En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 69
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- Capítulo 69 - 69 Más Rápida Más Fuerte
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69: Más Rápida, Más Fuerte 69: Más Rápida, Más Fuerte ¡Bam Bam Bam!
Los mercenarios apenas podían seguir el ritmo de los combatientes, sólo viendo dos manchas, una blanca y la otra amarilla, moviéndose de un lado a otro por las instalaciones y causando estragos.
Cada choque era igual al sonido de un disparo.
Gotas se sangre salpicaban de vez en cuando, esparciéndose aquí y allí, pero ninguno de los presentes, salvo los luchadores, podían decir de quién era la sangre.
Sólo sabían que tenían que alejarse, o morirían.
Porque a ninguno de los dos les importaba la gente que se entrometía.
Hiruko se vio obligado a activar constantemente la Liberación Veloz para no perder el ritmo ante la mujer bestia que tenía delante.
Ese cuerpo delgado era tan engañoso como el suyo propio.
La mujer tenía una fuerza tremenda, cada puñetazo enviando ondas que sacudían el cuerpo del shinobi.
Y ni hablar de sus garras, capaces de perforar su Liberación Acero como si no estuviera allí.
Se resignó a no usarla.
Menos gasto de chakra y de todas formas era inútil.
Un ataque aéreo se aproximaba desde el flanco izquierdo.
Hiruko dibujó su tantō, no para detener el golpe, pues su arma simplemente se rompería.
En cambio, desvió el ataque, una lluvia de chispas saltando al momento del contacto.
Cheetah envió una ráfaga inagotable de puñetazos y cortes con sus garras, y el shinobi mostró lo mejor de su taijutsu, evadiendo sin detener cada uno de ellos.
Los moretones en sus antebrazos y piernas se acumulaban con cada impacto y la hoja de su tantō se calentaba con cada roce de sus garras a tan alta velocidad.
Utilizando un Shunshin corto, Hiruko avanzó por el camino del que vino la mujer, sorprendiéndola por ese estallido de velocidad.
La sorpresa no duró mucho, pues ella se abalanzó tras él.
Hiruko saltó a una serie de escaleras y pasadizos superioes, aprovechando el espacio para parpadear entre los extremos de la cámara y quitarse de encima a Cheetah.
Ser rápido en movimiento no es igual a ser veloz en desplazamiento.
Hiruko perdía en lo primero, pero la superaba por mucho en lo segundo.
El shunshin era así de bueno.
-“Si tan sólo tuviera un sharingan, podría intentar usar el estilo de Shisui”- se lamentó internamente.
A diferencia de lo que los fics hacían pensar, usar el estilo de parpadeo en cadena no era un asunto de broma.
Era extremadamente difícil.
O bien dominabas la técnica del Raikage para enviar electricidad a tu cerebro sin freírte y mejorar tu percepción, o bien tenías un sharingan para asegurar esa parte.
La Liberación Veloz otorgaba esa percepción, pero usarla al mismo tiempo que el jutsu Shunshin era muy, muy difícil y Liam no había dominado eso, ni estaba cerca de hacerlo.
-Hiruko.
Estamos entrando- llegó la voz de Rick.
-Bueno, me costará un poquito llegar a ustedes- admitió el shinobi.
-¿Qué quieres decir?
-Hay una ramera que parece un leopardo interponiéndose en el camino.
Es muy, muy rápida y demasiado fuerte- informó Hiruko, todavía huyendo de los asaltos implacables de la mujer.
A pesar de no tener chakra, se las arreglaba para escalar y saltar entre las paredes como él, aferrándose con sus garras a la superficie vertical.
-¿Meta humana?
– preguntó Rick.
-Definitivamente.
Tendrás que arreglártelas.
Cortó la comunicación y creó dos Bunshin en rápida sucesión.
Nada más aparecer, emplearon shunshin también, evitando los ataques de Cheetah.
Hiruko descendió al suelo, esperando a la mujer, quien aterrizó suavemente a unos metros de él, con una mueca de fastidio.
-¡Deja de correr, conejito!
– lo regañó.
El ceño del shinobi se profundizó al ser llamado de ese modo.
Tejió sellos manuales rápidamente, mientras la mujer se abalanzaba sobre él a gran velocidad.
Con chakra en sus piernas, retrocedió lo mejor que pudo, aunque esa velocidad sería inferior a la Liberación Veloz.
Pero fue suficiente para retrasar el impacto un segundo.
Las garras de la mujer, a escasos centímetros del rostro de Hiruko, fueron desviadas abruptamente por un furioso torbellino de agua que se formó a su alrededor.
Suiton: Suishōha Una ola masiva de agua explotó en la cara de Cheetah, su impulso hacia adelante impidiéndole retroceder a tiempo.
Sin la tracción que le daba una superficie sólida, no pudo evitar ser arrastrada por el agua.
En ese momento, los clones saltaron al agua.
Raiton: Jibashi Raiton: Gian Se desató una corriente intensa a través del agua y al mismo tiempo se disparó una falsa oscuridad hacia la indefensa mujer.
La electricidad en el agua la hizo entumecerse y paralizarse en el lugar, y la falsa oscuridad impactó de lleno en su pecho, enviándola a estrellarse, junto al impulso de la ola, contra una pared de roca y metal.
El estruendo del choque hizo temblar la sala, fragmentos de roca del techo cayendo al suelo.
Hiruko se volvió hacia la ubicación de la escalera que descendería al siguiente nivel, considerando que la mujer habría muerto por semejante impacto.
Veloz y fuerte, pero aun de carne y hueso.
En cuanto llegó a las escaleras, una sensación de calamidad le hizo saltar hacia arriba, justo a tiempo para evitar ser empalado por la obstinada Cheetah.
Hiruko se sorprendió de verdad.
No esperaba que alguien sobreviviera a un jutsu de elemento Raiton de rango B directo al pecho.
Su corazón debió explotar, como mínimo.
-¡Conejito!
– escupió la mujer, sangre saliendo de su boca y nariz.
Una marca de quemadura bastante desagradable en su pecho, todavía manando humo por el calor.
Todo el pelaje de sus tetas había sido quemado, dejando carne descubierta.
-Uh ¿Lindas tetas?
-¡¡GAAAAAAAAAAR!!
– rugió ella, sus ojos inyectados en sangre.
Liam se maldijo internamente por hacer enojar a una tipa que aguantó un impacto de rayo en el corazón.
Su percepción se agudizó de nuevo, la Liberación Veloz activa, y su kunai electrificado dispuesto a desviar el asalto salvaje de la mujer.
Y sí que fue salvaje.
La fuerza de sus golpes aumentó, la velocidad aumentó, la precisión aumentó.
E Hiruko fue abrumado.
Las chispas volaban con cada impacto, el shinobi obligado a sacar un nuevo kunai cada tres golpes porque el anterior simplemente se rompía.
Retrocedió constantemente, su mente incapaz de hacer un plan, teniendo que ocupar todo su ser en no ser cortado en trocitos.
Aplicando la Liberación Acero a sus brazos, se afirmó lo mejor que pudo y resistió un fuerte golpe que le hizo vibrar todo el cuerpo.
Las garras de Cheetah se clavaron en su carne ennegrecida, pero Hiruko apretó los dientes y envió un puñetazo directo a su cara.
La mujer lo bloqueó con su mano libre, pero esa era la finta.
Reforzando su propia cara, Hiruko pateó el suelo con todas sus fuerzas y propinó un cabezazo a la nariz de Cheetah, haciéndola gruñir de dolor y separarse.
La frente de Hiruko estaba manchada con la sangre de su nariz ahora rota.
Aprovechando la ceguera momentánea de la mujer, Hiruko tejió sellos manuales con la intención de repetir la táctica de agua y rayos, amén de debilitarla.
Apenas había trazado el primer sello cuando Cheetah abrió los ojos de golpe y pateó el suelo, agrietando la base metálica sobre la que se paraban.
Tan rápido que Hiruko no tuvo tiempo de reaccionar, aun con la percepción otorgada por la Liberación Veloz, Cheetah apareció frente a él y le clavó un golpe a puño cerrado en la cara.
Durante casi un segundo entero, el shinobi quedó inconsciente.
Sólo despertó cuando su espalda fue pateada con brutalidad, haciéndole escupir una bocanada de sangre que manchó sus vendajes.
Salió disparado hacia arriba, y Cheetah ya estaba en el lugar, girando sobre sí misma en el aire y propinando una patada de revés contra el aturdido Hiruko.
El estruendo resonó en la sala, el abdomen reforzado de Acero de Hiruko se agrietó por el impacto y fue mandado a volar contra una pared de metal.
Movilizando rápidamente su chakra, Hiruko tejió sellos manuales, buscando un respiro de la situación en la que se había metido.
Kōton: Kōryū no Jutsu En lugar de impactar con la pared y recibir aún más daño, Cheetah vio cómo el conejito que la había irritado se deslizaba a través de ella, como si atravesara una capa de agua.
Tomó un momento para respirar profundamente y calmar su ira.
Luego sonrió.
-Hm, conejito, eres bastante bueno – murmuró con sus colmillos ensangrentados expuestos.
Un instante después, salió disparada tras su presa, ahuecando su mano en un puño y abriendo un agujero en la pared de Acero.
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