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En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 76

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76: Wonder Woman 76: Wonder Woman  -Ah, mierda, ya era hora – se quejó Kevin mientras el automóvil se sacudía violentamente.

Se acercaban al punto de extracción, donde el mismo submarino que los trajo los esperaba.

Habían logrado hacerse con uno de los vehículos que Hiruko no destruyó para facilitar su viaje.

Rick conducía con una expresión severa.

Katana se sentó en silencio, su mirada fija en su regazo donde yacía su espada.

Kevin intentaba ponerse cómodo y Tessa acariciaba el cabello de Hiruko, quien yacía con la cabeza en su regazo.

Kevin fulminó con la mirada al afortunado shinobi, pero Tessa le mostró los dientes y el soldado desvió su atención.

Entendió que el chico estaba muy agotado, a pesar de intentar aparentar lo contrario.

Todos habían visto las heridas sangrantes en su estómago y sus antebrazos.

También sabían que Cheetah debió darle una paliza como ninguna otra.

Rick les había informado a todos sobre esa peligrosa Meta Humana después que entraron al auto.

Katana ya lo sabía, por supuesto.

De repente, los ojos de Hiruko se abrieron y se levantó, sorprendiendo a Tessa.

-Detén el auto.

Tendremos que caminar – informó a Rick.

El hombre no cuestionó al albino y se detuvo.

En cuanto se alejaron del auto y empezaron a caminar de nuevo, pudieron escuchar el zumbido bajo de los helicópteros.

-Maldita sea…

– murmuró Kevin.

Los demás estuvieron de acuerdo.

Esta operación ha tenido demasiados imprevistos.

Hiruko no estaba dispuesto a soportar más de esta mierda.

Quería largarse a su casa y echarse a dormir.

Creó tres Mizu Bunshin, los cuales levantaron a Kevin, Tessa y Rick, como si llevaran princesas, y salieron despedidos a toda velocidad.

Katana puso una expresión resignada y extendió los brazos, permitiéndose ser llevada por el cuerpo principal.

-¿No había una forma menos vergonzosa para esto?

– le susurró Rick al Bunshin, quien negó con la cabeza mientras pulsaba chakra a sus piernas, atravesando la densa vegetación al triple de la velocidad del automóvil.

-Soy demasiado bajito para cargarlos en mi espalda, y sería doloroso para ustedes si los monto al hombro – dijo lacónicamente.

Kevin recibió la misma respuesta y sólo pudo hacer pucheros.

Al menos para las chicas no fue tan incómodo.

Claro, era extraño que un niño las cargara y se moviera a tan alta velocidad entre los árboles, pero fue más llevadero que para Kevin y Rick.

Sobre sus cabezas, los helicópteros pasaban, peinando el área en los alrededores de la base y distraídos por el caos de cuerpos y vehículos volcados que Hiruko dejó tras de sí.

Pero el sentido de peligro del shinobi le alertaba, una sensación de incomodidad, como si algo no estuviera bien.

Sintió que con cada paso se estaba acercando a una muerte inminente.

Los Bunshin se detuvieron, a unos quinientos metros de la costa.

Estaban cerca de su submarino, pero ninguno se atrevió a dar un paso al frente.

-¿Qué ocurre?- preguntó Tessa.

El bunshin no respondió, sus ojos carmesí mirando fijamente hacia algo que ella no podía ver.

Los demás hicieron lo mismo.

Sólo Katana y Rick entendieron que algo iba muy mal.

Todos los Bunshin retrocedieron, acercándose a la rama donde estaban Hiruko y Katana.

El shinobi miró fijamente a todos los miembros del equipo.

-Tenemos dos opciones aquí – empezó, su tono cargado de seriedad, más de lo habitual.

-Apagan sus comunicadores y todo dispositivo electrónico que posean y prometen no hablar de nada de lo que verán, o tomo la unidad con la información que necesita Amanda y me largo por mi cuenta.

El silencio invadió a todos los presentes.

Rick miró con severidad al shinobi, su mente corriendo con las implicaciones.

Katana, como era habitual, guardó silencio, pero inmediatamente sacó su auricular y lo aplastó entre sus manos.

La nipona no era estúpida de ninguna manera.

Kevin fue el siguiente, tirando algunos dispositivos y asintiendo en dirección al albino.

Tessa le siguió.

Finalmente, Rick se deshizo de su comunicador y prometió al shinobi que todos cumplirían con su palabra.

-Te lo prometo, Hiruko.

Nada de esto se sabrá.

-Cuento con ustedes – dijo Hiruko.

Normalmente no confiaría de esta manera, pero según su conocimiento de la película, Rick Flag no era tan mal tipo.

De todas formas, no podría ocultar sus cartas a Amanda para siempre, y mejor si sus propios subordinados le debían un favor a él.

Bajó a Katana y tejió sellos manuales, su mano extendiendo símbolos que ni siquiera la nipona reconoció en el aire.

Con una bocanada de humo, una bestia de apariencia extraña hizo acto de presencia.

Kuchiyose no Jutsu Atónitos ante la aparición de semejante criatura, no se percataron del momento en que los Bunshin se subieron a espaldas del Halcón Quimera.

Sólo volvieron en sí en el momento en que la criatura alzó el vuelo a toda velocidad.

-¿¡Q-q-q-qué carajo!?

– exclamó Kevin, sus ojos abiertos como platos.

Rick fulminó con la mirada al shinobi, preguntándose qué clase de habilidades estaría ocultando.

Katana también estaba desconcertada y, en el fondo, muy cautelosa con Hiruko.

El albino no les prestó atención, de pie impasible mientras sujetaba a Katana con sus vendas.

Los Mizu Bunshin sentaron a los demás, asegurándose de que ninguno se cayera.

Liam suspiró internamente.

Realmente estaba agotado y esta misión fue un fracaso, al menos para él.

No consiguió eliminar a todos los cabos sueltos.

Sin embargo, obtuvo una cantidad de Ryo demencial con la muerte de esa tipa gigante.

Sólo esa mujer le dio alrededor de cuarenta mil Ryo.

Mientras consideraba todas las posibilidades que se le presentaban al tener tantos Ryo en su bolsillo, una mano se posó en su hombro, su agarre gentil pero firme, impidiéndole moverse.

Sus Bunshin, que estaban detrás de él, se quedaron paralizados, así como los miembros del escuadrón de Rick.

El propio Liam sintió un sudor frío bajando por su espalda.

-¿Podrías explicarme qué es lo que sucedió allí atrás?

– la voz interrogativa de una mujer alcanzó sus oídos, a pesar del viento ensordecedor.

El shinobi se dio la vuelta lentamente, encontrándose con un par de pechos tanto musculosos como hermosos, protegidos por placas de metal, un traje rojo y dorado que terminaba en una especie de ropa interior azul con estrellas.

Brazos musculosos, cruzados debajo de los pechos, un mentón fuerte decorado con labios sensuales y carnosos.

Una diadema de plata bordeaba la frente de la mujer, sus ojos negros mirándolo fijamente, más con curiosidad que otra cosa.

-Hm, una mujer del lado turbio del gobierno nos envió a limpiar una base militar.

Los tontos de allí debían recuperar alguna información y yo debía matar a todos los ocupantes – dijo con naturalidad, como si hablara del clima.

La expresión de la mujer se oscureció un poco y Liam abrió los ojos de par en par.

No entendió lo que acababa de suceder.

De repente soltó la sopa, así como así.

Un destello de reconocimiento brilló en sus ojos y su mirada bajó, examinando su cuerpo.

Un látigo dorado yacía aferrado a su pierna.

Miró a un lado de la mujer, donde estaban un bunshin y Rick Flag.

El hombre lo miró con expresión estupefacta.

Liam no tuvo mucho tiempo que perder y dirigió una mirada significativa a su bunshin.

El clon le quitó la unidad a Rick y saltó a un lado, alejándose de la invocación.

La mujer que invadió la montura sin permiso se percató de esto, pero antes de que pudiera hacer un movimiento, la convocatoria desapareció en una bocanada de humo.

Tessa, Kevin y Rick gritaron mientras caían hacia las frías aguas del mar.

Diana se dio cuenta que el albino escapó junto a la mujer que tenía a su lado, pero no podía dejar morir a estas personas.

Rápidamente voló en su dirección, atrapando al trío y mirándolos con sospecha.

Se resignó a volar de regreso a la costa y dejar a estas personas con la policía.

Mientras se alejaba, no tan rápido como le gustaría, pues un ser humano normal quedaría destrozado si ella volase a toda máquina, miró por encima el hombro a otra nube de humo de la que surgió esa criatura alada.

Pudo ver al niño albino y la mujer enmascarada escapar.

Sin embargo, su velocidad de vuelo era muy lenta en comparación con Diana.

Estaba segura de poder alcanzarlos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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