En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 77
- Inicio
- Todas las novelas
- En el Universo DC con plantilla Shinobi
- Capítulo 77 - 77 Toma Un Respiro
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
77: Toma Un Respiro 77: Toma Un Respiro Katana jugaba con la unidad donde se almacenaba la información que habían rescatado de la base.
El sonido del metal al crujir y las olas rompiendo contra él llenaba sus oídos, por lo demás alertas ante cualquier otro sonido.
Frente a ella, recostado en un contenedor de carga, se desplomó el shinobi sobre humano por el que Amanda Waller había hecho tanto escándalo.
Ella se fijó en él, su cabello despeinado y tan blanco como la luna, su expresión de agotamiento y sus ojos cerrados.
No llevaba nada puesto además de un par de pantaloncillos negros y sus típicas vendas, que lo asemejaban a una momia.
Por muy fuerte que parezca, Katana pudo notar el dolor que le producían las heridas en sus brazos y su estómago.
El niño lo había ocultado bien, pero el sangrado simplemente no se detuvo, y sus vendas ya estaban empapadas de nuevo.
-Hay que tratar eso correctamente – le dijo, hablando en japonés.
Hiruko abrió un ojo, mirando de arriba a abajo a la nipona y volvió a cerrarlo.
-Sólo déjame dormir – respondió, igualmente en japonés.
Katana no insistió.
Por lo que ella sabía, Hiruko bien podría tener súper regeneración o algo similar.
Las horas pasaron y la noche dio paso al día.
La nipona fue la primera en despertar, decidiendo explorar un poco la embarcación en la que el shinobi los había metido.
La estrategia de Hiruko fue bastante simple, pero brillante al mismo tiempo.
Él abandonó a Rick, Tessa y Kevin, sabiendo que, como militares, Amanda podría arreglar algo para que les fueran devueltos.
Katana no gozaría de ese trato, por lo que decidió traerla con él.
También se hizo con el objetivo de la misión, la unidad, para que Katana se hiciera cargo y la bruja de Waller no pudiera acusarlo de nada.
Luego estaba este barco.
Liam no tenía idea de que Diana pudiera volar y eso lo tomó por sorpresa.
No queriendo tentar su suerte, en cuanto se hubo alejado bastante de su posición, la convocatoria cambió su rumbo abruptamente, retrocediendo un poco hasta que se toparon con este carguero.
Liam se había imaginado un escenario en el que intentara alcanzar el continente sobre su convocatoria, sólo para que la maldita Diana apareciera como un relámpago y los derribase.
Katana no era consciente de todas estas consideraciones por parte del shinobi, por lo que asumió que estaba muy agotado.
La nipona exploró el lugar, sin ser vista ni una vez por los tripulantes.
Llegó tan lejos como para entrar en la bodega de suministros y recoger algunas carnes secas y otros enlatados.
También tomó un botiquín de primeros auxilios.
Ella se movió con gracia y sigilo hasta volver donde el albino seguía tirado, profundamente dormido.
Katana abrió el botiquín, tomando antisépticos y acercándose al niño para limpiar debidamente sus heridas.
A centímetros de alcanzar su brazo, los ojos del shinobi se abrieron y despareció en un borrón de movimiento, parándose detrás de la mujer con un kunai presionando su cuello.
Fue tan rápido, tan inesperado, que Katana no pudo reaccionar a tiempo.
-Ah, mierda.
Lo siento, Kimi- ejem, Katana-San – se disculó Hiruko mientras apartaba el kunai.
La mujer respiró hondo, alejando de su mente el suceso y dándose vuelta para mirar fijamente al shinobi.
-Dame tu brazo – ordenó secamente.
Hiruko ladeó la cabeza, pero finalmente se encogió de hombros y las vendas que cubrían sus manos y antebrazo se separaron por sí solas, moviéndose como serpientes.
La nipona limpió las heridas del niño, su rostro impasible casi haciendo una mueca ante los agujeros que había en sus antebrazos.
Cheetah había hecho un desastre con sus garras.
Liam aguantó la sensación como todo un campeón, su postura tranquila y su mirada perdida en la distancia, ignorando el dolor.
Eso hasta que Katana le ordenó que le mostrara el abdomen.
El albino se resistió mucho, pero la intensidad de la mujer no le dio oportunidad.
Con renuencia, abrió un espacio entre sus vendas, sólo el necesario para que ella pudiera limpiar el desgarro que sufrió en su carne.
Por primera vez en años, alguien vio la pálida y cenicienta piel de Hiruko.
Para sorpresa de Katana, el niño no era un flacucho cualquiera.
Claro, era esbelto, pero su físico estaba muy bien mantenido, si las marcas en su abdomen que alcanzó a ver eran una indicación.
-Esa mujer sí que te hizo daño – comentó ella, todavía tratando sus heridas.
-Hm, era una maníaca.
-Te convirtió en su conejito ¿No?
– se burló ella, una pequeña sonrisa apareciendo en sus labios.
Hiruko hizo una mueca.
-Puaj, no lo digas así.
No puedo creer que cada hermosa mujer que me topo resulta ser una rarita – se quejó.
Katana alzó una ceja interrogativamente.
-Me he topado con algunas mercenarias con un fetiche por los látigos de energía, una bruja que quiso chuparme la esencia vital, un par de estafadoras que quisieron “adoptarme”, una gata exhibicionista adicta a la sangre – explicó, levantando los dedos mientras enumeraba sus encuentros, presentes y pasados.
-Y podría seguir todo el día.
Katana asintió en falsa comprensión, poco interesada en la vida amorosa de un adolescente.
-¿Qué hay de esa bestia tuya?
– preguntó ella, cambiando el tema de conversación y genuinamente interesada por este punto.
-Mi halcón – fue su respuesta.
-¿Eso es un halcón?
– interrogó ella, escéptica sobre esa afirmación.
Hiruko asintió.
-¿Por qué no la usaste para salir de Kansas?
-No era necesario.
Eso sólo haría que tu jefa enviara un escuadrón de aviones contra mi.
Es mi boleto de huida en una situación realmente mala, ya ves.
-Sabes que ella se enterará – comentó Katana.
-Me gustaría creer que ninguno de ustedes faltaría a su palabra.
Katana no habló durante algunos segundos, deshaciéndose de las gazas con que limpió las heridas del shinobi y permitiéndole volver a colocar sus vendas.
Después, se sentó a su lado, cruzando las piernas y tomando su cabello, arrastrándolo hacia abajo.
La expresión de Hiruko no cambió, pero internamente dio un grito de sorpresa por la acción de la nipona.
Él miró su semblante sereno desde abajo, su cabeza descansando en su pierna.
Ella le dio una breve pero significativa sonrisa.
-Yo no diré nada.
Ahora, toma un descanso.
Supongo que no esperarás a que este barco nos lleve al continente.
Hiruko sólo asintió con torpeza, pero no desaprovecharía la oportunidad de dormir más.
En su mente, se preguntó si había malinterpretado a la nipona.
La había considerado un npc sin emociones, pero esta muestra de camaradería y solidaridad realmente le tocó el corazón.
Hasta ahora, sólo Ileana había mostrado algo de humanidad con el shinobi.
No pudo evitar pensar en la moldava y cómo habría ido su aventura en solitario con Batman.
Tendría que pedir los detalles más tarde.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com