En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 70
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- Capítulo 70 - 70 Depredador Y Presa
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70: Depredador Y Presa 70: Depredador Y Presa -”¡¡Me cago en todo!!
¿¡Qué carajo pasa con esa loca!?” – refunfuñó Liam internamente.
Había logrado evadirla por el momento, dejando tras de sí un par de Kage Bunshin que se separaron en diferentes direcciones a fin de confundirla.
Sus antebrazos sangraban, y su estómago le dolía muchísimo.
Su nariz se había doblado un poquito por el puñetazo de la mujer gato, pero afortunadamente tenía doble refuerzo de Acero en ese momento.
El estruendo de un montón de maquinaria destruida y un auto explotando alcanzó sus oídos.
Los recuerdos de la muerte de su Bunshin llegaron poco después.
Sólo le quedaba uno, y entonces ella vendría por él.
Liam suspiró y entró de nuevo en ese estado mental shinobi.
Hiruko decidió que no podría manejar a la mujer gato sin mostrar un poco más de sus habilidades.
Amanda Waller estaría observando, y como lograron hacerse con algunos sistemas de esta base, bien podría estar tomando vídeos desde todos los ángulos posibles.
Hiruko decidió jugar en un entorno en que la mujer gato se sentiría más confiada, por lo que se quedó en una sala no muy grande, pero lo suficiente para sostener una pelea decente y con una ruta de escape clara por si las cosas iban mal.
Por su parte, Cheetah se sintió extasiada.
Había disfrutado al venir y masacrar a los militares tontos que ocupaban esta pocilga, pero los dos días siguientes fueron extremadamente aburridos.
Había estado a punto de provocar a la mujer gigante sólo por diversión, hasta que las alarmas sonaron.
Ella, más rápida que cualquiera, fue a investigar de qué se trataba, y se encontró con un mocoso matando a la escoria contratada como si fueran basura.
En un principio, ella no le dio mucha importancia.
Algún robot desquiciado con forma de niño o un experimento del gobierno.
Se abalanzó rápidamente sobre él para destruirlo.
Pero el mocoso la evadió.
Eso la tomó por sorpresa, un poco, pero no es que ella se sintiera imbatible.
Saltó hacia él de nuevo, y el mocoso volvió a evadirla.
Y entonces ella sonrió.
Encontró un interesante conejito que hizo de su estancia en esta base un poco más entretenida.
Aunque le faltaban modales.
El conejito le atacó con un rayo en el pecho, destruyendo su ropa y dejando sus activos al aire.
El dolor fue una cosa, pero la burla de su presa sobre sus heridos pechos la sacó de quicio por un momento.
Ella le enseñaría modales.
Se prometió a sí misma que educaría correctamente al conejito sobre cómo no tratar a las damas.
En su mente, Cheetah se había hecho la idea de no matar a Hiruko.
No todavía.
Ese instinto felino le hizo querer jugar con él, y no juegos del tipo que Hiruko disfrutaría.
Mientras la mujer consideraba la mejor forma de provocarle dolor sin matarlo, encontró un duplicado del conejito.
Ya se había deshecho del primero, y ahora el otro iba a caer.
Contrario a lo que seguramente pensó el conejito, Cheetah podía olfatear la diferencia entre él y sus clones.
Por muy similares que fueran, el olor del chakra que enamanaba de su cuerpo y el olor de un cuerpo enteramente hecho de chakra era fácil de identificar para ella.
No es que supiera lo que es el chakra, pero allí estaba el olor.
Simplemente le permitió respirar un poco antes de iniciar la siguiente ronda.
En cuanto Cheetah entró al pasillo donde se escondía el clon, fue recibida por una ola de agua con forma de serpiente.
Como era habitual con el conejito, el agua estaba electrificada.
Ella no se permitió caer en el mismo truco y saltó a gran velocidad entre las paredes y el techo, zigzagueando de un lado a otro y evitando por poco las líneas de rayos que intentaron perseguirla.
Lanzar una corriente de rayos al agua no significa que toda el agua tiene la misma intensidad.
Si así fuera, un rayo que impacta un lago mataría todos los seres vivos que entrasen en contacto con ese cuerpo de agua.
Ella aprovechó ese defecto y pudo acercarse al duplicado del conejito, quien retrocedió mientras balanceaba una espada corta.
Las chispas volaron cuando el arma y sus garras danzaron a altas velocidades.
Los duplicados eran buenos, pero no resistían muchos golpes.
El conejito se balanceó y saltó a un lado, girando en el aire y clavando una patada al cráneo de Cheetah.
Pero no era tan fuerte como el cuerpo principal.
Cheetah detuvo el ataque con su antebrazo y atravesó el estómago del clon con su otra mano, disipándolo en una nube de humo.
Finalmente, captó el olor del conejito verdadero y corrió en su encuentro.
La batalla apenas comenzaba.
– El equipo de Rick Flag se había infiltrado exitosamente en la base.
Debido al escándalo que provocó Hiruko, apenas encontraron resistencia en los primeros tramos de su viaje.
Sin embargo, eso estaba por cambiar.
-¿Sabemos si está vivo?
– preguntó Kevin, su cuerpo revestido en un traje de combate completo y portando un rifle cargado con celdas de energía.
-A quien le importa – comentó Dan, otro miembro del grupo.
Tessa lo miró de reojo pero no dijo nada.
Para ella, Hiruko era sólo un niño y el desdén de su compañero no le pareció correcto.
Entraron a una sala de monitores, los desprevidos hombres que vigilaban fueron a batidos en una lluvia de plasma sin siquiera ver a sus asesinos.
Rick se acercó a los monitores, buscando entre la miríada de pantallas.
Encontró lo que buscaba y amplió esa imagen en la pantalla central.
-Pues sigue vivo- comentó Tessa mientras el grupo veía una cámara en la que el shinobi yacía de pie, con los ojos cerrados y las manos juntas, similar a cuando una persona empieza a orar.
Vieron cómo la habitación parecía cubrirse de niebla, tan espesa que ocultó la figura del shinobi por completo.
-¿Viste lo herido que estaba?
– preguntó Tessa a Rick, quien sólo asintió y se dio la vuelta.
-Su oponente debe ser duro.
Pero eso nos quita un enorme peso de encima.
Vayamos por lo que necesitamos y salgamos de aquí – dijo con severidad.
-¿Y después?
– preguntó Kevin – ¿Lo vas a dejar aquí?
-Es un meta humano, soldado.
Podrá arreglárselas para evacuar por su cuenta.
El chico tiene la fuerza para derribar un auto blindado, por amor a Dios – regañó Rick a su equipo y continuó su marcha.
Tanto Kevin como Tessa no se perdieron la indiferencia de su líder con toda esta situación.
Eran soldados especiales, por lo que sus mentes corrieron a toda marcha para buscar una solución lógica.
Ambos llegaron a la misma conclusión, y a ninguno le gustó.
Amanda, Rick y probablemente Katana, sabían muy bien con quien estaba luchando Hiruko.
Y lo más seguro es que lo trajeron a esta misión justamente para distraer a ese individuo.
De hecho, tenían razón.
Mientras esta operación continuaba su curso, un equipo de analistas en la ciudad de Honolulu estudiaba atentamente la batalla de Hiruko y Cheetah.
Amanda Waller dispuso de este grupo por dos motivos.
El primero, en caso de que la misión fallase, se le notificaría a Amanda de inmediato y ella ordenaría que la base fuera bombardeada.
Y segundo, para ver realmente las capacidades del shinobi y, en el proceso, aprender más de la enigmática Cheetah.
Tres pájaros, un tiro.
Waller era consciente de la presencia de esta mujer, y también sabía lo peligrosa que era.
El gobierno ya tenía registros de sus encuentros con la Mujer Maravilla.
Y ella decidió enviar a Hiruko a la guarida del dragón porque también sabía que el shinobi no le mostraba todos sus trucos.
Así que lo puso en una situación en la que se viera obligado a darlo todo.
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