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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 64

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  4. Capítulo 64 - 64 La Bruja Y El Murciélago 3
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64: La Bruja Y El Murciélago 3 64: La Bruja Y El Murciélago 3 Concentrando su energía, Ileana manipuló sus llamas, aumentando su intensidad y abrumando a la construcción de metal que tenía delante.

Su intención no era quemarlo.

Ya se había dado cuenta que no podría hacerlo.

Su mente, agudizada por el constante entrenamiento con Hiruko, buscó otras aplicaciones de su don.

Atrás había quedado la patética aldeana que sólo podía quemar cosas.

El suelo que pisaba el constructo se derritió, desestabilizando la superficie y con ello, su equilibrio.

Explosiones de fuego vil hundieron el concreto en su extremidad derecha, inclinando a la criatura y haciéndola caer por su propio peso.

Ella extendió su bruma a todas direcciones, abarcando un diámetro de casi cincuenta metros.

Su objetivo no era propagar más fuego, sino hacerse con herramientas para luchar.

Los cajones aún intactos se abrieron, revelando armas y municiones de alta gama.

Ileana había estudiado atentamente esto, por sugerencia de su compañero.

Entendió sobre las armas modernas, cómo funcionaban y, en particular, cómo usarlas con su manipulación de objetos.

Celdas de energía se integraron en los rifles y una lluvia de láser incluso más intensa que la del gólem cayó sobre él.

El polvo y el calor aumentaron por la concentración de plasma.

Pero Ileana no bajó la guardia.

Con su poder inundando el lugar, era consciente de todo lo que la rodeaba.

Eso incluía al constructo.

Y no parecía sufrir daño alguno.

-Tch, que persistente – se quejó.

Un segundo después, se empujó a sí misma con su telequinesis.

Una explosión de polvo y escombros sacudió el lugar donde había estado de pie.

Del polvo emergió la figura del constructo, ya corriendo hacia ella, sus pisadas agrietando el suelo.

Ileana usó su manipulación para enviar una miríada de armas y placas de armadura en una bola de demolición contra las piernas del gólem.

Como esperaba, al recibir el impacto en su articulación, la criatura perdió el equilibrio y se arrastró por el suelo.

La moldava incrementó la cantidad de energía que exudaba, una punzada de dolor ya azotando su mente.

Con un gruñido y venas abultándose en su frente y cuello, ella manipuló el concreto mismo, elevando dos trozos a los costados del gólem y aplastándolo en medio.

Constantes pruebas y ejercicio le habían enseñado que su manipulación telequinética podía sostener hasta dos toneladas de material.

Más allá de eso requeriría mucho esfuerzo y el resultado sería un dolor intenso de cabeza.

El constructo se levantó de entre los escombros, enviando otra ráfaga de disparos contra la bruja, quien los ignoró.

En ningún momento había dejado caer sus escudos.

De repente, una llamarada de fuego se extendió desde la espalda del gólem, acercándose a gran velocidad a la moldava y propinando un puñetazo demoledor.

Los escudos se agrietaron y ella se vio obligada a empujarse de nuevo para evitar el golpe mortal.

La máquina fue más rápida y apareció a su lado, su brazo trazando un arco vertical, el golpe acercándose a la pequeña figura de la mujer.

Y ella tuvo que revelar una carta oculta para salvarse.

En menos de un segundo, toda la energía que mantenía los restos de sus escudos se envolvió alrededor de su cuerpo, haciéndola brillar un poco con ese tono verde.

Ileana, en un estallido de velocidad, se apartó del camino y retrocedió decenas de metros en un instante.

Su respiración era pesada, no tanto por el esfuerzo, sino por el susto que se había llevado.

Ese golpe dejó un surco en el concreto y desplazó el aire salvajemente.

Si hubiera impactado, Ileana sería pasta de carne.

-Mierda.

Y yo que pensaba que podría ocultar esto -se quejó con la máquina.

Rápidamente corrió hacia el robot, la energía alrededor de su puño aumentando más que en resto de su cuerpo.

El gólem hizo lo mismo, su puño convirtiéndose en una cuchilla en ese instante.

Ileana, con mayor agilidad, se movió debajo de la hoja que apuntaba a decapitarla, y propinó un puñetazo a la pierna derecha del gólem, la misma que había atacado antes con la pelota hecha de armas y municiones.

Un estruendo metálico resonó en el lugar y la articulación mecanizada se dobló con un chasquido.

El equilibrio de la máquina se desestabilizó de nuevo y esta vez la bruja aprovechó la oportunidad.

Giró sobre un pie, como le había enseñado el shinobi, y dio una patada de revés al gólem.

El impacto le hizo retroceder hasta caer de espaldas.

Ileana sonrió ante sus capacidades físicas mejoradas.

Todo ese esfuerzo había valido la pena.

La verdad del asunto es que ella seguía siendo sólo una humana normal en términos físicos.

La diferencia radicaba en cómo usaba sus habilidades.

Después del bochornoso trabajo en la base de Nezu, Ileana se sintió amargada consigo misma.

Ella e Hiruko habían estado buscando una forma de mejorar sus capacidades.

Y la solución fue lo que ahora Ileana mostraba.

Su manipulación telequinética le permite crear escudos súper resistentes, y tiene la fuerza para mover camiones.

Entonces, al igual que su compañero refuerza su cuerpo con el llamado chakra, ella desarrolló una manera de hacer lo mismo con su magia.

Ileana no había mejorado su cuerpo.

Más bien, se cubrió con una armadura de su propia magia, moviéndose a sí misma con su propia telequinesis.

Los fuertes impactos y la velocidad que desató fue el producto usar su cuerpo como un títere.

Dado que la función de los escudos seguía activa, su cuerpo no recibió el retroceso de los impactos.

Y su condición física había mejorado, así como su taijutsu, como lo llamaba Hiruko, por lo que tampoco sufría al obligarse a hacer movimientos de lucha que de otro modo la lastimarían.

En adición, si quisiera podría añadir el fuego vil a cada impacto, pero eso aumentaría el gasto de su energía y el constructo era inmune.

Pero ninguna técnica era perfecta.

Una salva de fuego cayó sobre ella de nuevo e Ileana tuvo que moverse para evadir.

Claro, los escudos protegían su cuerpo de los impactos, pero no eran iguales a los escudos de doble capa que extendía para protegerse de los disparos.

Una consecuencia de esta técnica, que llamó armadura vil por sugerencia de su compañero, era que requería tanta concentración que le impedía extender su magia como suele hacer.

O se protege convirtiéndose en una luchadora cuerpo a cuerpo, o hace llover fuego vil sobre sus oponentes como una bruja común.

No podía hacer ambas cosas al mismo tiempo.

Mientras tanto, Batman observó con un toque de asombro cómo la mujer aparentemente inútil se enfrascaba en una lucha cuerpo a cuerpo con ese robot gigante.

Admitió a regañadientes que había subestimado a la moldava.

Deshaciéndose de tales pensamientos, se movió para someter a los tiradores que la acosaban.

Enfrentar al robot y ganarle eran dos cosas diferentes.

Pero antes de eso, iba a apoyarla eliminando la lluvia de plasma que seguían dirigiéndoles los trabajadores del lugar.

Batman saltó del barco, extendiendo su capa y planeando, asemejando a un monstruo de la noche.

Cayó justo encima de un grupo de hombres, abatiéndolos rápidamente.

Se volvió a un trío particular, vestidos con trajes de combate.

Mercenarios.

Saltando entre contenedores, dejó caer dispositivos a los pequeños grupos debajo, que explotaron en ráfagas de electricidad, aturdiendo a los atacantes.

Tuvo que desviarse de su camino cuando uno de los mercenarios lo vio y apuntó su rifle hacia él.

Batman evadió hábilmente las descargas láser y le dio una tacleada al hombre, derribándolo.

Al instante, arrojó un batarang a otro mercenario, incrustándose en la boquilla del rifle y haciendo que el arma explotase.

Al tercero lo derribó con una patada de barrido y propinó una serie de golpes, rompiendo su visera y dejando inconsciente al hombre.

Antes de levantarse y regresar a la lucha, un destello particular llamó su atención.

Reflejado a un costado del rifle del hombre, podía verse vagamente una inscripción.

Examinó el arma detenidamente y leyó las letras talladas en el metal.

H.I.V.E  Frunció el ceño, pero un temblor sacudió el terreno y le hizo desviar su atención a la batalla de Ileana y el robot.

La sangre salía de la nariz y debajo de la venda oscura que cubría sus ojos.

Su cabello se agitaba, como si un viento invisible lo estuviese moviendo.

Venas de color verde brillante marcaron sus facciones, por lo demás impecables.

La energía que cubría su cuerpo como una armadura había desaparecido, ahora rodeando al robot como un mar intangible.

Y el terreno se deformó.

Una miríada de grietas se formó en forma de espiral alrededor del robot.

El suelo mismo se retorció, moviéndose antinaturalmente, como si una mano gigante lo retorciera.

Pilares de concreto se elevaron, amasándose unos sobre otros y aplastando a la construcción bajo toneladas de material.

La máquina disparó todo su arsenal, intentando librarse de la prisión que la bruja estaba creando para él.

El viento empezó a aullar, como si fuera absorbido por un agujero negro.

El murciélago disparó su gancho e intentó alejarse, pero apenas pudo mantenerse suspendido, el cable reforzado tensándose.

El concreto, el agua, cajas, incluso algunos cuerpos inconscientes empezaron a ser atraídos hacia el robot.

Ileana soltó un rugido y la pequeña montaña de concreto logró enterrar al robot.

En ese momento, la atracción pareció detenerse y la bruja cayó de rodillas, jadeando, sudando y sangrando por sus fosas nasales y cuencas vacías.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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