En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 74
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- Capítulo 74 - 74 Derriba A Un Gigante
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74: Derriba A Un Gigante 74: Derriba A Un Gigante La patada de Giganta arrancó un pequeño árbol de su lugar, la mujer midiendo ahora treinta metros.
Debajo de ella, la figura empapada en sudor de Tessa apenas logró esquivar ese ataque.
Un segundo más tarde y estaría dispersa por todo el bosque.
Rick se acercó por un lado y la levantó, ambos correteando entre árboles y confundiendo a la enorme mujer.
Habían logrado alcanzar la zona con mucha vegetación que habían usado para llegar a la base en primer lugar.
Siguiendo esta ruta, deberían alcanzar la posición del submarino y salir de aquí.
Eso si no terminaban siendo aplastados por la mujer que pisoteaba todo el bosque.
-Grrr, maldita sea, Cheetah.
Cazar a estos cabrones en un bosque no es lo mío – resonó la voz enojada de la mujer, mientras arrancaba otro árbol con sus manos, sólo para no encontrar nada.
Afortunadamente para Giganta, los refuerzos no tardaron en llegar.
El sonido de vehículos llegó a sus oídos y ella se volvió al origen, viendo con alivio un pequeño convoy de dos docenas de motocicletas y autos blindados.
-Ya era hora – comentó, captando la atención del equipo de Rick.
-Mierda- murmuró Tessa, y Rick sólo pudo asentir.
Kevin corría a unos metros de ellos y ninguno de los tres sabía dónde había ido a parar Katana.
-Sigan moviéndose, no importa qué – susurró por los comunicadores.
A la vez que llegaban los mercenarios, una figura pálida y pequeña, de ojos carmesí y cuerpo vendado de pies a cabeza observaba la acción desde la copa de un árbol.
Hiruko contempló la vista de la mujer gigante pisoteando el bosque con una sonrisa maliciosa.
Había estado considerando la mejor manera de derribar a la perra que no implicara gastar demasiado su chakra.
Este Hiruko era un Kage Bunshin, creado por el original en cuanto soltó las bombas de humo.
Originalmente, quería que su Bunshin distrajera a la mujer gato, pero consideró que no duraría mucho y al final se le vendría encima.
Por eso decidió escapar él mismo.
No lo sabía, pero el plan anterior habría fracasado estrepitosamente, ya que Cheetah puede captar la diferencia en el olor.
Su mirada se desvió a Katana, quien intentaba rodear a Giganta para hacer quien sabe que.
El bunshin suspiró.
Aunque en los cómics algunos personajes humanos podrían derribar villanos con súper poderes, en este mundo las cosas no eran tan fáciles.
Claro, había armas, ¿pero cómo demonios pretendían estos soldaditos abatir a la colosal mujer con un par de pistolas láser?
El clon tejió un sello rápido y aparecieron tres Mizu Bunshin.
Uno de ellos le dirigió una mirada fea.
-¿Enserio?
– preguntó con exasperación.
-No seas así.
Eren nos enseñó el camino, y no puedo darme el lujo de desaparecer todavía – replicó el clon de sombra.
-Bien, pero la hermandad va a cobrar por esto – asintió, y los otros Mizu Bunshin estuvieron de acuerdo.
El clon de sombra puso los ojos en blanco y se posicionó.
-¡Vamos!
– ordenó y los cuatro salieron disparados.
El Kage Bunshin parpadeó hasta alcanzar a Katana, quien se sorprendió por su repentina aparición y envió un corte a su garganta.
El clon lo esquivó y tiró de su capucha mientras metía sus manos por detrás de sus rodillas, levantándola a modo de princesa.
Los ojos de la nipona se abrieron de par en par por la acción y ambos desaparecieron en un shunshin.
Mientras esto ocurría, dos Mizu Bunshin pulsaron chakra en sus piernas para aumentar su velocidad y alcanzaron las extremidades inferiores de Giganta.
La colosal mujer no se percató de lo que estaba sucediendo hasta que fue demasiado tarde.
Ella vio a ambos Mizu Bunshin alejarse entre los árboles e intentó perseguirlos.
En ese momento, sus piernas estaban cubiertas de etiquetas explosivas desde las rodillas hasta los pies.
Y el Kage Bunshin las activó.
-¡¡AAARGHH!!
– bramó Giganta cuando docenas de explosiones lastimaron sus piernas, quemando tanto su traje como su carne y desestabilizándola.
El impacto de su gran masa cayendo de rodillas agrietó el suelo y desató una nube de polvo.
El dolor le hizo apretar los dientes, pero en lugar de hacerse más pequeña, su tamaño sólo aumentó.
Una lanza de relámpagos salió de entre los árboles, impactando en el pecho de la mujer y haciéndola gritar y agitarse en espasmos.
Esa fue la oportunidad del Mizu Bunshin.
El tercero de los clones de agua saltó con todas sus fuerzas, escalando el brazo de la mujer y llegando hasta su boca.
Con una mueca de resignación, el Mizu Bunshin se metió en la boca de la mujer, empujándose a la fuerza hacia su garganta.
Giganta entró en pánico, del mismo modo que una persona normal haría cuando un insecto se le mete en la boca.
Sus músculos presionaron, intentando aplastar y expulsar al bunshin, pero éste redobló sus esfuerzos hasta bajar más allá de la lengua.
Y su cuerpo empezó a encenderse.
Todo el cuerpo del bunshin estaba lleno de etiquetas explosivas, de la cabeza a los pies, y todas detonaron en la garganta de la mujer, resultando en una explosión de carne y sangre que separó la cabeza de Giganta.
Tanto los mercenarios como el equipo de Rick Flag vieron el colosal cuerpo encogerse poco a poco y caer sin vida.
-Santa mierda …
– murmuró Kevin.
Tessa y Rick quedaron en un silencio atónito.
Katana se quedó momentáneamente sin palabras, olvidando que estaba siendo cargada entre los brazos del shinobi.
Quienes no perdieron el tiempo fueron los mercenarios que habían llegado al lugar.
Independientemente de la muerte de Giganta, estos hombres y mujeres de sangre fría no se echarían atrás.
Una lluvia de fuego láser y algunos lanza granadas apuntaron en dirección a Katana y el Bunshin, quien pareció distraerse un segundo y sacó un comunicador de algún lugar que la nipona no identificó.
Ella empezó a gritarle mientras él hablaba a través del comunicador.
-Uh, mira, no es buen momento – dijo el Bunshin, dejando caer a Katana para evitar que recibiera daño de algunos disparos.
Mientras el clon enviaba a Ileana a una misión junto al murciélago y el equipo de Rick intentaba defenderse de la marea de mercenarios que les disparaban, a un par de kilómetros se estaba llevando a cabo una carrera mortal entre dos borrones de color blanco y amarillo.
Hiruko, herido y agotado, recurrió a una de las pastillas de soldado que tenía para casos de emergencia.
Esas cosas ayudaban a mantenerlo despierto y ayudaban en la recuperación de su chakra.
En esencia, era un químico de guerra.
Dejando un rastro de etiquetas explosivas a su paso, las fue activando a medida que su oponente se acercaba.
Cheetah ignoró las explosiones de fuego y tierra, atravesándolas como si no estuvieran allí.
-¡Maldita sea maldita sea maldita sea!
– refunfuñó el shinobi, su humor bastante agrio al no poder quitarse de encima a la problemática mujer.
Ya estaba considerando seriamente dejar de ocultar su verdadera fuerza y freír a la maldita lunática.
Hiruko levantó un par de Mizu Bunshin y los equipó con etiquetas explosivas para ejecutar ataques kamikaze.
Mientras tanto, fijó su rumbo hacia la costa.
A diferencia de la gata, él podía correr sobre el agua y así esperaba deshacerse de ella.
Lo que ninguno de los combatientes sabía, tanto mercenarios como los enviados por Amanda, era que cierta guerrera Amazona se encontraba en las cercanías de la isla y pudo captar el alboroto que se había formado.
Después de todo, un ataque tan masivo en una base militar, por muy oculta que estuviera, llamaría la atención de las fuerzas del orden de Hawái y éstos a su vez involucraron a los militares.
Diana volaba sobre el mar cuando vio un escuadrón de helicópteros militares altamente armados dirigirse a la isla.
Con el ceño fruncido, decidió echar un vistazo y asegurarse que todo estuviera bien.
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