En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 61
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61: Soy Batman 61: Soy Batman y comió una pizza entera, apenas dejando nada al otro inquilino de la Mansión.
Actualmente yacía en su habitación, preparando la cama que desordenaría durante su sueño.
Usaba un pijama de ositos que vio en una tienda y le obligó a Hiruko que se lo comprase.
Por sugerencia del shinobi, dejó de dormir con sólo una camiseta.
Había sido así desde que Nezu se mudó con ellos.
La moldava no se perdió el dolor en la voz de su compañero cuando le dijo eso.
Casi estalla en carcajadas ante la dura decisión que tomó el hormonal adolescente.
Dio todo lo que tenía para no hacerlo.
No en su cara, al menos.
Finalmente apagó las luces, no sin antes verificar su entorno con su magia.
Una habilidad útil que aprendió gracias a su compañero.
Él le decía sensor, aunque ella no comprendía el significado, aún.
Mientras se echaba en el suave abrazo de sus sábanas, su energía casi invisible recorrió toda la Mansión.
En su mente, vislumbró los artículos que había en ella, la estructura, a Nezu haciendo quien sabe con dispositivos extraños, y un hombre desconocido acercándose a su casa…
-¿Eh?
Volvió a escanear, esta vez más atentamente.
Sus lecturas fueron acertadas.
Había un individuo caminando por su patio y ya había atravesado la muralla exterior.
-”Mierda” – pensó, levantándose de su cama y extendiendo más de su poder.
En circunstancias normales, habría quemado al sujeto, como aquella vez con el vecino que visitaba a su madre en la noche.
Ileana pensó que se trataba de un ladrón y le quemó la mano por accidente.
Pero ahora las cosas eran diferentes.
Esta no era su tierra ni su era, y matar indiscriminadamente te mete en muchos más problemas.
Bajó las escaleras, acercándose a la puerta, donde el hombre yacía parado en el exterior, mirando a los lados, notando la bruma verde que se arremolinaba a su alrededor.
*Toc Toc* Sonó la puerta de madera.
Eso relajó un poco a la bruja.
Ningún ladrón toca la puerta y un asesino menos.
Eso esperaba.
Por si acaso, mantuvo su energía lista para derretirle la cara al tipo.
-¿Sí?
– preguntó, insegura de abrir.
-Se que me detectaste hace un momento.
Sólo quiero hablar- respondió el hombre desde el otro lado.
Su voz era grave y desprovista de emoción.
Le recordó al tono de su compañero.
-Vienes bien armado para alguien que sólo quiere hablar – replicó ella.
Su energía le permite ver, a pesar de no tener globos oculares, todo lo que toca.
Eso incluye las herramientas que trae el hombre encima.
…
Durante unos segundos, el desconocido no dijo nada.
Claramente no esperaba un nivel tan alto de percepción.
Eso o no sabía cómo responder ante lo obvio.
Acercarse a la casa de alguien en la noche, a escondidas y armado.
-Tengo asuntos que discutir con ustedes.
Se trata del disturbio que hubo en las fábricas hoy.
Específicamente, en el que usted participó, señorita Ileana.
La moldava decidió abrir la puerta entonces, pero sólo después de inundar las inmediaciones con su energía.
Con su habilidad de manipulación, hizo que la puerta se abriese sola, permitiendo la entrada del desconocido.
Totalmente vestido de negro, una máscara con púas a los lados de su cabeza, extendidos hacia arriba.
Una capa negra lo envolvía, ocultando un traje completo debajo.
Un símbolo extraño apenas era visible en su pecho.
El enmascarado vio de un lado a otro, buscando algo, o alguien, ignorando por completo la niebla que amenazaba con convertirse en fuego vil y lastimarlo seriamente.
-¿Dónde está Hiruko?
– preguntó él.
-No tengo idea – respondió la bruja.
-Esto es serio, señorita Ileana.
-Si es así, entonces habla- se encogió de hombros la moldava.
El hombre guardó silencio un momento, participando en un concurso de miradas con la bruja, batalla que se resigno a perder y empezó a hablar.
-Desde hace uno o dos meses, varios camiones cargados de armamento y piezas tecnológicas no autorizadas han estado llegando al país desde Europa y Asia.
Encontré y desmantelé una operación de reenvío en Gotham, pero me di cuenta de que había más.
Mucho más.
Ileana escuchó atentamente, nunca bajando la guardia.
En su oreja, un comunicador especial que le dio Hiruko empezaba a contactar con él, esperando instrucciones de su compañero.
No era tan ingenua como para meterse en un lío sin que él se entere.
-Recientemente- continuó el hombre -Un gran cargamento recorrió el país desde la otra costa hasta aquí, Jump City.
Uno de esos camiones fue el que terminó con tu batalla en la fábrica.
Dime ¿Recuerdas algo en particular de ese evento?
La bruja lo pensó un momento.
No recordaba nada fuera de lugar, a excepción de…
-Hm, había un tipo raro con armadura y malla.
Tenía una máscara con dos colores, aunque no recuerdo cuáles.
Era muy antiestético.
Ah, y tenía más fuerza que una persona normal.
Pudo doblar una barra de hierro como si nada – informó ella.
-Entonces hay gente más peligrosa de lo que pensaba…
– murmuró el hombre de negro, hasta que un chasquido interrumpió su conversación.
Ileana se llevó una mano al oído y empezó a hablar con alguien.
El hombre le permitió comunicarse, asumiendo que hablaba con Hiruko.
-¿Eh?
¿Y cómo hago eso?
– la oyó decir.
Para desconcierto del hombre, una criatura extraña bajó las escaleras en ese momento.
Una rata gigante, del tamaño de un gato, con shorts pequeños y gafas negras.
Se acercó con paso tranquilo hasta tirar de la pijama de la mujer.
-Dame eso – dijo secamente, con voz mecánica.
La mujer no cuestionó a la rata mecanizada y le entregó el dispositivo de comunicación.
Un instante después, una voz juvenil pero seria e inexpresiva habló.
-Sé rápido.
Estoy ocupado ahora mismo – dijo, y de fondo se escuchaba una mujer hablando en otro idioma, japonés, reconoció el hombre.
El estruendo de las armas distorsionaba la comunicación.
-¿Dónde estás?
– preguntó Ileana.
-Misión, ya sabes.
Ahora, qué es lo que querías.
-Umm, hay un hombre enmascarado y vestido de negro que me está hablando sobre un cargamento y tecnología.
Y te estaba buscando a ti – informó la moldava.
-Ese era el plan.
Pero parece que estás ocupado – comentó el hombre.
-¿Quién eres?- preguntó Hiruko, mientras la mujer japonesa parecía reclamarle algo.
-Soy Batman – dijo el hombre.
Durante unos segundos, sólo se oyó el ruido de los disparos y alguna que otra explosión.
Luego, vino algo que Batman no pudo identificar correctamente.
-¡Pfffttt!
¡Ack!
Ejem, ejem, lo siento.
Ah, mira, realmente no es buen momento ahora.
Llévate a Ileana, ella puede ayudarte en lo que sea que estés investigando.
Es capaz y puede cuidarse sola.
Después de decir esas palabras, la comunicación terminó.
-Bueno, ahí está.
Ahora salgan, estoy investigando algunas cosas – ordenó la rata mientras le entregaba el comunicador a la bruja y se volvía al piso superior.
-Gracias, Nezu – dijo Ileana, y Batman sintió que, quizás, no fue tan buena idea venir a este lugar.
Sus consideraciones se detuvieron cuando la bruja aplaudió, llamando su atención.
-Bien, espérame aquí, señor Batman.
Iré a cambiarme y podremos salir – dijo, con poco entusiasmo de abandonar su sueño reparador.
Mientras se marchaba, tiró de un sillón con su magia, en el que el murciélago se sentó.
-”Bueno, al menos podré ver de lo que es capaz la chica”- pensó Batman, inseguro de toda la situación.
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