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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 6

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6: Más problemas…

6: Más problemas…

Otro día en un mundo plagado de super idiotas, malvados y buenos.

Liam había estado ganándose la vida en el estado de Maine, atrapando criminales en todos los pueblos, pero nunca acercándose a la costa.

Evitaba el agua ya que no estaba seguro de qué versión de DC estaba viviendo.

Recordaba vagamente que en una versión de los comics, el padre de Aquaman vivió en Maine.

No sabía donde, así que mejor prevenir que lamentar.

La línea temporal o la versión de los comics que representaba este mundo no lo tenía muy claro.

—¿Qué necesita, joven?— preguntó un hombre con un puesto de comida callejera.

Liam, bajo los efectos del Henge no Jutsu, pagó por un par de hamburguesas.

Lucía cabello oscuro y corto, ropa de civil normal y piel morena.

Sólo de esta forma podía alquilar habitaciones para descansar y comprar comida.

Mientras caminaba por las calles de Sanford y comía una hamburguesa no tan buena, Liam reflexionaba sobre la naturaleza de este mundo.

Una Super Girl que ya actúa como Heroína, un Flash con más o menos 10 años de actividad de héroe, y sin embargo no existe la Liga de la Justicia, no ha ocurrido la invasión de DarkSide, y los meta humanos son conocidos pero perseguidos por el gobierno y otras entidades.

¿En qué maldita continuidad se encontraba?

Liam consideró que, quizás, éste no era el mundo de DC propiamente dicho.

Más bien una realidad paralela que se parece, pero con su propia historia.

Dónde habría leído algo así…

Algo sobre que la Creación es tan vasta que todo lo que uno podría imaginar, en algún lugar, en algún momento, existió, existe o existirá.

Un pensamiento loco, pero interesante por sí solo.

Si imaginas un universo conquistado por, digamos, naranjas inteligentes con super tecnología y super poderes mentales, en algún lugar del infinito, espacio y tiempo, eso realmente sucedió, o está sucediendo, o va a suceder.

—¡BAM-BAM-BAM!

Sonidos de disparos alcanzan los oídos de Liam.

Sus ojos se agudizan y se mueve sigilosamente, hasta posarse detrás de una camioneta estacionada.

Sin nadie para verlo directamente, quita el Henge y abre los vendajes que cubren la mayor parte de su cara.

El rostro feo de Hiruko se hace visible en toda su gloria, abriendo su grotesca boca de par en par y arrojando la media hamburguesa al interior.

Una pequeña ventaja de ser un maldito monstruo en apariencia.

Usando su traje de día, el mismo que el Hiruko original, sale disparado con el parpadeo corporal, en dirección a la conmoción.

Había una razón para estar en Sanford y no era la comida chatarra.

En los últimos días, Liam, ahora entrando en su faceta de Hiruko, leyó y vio reportes sobre las actividades de una banda de ladrones.

Sujetos con armas poco convencionales y trajes de combate asaltando bancos en todo Maine.

Hiruko vio la ruta que habían estado tomando y determinó que el siguiente golpe ocurriría en Sanford.

Cuando los malos adquieren poder y algunos triunfos se vuelven arrogantes.

Corriendo horizontalmente sobre las paredes, Hiruko llegó al lugar donde se oyeron los disparos.

Tal y como pensaba, era un asalto a un banco.

Había rehenes dentro del establecimiento y la policía empezaba a rodear el edificio.

Un agujero en la pared mostraba la parte trasera de un vehículo extraño, más grande que una camioneta, pero con la forma de un tanque ligero.

La policía empezó a acordonar el área, expulsando a los civiles demasiado curiosos para su propio bien.

Hiruko analizó la situación, pero no podía verse mucho desde fuera.

Con chakra recorriendo sus piernas, saltó al tejado del banco.

—Maldita sea— murmuró.

No había forma de entrar desde el techo.

¿No solían tener puertas los tejados en estas situaciones?

Una descarga de energía rompió las ventanas del banco, dirigida a las patrullas estacionadas frente al edificio.

Pronto le siguieron más.

Los oficiales saltaron detrás de los autos, evitando las ráfagas de fuego.

Hiruko vio a un par de uniformados resbalando en el suelo por la onda expansiva de un disparo cercano.

Parecía que los asaltantes portaban armas de alta tecnología.

En un segundo, la figura pálida de un chico se posó junto a los oficiales, tomando a ambos por los chalecos y saltando hacia atrás, evitando otra descarga que carbonizó el suelo un momento después.

Los tres aparecieron detrás de un vehículo policial, junto al que Hiruko concluyó que era el de más alto rango.

—¿Eh?

¿Q-quien eres?— preguntó una mujer, apuntando su arma a Hiruko.

Al ver que había salvado a sus hombres, bajó un poco la pistola, pero no la guardia.

Antes de que pudiera decir más, Hiruko habló primero.

—Están usando tecnología avanzada.

Hasta ahora, parecen ser disparos de advertencia, pero esas descargas de energía vaporizarán estas patrullas si deciden apuntarles, y ustedes correrán peligro— dijo lacónicamente.

Su personalidad cuando entra en su faceta de shinobi se vuelve fría y tranquila.

Un subproducto psicológico de la plantilla Hiruko.

—Mi consejo, si deciden tomarlo, es retroceder más y no darles objetivos fáciles— concluyó mientras se ponía de pie.

La oficial puso una mano en su hombro y lo miró con severidad.

—Niño, agradezco que hayas salvado a mis hombres, y puedo deducir que eres un meta humano, pero esto no es un juego de villanos y héroes.

Tienen rehenes allí dentro y no dejaré que los maten porque te sientes capaz de abatir adultos con tus manos— lo reprendió.

—No te involucres y deja que la policía haga el trabajo.

Fuimos entrenados para resolver estas situaciones.

Hiruko pensó por unos segundos.

Después, asintió lentamente y dijo —Concuerdo.

No soy un estúpido con la cabeza demasiado inflada.

No tenía planeado irrumpir de frente y provocar que a alguien le peguen un tiro.

Sin embargo, propongo esto, señora…

La mujer alzó una ceja.

Tras unos segundos, contestó —Sargento Grifften.

¿Y qué propones exactamente?

—Como podrás adivinar, soy bastante rápido.

Puedo entrar en ese banco en menos de dos segundos y abatir a una docena de personas en cinco.

Pero necesito conocer la disposición del lugar, así como el número de atacantes.

La sargento Grifften asintió, haciéndose una idea de lo que planeaba el chico.

-“Si pueden hacer el teatro de negociar con los asaltantes, entonces podríamos resolver esta situación sin daños colaterales”.

********************************  —¿Está segura de esto, sargento?— preguntó un oficial al lado de Grifften.

Se habían alejado más del banco, ahora con equipos S.W.A.T atentos a cualquier cambio en la situación.

Lograron comunicarse con los asaltantes, y arreglaron enviar un negociador.

Mientras hablaban, un hombre vestido con traje, parecido al que usaría un detective en una de esas series de tv, caminaba con las manos en alto hacia el banco.

La sargento había discutido seriamente con sus superiores sobre el plan que el mocoso llamado Hiruko le había propuesto.

Sólo la sargento y sus superiores en el campo estaban al tanto de esto.

—Mantente alerta y prepara tu arma.

Si esto sale bien, entraremos después del SWAT— contestó la sargento.

El oficial se ajustó la gorra y miró al negociador que se acercaba a las puertas.

—¿Y si sale mal?— preguntó a nadie en particular.

Grifften lo ignoró.

Dentro del banco, una veintena de personas estaban arrinconadas contra la pared más alejada de la puerta, cuatro hombres armados con máscaras los mantenían acostados, con la mirada al suelo.

Cerca de las puertas, un hombre alto y musculoso observaba al individuo con traje y un maletín que se acercaba hacia ellos.

—Atentos.

Quiero al menos dos miras en su cabeza— ordenó a sus compañeros.

El individuo se detuvo frente a las puertas, su mirada inexpresiva.

Un asaltante se acercó, abriendo la puerta lentamente.

—Entra— gruñó al negociador de la policía.

El sujeto avanzó sin decir una palabra.

Una vez dentro, las puertas se cerraron.

Tres armas de energía apuntaban al negociador, quien miraba hacia los rehenes tranquilizadoramente, como si les dijera que todo estaría bien.

—Bueno, bueno ¿Y quién eres tú?— preguntó el aparente líder de la banda criminal.

Su cañón apuntaba a la cabeza de una niña que sollozaba en el suelo.

El negociador se giró hacia el que había hablado, sus manos bajando lentamente a sus costados.

—¡Oye, manos arriba!— amenazó el asaltante que había abierto la puerta.

El negociador no le hizo caso, hablando con tranquilidad.

—Se me cansaron los brazos.

Sus ojos recorrieron todo lo que podía ver, y el líder se dio cuenta que estaba contando a sus hombres.

Esto no era una negociación.

Era una trampa.

Antes de que pudiera amenazar una vez más al sospechoso policía, éste dejó caer el maletín y se abalanzó directamente hacia él en un borrón de movimiento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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