En el Universo DC con plantilla Shinobi - Capítulo 79
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- Capítulo 79 - 79 ¡Liberación Tormenta!
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79: ¡Liberación Tormenta!
79: ¡Liberación Tormenta!
Lo primero que percibió Liam fueron destellos amarillos que se paseaban entre las nubes, como pirañas alrededor de un cadáver.
No parecían aviones convencionales.
Liam no conocía ningún avión que maniobrase de ese modo.
Con el pasar de los minutos, los destellos aumentaron en número y un zumbido bajo alcanzó sus oídos.
Mientras esto sucedía, su Halcón Quimera fue ascendiendo más y más, lo más sigilosamente que pudo, y también redujo su velocidad.
La redujo lo suficiente como para que el viento no le impidiese a Katana hablar con el shinobi.
-¿Por qué nos detenemos?
– cuestionó ella, sus ojos danzando entre las nubes y la miríada de naves de combate que se arremolinaban a su alrededor.
-Porque ya me cansé de esta mierda – gruñó Hiruko, su ceño fruncido mientras tejía sellos manuales a gran velocidad.
En su estómago, el chakra se transformaba en una nueva naturaleza, a la vez que se comprimía y se aplastaba sobre sí mismo.
-¿Confías en mi?
– preguntó a la nipona, quien supuso que Hiruko haría algo bastante loco.
-Sí – fue su sincera respuesta.
Estaba a gran altura, en medio del océano.
Si no confiase en el chico, ¿entonces en qué más confiaría su vida?
-Bien.
Trata de no gritar, ni agitarte mucho – le aconsejó Hiruko mientras el Halcón Quimera detenía su avance y aleteaba en el lugar.
Katana abrió los ojos de par en par cuando las palabras del shinobi le hicieron imaginar una idea aterradora.
Para su horror, tenía razón.
Hiruko movió sus vendas y lanzó a Katana hacia el vacío.
Al mismo tiempo, saltó de su invocación, girando en el aire y precisando varios objetivos para su jutsu.
Ranton: Raidanha no Jutsu Las vendas que cubrían el rostro de Hiruko se movieron, su enorme boca hinchada con la energía de su jutsu.
Y entonces la abrió.
Un haz de luz, más similar a un chorro de plasma, salió disparado de su boca tan rápido como una bala, alcanzando una de las pequeñas y extrañas naves y quemando el vidrio que cubría la cabina del piloto.
Sin encontrar oposición, el plasma penetró el cristal derretido y vaporizó al hombre en su interior.
Pero no se detuvo allí.
Hiruko movió su cabeza, y la dirección del rayo se movió con él, haciendo explotar otra de las naves y derritiendo el vidrio de una tercera, haciendo estallar la cabeza del piloto.
Tejió sellos manuales de nuevo y tomó aire profundamente, las cámaras en las naves grabando cada detalle del shinobi y enviando la información al otro lado de la conexión.
A Hiruko no le importó ya.
De hecho, mejor si supieran lo letal que era, al menos un poquito.
Ya se estaba cansando de tener que ser subestimado.
No estaba dispuesto a ser el saco de boxeo de nadie.
Ranton: Raidanha no Jutsu El haz de elemento tormenta concentrado fue disparado una vez más, la caótica y altamente dañina energía quemando la garganta de Hiruko y su boca, pero no le importó.
Los pilotos, uno por cada nave, decidieron que no valía la pena quedarse allí como objetivos inmóviles y empezaron su asalto.
Hiruko aterrizó sobre su invocación y una ola de chakra explotó de su cuerpo, junto a nubes negras y relampagueantes.
Las naves abrieron fuego, rodeando la nube oscura en expansión y bombardeándola con descargas de láser y balas de alto calibre.
La nube siguió expandiéndose, ocultando al shinobi de manera efectiva.
Los rayos bailaban en sus alrededores, saltando hacia las máquinas voladoras que se acercaban demasiado y derribándolas con intensas descargas.
De vez en cuando, salían lanzas de rayo disparadas a gran velocidad, impactando las naves más alejadas y alterando los sistemas internos de las mismas, incluyendo el rastreo por calor.
De ese modo, Hiruko se aseguró de quedar bien cubierto.
Algunos pilotos recibieron permiso de quien sea su líder y desataron misiles a la nube de tormenta oscura.
Las explosiones ayudaron a dispersar las nubes negras e iluminaron el interior de las mismas.
Para su sorpresa, no vieron la silueta de la bestia voladora cuando los destellos iluminaron las nubes.
Y la técnica no se dispersó por completo, más bien se expandió con ayuda de la onda provocada por las detonaciones.
De repente, una de las naves perdió el control y abrió fuego contra sus compañeros.
Desconcertados, los hombres fijaron su objetivo en la nave y vieron algo inaudito.
El vidrio que protegía al piloto estaba perforado por tentáculos blancos, que atravesaron el cuerpo del piloto en múltiples lugares y parecían controlar a la nave.
El origen de los tentáculos era nada más y nada menos que Hiruko, quien yacía de pie tranquilamente sobre el vehículo aéreo, sus manos moviéndose a gran velocidad una vez más.
La nave envió misiles y balas contra sus compañeros y el shinobi desató relámpagos.
Mientras esto sucedía, las nubes de tormenta oscuras empezaron a girar, como si se tratara de un remolino, a la vez que avanzaba lenta pero constantemente para envolver a los demás oponentes.
-Ahora soy el maldito King Ghidorah, perras – murmuró Hiruko, excitado ante la idea de desatar una verdadera devastación con el Elemento Tormenta.
Este estilo nunca tuvo suficiente protagonismo en el anime, pero en realidad era muy devastador.
Hiruko daría una lección a estos npc y esperaba que quien los hubo enviado, sintiera pavor de volver a joderlo en el futuro.
Ante las miradas atónitas de los pilotos, y del individuo que miraba tras las cámaras, Hiruko saltó de la nave secuestrada y corrió en el aire, acercándose a los demás enemigos.
Jinton: Kūbu no Jutsu Usando la Liberación Veloz, se movió tan rápido que sus pies patearon el aire, dándole un breve impulso, dando la ilusión de que podía caminar en el aire como lo hacía sobre el agua y la tierra firme.
En meros segundos, cruzó las decenas de metros entre él y un grupo de cuatro navez alineadas una al lado de la otra.
Con tres objetivos delante de él, Hiruko disparó otro haz de elemento tormenta de su boca, cortando el trío de naves en un segundo y con sus vendas, penetró la cápsula y asesinó al piloto de la nave donde se estacionó.
Al otro lado, el remolino de nubes negras se había expandido hasta casi abarcar doscientos metros de diámetro, expulsando ráfagas de rayos a diestra y siniestra, obligando a las naves a mantener la distancia y acribillar con fuego láser y misiles desde lejos.
-Fascinante.
Creo que subestimé a este niño…
– murmuraba para sí mismo la persona que envió a ese escuadrón de naves para capturar al shinobi.
Detrás de él, un gruñido bajo reverberaba.
-¡Tch, no lastimes a mi conejito!
– exclamó Cheetah con los puños apretados.
El hombre alzó una ceja, preguntándose si esta mujer hablaba de ese modo a propósito.
-¿No estás viendo lo mismo que yo?
Es él quien está lastimando a mis hombres.
En la pantalla, nave tras nave era derribada por lanzas de relámpagos o haces de energía que parecían plasma, viajando como serpientes de un lado a otro y matando a sus pilotos sin piedad alguna.
-Pero es extraño…
¿Dónde está la bestia voladora?
– se preguntó el hombre.
Cheetah cruzó los brazos y ladeó la cabeza, pensativa.
-Hmm, quizás en medio de ese vórtice de nubes negras – sugirió.
-No.
Antes de que la electricidad interfiriera con los sistemas de mapeo, no había señales de calor.
Desapareció sin más, al igual que…
!!!
El hombre tecleó rápidamente la consola y cambió la vista de las cámaras de las naves hacia la del satélite, ampliando su área de visión y registrando los alrededores.
-Ku kuku, mocoso astuto – se rio entre dientes el hombre.
-¿Qué es?
– preguntó Cheetah.
-No está allí – respondió el hombre con casco.
-Hemos estado perdiendo el tiempo con sus duplicados.
-¿¡Waa!?
¿De verdad?
¿Es que no notaste la diferencia de olor?
– se sorprendió Cheetah.
El hombre se palmeó la visera de cristal oscuro.
-No hay olor en una imagen, mujer.
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