabeth, quien seguía llorando en los brazos de su padre.
Se acercó a ella y la mujer lo miró con tristeza y lágrimas empapando su rostro.
-Lo lamento, señora White.
Fallé en mi misión de traerlo de vuelta – dijo mientras se inclinaba por la cintura.
Su disculpa fue sincera, ya que realmente lamentó el hecho de hacer llorar a una mujer tan hermosa por sus propios motivos egoístas.
Elizabeth no dijo nada, y Christopher la acunó en sus brazos mientras daba a Hiruko una mirada de disculpa.
-No te preocupes, muchacho.
Algunas cosas son inevitables.
Gracias por intentarlo y por seguir protegiendo esta ciudad, a pesar de las consecuencias – señaló hacia su mano herida.
-Gracias por tu servicio, Hiruko – dijo la comisionada, una mirada suave dirigida al shinobi por primera vez desde que se conocieron.
Una punzada de culpa atravesó el corazón de Liam por la manipulación tan repugnante que estaba haciendo.
Y una parte muy, muy pequeña dentro de él, lo disfrutó.
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