En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 66
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- Capítulo 66 - 66 Visita A Hawai
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66: Visita A Hawai 66: Visita A Hawai Treinta y Seis horas atrás.
Liam se había despertado a las 4:30 Am, como era costumbre.
Hizo sus ejercicios matutinos, esta vez en solitario, dejando a Ileana dormir hasta tarde.
Hoy le correspondería a la moldava patrullar la ciudad por su cuenta.
El shinobi abandonó la Mansión, recordándole a Nezu que se asegurase de levantar a Ileana.
Se tomó un tiempo para visitar la base subterránea, donde su invocación yacía dormida.
Hizo algunos arreglos y se fue, usando shunshin para abandonar los límites de la ciudad.
Siguió la carretera principal un par de kilómetros hasta desviarse en el terreno baldío, donde un helicóptero lo esperaba.
Sin decir palabra alguna con los hombres armados y los pilotos, subió al vehículo aéreo y tomó asiento.
Mientras se acomodaba, miró a la persona que tenía al lado y casi dio un salto de sorpresa.
Una mujer de cabello negro con un antifaz blanco y un punto rojo en la frente le devolvió la mirada.
-Ah, Kimiko-san – dijo con ligereza.
El ojo de la mujer tembló levemente y Liam rebuscó en sus recuerdos.
Finalmente, encontró el error en sus palabras e inclinó la cabeza.
-Uh, esa era de The Boys.
Ejem, hola, Katana-san – volvió a saludar, esta vez en japonés.
La mujer le dio un asentimiento.
Un momento después, le tendió unos audífonos y un trapo completamente negro.
Sin inmutarse, Liam se puso los audífonos y se cubrió la cabeza con la prenda, ya acostumbrado a este trato al ser enviado a una misión por Amanda.
La loca obsesionada con el control ni si quiera le permite saber a dónde se dirige.
Activó el comunicador y la voz de Waller llegó a sus oídos.
-En esta ocasión irás acompañado – comenzó la mujer, pero Liam la interrumpió.
Le gustaba sacarla de quicio y ella odiaba mucho cuando la interrumpían.
-¿Buenos días?
¿Ya no hay modales en esta sociedad?
– se burló.
Amanda no dignificó eso con una respuesta y siguió informando como si nada.
-Una base militar fue asaltada y tomada por un grupo hostil desconocido.
Ese lugar tiene una base de datos que no puede caer en ninguna otra mano aparte de las nuestras.
-Las computadoras no son lo mío – se quejó Liam.
-Lo se.
No harás nada de eso.
Tu misión será lo de siempre.
Ábrete paso a través del lugar para que un equipo especial se adentre y pueda descargar los datos necesarios.
Mientras ellos hacen el trabajo de verdad, tú te encargas de los cabos sueltos – continuó Amanda.
-¿Cuántos cabos sueltos habrá?
– interrogó Liam.
-Todos – fue la lánguida respuesta de Amanda -No podemos dejar que nadie salga con vida de allí.
Cualquiera de esos ocupantes tendrán la experiencia de asaltar una base militar estadounidense y podrían haber adquirido algún conocimiento de nuestros archivos.
-Te das cuenta que más de la mitad de esos archivos ya se han enviado a otro lugar ¿Verdad?
-Seguramente.
Eso no cambia el hecho de que tener a esa gente libre en el país con tal conocimiento es peligroso.
Elimina todo rastro de vida de esa base, Hiruko.
-Hecho, pero ¿por qué me acompaña la amarilla?
-Eso es racista, chico.
-No cuenta si soy yo quien lo dice.
-Katana simplemente estaba cerca de tu ubicación.
Ella se unirá al grupo que sacará la información que necesitamos.
Después de eso, tú los escoltarás de manera segura hasta el punto de extracción.
-¿Y tú esperas que me ocupe de limpiar toda una condenada base militar tomada por quien sabe cuanta gente altamente armada antes de hacer el papel de guarda espaldas y sacar la información?
-Respira, chico.
Y no, no espero que hagas eso.
Primero escoltarás al grupo hasta la computadora central y los defenderás mientras extraen la información.
En cuanto accedan al dispositivo, tendré el control de los sistemas de la base, por lo que aislaré todas las compuertas.
Llevas el paquete al punto de extracción y regresas a la base para terminar con el trabajo.
-Eso suena más plausible – comentó Liam.
Amanda no respondió.
Ya había terminado la comunicación apenas hubo dado sus órdenes.
Liam puso los ojos en blanco ante la actitud de la mujer.
El viaje fue rápido para el shinobi, ya que se limitó a dormir durante el mismo.
Era del tipo con el sueño muy pesado, por lo que no le molestó el traqueteo constante del helicóptero, aunque fue despertado un par de veces por un golpe en su cabeza, cortesía de Katana, después de una sacudida que hizo que el albino se recostase sobre ella.
Finalmente, abrió los ojos de nuevo en cuanto sintió que descendían.
Intentó quitarse los harapos que le cubrían, pero la mano de la nipona sostuvo su muñeca.
Captando el mensaje, Liam suspiró.
Esto sólo pasaba cuando seguiría un viaje en auto, o tanque, o submarino.
Le sorprendió que aun no lo hubiesen montado en una motocicleta y una nave espacial.
Bajó sin problemas del helicóptero, su percepción y equilibrio perfeccionados gracias a su entrenamiento shinobi, y sintió el sabor del agua de mar.
Sin embargo, no oyó en ningún momento los sonidos de un muelle, o una playa, o una base.
Estaban cerca del mar, pero no en una ciudad.
-¿Tiene que usar eso?
– preguntó una voz masculina.
-Sí, señor.
Podrá quitárselo una vez que entre – respondió otro tipo.
-Como sea, llévalo de una vez.
Estamos partiendo ahora mismo.
Y así, Liam fue subido a un automóvil y en absoluto silencio, transportado más cerca del agua, según el olor que le llegaba.
Pudo adivinar en qué viajaría.
Tal y como esperaba, en lugar de tener la sensación de subir, fue hacia abajo a través de una escalera.
Se encontraba dentro de un submarino.
-¿Puedo quitarme esto ya?
Esta porquería no la han lavado – se quejó.
Una persona, ligera a juzgar por el sonido de sus pasos, arrancó la capucha de su rostro, despeinando un poco su cabello, por lo demás impecable.
-¡Oye!
No arruines el trabajo duro de un hombre – refunfuñó a la mujer soldado que se posaba frente a él.
Esbelta pero con un equilibrio fuerte, cabello rubio ceniciento, una mandíbula firme pero labios finos.
Se elevaba un par de centímetros sobre el shinobi, sus ojos apenas a la altura de su nariz.
-Es por cosas como esas que te confunden con una niña – dijo ella en un tono inexpresivo.
-Es por mi belleza sobrehumana – replica el albino mientras arreglaba su cabello.
-¿Sí?
Tus registros no dicen eso.
No si contamos lo que hay debajo de esas vendas – señaló a la boca cubierta del shinobi.
-Esa es la única parte comprometida.
Lo que realmente importa funciona bastante bien- comentó encogiéndose de hombros.
Antes de que la mujer pudiera responder, un hombre alto y bastante musculoso se les acercó.
Ella se hizo a un lado mientras él se dirigió a ambos.
-Tessa, Hiruko.
Reunión, ahora.
Síganme – ordenó de la forma más militar y estereotipada que Liam jamás haya oído.
Ambos lo siguieron hasta entrar en una especie de sala, donde había un grupo de soldados y en un rincón estaba Katana, posando seria y genial como suele hacer.
El hombre, de cabello castaño, casi rubio, y con una camiseta amarilla demasiado ajustada para el gusto de Liam, los hizo sentarse con los demás.
-Para quienes no me conozcan – empezó, y todos miraron al shinobi, quien no se inmutó por la acción -Soy Rick Flag y estaré al mando de la operación.
Se detuvo en cuanto Liam levantó la mano, como si estuviera en un aula de clases.
Rick asintió en su dirección.
-¿Dónde está el baño?
Me hago pis.
El silencio se hizo en la sala.
Uno de los soldados casi se echa a reír mientras la mujer con la que habló antes, Tessa, negó con la cabeza en desaprobación.
-Muy educado, chico, pero puedes esperar a que termine la sesión informativa – dijo Rick.
-En realidad no tiene sentido si estoy o no.
Mi trabajo es ayudarlos a entrar, matar, ayudarlos a salir, y volver para matar al resto.
Cualquier otro detalle técnico queda en sus manos, no las mías.
-¿Qué edad dices que tienes?
– preguntó otra mujer en el grupo, quien comía una manzana.
-No importa.
Te quedarás y estarás al tanto de nuestros movimientos.
Ahora, cállate y déjame terminar – sentenció Rick.
-Pero jefe, tiene un punto ¿No?
– comentó el hombre que se había reído antes – Después de todo, se nos ordenó no revelar mucho delante de él, así que es mejor si nos ponemos al tanto mientras él espera afuera.
-El tipo tiene razón – asintió Liam – Amanda ni siquiera quería que yo supiera que nos dirigíamos a Hawai.
-¿Y cómo demonios te enteraste de la ubicación?
– preguntó Rick, sintiendo venir un dolor de cabeza.
-Bueno, considerando la dirección del viento y del mar, está claro que nos movimos hacia el Suroeste, y estamos en un submarino.
Así que, o bien la base está debajo del mar, que lo dudo, o está en alguna isla, y la única isla que se me viene a la mente que se encuentre en el pacífico es Hawai.
Eso y que acabas de confirmarlo, porque bien podría haber sido una isla artificial o algo así.
Rick suspiró y se frotó las sienes.
Dejó de pensar en el asunto y señaló hacia la puerta.
-El baño está al final del pasillo, la puerta de la izquierda- dijo y Liam salió.
No le importaba mucho la supuesta planificación, ni el éxito de la misión en sí.
Su única meta era obtener más puntos y llenarse los bolsillos de Ryo.
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