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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 62

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  4. Capítulo 62 - 62 La Bruja Y El Murciélago
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62: La Bruja Y El Murciélago 62: La Bruja Y El Murciélago  -Este es el vehículo más extraño que jamás haya visto – comentó Ileana, mientras se subía a una especie de submarino de alta tecnología.

No es que ella supiera lo que es un submarino de todas formas.

Se encontraba al borde del promontorio rocoso que era su hogar, modificado por Hiruko en algún momento con su magia de tierra.

Ahora contaban con una playa pequeña.

-Es personalizado.

Sólo hay uno de estos en todo el mundo – respondió Batman.

Cuando se acercaron al submarino, la cabina se abrió, y ambos entraron.

Cadenas similares a la de los tanques empujaron la máquina de regreso al agua y la bruja se sorprendió cuando se sumergieron.

Ella asumió que era un vehículo volador o un barco.

Nunca esperó que navegaría por debajo del agua.

-La tecnología es increíble- murmuró.

Batman no dijo nada, verificando algunas cosas en la consola que la moldava no comprendió, ni le importó.

-Normalmente no llevaría a extraños a este tipo de misiones, pero esta no es una situación normal- dijo el hombre, captando la atención de Ileana.

Ella resopló con diversión.

-¿Una bruja ciega y una rata que habla?

-Más o menos.

Ahora, cuéntame sobre ti.

¿Qué puedes hacer exactamente?

-¿Hm?

Hiruko me enseñó a nunca revelar mis habilidades, ya ves.

No puedo confiar en la gente.

-¿Y confías en él?

– preguntó Batman, aprovechando la oportunidad para recolectar información.

-Sí – respondió Ileana sin pensarlo.

El murciélago alzó una ceja, aunque ella no se percató.

-Para alguien que afirma no confiar en la gente, confías en la persona que te dijo que no confiaras- argumentó, confundiendo un poco a la moldava -¿Qué te da tanta confianza para ni siquiera dudar en responder esa pregunta?

-Confianza, confianza, deja de jugar con las palabras.

Y confío en él porque es mi amigo – se quejó Ileana.

-Ya veo – dijo lacónicamente el murciélago.

-Pero aún así, vamos a trabajar y enfrentarnos a gente peligrosa.

Necesito saber algo.

-Bien, lo entiendo.

Puedo extender mi magia a los alrededores y crear algunos efectos con ella.

Control de objetos, barreras y mi fuego vil – contó ella, guardándose algunas cosas para sí misma.

Todo lo que dijo era lo que los medios habían podido captar, así como la policía con quienes suele trabajar constantemente.

Otra de las enseñanzas del shinobi.

Batman no respondió, consciente de tales capacidades tras haber recopilado información sobre los héroes de Jump City antes de venir.

No se perdió el detalle de que la mujer lo dijo como si recordara una lista, como algo preparado para contestar en estas situaciones.

Aprobó la cautela.

Andar por ahí revelando las capacidades de uno es una tontería y podía ver que la mujer no era la herramienta más afilada del cobertizo, por lo que dedujo que esto fue influencia de Hiruko.

-¡Oye!

Estás pensando cosas groseras – gruñó Ileana.

Batman guardó silencio, preguntándose si la moldava tendría algún tipo de don psíquico.

-Y no me has contado nada sobre tus habilidades.

Se supone que vamos a trabajar juntos, ¿No?

– le recordó al murciélago.

-Soy rico – fue su respuesta.

Durante el viaje, la mujer bombardeó al murciélago con preguntas sobre todo lo que una persona podría preguntar.

Sobre el submarino, cuánta riqueza tenía, cuántos plebeyos había en sus tierras, sobre su traje, la temática de murciélago y demás.

Batman determinó que, de hecho, fue una mala idea ir en busca de Hiruko e Ileana.

Al menos, debió asegurarse de contactar con el shinobi.

La única razón por la que no dio media vuelta y dejó a la mujer en su casa fue porque sus habilidades eran formidables.

Él desconocía el alcance de sus poderes, pero había registrado mucha de su información durante el día que estuvo en la ciudad.

Alfred también ayudó en eso.

Irritante, pero la bruja era fuerte.

Tenerla a su lado en esta incursión sería útil, o eso esperaba.

Finalmente, el submarino llegó a los muelles de la ciudad, uno de los más aislados.

Batman condujo el vehículo hasta posicionarse detrás de un barco enorme, cargado con contenedores.

La actividad bullía en el muelle, pero ninguno pudo ver exactamente lo que se estaba haciendo, ni quienes eran.

-Bien, tu estrategia es innecesariamente complicada – comentó Ileana tras intentar y fallar en prestar atención al plan del murciélago.

Demasiados pasos a seguir.

Batman suspiró, previendo esta situación dado el perfil psicológico que hizo de la mujer con los pocos datos que tenía.

-¿Y cómo suelen trabajar ustedes, entonces?

– preguntó, aferrándose a cada oportunidad de desentrañar información.

-Hm, para estos casos, yo suelo armar un escándalo, distraigo a los criminales e Hiruko hace el trabajo sigiloso.

Es bueno en eso, y le gusta planificar cosas.

Aunque no tan exagerado como tú – contestó.

-”O quizás sí lo hace, pero no lo comparte contigo porque sería inútil” – pensó.

No se atrevería a decírselo en la cara a la moldava, o nunca escucharía el final.

-Toma esto – dijo, dándole a la bruja un dispositivo de comunicación diferente.

-Esperarás aquí, mientras yo subo a investigar.

En cuanto te de la señal, harás ese escándalo del que hablas.

¿Podrás protegerte?

-Hmph, esta dama no le teme a las balas – dijo con suficiencia.

Batman no dijo nada más, abriendo la cabina del submarino, que ahora flotaba sobre el agua, oculto detrás del barco, y utilizó su gancho para alcanzar la barandilla y elevarse.

Ileana suspiró y se echó sobre los asientos, tomando un mechón de su cabello y jugueteando, aburrida.

El murciélago era demasiado serio para su propio bien.

Le recordó a Hiruko, al inicio de su asociación.

Ahora era mucho más abierto, más divertido, más amistoso.

-”Y todavía no me lleva a esas misiones especiales” – pensó, haciendo pucheros.

Ileana sabía que había muchas cosas que su amigo vendado no le contaba.

No era tan despistada como para no darse cuenta de eso.

Pero aun así, no le mintió a Batman.

Ella confiaba en él, porque era su amigo.

Su único amigo en este nuevo mundo.

Y tenía la sensación de que era lo mismo para él.

El tiempo pasó mientras la moldava se perdía en tales pensamientos.

En algún punto, empezó a quedarse dormida.

Mientras el hilillo de baba caía por la comisura de su boca, el comunicador del murciélago se encendió.

Era la señal.

Ileana se sobresaltó, pero reaccionó con rapidez.

El entrenamiento de Hiruko habían agudizado sus sentidos de batalla.

La moldava utilizó un poco de su magia, ahora más eficientemente, y voló con mayor velocidad hacia el centro del muelle, donde vio hombres agitados, corriendo de un lado a otro, armas en manos y alguna que otra alarma fastidiando sus oídos.

Ella frunció el ceño por eso, y envió una bola de energía concentrada a las sirenas que pudo ver.

Cuando hicieron contacto, estallaron en fuego vil que derritió los aparatos, callándolos de una vez por todas.

-¿¡Q-qué es eso!?

– gritó un hombre, apuntando a la bruja.

Los más cercanos a él miraron en la misma dirección.

Una capa negra con nubes rojas, abierta en medio y ondeando al aire.

Un cuello alto que se mecía con parte del cabello de la propietaria.

Una camisa de mallas apenas ocultando lo que había debajo de la capa.

Y una tela negra con un leve brillo verde en el lugar donde estarían los ojos.

-¡Fuego!

– ordenó un hombre con traje de batalla y las balas y los láseres llovieron sobre la bruja.

Y ella ni se inmutó.

Ileana descendió al suelo, para ahorrar energía, y se rodeó con la bruma verde, más espesa que antes.

Hizo rotar su magia a su alrededor, solidificándola para rechazar todos los pequeños impactos.

Su escudo normal es bueno contra el daño contundente, pero terrible para el daño perforante.

Esta fue su solución, asistida por Hiruko.

Dos capas diferentes de energía sólida, rotando en direcciones opuestas.

Era más económico hacer esto que simplemente usar más de su magia para hacer un escudo más grueso.

-Kukuku, plebeyos ignorantes.

¡Tomen esto!

– exclamó la bruja, provocando un vórtice con su magia que se extendió en un radio de una docena de metros.

Muchos hombres fueron alcanzados, pero no les sucedió nada.

Al ver esto, algunos se envalentonaron y no se movieron de sus lugares.

Los más cautelosos sí lo hicieron.

Ninguna de esas acciones importó.

En lugar de encender todo en llamas viles y provocar alguna muerte horrible, Ileana modificó su estrategia para ser menos letal.

Ordenó que se solidificaran cúmulos de su energía, que seguía girando a gran velocidad.

Envió rondas de energía cinética del tamaño de puños contra los oponentes.

Esencialmente, estaba golpeando con sus barreras.

-¡Aaack!

-¡Mierda!

Se oyeron gritos y maldiciones cuando los puñetazos de energía golpearon a sus objetivos.

No era diferente a recibir una bola de béisbol en la cara después de ser bateada por un profesional.

Docenas de hombres cayeron con los dientes rotos, los ojos en blanco y algunos agarrándose el estómago o la entrepierna, vomitando en el proceso.

Las balas y los láseres nunca dejaron de llover sobre Ileana, pero ella lo ignoró todo.

-Es hora de llamar la atención – murmuró para sí misma.

Una parte considerable de su vórtice se encendió en fuego vil, siendo disparado a los alrededores.

Ella se aseguró de no impactar a nadie, al menos no en una zona vital.

Los contenedores circundantes se derritieron, las farolas perdieron su soporte y las cajas con el cargamento que transportaban explotaron por motivos que ella no entendió.

-En esta era, las cosas explotan muy seguido – se recordó.

Lo había escuchado de Hiruko.

Su atención fue captada por una bola brillante que se acercaba a ella desde el cielo.

Los sentidos de peligro de la bruja se dispararon y ella amasó todo el torbellino de energía, concentrándolo en un haz de fuego vil que intentó desintegrar lo que sea que estuviese cayendo sobre ella.

Y para su sorpresa, no logró hacerlo.

La bola brillante pasó a través del fuego vil como si no fuera nada y casi la aplasta contra el suelo.

Ileana tuvo que empujarse a sí misma a un lado, evitando el fuerte impacto, que agrietó el suelo, y desató una nube de polvo y escombros por todos lados.

Del cráter que se formó en el suelo, surgió una mano gigante y ardiente, con garras y metal en lugar de carne y dedos.

Una criatura que Ileana asemejaría con los gólems de las leyendas se paró frente a ella, su altura igualando la de un camión.

Un visor rojo iluminó a la moldava con una luz extraña, escaneándola de arriba a abajo.

Y en el momento siguiente, un sin fin de armas brotaron del cuerpo del gólem, disparando plasma concentrado contra la sorprendida bruja.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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