En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 72
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- Capítulo 72 - 72 La Operación Continúa
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72: La Operación Continúa 72: La Operación Continúa -¡Cúbreme!
– gritó Kevin a su compañero, mientras se preparaba para saltar hacia una columna.
El equipo había llegado a la zona objetivo y estaban a escasos metros de la computadora central, donde copiarían los datos necesarios y luego destruirían todo.
Tessa y otros dos abrieron fuego de cobertura, permitiéndole a Kevin correr a toda velocidad.
Las descargas láser y las balas llovían de un lado a otro en la estrecha sala.
Kevin alcanzó una mejor zona de tiro y empezó a vaciar su celda de energía, teniendo cuidado de no dañar el equipo de datos detrás de los mercenarios.
Por suerte, Katana se adelantó a sus compañeros, su espada trazando un arco en el aire, cortando a un hombre verticalmente.
La sangre empapó su rostro, pero a ella no le importó.
El resto del equipo se movió en sincronía, abatiendo a los mercenarios sin piedad.
-¡Vigilen la entrada, terminaremos rápido!
– ordenó Rick Flag, ya conectando una unidad a la computadora y permitiendo que hiciera su función.
El minuto que tardó el dispositivo en recolectar la información fue tenso.
Todos sabían que Hiruko, un meta humano con fuerza y velocidad sobrehumanas, estaba teniendo una batalla feroz en los niveles superiores.
Incluso aquí abajo pudieron sentir las vibraciones de los impactos.
Y temían el hecho de que se habían detenido.
-¿Jefe, aún no conecta el rastreador de Hiruko?
– preguntó Kevin, nervioso ante la idea de que algún monstruo se les estuviera acercando.
-No.
La cámara corporal fue destruida y la señal se perdió- respondió Rick.
A Tessa se le formó un nudo en el estómago ante la actitud fría del hombre.
Ella no lo conocía bien, pero no creyó que enviaría a un niño a su muerte sin miramientos.
Finalmente, el dispositivo terminó su tarea y procedió a emitir una serie de códigos que empezaron a borrar todos los datos almacenados en la base.
Rick lo tomó y lo guardó con cuidado, girándose y dirigiéndose a la salida.
-Vámonos – dijo, y todos los demás lo siguieron en silencio.
Hasta que un fuerte temblor sacudió las inmediaciones, provocando que se derrumbara una sección del techo al otro lado del pasillo en el que estaban.
Vieron cómo un grupo de mercenarios corrían hacia ellos, sólo para ser aplastados por el derrumbe del techo, terminando en una nube de polvo, fragmentos de metal y pasta de carne y sangre en el suelo.
-¡Corran!
– gritó Rick y nadie cuestionó esa orden.
Un clon de Hiruko apareció de entre las paredes, mirando sus espaldas alejándose y asintiendo para sí mismo.
Rápidamente se disipó, enviando la información al original.
En otra sección de la base, Hiruko corría entre las paredes de metal y tierra, consumiendo una gran cantidad de chakra en el proceso, pero eso no le importaba ahora.
Cada hombre y mujer con el que se encontraba era rápidamente ejecutado.
Cada aparato de apariencia importante era inundado por una corriente eléctrica, arruinando los sistemas e impidiéndole a la gata acercársele demasiado.
A diferencia de él, Cheetah no tenía la capacidad de atravesar paredes gruesas de acero y tierra, por lo que se limitó a cruzar velozmente las compuertas y bajar escaleras.
Puertas ahora selladas y escaleras obstruidas con tierra y maquinaria.
Aunque los parámetros de su misión era escoltar al grupo hasta algún punto de extracción, Hiruko consideró que sería más seguro mantenerse alejado de ellos.
Después de todo, tenía una mujer gato súper fuerte pisándole los talones.
Mientras se movía entre pasillos y cámaras de investigación, Hiruko dejó un rastro de etiquetas explosivas, gastando toda su reserva de ese costoso artículo.
En cuanto se hubo alejado lo suficiente, activó los sellos y una parte considerable del nivel tres se sacudió con una serie de decenas de explosiones que poco tenían que envidiar a las granadas.
Hiruko respiró profundamente, calmando su mente y recobrando el control sobre su cuerpo.
La sangre que manaba de sus ojos, nariz y oídos había dejado de fluir.
Había una razón por la que Liam se negó a utilizar la Liberación Veloz muy seguido.
Su cuerpo no estaba acostumbrado, ni construido, para eso.
Necesitaría un arduo entrenamiento y mucho tiempo antes de poder usar esos jutsus de movimiento tan locos sin hacerse daño.
-Esta mierda hubiera sido más fácil si tuviera la plantilla de Madara o algo así – se quejó mientras aprovechaba el respiro para cambiar sus vendas.
Las actuales estaban empapadas de sangre.
Al no disponer de células de Hashirama o tan siquiera el jutsu de la palma mística, cada herida que recibía debía sanarse naturalmente.
Eso lo dejó experimentar todo el doloroso proceso.
Una vez hubo cambiado sus vendas y creado un clon de sombra con una parte considerable de chakra, Hiruko saltó y nadó entre el acero y la roca, con el objetivo de alcanzar al equipo de Amanda.
Dejaría que el clon jugara al gato y al ratón con la mujer por ahora.
Lo que Hiruko no sabía es que Cheetah podía oler la diferencia entre él y sus bunshin.
– Mientras los temblores asolaban la base subterránea, Rick Flag y su equipo corrían por el pasadizo que los llevaría fuera de esta construcción tambaleante.
A pesar de la expresión agria de Tessa y Kevin, el grupo continuó su carrera, pues nadie estaba dispuesto a regresar y ver si el chico seguía vivo o no.
Antes de alcanzar la salida del túnel por el que corrían, Katana se adelantó y alzó la mano, impidiendo el paso de los demás.
Rick le dirigió una mirada severa y sacó su arma.
-¿Cómo nos descubrieron?
– se preguntó.
El resto del grupo también se preparó.
Rick vio cómo una serie de granadas se desplazaban por la entrada del túnel, tintineando contra la roca momentos antes de explotar.
Por suerte, el equipo vino preparado con la tecnología suficiente para evitar estos problemas.
Tessa arrojó una serie de discos que se activaron automáticamente, desplegando una barrera de energía momentánea en forma de cúpula, recibiendo todo el impacto de la detonación de las granadas.
-¡Ahora!
– ordenó Rick y todo el grupo salió corriendo a la entrada.
Katana fue la primera, saltando con su espada lista para desviar cualquier disparo dirigido en su dirección.
Para su sorpresa, no fueron abatidos por una lluvia de láser.
En su lugar, había una mujer solitaria, jugueteando con algunas granadas entre sus manos y sonriendo con suficiencia.
En cuanto Rick fijó su mirada en ella, una expresión tensa se dibujó en su rostro.
Frente a él yacía una mujer de cabello rojizo, corto a la altura de los hombros, un traje especial amarillo y azul oscuro.
Arrojó casualmente las granadas en su dirección, aunque estas no fueron activadas ni explotaron.
-¿Qué tenemos aquí?
– se burló ella.
Los demás miembros del grupo no parecieron reaccionar mucho ante su presencia.
-La verdadera pregunta es, ¿Qué haces tú aquí?
– interrogó Rick, ganando tiempo.
Esto no estaba incluido en sus planes.
-¿Hm?
Acabo de llegar, y resulta que nadie abrió la puerta.
Luego está el hecho de que el camuflaje de la base ya no estaba y bueno, supuse que algo andaba mal – explicó casualmente, mientras estiraba su cuello y movía los hombros, lista para el combate.
-Hmph, perra arrogante – comentó uno de los hombres del equipo de Rick y dio un paso al frente, su arma disparando una descarga láser hacia la cabeza de la mujer.
Al mismo tiempo, Rick ordenó -¡Retírense!
Mientras la descarga láser viajaba hacia ella, la mujer empezó a brillar levemente y aumentó su tamaño, dispersando el láser con un gesto de su gigantesca mano.
Elevándose a casi veinte metros de altura, la mujer dio un pequeño salto hacia el grupo.
El mismo hombre que había disparado se quedó tan atónito que no se movió a tiempo, terminando como un charco de carne pegado a la bota de la mujer.
Los demás abrieron fuego y corrieron a la región más selvática, pero la mujer gigante apenas prestó atención a los láseres, intentando pisotear al equipo con una sonrisa sádica cruzando sus enormes facciones.
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