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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 68

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68: Carnicería 68: Carnicería  El kunai fue blandido con eficacia, cortando la garganta de una mujer y casi separando su cabeza del cuello.

El puñetazo fue devastador, hundiéndose en la espalda del hombre, destrozando sus pulmones en el proceso.

La patada fue inclemente, enviando a volar la mandíbula inferior de otro tipo desafortunado.

La venda se movió siniestramente, atravesando torsos y acumulando una fila de cuerpos retorciéndose, gritando y sollozando por el dolor.

El agua corría por los pasillos, una ola furiosa que arrancó del suelo incluso al soldado mejor preparado.

Una aterrorizada mujer, confundida por la situación, intentó sostenerse al marco de una puerta, sólo para que sus brazos traquetearan y sus dedos se rompieran.

El impulso era demasiado.

Y luego vinieron los rayos.

Como líneas de perdición, navegaron por el agua, una muerte asegurada a quien le salpicase.

Y el responsable se movía con una mirada indiferente.

Corría por las paredes, arrancando cabezas, cortando extremidades o simplemente dejando que sus técnicas ahogasen y electrocutasen a sus enemigos.

A Hiruko no le tembló la mano ni un momento.

Su corazón no se agitó por ninguna de las súplicas, ni los gritos de dolor y miedo.

Tampoco se alegró.

Simple y llanamente no le importaba.

No es que esta gente fueran santos, inocentes.

Todos eran asesinos, en mayor o menor grado.

El shinobi encontró poca resistencia en su asalto inicial, pero sabía que según bajara, la cosa se pondría más seria.

No iba a menospreciar la letalidad de las personas normales.

Su sentido de peligro se activó en un instante, y el albino saltó hacia el techo, aferrando sus pies con chakra mientras giraba la cabeza para ver al responsable.

Un trío de figuras vestidas como militares, reemplazando a los soldados muertos cuya base arrebataron el control.

Hiruko no les prestó atención.

No valían la pena.

Con un sello discreto, dos Mizu Bunshin se formaron a partir del agua que había debajo, saltando al ataque contra los desprevenidos mercenarios.

El cuerpo principal se apresuró a alcanzar las escaleras que lo llevarían al piso de abajo.

Según el mapa que había estudiado antes, en el siguiente nivel estaba una sala de computadoras.

Allí podría usar el artefacto que le dio Rick y permitir que el equipo de Amanda entrara.

Doblando un pasillo, encontró una cámara bastante grande, repleta de gente armada que retrocedía para evitar las olas que sus clones seguían impulsando hacia adelante.

Hiruko disparó una falsa oscuridad a la plataforma metálica donde se posicionaron algunos mercenarios, empalando a dos de ellos y electrocutando al resto por el mero contacto con el metal.

Un par de granadas fueron arrojadas en su camino.

Sin inmutarse, uno de los clones levantó un muro de agua, protegiéndose de la metralla y la onda de choque.

Mucha gente no lo considera, pero una simple pecera lo suficientemente ancha puede detener balas.

Hiruko tejió otro sello, levantando ocho clones de agua.

Había logrado aumentar el número de esos útiles Bunshin, así como el alcance que podían alejarse de él y las técnicas que podían emplear.

Cada uno tenía acceso a todo el armamento disponible en el inventario de Liam, y se equiparon como mejor les pareció.

Fūma Shuriken, kunai, espadas, kusarigamas, tantō, bastones, o a puño limpio.

Sus clones hicieron el trabajo, eliminando a todos y cada uno de los mercenarios, sin mostrar piedad alguna, mientras gritaban sobre la famosa Hermandad del Agua, sea lo que sea eso.

-Ya estamos en posición, Hiruko – crepitó la voz de Rick Flag a través del comunicador.

Hiruko no respondió.

Sabía que estaba mirando a través de la cámara corporal que llevaba.

Envió otra ola a través de las escaleras, por si acaso, y descendió al siguiente nivel.

Como esperaba, aun no se había levantado una defensa decente.

Su intrusión fue demasiado rápida, demasiado eficaz.

Demasiado brutal.

-Esa puerta, a tu izquierda – dijo Rick e Hiruko pateó la puerta, arrancándola de su lugar y estrellándola contra algunos hombres que esperaban hacer una emboscada al otro lado.

Sus clones de sombra siguieron avanzando, despejando el camino y siendo reforzados por los Mizu Bunshin.

-Ya estoy.

¿Dónde se coloca esta cosa?

-Retira ese enorme cable, el que está conectado a ese procesador.

-¿Qué procesador?

-¡Ash!

¡La cosa que parece un refrigerador negro!

-Lo tengo, lo tengo.

Te dije que esto no es lo mío ¿De acuerdo?

– se quejó el shinobi mientras quitaba un cable más grueso que sus brazos.

Sacó el dispositivo con forma de linterna y lo estampó en el lugar donde le indicó Rick.

Las pantallas de las consolas parpadearon, así como las luces del lugar.

-Tenemos acceso.

Sigue tu camino y espéranos en el nivel tres – ordenó Rick e Hiruko salió tras sus clones.

Necesitaba completar la parte molesta y regresar para recoger sus puntos.

Mientras salía por la puerta, una serie de recuerdos invadió su mente, haciéndole detenerse un momento y registrar todo.

Uno de sus Kage Bunshin fue disipado por un golpe mortal que lo tomó desprevenido.

Usó chakra en sus piernas para salir disparado a gran velocidad, alcanzando un pasillo donde sus Mizu Bunshin rodeaban y acosaban a una especie de androide con forma humana.

Su otro clon de sombra levantaba paredes de agua para protegerse de una serie de granadas que explotaron a escasos metros de ellos.

-¿Máquinas?

¿Ves eso, Rick?

– preguntó Hiruko.

-Lo veo.

Derríbalo, pero no lo destruyas tanto.

Nos llevaremos esa cosa para estudiarla – ordenó el hombre.

Hiruko saltó hacia la máquina, enviando sus vendas reforzadas para penetrar tanto el pecho como la cabeza, con la esperanza de alcanzar algo vital y desactivarlo.

La construcción fue más rápida, doblando sus articulaciones de manera antinatural y posicionando a un bunshin en el camino del ataque, siendo disipado en una explosión de agua.

Un Mizu Bunshin extendió una cadena, atrapando una de las piernas del androide y enviando el otro extremo hacia el cuerpo principal.

El shinobi envió un asesinato electromagnético, friendo los sistemas de la cosa y haciéndola apagarse en el lugar.

-Bien hecho – asintió Hiruko.

El Mizu Bunshin le sacó el dedo medio con el ceño fruncido.

-La Hermandad del Agua no olvidará esto – señaló al charco de agua que quedó del otro Bunshin.

Hiruko puso los ojos en blanco y formó otro clon a partir de la misma agua.

-Un poco de ayuda aquí – se quejó el clon de agua que intentaba avanzar entre la lluvia de plasma que se dirigía hacia ellos.

Hiruko formó dos esferas de rayos, más grandes y cargadas de lo normal, y las arrojó contra los tiradores.

En ese instante, una figura igual de rápida que él interceptó las esferas de rayo, disipándolas como si fueran basura y saltando contra su posición.

Era rápida.

Era tan jodidamente rápida que Hiruko apenas tuvo tiempo de activar su Liberación Veloz y Liberación Acero en sus antebrazos, levantándolos para defenderse del inminente choque.

Con su percepción mejorada, apenas pudo ver un pelaje amarillo con manchas negras, y unas garras que perforaron sus vendas y su piel reforzada por Acero, dejando surcos sangrantes en su antebrazo.

El clon de sombra fue decapitado y los Mizu Bunshin disipados.

Hiruko ni siquiera reaccionó ante la oleada de recuerdos del clon, pues la mujer que logró dañarlo se dio la vuelta y cargó una vez más.

Esta vez, Hiruko estaba mejor preparado.

Con la Liberación Veloz, pudo defenderse mejor de la increíble velocidad de la mujer, sacando un kunai y dirigiéndolo a su cuello.

Las garras de la mujer detuvieron el arma y su brazo se disparó al rostro del shinobi.

Hiruko se sustituyó con un escombro cercano, a unos metros de la mujer y tomó un respiro.

La loca destruyó el escombro y se volvió hacia el shinobi, su mirada depredadora y algo juguetona mostrando interés en el chico que había podido evadirla dos veces.

Colmillos afilados, garras en manos y pies, una cola delgada y larga, y un cuerpo femenino, ágil, forrado en pelaje amarillo y manchas negras, con apenas un top y shorts cortos para cubrir las partes importantes.

Cheetah se lamió los dedos, probando la sangre que sus garras lograron arrancar de Hiruko y dándole una sonrisa tanto sensual como aterradora.

Y Liam no fue capaz de medir el nivel de amenaza de la mujer bestia ante él.

No conocía a esta tipa, pues ni siquiera había visto las películas de wonder woman.

De haberlo sabido, nunca se habría comportado de la forma en que lo hizo.

-Maldita gata.

Voy a meterte esas garras en el culo – escupió, enojando a la mujer ante la vulgaridad y, sin saberlo, ganándose una noche de dolor.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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