En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 60
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- Capítulo 60 - 60 El Señor de la Noche~
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60: El Señor de la Noche~ 60: El Señor de la Noche~ Una sacudida despertó a un hombre de su sueño.
Parpadeó unas cuantas veces, mirando la lujosa habitación que ocupaba.
Un zumbido bajo y constante podía sentirse en todo el lugar.
El hombre, portando una camisa de manga larga y blanca, pantalones negros y zapatos de vestir, tomó un vaso y se sirvió un poco de vino.
A un costado, una percha sostenía su saco y corbata, en caso de que fuera necesario ponérselos.
Otra leve sacudida hizo temblar el vino en su vaso de cristal.
El hombre lo ignoró y buscó su teléfono.
Introdujo un código que sólo él y otra persona conocía, lo que provocó que una pantalla apareciera en una de las paredes y las luces se atenuaran para facilitar la vista.
Al mismo tiempo, se estableció una comunicación a través del dispositivo, y al otro lado resonó una voz suave y profesional.
-¿Ha llegado, señor?
– preguntó la voz al otro lado.
-Aún no.
Simplemente me desperté por las turbulencias- contestó el hombre, ya analizando una serie de datos que aparecían en la gran pantalla.
-Ya veo.
Asegúrese de comer algo – comentó la voz.
El hombre miró el vaso de vino y sonrió torpemente.
-Por supuesto.
Un momento después, su expresión se puso seria.
-¿Ha habido algún movimiento desde que salieron esos camiones?
-No, señor.
Parece que el envío es grande.
Casi todos los almacenes están despejados.
-Eso es preocupante – respondió el hombre, dejando el vaso de vino a un lado.
-¿Tenemos alguna idea de a quien va dirigido esto?
-Me temo que no.
Quizás tenga que ponerse en contacto con los héroes locales.
Ellos podrían tener una idea de qué está sucediendo.
-Hm.
Esa era mi intención de todas formas.
Necesito ver de lo que es capaz.
Si se puede confiar en él.
-Y ella – apuntó la voz.
-Vienen en un sólo paquete.
Y ella es alguien a quien puedo manejar.
El problema es el chico.
-Estoy de acuerdo, señor.
Desde que Amanda Waller lo puso bajo su mando, no hemos podido acceder a más de sus datos.
No quiero imaginar lo que esa mujer está haciendo en las sombras.
-Lo averiguaré.
De todas formas, tengo que irme.
Sigue vigilando esos almacenes, Alfred, y mantenme informado si surge algo imprevisto.
-Por supuesto.
Cuídese, señor Wayne – se despidió la voz antes de terminar la comunicación.
Bruce Wayne se sentó al otro lado de la habitación, estudiando el mapa de las rutas que uno de los cargamentos había seguido.
Durante un par de semanas, el rastreador cruzó por vía terrestre de costa a costa, terminando en Jump City.
Él no sabía quién tendría negocios allí, o si se trataba de un punto de contacto en el camino, antes de llegar al destino real.
Pero era demasiado peligroso como para dejarlo seguir sin más.
Además, esta sería una oportunidad de conocer personalmente al niño por el que Amanda Waller hizo un desastre en Kansas City y que llevó a Súper Man a abandonar Metrópolis para abogar por el chico.
Este y otros pensamientos inundaban su mente, mientras su avión privado sobrevolaba las nubes en dirección a Jump City.
– Las sirenas de la policía resonaban en uno de los complejos de fábricas abandonadas de Jump City.
Patrullas rodeaban las afueras, mientras los equipos SWAT se adentraban en el complejo, escudos en mano y armas cargadas.
Un par de oficiales habían sido acribillados a balas una media hora antes, persiguiendo un grupo de hombres que parecían transportar algo en un camión.
Lograron seguirlos hasta aquí, pero se reportó el uso de armas pesadas por parte de los perpetradores.
Ahora los habían rodeado, sin embargo, el SWAT tenía órdenes de esperar la llegada de gente más calificada.
¿Quien más calificado para estos asuntos que el SWAT?
La respuesta se dio a conocer cuando una energía verde, similar a una neblina, empezó a salir desde el interior de una de las fábricas y se oyó el chirrido del metal al doblarse y los gritos de los hombres asustados.
Un instante después, una cacofonía de disparos reverberó por el lugar.
-¿Qué está pasando ahí dentro?
– preguntó un oficial por la radio.
El líder del equipo SWAT se encogió de hombros, su postura relajada mientras contestaba.
-La situación debería estar bajo control ahora.
Y unos segundos después de decir esas palabras, el techo de la fábrica explotó.
La onda expansiva los aturdió y los cristales de las ventanas volaron por todos lados.
Escombros y fragmentos de metal incendiados llovieron sobre los oficiales cercanos.
-¡Esto no parece bajo control!
– gritó un hombre a su lado.
Mientras tanto, en el techo, en medio de las llamas, Ileana se protegía con una versión esférica de su escudo al solidificar su energía.
Había entrenado este truco desde hacía meses, cuando se vio abrumada por la cantidad de fuego láser que recibió en la base subterránea del hombre quimera, ahora llamado Nezu.
Una técnica útil en estas situaciones.
Mientras el sudor cubría su cara por el calor, su sonrisa de suficiencia nunca dejó su rostro.
Tenía más confianza en sus habilidades.
Ella dirigió su atención a los hombres que habían sido sacudidos contra la pared y protegidos por capas de cableado y maquinaria, manipulados por Ileana, de la explosión.
Gemían por el dolor de algún hueso roto, pero respiraban.
Eso era lo importante.
Lo que la hizo dejar de sonreír fue el hombre enmascarado que destruyó sus ataduras con aparente facilidad y provocó la explosión.
-Tch, lo perdí de vista – se quejó.
Odiaba cuando no hacía bien su trabajo.
Tendría que mejorar más si algún día esperaba alcanzar la cima de este mundo como una heroína.
Al menos, eso se repetía.
En el fondo, Ileana dejó de pensar en alcanzar la grandeza del mundo.
Ya había sido humillada por los vampiros en el pasado, y sabía que no podría derrotar a su compañero de aventuras.
Ni siquiera habría salido con vida de esa base hace unos meses.
Apartó esas consideraciones por ahora.
Se conformaba con vivir el día a día y pasar el rato con su amigo vendado.
Al menos, su tiempo con él nunca es aburrido.
-¡Oiga, señorita Ileana!
¿Está todo bien?
– la llamó un oficial desde abajo.
Ahora la bruja era bastante conocida entre el público de Jump City.
Su reputación se disparó luego de cierto acontecimiento en la calle con un hombre enojado, y de alguna manera, se convirtió en un símbolo de lo que una mujer podría ser.
O algo así.
No es que ella estuviese al tanto de tales asuntos.
-Claro.
Pero uno se me escapó.
Echaré un vistazo, aunque dudo que se deje encontrar tan fácilmente – respondió mientras su magia hacía que los objetos que manipulaba bajaran a los hombres atrapados al nivel del suelo.
Ella sobrevoló todo el complejo, pero no encontró nada más.
Finalmente, se cansó y se retiró.
Mientras la moldava se perdía en la distancia, un hombre enmascarado observaba todo el asunto.
No se había escondido por temor a enfrentarla, pues estaba seguro en abatirla.
Pero ese no era su trabajo, por ahora.
Un comunicador integrado en su casco se activó y el hombre escuchó una voz femenina al otro lado.
-¿Deathstroke, salvaguardaste el paquete?
-Sí.
-Bien, tráelo de inmediato.
-Esa mujer es un problema.
Posee habilidades peculiares – comentó Deathstroke.
-Ambos lo son.
No te preocupes, se te pagará bien por sus cabezas.
Pero eso será después.
-¿Oh?
¿El chico también es problemático?
-Más que ella.
Se te dará la información una vez que prepare nuestras fuerzas.
Además, algo me dice que tendremos al murciélago en nuestras manos.
-Hm, entonces siguió el rastro.
-Kuku, como migas de pan- se burló la mujer.
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