En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 75
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- Capítulo 75 - 75 Promesa Conejito
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75: Promesa, Conejito 75: Promesa, Conejito -¿¡Qué diablos está pasando!?
– exigió Amanda Waller a través de su comunicador.
El equipo de vigilancia estacionado en Honolulu se encontraba en un estado de agitación, monitoreando comunicaciones de la policía e intentando intervenir en la red de la fuerza aérea.
-Señora, parece que se disparó una alarma de la que no teníamos registro en la base.
Eso alertó a las fuerzas de la ciudad y ellos contactaron a la fuerza aérea.
No tenemos idea de por qué eso no estaba en nuestra información ni a quién iba dirigida esa alerta – informó el hombre a cargo de supervisar la operación.
-Busca al responsable de esto.
No puede ser casualidad que los militares hayan respondido tan rápido.
-B-bueno, sobre eso…
– empezó el hombre y Amanda suspiró al otro lado de la línea.
-¿Qué es ahora?
-Ah, verá, no es que respondieran rápido.
Ya tenían varios helicópteros sobrevolando la costa y ahora deberían estar en los alrededores de la base.
…
Amanda no respondió durante varios segundos, su mente buscando respuestas a este problema.
Una sensación poco común le cruzó el corazón.
La sensación de haber caído en una trampa.
-¿Ya lograron acceder a la red de comunicación de esos helicópteros?
– preguntó.
-No, señora.
Todavía estamos trabajando en ello.
-Déjalo.
Abandonen sus puestos y salgan de allí – ordenó Amanda y los miembros del equipo de supervisión se miraron unos a otros.
-¿Señora?
Antes de que Amanda pudiera ordenar la retirada una vez más, el pequeño edificio donde se escondía el equipo de supervisión se sacudió repentinamente.
Una serie de explosiones destruyeron los cimientos que sostenían la construcción y todo el edificio se vino abajo.
Al otro lado de la línea, Waller oyó las explosiones y los gritos de sus subordinados antes de que se cortara la comunicación.
La mujer frunció el ceño, no porque le importase la muerte de algunos individuos, sino porque ahora estaba segura de que le tendieron una emboscada.
Y lo peor es que no tenía idea de quién lo hizo.
Mientras el caos comenzaba a extenderse en los alrededores del edificio derrumbado, al otro lado de la isla, en la zona menos civilizada, Cheetah continuaba su cacería.
Había subestimado gravemente al conejito, pues el pequeño era absurdamente rápido a la hora de escapar.
Cheetah estaba segura de moverse más rápido y mejor que él durante el combate, pero se estaba quedando corta en esta carrera.
Mientras su mente no dejaba de hacer comparaciones entre Hiruko y los conejos, un ruido molesto alcanzó sus oídos.
No, no sus oídos, más bien su mente.
-Cheetah – resonó la voz en su cabeza.
-¿Qué pasa?
Estoy ocupada ahora mismo – dijo ella.
-Retírate – vino la breve orden y la comunicación cesó.
Cheetah apretó los dientes con frustración pero no podía desobedecer así como así.
Fijó su mirada una última vez en el borrón blanco que ya casi perdía de vista.
La cacería terminaría por ahora, pero ella juró que un día atraparía al conejito.
Por su parte, Hiruko dejó de sentir ese hormigueo perturbador en su espalda y detuvo su carrera, mirando hacia atrás.
La mujer gato se había desviado de su camino, desapareciendo en un destello de velocidad hacia la dirección de la ciudad.
Quizás una retirada o planeaban atacar la ciudad, no lo sabía ni le importaba.
-Por fin, maldita sea – suspiró.
Mantener tantos shunshin repetidamente agotaba su resistencia y tensaba sus músculos.
Si la gata no se rendía incluso cuando entrase al agua, Hiruko planeaba mandar todo a la mierda y desatar una lluvia de rayos con la Liberación Tormenta.
Fijó su atención en el lugar en que dejó a su clon y el equipo de Amanda.
Sabía que si la gata abandonó la base militar, todos los cabos sueltos que le ordenaron matar también lo hicieron.
Ignorando sus heridas aun sangrantes, el shinobi se movió de nuevo, listo para gastar una enorme cantidad de chakra en unas pocas movidas y terminar con esto.
Ya había perdido demasiado tiempo por culpa de la mujer gato.
– Suiton: Mizurappa Docenas de bolas de agua comprimidas fueron disparadas a gran velocidad contra el pequeño ejército de mercenarios.
En realidad, no llegaban a cien individuos, pero aun así eran muchos.
Vestidos con trajes de combate y uniformes militares robados, las decenas de hombres y mujeres inundaron la posición del equipo de Rick con fuego, balas, láser y algunos cohetes.
Algunos bastardos trajeron lanza misiles con ellos.
El clon de sombra abrió un pergamino de almacenamiento, desatando una gran cantidad de agua impregnada con chakra, la cual envió en una miríada de misiles de agua que golpearon con tanda fuerza que rompieron los huesos de los desafortunados y abollaron los autos blindados.
Y el contraataque no cesó.
-¡Mierda, nos están rodeando!
– gritó Tessa, disparando a un grupo de falsos militares que intentaron emboscar por el flanco derecho.
-¡Sigan retrocediendo, todos detrás de Hiruko!
– ordenó Rick, usando al shinobi como escudo.
Más precisamente, a esas técnicas de agua que desataba con aparente facilidad.
-¿¡Chico, no podrías enviar un pequeño tsunami o algo así!?
– sugirió Kevin mientras se agachaba para evitar la onda expansiva de un misil que aterrizó a unos metros del grupo.
El clon levantó un muro de agua que amortiguó bastante el golpe.
-No, no puedo.
Si lo hago, desapareceré – respondió con tranquilidad.
-¿-C-cómo que desaparecerás?
– balbuceó Kevin.
-Sólo tengo un poco de fuerza en comparación con mi cuerpo principal.
Además, mi mera existencia requiere un gran consumo de energía, energía que se agota con cada técnica y cada segundo que permanezco aquí.
-¿Y cuánto tiempo te queda?
– preguntó Rick, su mente corriendo para formular un plan que no implique ser vaporizado en una lluvia de fuego láser.
-Hm, unos veinte segundos.
…¡¡¡!!!
-¿¡¡V-Veinte Segundos!!?
– exclamó Rick, perdiendo la compostura.
-No te alborotes.
Mi cuerpo principal llegará a tiempo – tranquilizó el bunshin.
El grupo siguió retrocediendo, aprovechando la cobertura de los árboles y las oleadas de Mizurappa que el clon disparó contra los mercenarios.
Se encontraban a medio camino del punto de extracción, pero nadie quiso pensar en ello.
Pasados casi veinte segundos, el clon se despidió del equipo y cargó contra los mercenarios, su última brizna de chakra concentrándose al extremo mientras tejía sellos manuales.
Doton: Tochi no Kakuhan El clon envió una onda a través de la tierra que sacudió todo en un radio de cien metros.
Dado que sacrificó la intensidad a cambio del alcance, apenas se podría considerar un temblor, pero bastó para desestabilizar a los mercenarios.
En ese momento se disipó, pero al mismo tiempo, el cuerpo principal llegó a la escena, su chakra ya moviéndose mientras desplegaba cinco pergaminos de almacenamiento a la vez.
Suiton: Bakusui Shōha Imitando lo mejor que pudo a Kisame, Hiruko se posicionó en la cima de un pequeño tsumani de casi doce metros de altura.
Los presentes quedaron estupefactos durante algunos segundos, segundos que el shinobi aprovechó para tejer otra serie compleja de sellos a alta velocidad.
Hiruko desató un infierno de agua, enviando dragones de agua contra los desprevenidos mercenarios, aplastando carne y hueso y enrojeciendo sus jutsus con la sangre de sus enemigos.
A pesar de lo imbatible que lo hacía ver, la verdad es que había gastado una gigantesca cantidad de chakra con este movimiento.
El agotamiento de sus combates con la mujer gato, los recuerdos aun en procesamiento de su último Bunshin, y el gasto masivo de chakra de un solo golpe hizo que sus extremidades se enfriaran rápidamente y una abrumadora necesidad de tirarse allí mismo y dormir.
El dolor de sus heridas a manos de Cheetah tampoco ayudó en eso, ni la pérdida de sangre.
El shinobi acabó con decenas de vidas humanas en tan sólo unos segundos.
Algunos lograron escapar, corriendo como pollos sin cabeza en todas direcciones.
Él los ignoró.
Rápidamente se lavó la cara y reemplazó sus vendajes una vez más.
Después, con la mayor tranquilidad que pudo aparentar, se dirigió hacia los miembros del equipo de Rick.
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